¿Es bíblica la condenación de los infantes?

             ¿Qué pasa con los niños que mueren recién nacidos, abortados o en una edad temprana? ¿Hay bebés en el infierno? Según el calvinismo histórico y clásico sí y para ser consistente con su tradición usan su primer punto de la Total Depravación para decir que los niños recién nacidos “han heredado el pecado original y la muerte” de su primer padre, Adán y que por defecto no van al cielo. Sin embargo, muchos calvinistas ignoran que esta es una doctrina de su propia teología y hasta creen que cometemos una falacia de espantapajaros cuando le mencionamos esta horrible doctrina. En otras palabras, desconocen que esta doctrina de la condenación de infantes no solo es enseñada en la Confesión de Westminster donde se habla de “infantes elegidos” (Capítulo 10, Párrafo 3) sino en las Instituciones de la Religión Cristiana del mismo Juan Calvino quien dijo que “que las personas que nacen, están condenadas desde el vientre materno a una muerte segura y deben glorificar a Dios por su destrucción.” (Juan Calvino, Institución de la Religión Cristiana, Libro 2, Sec 8 y Libro 3, Sec 23. 7). A menos que se crean más calvinista que el mismo Juan Calvino. En los cánones de Dort (Primer Punto de Doctrina, Artículo 17). De hecho, estos cánones fueron una respuesta calvinista contra las creencias de los remonstrantes arminianos a quienes persiguieron, porque también creían que todos los infantes que mueren van al cielo. También aparece en otras confesiones como en la confesión bautista de Londres del 1644 y La Confesión Belga o bélgica del 1561 (una de las más antiguas confesiones de la Reforma Protestante) por ejemplo dice, “Creemos que por la desobediencia de Adán que hasta los pequeños niños están infectados del pecado desde el vientre de su madre y por tanto son lo suficiente abominables y viles a los ojos de Dios para ser condenados con el resto de la humanidad” (Artículo XV). 

Todo esto explica el porque muchos famosos calvinistas creían en la condenación de infantes pues es lo que enseña sus propias confesiones o fundadores. El popular teólogo calvinista Jonathan Edwards por ejemplo quien al igual que Calvino llego admitir que el calvinismo es una doctrina horrible dijo en su obra Original Sin (1758) y partiendo desde su teología calvinista agustiniana que, “Todos los seres humanos, incluso los infantes, son por naturaleza hijos de ira y por ende merecen condenación y la muerte eterna, igual que el pecador adulto por la culpabilidad heredada de Adán.” (Original Sin (1758), Parte IV, capítulo 1 Part IV, ch. 1, §3.). El actual popular apologista calvinista, James White, antes rechazaba esta horrible doctrina en los 80 diciendo que era “inconcebible” pero para ser consistente con su calvinismo histórico ahora cambió de opinión. Sin embargo, evade hablar del tema como hizo en su debate con el provisionista, el Dr. Leighton Flowers. Otro famoso teólogo reformado, fue el difunto, Voddie Baucham, quien decía que son “víboras en pañales” (Vipers in Diapers). El pastor calvinista Miguel Nuñez dice que los niños que mueren en su infancia pero que no son elegidos no son salvos mientras que al igual que R.C. Sproul, Sugel Michelen dice que se inclina más a la idea de que todos los niños que mueren en su infancia son salvos pero que no está seguro. Supongo porque ambos hombres saben que eso es lo que realmente el calvinismo pero no se atreven admitrlo porque saben en su consciencia que quemar vivo a un recién nacido y por toda la eternidad es inmoral y cosa de gente enferma y sádica.

El famoso profesor y teólogo reformado, el Dr. J. Gerstner, nunca enseñó una “salvación universal infantil” pues para él, eso sería contradecir la elección soberana y siempre se mantuvo dentro de la posición de Westminster de que “Los infantes elegidos… son salvados.” lo que implica que no todos lo son. Pero como si la idea de torturar niños e infantes en un lugar de fuego eterno no fuera suficiente Gerstner sostenía que no teníamos que preocuparnos sobre esto porque, "Cuando estes en el Cielo, podrás ver a tu madre en el Infierno y te regocijarás en eso, sabiendo que la justicia perfecta de Dios se llevó a cabo.” Supongo que también se alegrarán de ver a sus pequeños hijos no elegidos sufriendo en la profundidad del infierno lo cual nadie puede negar que suena bastante sádico. ¡Solo imaginate a millones de infantes delante de Dios en juicio del gran trono blanco siendo condenados al lago de fuego por la eternidad solo por haber nacido!

