
Milagros de sanidad bíblica Vs. milagros de “sanadores” modernos
“Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.” – Mateo 7:22-23
No soy pentecostal sino Bautista (no reformado) pero fui ganado para Cristo por un joven pentecostal cuando estudiaba en la universidad. No consideramos la iglesia Pentecostal como una secta religiosa como hacen muchos neocalvinistas que nos llaman pelagianos, semipelagianos, nestorianos y otros sobrenombres heréticos para satanizar nuestra postura teológica. Al contrario, como dijo el evangelista, pastor bautista y editor fundador de La Espada del Señor (Sword of the Lord), John R. Rice, muchas personas del pentecostalismo clásico e histórico “son buenos cristianos que creen en la Biblia, aman al Señor y hasta he predicado junto a ellos en la Asamblea de Dios y con el Dr. Flowers.” Por tanto, no hagamos como el garrotero de Pacheco y su alianza “evangélica” tóxica, la cual confunde y generaliza poniendo a todos los pentecostales y carismáticos en un mismo saco. Los pentecostales y bautistas no reformados tenemos muy pocas diferencias, pero somos similares en cuanto a escatología, soteriología y el celo evangelístico de ganar almas para Cristo. Como provisionistas y dispensacionalistas, tenemos más en común con estos hermanos que con los neocalvinistas (“neopuritanos”) de hoy en día. Una de esas pocas diferencias de doctrina secundaria es sobre la sanidad divina. ¿Cómo podemos describir los milagros de sanidad de Cristo y los apóstoles y cómo podemos describir las “curas” milagrosas de los “sanadores” modernos?
PALABRA O TOQUE. Jesús sanaba con una palabra o un toque (Mateo 8:6-8; Juan 6). No hubo teatralerías ni un ambiente especial.
INSTANTÁNEO. Jesús sanaba al instante (Mateo 8:3,13; 20:34; Marcos 5:29). A menudo la gente dice: “He sido sanado, y ahora estoy mejorando.” Jesús nunca sanaba “progresivamente”. Pedro tomó a un “cojo de nacimiento” (Hechos 4:23) por su mano derecha y lo levantó e INMEDIATAMENTE sus pies y tobillos se afirmaron y empezó a saltar. (Hechos 3:7-8). “Al momento”, y no una semana después. Esas curaciones se hicieron al momento. No había necesidad de un prolongado período de terapia o recuperación.
PERFECTA Y COMPLETA. Jesús sanaba totalmente (Lucas 4:39). No hubo un periodo de recuperación.
TODOS ERAN SANADOS. Jesús sano a toda la gente a donde quiera que se encontraba; nunca realizó un culto especial para sanar a los enfermos. A diferencia de los sanadores de hoy, Jesús no dejo largas filas desilusionadas que tuvo que regresar a su hogar en silla de ruedas (Mateo 12:15). Al obrar Dios mediante Pedro, “TODOS eran sanados” (Hechos 5:14-16). Dice: “Todos”, y no tan siquiera unos pocos. En contraste a ello tenemos el comentario del Dr. Nolen sobre los sanadores pentecostales y carismáticos: “Todos los enfermos desesperados que habían estado en sus sillas de ruedas, continuaban en sus sillas de ruedas. Mientras los observaba al irse, viendo a los padres con lágrimas en los ojos empujando a sus hijos lisiados a los ascensores, yo deseaba que la señora Kuhlman estuviese conmigo. Pensaba acaso ella realmente sabía cuánta tristeza sufrían aquellos pacientes y padres decepcionados. No podía creer que ella lo hiciera”. Como dijo un hermano, “Usted no ve “sanadores” modernos de la fe en hospitales por la misma razón que usted no ve psíquicos o astrólogos ganando la lotería.”
NO SE COBRABA. Las sanidades de Cristo eran sin costo alguno. No ofrendas, no trampas o artimañas.
ENFERMEDADES ORGÁNICAS. Jesús sanaba enfermedades orgánicas. Pero ¿por qué salen de la presencia de los sanadores pentecostales en el mismo estado los inválidos sin haber recibido sanidad? Estamos hablando de personas con una sola pierna, una sola mano, o con sus extremidades atrofiadas o amputadas, y no de casos psicosomáticos, o sea, de personas cuya mente enferma ha enfermado también a su cuerpo. No se sanan, no porque no tengan fe, sino porque “sanidad” no está ligada a “fe y confesión” y porque usted no tiene el verdadero “don de sanidad”. Tan sencillo.
