
El odio de Calvino hacia los anabaptistas
Juan Calvino odiaba a los cristianos que no se habían bautizado en su infancia o que no creían en el bautismo infantil, mayormente a los anabautistas como los grandes teólogos Felix Manz, George Blaurock, Conrad Grebel, Balthasar Hubmaier, Menno Simons y otros. El famoso anabaptista, Michael Sattler, por ejemplo, primero fue torturado (le cortaron la lengua y lo desgarraron con tenazas) y luego quemado en la hoguera. Mientras que a su esposa, Margaretha, la ejecutaron por ahogamiento, un método común contra los anabaptistas (a veces llamado irónicamente “el tercer bautismo”). Es por esta razón que los anabautistas fueron brutalmente perseguidos y con furor primero por los católicos y luego por algunos de los reformados en especial por los calvinistas y luteranos ya sea en la hoguera o ahogándolos como burla de su credobautismo. Calvino hasta escribió acerca de su deseo de matar y torturar a los anabautistas (Dave Hunt, ¿Qué clase de amor es este?, p. 47). Como admite el pastor reformado y traductor de nuestra gran Biblia Reina Valera, Casiodoro de Reina, “Al mismo tiempo, calvinistas y luteranos se unían para denostar, y en ocasiones perseguir, a los anabaptistas.” (Casiodoro de Reina, Libertad y tolerancia en la Europa del siglo XVI, Centro de Estudios Andaluces, págs. 30, 84-85).
De hecho, hubo la respuesta inmediata a esas muertes fueron los libros de Sebastián de Castellio “De haereticis an sint persequendi” y “Contra libellum Calvini”, que corrió manuscrito de mano en mano en los meses siguientes de 1554. En estos textos de Castellio defendía con argumentos bíblicos, morales y filosóficos la libertad de conciencia y acusaba al pastor francés, Juan Calvino, de ser como un inquisidor católico o peor que el papa de Roma que combatía con las armas en vez de la pluma. En la misma biografía de Reina, y quien siempre estuvo opuesto a la violencia como una forma de defender la fe, también condenó luego las acciones de Juan Calvino y sus seguidores. De hecho, el derecho a la libertad de religión es un legado que nos dejaron los anabautistas como Balthasar Hubmaier y Menno Simons y bautistas como Roger Williams. Es irónico y “sorprendente que hoy en día existen muchos calvinistas como Will Graham llamados “bautistas reformados” que no solo consideran a Calvino como “un gran hombre de Dios” cuando en doctrina y moral nunca lo fue sino porque si ellos hubieran vivido en los tiempos de Calvino habrían sido matados por su creencia de que el bautismo no salva y que los infantes no deben ser bautizados.
