
¿DON DE LENGUAS?
“pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida” – 1 Cor. 14:19.
No soy pentecostal sino Bautista (no reformado) pero fui ganado para Cristo por un joven pentecostal cuando estudiaba en la universidad. No consideramos la iglesia Pentecostal como una secta religiosa como hacen muchos neocalvinistas que nos llaman pelagianos, semipelagianos, nestorianos y otros sobrenombres heréticos para satanizar nuestra postura teológica. Al contrario, como dijo el evangelista, pastor bautista y editor fundador de La Espada del Señor (Sword of the Lord), John R. Rice, muchas personas del pentecostalismo clásico e histórico “son buenos cristianos que creen en la Biblia, aman al Señor y hasta he predicado junto a ellos en la Asamblea de Dios y con el Dr. Flowers.” Por tanto, no hagamos como el garrotero de Pacheco y su alianza “evangélica” tóxica, la cual confunde y generaliza poniendo a todos los pentecostales y carismáticos en un mismo saco. Los pentecostales y bautistas no reformados tenemos muy pocas diferencias, pero somos similares en cuanto a escatología, soteriología y el celo evangelístico de ganar almas para Cristo. Como provisionistas y dispensacionalistas, tenemos más en común con estos hermanos que con los neocalvinistas (“neopuritanos”) de hoy en día. Una de esas pocas diferencias de doctrina secundaria es sobre el don de lenguas.
Muchos ateos y agnósticos no visitan iglesias por las extrañas y emocionales manifestaciones que ven en muchas iglesias pentecostales, por lo que prefieren alejarse de Dios y burlarse de los cristianos en general, como hace el comediante Bill Maher en su documental “Religulous” y otros en las redes sociales como Facebook o Youtube. Tales experiencias incluyen caídas al suelo, convulsiones, balbucear y tener síntomas similares de la epilepsia. Sin embargo, no todas las iglesias son de esta forma, por lo que generalizar es cometer una falacia de culpabilidad por asociación y tales movimientos no son prueba de que Dios no existe. Al contrario, los mismos cristianos bíblicos siempre han sido los primeros en criticar estas manifestaciones, las cuales no tienen nada que ver con el Espíritu Santo. Así que seamos específicos. A los pentecostales, por ejemplo, se les llama “carismáticos”, que viene de la palabra griega “carisma”, que significa “don” o “dones”. Sin embargo, la Iglesia Pentecostal pone más énfasis al don de lenguas en vez de los otros dones que se mencionan en 1 Corintios capítulo 12. Al igual que la Iglesia Pentecostal, creemos que todo cristiano debería buscar y tener la llenura del Espíritu Santo, pero no creemos que estos hermanos estén correctos en cuanto al don de lenguas. Ellos creen que el don de lenguas es la señal de que una persona ha sido lleno o bautizado por el Espíritu Santo y que también es un idioma celestial que se puede usar en la oración, citando como apoyo Hechos capítulo 2 y 1 Corintios 14:2,4.
La Biblia nos da muchas instrucciones de cómo orar, pero nunca nos exhorta a orar en una lengua angelical que nadie, ni nosotros mismos, puede entender. Además, ¿por qué hablar a Dios en una lengua desconocida si Dios entiende español? ¿Cómo van a ser edificados de esta forma si ni siquiera entienden lo que dicen? La palabra “lenguas” en la Biblia que en el griego es “glossa” significa idiomas extranjeras como se puede ver en Génesis 11:1-9 al igual que las “lenguas” que menciona Pablo en 1 Corintios capítulo 14 como lo demuestra los versículos 10 al 11. De hecho, las “lenguas” que se mencionan en este capítulo necesitaban ser corregidas y reprendidas porque los inconversos en la iglesia de Corinto creían que esos miembros estaban locos porque no entendían las lenguas confusas que ellos estaban diciendo (1 Corintios 14:20, 23). Por eso, el apóstol Pablo no quería que se hablara en una lengua que nadie podía entender, sino que se hablara en “palabra bien comprensible”(1 Corintios 14:9, 16-19, 33).