RESURRECCIONES. Jesús y los apóstoles resucitaban los muertos (Lucas 7:11-16; Marcos 5:22-24; 35-43; Hechos 20:9-12). Si los sanadores de fe modernos tienen los mismos poderes sanadores como Cristo y Sus apóstoles, ¿por qué no resucitan muertos? La gente que se jacta del don de sanidad hoy en día no pasa mucho tiempo en salas fúnebres, en procesiones fúnebres o en cementerios. La razón es obvia. No funciona en hospitales, manicomios o campos de batalla. Solo en situaciones donde se haya creado un ambiente de emocionalismo explosivo y controlado.
Por tanto, hay una gran diferencia entre las sanidades hechas en los días de Jesús y sus discípulos y las “sanidades” que se ofrecen hoy por televisión, por radio, por trucos directos por correo, y desde algunos púlpitos por toda la tierra. Una mirada a la Escritura muestra la clara distinción. También sabemos que los dones sobrenaturales disponibles para algunos miembros de la iglesia primitiva cesaron, conforme al propósito y la declaración de Dios mismo, cuando toda la verdad fue revelada en el primer siglo (1 Corintios 13:8-13; Efesios 4:7-14 y Judas 3). Por consiguiente, no nos sorprende que los “sanadores” pentecostales y carismáticos no tengan el verdadero don de sanidad. Al que busca intensa y obstinadamente lo que ya no está disponible le puede suceder una experiencia engañosa y peligrosa para su alma: ¡el enemigo le entrega un sustituto ficticio! Lenguas jerigonzas en lugar de idiomas hablados por el poder del Espíritu; visiones de su propio corazón en lugar de visiones auténticas; sueños engañosos en lugar de sueños dados por Dios y sanidades fatulas en lugar de sanidades milagrosas genuinas.
El hecho de que consideramos los dones de milagros y sanidad como transitorios, eso no significa que estemos diciendo que Dios no hace milagros ni sanidades hoy en día, sino que simplemente estamos diciendo que los dones ya no son operativos porque ha cesado la necesidad de ellos para autenticar el mensaje del Evangelio. Los dones válidos y verídicos del Espíritu Santo hoy en día se encuentran en Romanos 12:6-8. Hoy, no hay más necesidad de los dones milagrosos, porque nosotros ya tenemos la revelación completa de Dios. Como el maná milagroso se acabó al entrar los israelitas en Canaán, el don de sanidad se acabó cuando se completó la Palabra escrita de Dios (el Nuevo Testamento). El hijo de Dios es bendecido en mayor medida por tener la Santa Biblia que si tuviera todos los dones milagrosos y “porque por fe andamos no por vista” (2 Corintios 5:7). Acordémonos de lo que dijo nuestro Señor de los que piden señal: “La generación mala y adúltera demanda señal” (Mateo 16:4). Por tanto, la vida espiritual que todos deberíamos buscar y desear es una vida controlada no por los dones del Espíritu Santo sino por los frutos del Espíritu Santo (1 Corintios 13:1-3; Gálatas 5:22,23).
Pero lamentablemente, es pequeño el porcentaje de seres humanos en el mundo para quienes la razón, el conocimiento y el entendimiento son más importantes que sensaciones, sentimientos, experiencias psíquicas, “manifestaciones inexplicables”, escalofríos, calentones, éxtasis, sueños y visiones. Fui pentecostal por muchos años, por lo que puedo testificar esto por experiencia propia. Pero a la misma vez quiero dejar claro que actualmente muchos hermanos del pentecostalismo clásico e histórico tienen buen testimonio, son reconocidos como grandes ganadores de almas principalmente en Latinoamérica y más estudiosos de la Palabra de Dios. No confundamos ni generalicemos poniendo a todos los pentecostales y carismáticos en un mismo saco como hacen los católicos romanos y algunos reformados antipentecostales. Los pentecostales y bautistas no reformados tenemos muy pocas diferencias, pero somos similares en cuanto a escatología y soteriología. Como provisionistas y dispensacionalistas, tenemos más en común con ellos que con los neocalvinistas. Simplemente creemos que tales hermanos en la fe “tienen celo de Dios, pero no conforme a un pleno conocimiento.” (Romanos 10:2).