En un debate con un apologista calvinista, Enuel Hernandez sobre la condición espiritual de los infantes y con Roberto Isaac, sobre le elección, mi opositor dijo que los niños sufren un grado de castigo menor en el lago de fuego mientras que su colega y apologista Omar García lo contradecía en el chat del debate diciendo que todos los niños que mueren en su infancia van al cielo. Pero siguiendo la lógica de Roberto Isaac entonces ¿qué clase de castigo seria ese? ¿Serán lanzados a un charco con agua hervida? ¿Será que los demonios los mecerán en una cunita con carbón ardiente por debajo o será que hay una parte del lago de fuego que es menos caliente que el lado de los adultos? Mi opositor no dio explicaciones para esto y aunque no tomamos esta creencia en serio ¡imagina el trauma y la depresión que debe sufrir una madre o un padre calvinista en saber que el bebé que tanto ama y lleva en sus brazos ha muerto y la incertidumbre de no saber dónde está. No solo podría eso podría causarle tristeza sino hasta rebeldía. Sin embargo, algunos calvinistas como John Piper y John MacArthur enseñan que todos los niños que mueren en la infancia sí van al cielo. Pero la realidad es que según el calvinismo histórico y clásico hay infantes elegidos lo que implica que hay infantes que no son elegidos y que si mueren en su infancia son condenados al infierno de fuego por el dios calvinista. De hecho, algunos reformados como Ulrico Zwinglio creía que todos los niños que mueren antes de llegar a la edad de responsabilidad van al cielo lo que hizo que el monje agustiniano Martin Lutero los llamara la clásica, “pelagianos” (lo cual ahora llaman a nosotros) porque eso no iba acorde con la versión tardía del pecado original de Agustín de Hipona que ellos profesaban. Por tanto, aquí vemos como los mismos calvinistas se contradicen entre ellos mismos. ¿Quién tiene la razón? Nosotros nos alegramos por aquellos calvinistas que no creen en la condenación de infantes pero eso no cambia el hecho de que estan siendo inconsistentes con su propia doctrina. Como admite el teólogo reformado, H.J. Van Dyle, “Seamos honestos con nuestros opositores, el calvinismo histórico incluye lo que el mismo Calvino llamó el horribile decretum…de que debido a la predestinación y elección [agustiniana] de Dios muchas naciones, con sus niños infantes, están irreparablemente condenados a la muerte eterna.” (Variations within Calvinism, pp. 39-40).
                         Este artículo está mayormente basado en la tesis del bautista tradicional, el Dr. Adam Harwood, sobre el estado espiritual de los infantes. Nuestro argumento es que los bebés no heredan la culpa de Adán. En cambio, sí heredan una naturaleza caída o pecaminosa y las consecuencias del pecado de Adán como la muerte física. En la Biblia, Dios no juzga a las personas por su naturaleza sino por sus actos de pecados. (Ilustración de madre drogadicta y embarazada o caso feminista de violación y aborto). Por tanto, así como en un juicio humano no se condena a un infante por los crímenes que ha cometido sus padres, Dios tampoco juzga a los infantes por los pecados de sus padres y quienes son inocentes en el sentido de que no saben la diferencia entre el bien y el mal y porque según el pensamiento hebreo y paulino no han hecho nada malo porque no tienen conocimiento moral (Ezequiel 18:20 y Romanos 9:11). Por ejemplo, Dios juzgó a los israelitas en el desierto porque eran responsables ante Él por su capacidad de tomar decisiones morales. Mientras que, a los infantes, al igual que la generación más joven, se libraron del juicio de Dios por su incapacidad e inmadurez de ser moralmente responsables (Vea Deuteronomio 1:39). Por tanto, Dios juzga como culpables a quienes conociendo la diferencia entre el bien y el mal deciden aun así quebrantar la ley de Dios con un pensamiento, una actitud o una acción pecaminosa. Esto excluiría a los infantes debido a que carecen de conocimiento moral y por ende no están bajo la condenación ni la ira de Dios por sus pecados pues “donde no hay ley, no se inculpa de pecado.” y “al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.” (Santiago 4:17; Romanos 4:15 y Romanos 5:13).