Por tanto, si Pablo se topara con estos hermanos pentecostales o carismáticos orando o hablando cosas que no se pueden entender y uno de ellos dice que ese es el don de lenguas, Pablo no diría “el Amén”, pues él mismo nos dice que “el que ocupa lugar de simple oyente, ¿cómo dirá el Amén a tu acción de gracias? Pues no sabe lo que has dicho” (1 Corintios 14:16). Tenga en mente que Pablo estaba corrigiendo las herejías de esta iglesia carnal y tratando de hacer que estos “niños” cristianos dejaran sus juguetes religiosos y se pusieran a crecer. En Hechos 2:4-11 podemos ver que las lenguas que hablaron los discípulos en Pentecostés no necesitaban corrección porque eran idiomas extranjeras que le fueron dadas “según el Espíritu les daba que hablasen” y por eso los inconversos que estaban allí no tuvieron ningún problema para comprender lo que ellos estaban diciendo porque como dice 1 Timoteo 4:1, cuando el Espíritu Santo habla, habla “claramente” y no necesita ningún intérprete porque “Dios no es Dios de confusión” (1 Corintios 14:33) sino que hace todas las cosas “decentemente y con orden” (v 40).
Ahora, ¿cómo podríamos describir las lenguas que se hablan en las iglesias carismáticas? Fácil, es una mezcla de palabras y sílabas que se repiten en una forma rápida una y otra vez. Jesús mismo condenó esa forma de balbucear y de usar “vanas repeticiones” similar a la de las religiones paganas (Mateo 6:7). Además de esto, en el día de Pentecostés la verdadera evidencia o señal de una vida llena del Espíritu Santo no fueron las lenguas, sino la promesa de que los discípulos iban a ser “investidos de poder desde lo alto” para testificar y ganar almas para el Señor (Lucas 24:46-49;Hechos 1:4-5,8). Ellos hablaron en las lenguas “de todas las naciones bajo el cielo” con el único propósito de testificar o “profetizar” para que “todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” y asimismo lo explica Pedro en Hechos 2:5,16-21,40,41. Eso fue lo que pasó en Pentecostés, donde todos sabemos que el resultado de ese poder fue la salvación de 3 mil almas.
No es como creen muchas iglesias carismáticas que lo que hacen es hablar de las experiencias que ellos tuvieron o sintieron y luego dicen que eso es Pentecostés, pero si eso es Pentecostés entonces ¿dónde están las miles de almas que se convirtieron al Señor? Hay veces que en muchos de estos cultos ni siquiera se hace la invitación para saber si alguien quiere ser salvo, sino que más bien le dan más énfasis a las lenguas y a sus experiencias emocionales que a la salvación de un alma. Por lo tanto, la clase de lenguas que se habla en las iglesias carismáticas no es una verdadera manifestación del Espíritu Santo porque esas lenguas que ellos hablan no son idiomas como los que ocurrieron en Pentecostés, que no salvan a la gente porque nadie las entiende. Alguien posiblemente diga que si queremos evangelizar y ganar a las almas perdidas debemos hablar en lenguas porque es la señal de una vida llena del Espíritu Santo. Ha habido grandes evangelistas y misioneros cristianos como Billy Sunday, Spurgeon, Charles G. Finney, Moody, A.B. Earle y muchos más que han vivido una vida entregada a la obra de Dios y que han ganado cientos y miles de almas para el Señor. ¿Acaso estos hombres no estaban llenos del Espíritu Santo sólo por el hecho de que no hablaron en lenguas? Sin embargo, si se trae un carismático que no tiene buenos frutos y que nunca se ha ganado un alma en su vida, pero habla supuestamente en lenguas, a ese sí lo consideran lleno del Espíritu Santo. Eso no lo creemos.
