La Falsa Analogía de la Muerte de Lázaro con la Muerte Espiritual

                   Algunos calvinistas usan el relato de Lázaro para comparar la muerte física con la espiritual y así “demostrar” que el hombre no tiene libre albedrío para creer en Cristo. Afirman que Dios tiene que regenerar a un hombre antes de que tenga fe, y no al revés, porque, según ellos, somos incapaces de responder al llamado de Dios a la salvación, pues sería como darle medicina a un cadáver. Sin embargo, la historia de Lázaro no tiene nada que ver con la soteriología, sino con la resurrección de los muertos en Cristo, o sea, con una resurrección física y literal, y no con la salvación espiritual del hombre. Además, el ejemplo de Lázaro no prueba que el hombre no tenga la capacidad de creer. Al contrario, en Juan 11:42 dice que Jesús tuvo que esperar dos días para hacer el milagro de la resurrección. ¿Por qué no lo hizo antes? ¿Por qué tuvo que esperar? El mismo contexto del pasaje lo explica al decir que lo hizo para convencer a los presentes lo cual refuta la llamada gracia irresistible y la total depravación de los calvinistas de que nadie puede creer si está muerto espiritualmente y si no es así entonces ¿por qué Jesús necesitaría esperar para hacer un milagro (lo cual es algo externo) para convencer a otros de su Mesianismo si la gracia es irresistible y estamos totalmente depravado? ¿No contradice eso el calvinismo?
                 Cuando se trata de la muerte espiritual, como la mencionada en Efesios 2, los calvinistas apelan a una falacia de equívoco, pues la palabra “muerte” (necrosis) tiene diversos significados en la Biblia. Puede referirse a una muerte literal, en la que el cadáver no tiene estímulos, facultades ni capacidades (por estar en un estado inerte). Pero también puede referirse a una muerte espiritual, la cual es definida en la teología cristiana como la separación de Dios que se produce por el pecado (Ezequiel 18:4). Así es definida en la Biblia (Isaías 59:2), por el contexto histórico y cultural judío y en la historia patrística de los Padres más antiguos de la Iglesia primitiva. Ejemplo de esto lo vemos cuando el primer hombre es separado de Dios por la caída (Génesis 2:17 y 3:6), así como en la parábola del hijo prodigo y su padre, y en la iglesia de Esmirna. En todas estas situaciones, podemos ver que la muerte tiene que ver con el alejamiento entre Dios y el hombre. , De hecho, Clemente de Alejandría, que fue el primer filósofo cristiano que organizó una visión sistemática del concepto de muerte, al dividir la muerte en dos tipologías: la muerte física (separación del alma y el cuerpo) y la muerte del alma o muerte espiritual que es la separación de Dios que se produce por el pecado. Se considera también esta muerte como la segunda muerte (Pedagogo 2. 8. 2; Stromata 4. 9. 4-5 y 7. 71. 3). Por tanto, en la teología judeocristiana, la muerte espiritual siempre se refiere a una separación de Dios causada por el pecado y no la incapacidad total de hacer el bien espiritual. (Wayne Grudem, Teología Sistemática: una Introducción a la Doctrina Bíblica, Zondervan, 1994: 810).       
               La muerte física ocurre cuando el alma se separa del cuerpo. La muerte espiritual, que es de mayor importancia, es la separación del alma de Dios.” Sin embargo, en ninguna parte de la Biblia, ni en la antigua tradición judía ni en la historia patrística, se define la muerte espiritual como estar inerte o insensible, ni como la incapacidad de comprender las cosas espirituales de Dios. Al contrario, quienes creían eso eran los gnósticos. Todo esto demuestra que en la Biblia la palabra “necrosis” puede referirse a una muerte espiritual, figurado o lo que se conoce en la teología cristiana como la segunda muerte como se puede ver en Efesios 2:5 y Lucas 15:24 lo cual tanto en la Biblia (Isaías 59:2), como en la Patrística y según el contexto histórico y cultural judío se define como la separación de Dios y el hombre. Pero también puede referirse a una muerte física, natural y literal, como se ve en Romanos 4:19 y 2 Corintios 4:10, lo cual, en términos bíblicos, se define como la separación del cuerpo y el alma (Santiago 2).
                 Por ejemplo, en la parábola del hijo prodigo vemos que, según el padre, su hijo estaba muerto (Lucas 15:24). Sin embargo, esto no significa que su hijo no fuera capaz de volver en sí mismo y de recapacitar, lo cual, de hecho, lo llevó a levantarse e ir a su padre para reconocer su pecado. Lo mismo con Adán, quien murió espiritualmente el mismo día de su caída, pero no quedó inhabilitado de todas sus facultades (Génesis 2 y 3). En el Apocalipsis se dice que la iglesia de Sardis estaba muerta espiritualmente; sin embargo, eso no significa que no pudiera tomar decisiones y eso lo admiten muchos calvinistas en su literatura reformada. Por tanto, la definición que le dan a la palabra muerte no es consistente con las Escrituras, pues en la Biblia la muerte no es un asunto de incapacidad sino de separación, como la separación del cuerpo o la separación de Dios, pero nunca se la define como la total inhabilidad.
                   Sin olvidar que la Biblia también compara la condición del pecador como una enfermedad (Mateo 9:12 y Marcos 2:17) por lo que yo también puedo hacer ese mismo juego de palabras o de semántica diciendo, “¿Un enfermo está muerto?” No, lo que indica que ambas palabras se usan en la Biblia de forma simbólica o metafórica cuando se trata de la condición espiritual del pecador. Por tanto, tiene más sentido entender la muerte espiritual no como una total inhabilidad sino como una separación de Dios y el hombre (como en la parábola del hijo pródigo) o separación del cuerpo y del alma o como lo describe también la Biblia como una enfermedad terminal cuya única medicina o médico por excelencia es Jesucristo (Marcos 2:17).
                 Hasta el famoso teólogo calvinista, Arthur Pink, rechazó esta falacia de utilizar la muerte física, como la de Lázaro, para explicar lo que significa estar muerto en delitos y pecados, diciendo que un cadáver en el cementerio no es una buena analogía del hombre natural, porque un cadáver es incapaz de llevar a cabo el mal. Un cadáver no puede pecar y tampoco puede “despreciar o rechazar” a Cristo (Isaías 53:3), ni puede “resistir al Espíritu Santo” (Hechos 7:51), ni puede desobedecer el Evangelio (2 Tesalonicenses 1:8). Después de todo, ¿por qué no usar mejor la historia de cuando Pedro se estaba hundiendo en el agua y le pidió a Cristo que lo salvara quien extendió su mano a Pedro para salvarlo? La razón es obvia. No lo usan porque dicha escena, o la del Hijo Pródigo, no encaja en su narrativa calvinista.Como dice el académico de la Universidad de Oxford, el Dr. Ken Wilson, “Como cada ser humano retiene la imagen de Dios, cada ser humano retiene la capacidad de responder por libre elección a la gracia de Dios para salvación. Esto no requiere que Dios infunda fe para despertar el alma muerta … y este fue el concepto fundamental defendido por el primer cristianismo contra la herejía determinista y pagana de los maniqueos” (Dr. Ken Wilson, El Fundamento del Calvinismo Agustiniano, pp.130-131).

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