Como decía el gran teólogo anabaptista o pre-reformado, Menno Simons, también en unos de los Extractos de sus sobre doctrina cristiana, Simons sostiene el pecado original de que la naturaleza pecaminosa de Adán y la inclinación al mal pasó a todos sus descendientes y que por ende “No podemos salvarnos de ello (hablamos de los que, llegados a la edad del discernimiento han cometido pecado) a menos que nosotros por una fe real y no fingida aceptamos a Cristo, el único y eterno medio de gracia”. Pero no declara que heredamos también su culpabilidad la cual Agustín añado después en su teología final del siglo 5 (Menno Simmons, Su Vida y Escritos, Bender/Horsch, 6. Pecado, p. 91). Por tanto, aquí vemos que Menno afirma que los niños pequeños están bajo la gracia y no bajo condenación porque Cristo también murió por todos, y que su gracia no excluye, quienes aún no conocen el bien ni el mal. Simmons también agrega que, “A pesar de que los niños no tienen fe ni reciben el bautismo, no penséis que por eso están perdidos. ¡Oh no! Son salvos, porque tienen la promesa del Señor mismo, que de ellos es el reino de Dios…En base a esta creencia, todos los cristianos deben estar seguros y regocijarse ante la certeza de que sus niños son salvos. (I:36a) . Si mueren antes de llegar a la edad del entendimiento y de poder oír y creer, están bajo la promesa de Dios y son salvos, y esto no por otros medios sino por la preciosa promesa de gracia dada por el Señor Jesús. (Luc. 18: 16).” (Menno Simons, su vida y escritos; 20. Salvación de los niños, p.81).

"Pero si, habiendo llegado a la edad de comprensión, oyen y creen, deben ser bautizados. Si no aceptan o creen a la palabra una vez llegados a esta época de la vida sean o no bautizados, están perdidos, como Cristo mismo lo enseñó.” (Marcos 16:16).” (Menno Simmons, Su Vida y Escritos, Bender/Horsch, 20. Salvación de los niños, p. 119). Al igual que Hubmaier, Simons también dijo que, «Los niños pequeños no tienen conocimiento del bien ni del mal; por lo tanto, no pueden ser acusados de pecado.» (Fundamentación de la doctrina cristiana, 1539) y que «El pecado no se imputa donde no hay conocimiento ni voluntad. Por tanto, los niños pequeños están libres de pecado.» (Respuesta a Gellius Faber, 1542). Aquí Menno niega explícitamente que los infantes tengan culpa personal o heredada porque el pecado requiere voluntad consciente. Esta es la razón por la que rechaza el bautismo infantil debido a que los bebés no son capaces de escuchar la palabra, creerla y arrepientirse (Sobre el nuevo nacimiento / Fundamentación).
                Todo infante y pequeño niño es inocente delante de los ojos de Dios quien los creó de esa manera (Salmo 139:13-16). Pero no confunda inocente con inmaculado (libre de pecado original) pues solo son inocentes en el sentido de que no saben la diferencia entre el bien y el mal (Deuteronomio 1:39; Santiago 4:17 y Romanos 5:13). En cualquier sistema judicial u orden jurídico dirían lo mismo. Por tanto, nosotros no creemos que los niños nacen inmaculados, sino solo Jesús, debido a su nacimiento virginal. En la teología cristiana se usa la expresión «estado de inocencia», equivalente al «estado de niñez» (Obras Escogidas de Ireneo, Editorial Clie, pp. 536-537), y esa es la expresión que preferimos usar. Todos los demás nacemos con una naturaleza corrupta y caída y tan pronto llegamos a la edad de responsabilidad, empezamos a pecar, o sea nacemos con el pecado original en el sentido de que heredamos las consecuencias y no la culpabilidad del pecado de Adán.
            Además, en ninguna parte de la Biblia se dice que los bebés son culpables de pecados. Al contrario, David los llamó “inocentes” en Salmo 106:37–38 (NVI, LBA, RVC, La Biblia Hispanoamericana y Biblia de Jerusalén), Jeremías los llama “inocentes” en Jeremías 19:4–5 y Pablo también los llama “inocentes” en 1 Corintios 14:20 y que no han hecho nada malo (pecado) en (Romanos 9:11). Todo esto también es consistente con la antropología hebraica del Antiguo Testamento, la historia patrística pues los Padres preagustinianos de la Iglesia primitiva como Tertuliano, Ireneo de Lyon, Juan Crisóstomo, los arminianos clásicos, wesleyanos, los Bautistas tradicionales que son provisionistas, muchos pentecostales y otros grupos evangélicos quienes también los llama "inocentes".