Si hablar en lenguas es señal de una vida llena del Espíritu Santo, entonces ¿por qué Jesucristo, Juan el Bautista, María, Elizabeth, Zacarías y otros que fueron llenos del Espíritu Santo nunca hablaron en lenguas? Si el don de lenguas es una experiencia tan importante que demuestra buena fe entonces ¿por qué se menciona solamente en Marcos y no en los demás evangelios? Las lenguas ni siquiera se mencionan en ninguna de las cartas de las iglesias del Nuevo Testamento, excepto la de Corinto, la cual era una iglesia a la cual Pablo decía que tenía que hablarles como a niños y carnales (1 Corintios 3:1-3). De hecho, en 1 Corintios 12:31 nos manda a buscar “los dones mejores”; sin embargo, el don de lenguas se menciona como el más mínimo en importancia y el último en la lista de los dones del Espíritu Santo en 1 Corintios 12. Mientras que en Efesios 4:8-12 y Romanos 12:4-8 el don de lenguas está fuera de la lista de los dones del Espíritu Santo.
A continuación, presentamos un análisis conciso de las contradicciones entre la enseñanza pentecostal y la doctrina bíblica referente al don de lenguas.
1) El Espíritu Santo enseña que el don de lenguas (idiomas) era un don relativamente poco importante (el último en la lista en 1 Corintios 12:28). ¿Qué hacen los pentecostales? Le es dada gran importancia al don de lenguas como evidencia del bautismo del Espíritu. Algunos hasta creen que la persona que no habla en lenguas NO es salva.
2) El Espíritu Santo enseña que “no más de tres” hablen lenguas en la iglesia sino “por turno” (1 Corintios 14:27). ¿Qué hacen los pentecostales? Muchos (más de tres) hablan “lenguas” a la vez. No hablan “por turno”.
3) El Espíritu Santo enseña que se calle si no hay intérprete (1 Corintios 14:28). ¿Qué hacen los pentecostales? No se callan si no hay intérprete.
4) El Espíritu Santo enseña “Si, pues, toda la iglesia se reúne en un solo lugar, y todos hablan en lenguas, y entran indoctos o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos?” (1 Corintios 14:23, 27-28). ¿Qué hacen los pentecostales? Todos balbucean y gritan cosas ininteligibles para nada. Y ocurre lo que dice 1 Corintios 14:23: cuando hacen alboroto con sus lenguas, parecen locos.
5) El Espíritu Santo enseña que el cristiano siempre debe hablar “palabra bien comprensible” (1 Corintios 14:9). ¿Qué hacen los pentecostales? No hablan palabras bien comprensibles, sino que repiten sonidos extraños y sin sentido hasta perder el control de su habla y soltar disparates.
6) El Espíritu Santo enseña que no todo cristiano recibe el don de lenguas (1 Corintios 12:8-11, 30). ¿Qué hacen los pentecostales? Obligan a todos a hablar “lenguas.”
7) El Espíritu Santo enseña que las manifestaciones de los dones deben ser controladas. Todo debe ser hecho decentemente y con orden (1 Corintios 14:40). ¿Qué hacen los pentecostales? Las extravagancias emocionales y fuera de control no son refrenadas, pues, según ellos, creen que son la obra del Espíritu.
8) El Espíritu Santo enseña que era una señal para el incrédulo, no para el creyente (1 Corintios 14:22). ¿Qué hacen los pentecostales? Es una señal para el creyente.
9) El Espíritu Santo enseña que las mujeres no deben hablar en lenguas en la congregación (1 Corintios 14:34-35). ¿Qué hacen los pentecostales? Esta norma prácticamente pondría fin a todo culto de lenguas, pues la mayoría de los que lo participan son mujeres.
10) El Espíritu Santo enseña claramente que las lenguas se acabarían (1 Corintios 13:8). ¿Qué hacen los pentecostales? Enseñan que las lenguas no han cesado o que en estos últimos días el don de lenguas ha reaparecido y Dios está dando nuevamente este don.