         ¿Pelagianismo? Dicha falsa acusacion no solo apela a un ad hominem y falacia de hombre de paja sino que también es anacrónica ya que antes de Pelagio ningún cristiano o judío creía en la versión agustiniana del pecado original y con pecado original agustiniana nos referimos a la culpabilidad heredada y condenación de infantes lo cual es una vieja herejía que no vino de la pluma de los apóstoles sino de la pluma de los herejes como los gnósticos. En otras palabras, una cosa es heredar la naturaleza caída y corrupta de Adán y otra, la llamada culpabilidad heredada. La primera es bíblica y también tiene sustento en la historia patrística antenicena, pero no la segunda, sino que fue una añadidura o exageración que el filósofo católico, Agustín de Hipona, hizo en la doctrina del pecado original durante el siglo 5 y con base en una mala traducción que leyó en latín y porque no sabía griego. De hecho, la razón por la cual los Padres de la Iglesia preagustinianos defendían la inocencia de los niños era para refutar a los herejes maniqueos y valentinianos, quienes eran los que sostenían una culpabilidad heredada y la condenación de infantes. Asumir lo contrario es caer en un revisionismo histórico (o revisionismo ideológico o negacionista) que ni los mismos académicos calvinistas como B.B. Warfield (Calvin and Agustine, 1956), Louis Berkhof en su libro, “The History of Christian Doctrines” (p.156), Loraine Boettner en su obra, “Calvinism in History” (chapter 1) o “The Reformed Doctrine of Predestination” (p.365), Robert A Peterson y Michael D. Williams (Why I am not an Arminian, p.36) y el reconocido historiador reformado, Philip Schaff (1819-1893), en su clásica obra, Historia de la Iglesia Cristiana aceptan.

En otras palabras, Dios no inculpa a los infantes de pecadores, sino que los considera en un estado de inocencia por su ignorancia y hasta llegar a la edad de responsabilidad, así como nosotros tampoco juzgamos a una persona mentalmente discapacitada por sus acciones. Por tanto, al igual que los pequeños niños de los israelitas en el desierto en Deuteronomio 1:39, todos los infantes no sufren el juicio de Dios, sino que van al reino de los cielos porque son inocentes en el sentido de que aún no son agentes moralmente responsables (Mateo 19:14). Por causa del pecado de Adán todos sus descendientes experimentamos la muerte física como consecuencia y no como culpabilidad lo cual no es lo mismo, y no solamente los infantes sino también los cristianos, los animales, las plantas y hasta el mismo Jesús lo experimentó en la cruz el calvario. Pero no porque son culpables de pecado sino porque es una de las consecuencias del pecado de Adán. De hecho, según Romanos 8, toda la creación sufre las consecuencias heredadas del pecado de Adán y no su culpabilidad. Asumir tal cosa sería añadir y exagerar las consecuencias o los resultados de la caída, detallados con claridad en Génesis 3, pero que hay una esperanza futura de gloria cuando todo sea liberado, restaurado y renovada como cuando era al principio de la creación (vv. 18-25).
  1. ¿Por qué Cristo murió por ellos?             
           Algunos arminianos y calvinistas dicen que todos los infantes son culpables pero que son salvos porque Cristo murió por ellos. Estamos de acuerdo de que Cristo murió por todos los infantes, pero también murió por todos los adultos (1 Juan 2:2) ¿Significa eso que todos los adultos son salvos también?  En otras palabras, si alguien, dice que los infantes no son salvos porque no saben diferenciar entre lo bueno y lo malo (Deuteronomio 1:39; 1 Corintios 14:20 y Mateo 19:14) sino solo porque Cristo murió por ellos SIN escuchar la Palabra de Dios y SIN creer en Cristo entonces si seguimos esa lógica todo el mundo seria salvo ya que Cristo murió por todo el mundo y ya eso sería caer en una herejía llamada universalismo según el Segundo Concilio de Constantinopla (553 d.C.) ¿Ves cómo un error conduce a otro error? Eso también contradeciría también el verdadero orden de salvación en Efesios 1:13.
                  El argumento tampoco tiene sentido en términos legales ni en términos teológicos porque si Dios salva a todos los infantes sin escuchar la palabra y sin creer en ella, pero no a los adultos entonces eso presentaría también un dilema lógico que introduce una salvación injusta, una selección arbitraria y parcial basado en la edad. Al final, terminando quitando la responsabilidad moral al hombre. Otro problema con esta postura es que dicho argumento ignora que hay una diferencia entre redención lograda o consumada la cual se dio en la cruz del calvario para toda la humanidad (extensión de la expiación) y la redención aplicada la cual se da en el momento que una persona cree lo que se conoce como la aplicación de la expiación la cual no puede ser aplicada a un niño porque no tiene la capacidad de creer (Juan 3:16). Para eso tendrían que esperar hasta que lleguen a la edad de responsabilidad, que es donde todos pecamos, para que entonces puedan creer y así se les aplique la expiación. De esta manera, esta postura apoyan otra forma de salvación, según la cual las personas pueden ser salvadas por medio de Cristo sin hacer una confesión de fe explícita en Él.

 2.   ¿Por Fe?       
                      Algunos calvinistas y otros reformados luteranos dicen que los infantes pueden ser salvos por fe porque no hay nada imposible para Dios quien hizo que hasta una mula hablara. De hecho, según el Dr. Adam Harwood en su libro, el estado espiritual de los infantes, esta era una creencia de Martin Lutero. Pero ¿dónde la Biblia dice que Dios le imparte o infunde fe a los infantes para que crean? En ninguna. Segundo, ¿en dónde quedó la Sola Scriptura? Pues ¿cómo van a creer sin haber escuchado ni entendido el evangelio ni tiene la capacidad cognitiva de creer en Cristo? Además, Dios puede hacer cualquier milagro siempre y cuando no contradiga su naturaleza y su palabra. Por ejemplo, la Biblia dice en Romanos 10 y Efesios 1:13 que para creer tiene que escuchar primero la palabra de Dios. ¿Cómo eso se les aplica eso a un bebé si no pueden escuchar ni creer en el evangelio? Creer sin tener que escuchar el evangelio es alterar el orden correcto de la salvación pues la fe viene por el oír y el oír por la palabra de Dios. Por tanto, primero se escucha la palabra y luego se cree (Romanos 10; Juan 6:44-45 y Efesios 1:13). Ambas cosas un bebé no puede hacer. Un bebe tampoco puede confesar a Cristo como su salvador porque tampoco tiene la capacidad cognitiva de hablar. Como decía Balthasar Hubmaier, basta con tomar un bebé en nuestros brazos y empezar a predicarles para darnos cuenta de que lo único que van a hacer es llorar o mojarse los pañales.
                Alguno dirá, “Pues por eso decimos que es un milagro como ocurrió con la burra de Balaam en Números 22:21-35.” El problema con este argumento es que el milagro de la mula parlante lo creemos porque está en la Biblia, pero no vemos ninguna evidencia bíblica de un bebé parlante en las Escrituras confesando a Jesús como su Señor y Salvador como tampoco en nuestra experiencia humana. Eso solo se ve películas como los super bebes (baby genius) o The Boss Baby (El Bebe Jefazo) o Mira Quien Habla de John Travolta. Además, lo del burro parlante fue un milagro único y no una regla universal porque sabemos que los burros no hablan como tampoco un bebé. Además, el milagro del burro fue un milagro evidente, pero ¿cuándo se ha visto un bebé hablando sobre su fe en el Señor? En otras palabras, los neocalvinistas que usan este argumento hablan de un supuesto milagro que no es bíblico y que tampoco es visible. No muy diferente al “milagro” de la doctrina católica de la transustanciación (supuesto cambio de pan y vino en sangre y carne de Cristo).
                  Para tratar de justificar a Lutero, algunos reformados dicen que un infante puede tener fe como cuando tiene más confianza de estar con la madre que con un extraño. Sin embargo, reacciones como tales son por instintos y no cognitivas puesto que aún no entienden ni siquiera el concepto de Dios y la confianza la ponen en sus padres a quienes pueden reconocer sus voces, pero no en Dios ya que no entienden el concepto de Dios ni el mensaje del evangelio. Por tanto, ni son creyentes ni ateos. Otros preguntan, ¿y qué quiso decir David cuando dijo en Salmo 139:16, “mi embrión vieron tus ojos.”? El mensaje de este pasaje no tiene nada que ver con una fe salvadora del infante, sino que habla de una manera poética y no técnica para comunicar una verdad teológica sobre la omnisciencia y diseño divino. En otras palabras, el punto contextual de David es que nuestra vida no es accidental, sino que está bajo el propósito y cuidado de Dios quien nos ve desde el comienzo de nuestra existencia y nos conoce antes de que nuestro cuerpo estuviera formado. Nada que ver con soteriología. Compáralo con Jeremías 1:5 y Job 10.
              El caso de Juan el Bautista en Lucas 1:41 tampoco sirve pues este pasaje tampoco pues no tiene nada que ver con soteriología o una salvación prenatal y también fue un milagro único para confirmar su ministerio. Tampoco es una regla universal para todos los infantes antes de morir ni implica una fe prenatal del infante pues el texto no enseña que Juan ejerciera fe, arrepentimiento o conciencia espiritual en el vientre. No habla de una norma universal para todo infante sino de un caso único y extraordinario sobre una señal simbólica y profética del ministerio de Juan el Bautista. No establece que todos los infantes estén llenos del Espíritu Santo ni define una regla universal sobre salvación infantil. De hecho, es todo lo contrario. Ambos pasajes refutan la idea de que los infantes están muertos espiritualmente en sus delitos y pecados en el vientre de sus madres pues en Salmo 136 David describe a los infantes como una obra maravillosa de Dios lo cual no tendría sentido si son unos pequeños depravados y pecadores mientras que Juan Bautista tampoco pudo estar muerto espiritualmente en el vientre de su madre porque el Espíritu Santo solo puede morar en alguien que esta espiritualmente vivo (Romanos 7:9-11).               