Asista a casi cualquier reunión carismática y verá que estas reglas son violadas. Lo que el Espíritu Santo censura y condena es, justamente, lo que ellos practican. Así que, recordemos que es posible que una persona tenga dones pero no espiritualidad, como lo era la iglesia de Corinto, la cual no le faltaba ningún don (1 Corintios 1:7) pero era una iglesia inmadura y carnal.
Algo de Historia
Los pentecostales y neopentecostales hacen mucho énfasis en los dones del Espíritu Santo (conocido también como continuismo), principalmente en las lenguas. Sin embargo, muchos reformados actuales (principalmente calvinistas) niegan tales dones (llamado cesacionismo fuerte). El movimiento de un cesacionismo absoluto y estricto (no continuidad de milagros, incluyendo las lenguas sobrenaturales) fue desarrollado durante la reforma protestante del siglo 16, en especial por los calvinistas, presbiterianos, puritanos y otros grupos reformados. Esta doctrina fue sostenida por los principales líderes del protestantismo como Martín Lutero, Juan Calvino, John Knox y en sus confesiones como en la Confesión de Fe de Westminster (Capítulo 1 y Párrafo 1). Al principio fue usado como respuesta en contra de los supuestos eventos sobrenaturales que los católicos contaban con imaginaciones exageradas y con un poco de mito y leyenda, aunque ahora se está usando más en contra del pentecostalismo y neopentecostalismo. Ambos extremos son incorrectos, ya que uno exagera los actos milagrosos y el otro niega todo milagro después del tiempo de los apóstoles, cuando hay reportes de ello en la literatura eclesiástica a través de la historia cristiana. Algunos Padres de la Iglesia como Orígenes, Cirilo de Alejandría, Juan Crisóstomo y Agustín de Hipona hablan de un declive y cesación de algunos milagros como las lenguas, pero no de todos los milagros.
Por otro lado, la idea de que las lenguas son la evidencia o la señal del bautismo del Espíritu Santo nunca fue enseñada por los Padres de la Iglesia ni por los líderes de la Reforma Protestante del siglo 16 quienes creían que el bautismo del Espíritu Santo ocurría en el momento de la conversión sino en el siglo 19 por un clérigo presbiteriano llamado Edward Irving (1792-1834) en Londres. Antes del pentecostalismo, Irving y su secta conocida bajo el nombre de “irvingitas” fueron los primeros en hablar de una restauración de los dones espirituales como el hablar en lenguas, seguidos luego por Charles Fox Parham, quien también enseñó sistemáticamente la restauración de todos los dones espirituales del Nuevo Testamento, incluyendo las lenguas, en 1901. Por cierto, Edward Irving hasta fue excomulgado (expulsado) de la Iglesia de Escocia en 1833 por herejía por su desorden espiritual, fraude y otras razones teológicas (R.Y., New Gift of Tongues, p.419). Esto fue admitido por el mismo padre de la doctrina de las lenguas pentecostales, Charles Parham, en su obra A Voice Crying in the Wilderness, 29, Initial Evidence, p.785 (1902). Sin embargo, el mismo hecho de que estos, precursores del pentecostalismo moderno y del movimiento carismático, hablaron de una “restauración” de los dones del Espíritu Santo como las lenguas da a entender que antes del siglo XIX ningún reformado creía en el continuismo. Sin olvidar que nadie en la iglesia primitiva, durante la era patrística o en el tiempo de los primeros reformados creía que las lenguas de la Biblia podían ser algún tipo de lengua angelical, sino que siempre lo entendieron como idiomas extranjeros.
Toda la tradición unánime de la Iglesia, la fuentes litúrgicas judías y los escritos eclesiásticos antes del siglo 19 es que el sustantivo “lenguas” en la expresión “el don de lenguas” siempre se refería a lenguajes humanos ordinarios y nada más (Speaking in Tongues A Critical Historical Examination, Vol. 2: The Modern Redefinition of Tongues, Philip E. Blosser and Charles A. Sullivan). Incluso el mismo Edward Irving, Charles Parham y William Seymour pensaron que eran lenguajes extranjeros, pero cuando descubrieron, para su vergüenza, que nadie en el extranjero entendía su crisis “misionera de lenguas”, entonces, como solución a su problema, empezaron a redefinir el significado de la palabra lenguas (glossa) como lenguas angélicas usando 1 Corintios 14 como sustento. Sin embargo, y según la historia cristiana, el uso de intérpretes en la iglesia no significaba traducir palabras divinas o celestiales (Speaking in Tongues: A Critical Historical Examination, Vol. 1: The Modern Redefinition of Tongues, Philip E. Blosser and Charles A. Sullivan, pp. 76, 81, 84, 136).
Es importante saber esta historia de las lenguas, pues algunos pentecostales se identifican con la reforma de Jacobo Arminio, lo cual es mostrar inconsistencia. ¿Por qué? Porque los escritos de Arminio guardan completo silencio con respecto a los dones del Espíritu Santo, lo cual es extraño si todavía estaban vigentes durante la Reforma protestante. Además de eso, es muy posible que Jacobo Arminio no fuera continuista, pues siguió algunas creencias del calvinismo de la escuela de Ginebra, donde fue influenciado por Beza y vivió en la era post-reformada (finales de 1500 y principios del 1600) cuando tanto calvinistas como arminianos generalmente creían que los dones extraordinarios del Espíritu Santo como las lenguas habían cesado después de la era apostólica. Así lo demuestra su sermón, “The Person and Office of the Holy Spirit”, lo cual encaja con lo que creía la Reforma cesacionista de su tiempo. Mientras que muchos de los Anabaptistas eran cesacionistas moderados o una mezcla de ambos, y otros, como Menno Simons, no promovían el continuismo, como el hablar en lenguas, pero tampoco enseñaban el cesacionismo. Más bien enfatizaban los frutos de una vida santa como prueba o señal de estar llenos del poder del Espíritu Santo. Por tanto, en el tema de los milagros, los pentecostales son más parecidos a los anabaptistas (antepasados bautistas regulares) que a los reformados. Por eso, como un bautista regular (no general ni particular), me identificaría más como un cesacionista moderado o contextualista, que, según el Dr. Adam Harwood, en su teología sistemática, es un continuista, en el que el contexto aplica según lo que enseña la Escritura.
Resumiendo, la vida espiritual que todos deberíamos buscar y desear es una vida controlada no por los dones del Espíritu Santo sino por los frutos del Espíritu Santo (1 Corintios 13:1-3; Gálatas 5:22,23). Pero lamentablemente, es pequeño el porcentaje de seres humanos en el mundo para quienes la razón, el conocimiento y el entendimiento son más importantes que sensaciones, sentimientos, experiencias psíquicas, “manifestaciones inexplicables”, escalofríos, calentones, éxtasis, sueños y visiones. Fui pentecostal por muchos años, por lo que puedo testificar esto por experiencia propia. Pero a la misma vez quiero dejar claro que actualmente muchos hermanos del pentecostalismo clásico e histórico tienen buen testimonio, son reconocidos como grandes ganadores de almas principalmente en Latinoamérica y más estudiosos de la Palabra de Dios. No confundamos ni generalicemos poniendo a todos pentecostales y carismáticos en un mismo saco como hacen los católicos romanos y algunos reformados antipentecostales. Los pentecostales y bautistas no reformados tenemos muy pocas diferencias, pero somos similares en cuanto a escatología y soteriología. Como provisionistas y dispensacionalistas, tenemos más en común con ellos que con los neocalvinistas. Simplemente creemos que tales hermanos en la fe “tienen celo de Dios, pero no conforme a un pleno conocimiento.” (Romanos 10:2). En fin, cuidado con el bla, bla, bla.