               Otro problema para los que creen que a los bebés se les imparte la fe salvífica habría que preguntarles ¿si poseen esa fe solo y siempre y cuando mueren durante su infancia y donde esta eso en la Biblia? Y si no tienen que morir en su infancia entonces ¿qué pasa cuando llegan a la edad de responsabilidad y se vuelven rebeldes e incrédulos? ¿Siguen teniendo esa fe salvífica o la pierden y tienen que volver a creer de nuevo para salvación?        
                     Para complicar más las cosas, si eso fuera verdad entonces ¿ahora hay que predicarles a los infantes, aunque no veamos el milagro? ¿Y si no les predicamos y se mueren? ¿Irán al infierno? Y si les predicamos y no han muerto todavía ¿le aplicamos el bautismo infantil? ¿Dónde aparece eso en la Gran Comisión? Pues después de la salvación viene el bautismo en agua según la Gran Comisión que el Señor nos dejó. Sin embargo, el paidobautismo no aparece en ninguna parte de las Escrituras lo que da entender que dicho milagro no ocurre por contradecir la Escritura, la lógica y la razón. Después de todo, el argumento tampoco tiene sentido en términos legales y si Dios imparte fe a todos los infantes, pero solo algunos adultos entonces eso presentaría también un dilema lógico que introduce una salvación injusta, una selección arbitraria y parcial basado en la edad. Al final, terminando quitando la responsabilidad moral al hombre.
                     Por eso nuestra respuesta es similar al del teólogo anabaptista, Balthasar Hubmaier se limitaba en decir que los infantes son salvos porque son inocentes en el sentido de que no saben la diferencia entre el bien y el mal y citaba Deuteronomio 1:39; Mateo 19:14 y 1 Corintios 14:20 como prueba. Incluso dijo que el bautismo de Juan el Bautista fue un bautismo de arrepentimiento en el sentido de que era una forma de confesar y declarar culpabilidad de pecados (Mateo 3:1 y Hechos 2:38) y que sin embargo Juan no incluyó infantes en su bautismo porque un infante no puede pecar sino “solo llorar miserablemente.” (Balthasar Hubmaier, The Theology of Anabaptism, Pipkin and Yoder, pp. 134 y 118). En otras palabras, “Donde no hay conocimiento, no hay transgresión» (Romanos 4:15; Romanos 5:13 y Santiago 4:17). Estas afirmaciones de Hubmaier niegan directamente la culpabilidad heredada puesto que para pecar se requiere conocimiento y voluntad, algo que los infantes no poseen. Zwinglio usa estos mismos argumentos pero a favor de los hijos de los cristianos por lo que Hubmaier le respondió que la salvación no depende de la condición espiritual o de la fe de nuestros padres (Balthasar Hubmaier, The Theology of Anabaptism, Pipkin and Yoder, pp. 139-141). En otras palabras, no tienen evidencia bíblica ni empírica ni lógica de que todos los infantes han sido salvos milagrosamente por fe antes de morir. De esta manera, estas posturas apoyan otra forma de salvación, según la cual las personas pueden ser salvadas por medio de Cristo sin hacer una confesión de fe explícita en Él.

3. ¿Por Elección?

                        De hecho, algunos calvinistas creen que hay infantes elegidos lo cual implica que hay infantes que no son elegidos demuestra que son los calvinistas los que creen que algunos bebés no necesitan la gracia de Cristo mientras que otros dicen que todos los infantes son elegidos lo cual sigue siendo un problema ya que, si todos son salvos porque fueron elegidos antes de nacer SIN haber escuchado el evangelio y SIN creer en Cristo, entonces ¿dónde quedó la Sola Fide y la Sola Scriptura? En otras palabras, lo que realmente salva en el calvinismo no es Jesucristo sino el ser elegido antes de nacer. Además de que la elección es EN CRISTO, lo que la hace condicional y la vincula al servicio, algo que un bebé no puede hacer. Por tanto, hablar de “infantes elegidos” no solo es usar una terminología y un concepto que no aparecen en las Escrituras, sino que constituye un oxímoron que no tiene sentido ni sustento a la luz de las Escrituras. Sin olvidar que, si un calvinista adulto no tiene forma de saber si realmente es uno de los elegidos (según la llamada gracia evanescente), mucho menos un “infante elegido”. Así que, ¿cómo saber si un bebé es uno de los elegidos? Por tanto, no solo tienen una soteriología que no es Cristo céntrica y, mucho menos, consistente, sino que están predicando "otro evangelio" sin un Salvador, lo cual es condenado en las Escrituras (Gálatas 1:6-9).
                   Sin olvidar que la condenación de infantes, que sostiene el calvinismo, o “infantes elegidos” depende e implica que hay una doble predestinación o elección divina antes de nacer lo cual fue condenado como una herejía a través de varios concilios, sínodos y cánones como el segundo concilio de Orange (529), Mainz (848) y Quierzy (849) y luego por la iglesia oriental (ortodoxa) en el concilio de Jerusalén (1672) fue condenada como herejía por la misma iglesia occidental de la cual pertenecía Agustín de Hipona (católica romana) en el segundo concilio de Orange (529), Mainz (848) y Quierzy (849), y luego por la iglesia oriental (ortodoxa) en el concilio de Jerusalén (1672). Al igual que Calvino, el monje católico Godescalco de Orbais también fue influido por los escritos de Agustín de Hipona y fue condenado como hereje por enseñar estas falsas doctrinas en dos de estos concilios franceses.
                  Otro problema para el calvinista es que si todos los infantes son culpables de pecado (no inocentes) pero son salvos universalmente debido a la edad, entonces ahí tienes una elección condicional, lo cual contradice la U del TULIP calvinista. Además, el argumentotampoco tiene sentido en términos legales y si Dios elige a todos los infantes, pero solo algunos adultos entonces eso presentaría también un dilema lógico que introduce una salvación injusta, una selección arbitraria y parcial basado en la edad. Al final, terminando quitando la responsabilidad moral al hombre.  Por tanto, estas posturas rechazan la necesidad de que una persona escuche la palabra y la necesidad de hacer una confesión de fe explícita en Cristo como requisito o como señal de su salvación. De esta manera, esta postura apoyan otra forma de salvación, según la cual las personas pueden ser salvadas por medio de Cristo sin hacer una confesión de fe explícita en Él.

4. ¿Por Regeneraciֶón?

                      Algunos calvinistas hablan de una regeneración infantil. Pero ¿dónde la Biblia dice que Dios regenera a los infantes SIN escuchar la palabra y Sin creer en Cristo? En ninguna. ¿En dónde quedó la Sola Fide y la Sola Scriptura? Pues ¿cómo van a ser regenerados sin haber escuchado ni entendido el evangelio ni tiene la capacidad cognitiva de creer en Cristo? Eso contradice la Biblia la cual declara en Efesios 1:13 que antes de ser regenerado primero tienes que escuchar la palabra de Dios y creer en Cristo. Nacer de nuevo sin tener que escuchar el evangelio y sin creer es alterar el orden correcto de la salvación (Romanos 10; Juan 6:44-45 y Efesios 1:13). No al revés y ambas cosas (escuchar y creer) un bebé no puede hacer.         
       Por ende, estás anunciando otro evangelio sin un Salvador que no aparece en las Escrituras. La Biblia condena adulterar y torcer el santo evangelio de Cristo (Gálatas 1:6-9). Además en ninguna parte de la Biblia se dice que un infante necesita regeneración. Dicha creencia contradeciría el orden de salvación, el cual requiere que la fe anteceda el nuevo nacimiento (véase Efesios 1:13) y eso es algo que un niño no puede hacer. Por tanto, ¿cómo puede ser regenerado si ni siquiera se le ha predicado la Palabra todavía la cual precede antes de la fe, ni la iniciación de una nueva vida lo cual tampoco es posible ya que los infantes tampoco saben lo bueno ni lo malo, lo nuevo ni lo viejo (Deuteronomio 1:39 y 1 Corintios 14:20)? ¿Cómo saber si un niño fue regenerado y el otro no? Si dicen que eso nadie lo sabe entonces ¿cómo David supo que su hijo sí estaba en el cielo? Esto tampoco es escritural pues no encontramos nada en la Biblia que indique tal cosa. Al contrario, para ser regenerado hay que creer primero y para tener fe deben ser enseñados por la Palabra de Dios de antemano que aún no han escuchado y por eso deben ser instruidos previamente con la Palabra de Dios para conducirlos a la fe así como hacemos con los incrédulos. (Romanos 10). En otras palabras, para ser salvo o regenerado por la gracia de Cristo hay que creer primero cosa que un bebé no puede hacer y por eso la Biblia dice que son salvos por su inmadures e incapacidad de creer (Deuteronomio 1:39).
                  Para tratar de justificar a Calvino, algunos reformados dicen que un infante puede ser regenerado en el vientre de la madre y si no entonces ¿qué quiso decir David cuando dijo en Salmo 139:16, “mi embrión vieron tus ojos.”? El mensaje de este pasaje no tiene nada que ver con una regeneración prenatal, sino que habla de una manera poética y no técnica para comunicar una verdad teológica sobre la omnisciencia y diseño divino. En otras palabras, el punto contextual de David es que nuestra vida no es accidental, sino que está bajo el propósito y cuidado de Dios quien nos ve desde el comienzo de nuestra existencia y nos conoce antes de que nuestro cuerpo estuviera formado. Nada que ver con soteriología. Compáralo con Jeremías 1:5 y Job 10.
              El caso de Juan el Bautista en Lucas 1:41 tampoco sirve pues este pasaje tampoco pues no tiene nada que ver con soteriología o una salvación prenatal y también fue un milagro único para confirmar su ministerio. Tampoco es una regla universal para todos los infantes antes de morir ni implica una fe prenatal del infante pues el texto no enseña que Juan ejerciera fe, arrepentimiento o conciencia espiritual en el vientre. No habla de una norma universal para todo infante sino de un caso único y extraordinario sobre una señal simbólica y profética del ministerio de Juan el Bautista. No establece que todos los infantes estén llenos del Espíritu Santo ni define una regla universal sobre salvación infantil. De hecho, es todo lo contrario. Ambos pasajes refutan la idea de que los infantes están muertos espiritualmente en sus delitos y pecados en el vientre de sus madres pues en Salmo 136 David describe a los infantes como una obra maravillosa de Dios lo cual no tendría sentido si son unos pequeños depravados y pecadores mientras que Juan Bautista tampoco pudo estar muerto espiritualmente en el vientre de su madre porque el Espíritu Santo solo puede morar en alguien que esta espiritualmente vivo (Romanos 7:9-11).  
                      De hecho, los anabaptistas como Hubmaier discrepaban con Calvino cuando este enseñaba que los bebés podían experimentar la regeneración (la salvación) sin haber oído ni comprendido el Evangelio. En base a Deuteronomio 1:39, Hubmaier por ejemplo preguntó cómo podían ser regenerados los bebés si no tenían conocimiento del bien ni del mal (Hubmaier, On the Christian Baptism in CR 91:612 n.2, in Calvin, Institutes, 1340 n. 31) ni capaces de arrepentimiento ni de fe (Hubmaier, On the Christian Baptism in CR 91:612, in Calvin, Institutes, 1342 n. 34.) y también citó Romanos 10:17 como prueba de que la fe solo surge después de escuchar el Evangelio.(Hubmaier, On the Christian Baptism in CR 91:610, 612, in Calvin, Institutes, 1342 n. 33). El argumento tampoco tiene sentido en términos legales ni en términos teológicos porque si Dios salva y regenera a todos los infantes sin escuchar la palabra y sin creer en ella, pero no a los adultos entonces eso presentaría también un dilema lógico que introduce una salvación injusta, una selección arbitraria y parcial basado en la edad. Al final, terminando quitando la responsabilidad moral al hombre. De esta manera, estas posturas apoyan otra forma de salvación en la que se rechaza la necesidad de que una persona escuche la palabra y la necesidad de hacer una confesión de fe explícita en Cristo como requisito o como señal de su salvación.

5. ¿Pactual?

                       El quinto problema es la creencia que afirma la culpabilidad infantil pero que también cree que los infantes con padres creyentes (pactual) que mueren serán limpiados de la mancha del pecado original y entrarán en el cielo. Sin embargo, esto es contradictorio porque si tales hijos de creyentes llegan a la edad de responsabilidad entonces necesitaría salvación, pero antes no estaban bajo el juicio de Dios. Nosotros sostenemos que la Biblia no hace distinción entre infantes de creyentes y los infantes de no creyentes.  Todos nacen con una naturaleza caída y pecaminosa pero no están bajo juicio y condenación hasta llegar a la edad de responsabilidad que es cuando empiezan a pecar. Pero si mueren antes de esa edad de responsabilidad ya sean que hayan sido hijos de creyentes o no creyentes irán al cielo y están incluidos en la restauración de toda la creación por medio de la cruz. De hecho, si los infantes de los creyentes reciben la gracia de Cristo sin escuchar la palabra y sin creer en Cristo sino solo porque sus padres son cristianos entonces ¿dónde quedó la sola scriptura  y la sola fide, es decir, la fe en Cristo? La idea de que la condición espiritual de los infantes o salvación de los infantes depende de la condición espiritual o de la fe de sus padres no tiene base bíblica y solo provee consuelo y seguridad a padres cristianos.
                     Además, la condición espiritual de un cristiano no hace cristiano a sus hijos. Como decía el teólogo anabaptista, Balthasar Hubmaeir, “Que un infante sea hijo de un padre o madre, abuelo o abuela cristiana [como justificaba Agustín de Hipona en una carta a Bonifacio] tampoco es escritural pues no encontramos nada en la Biblia que indique que son salvos en nombre de la fe de otra persona, sino que simplemente van al cielo debido a su incapacidad e inmadurez para entender la Biblia o aceptar a Cristo.” Jesús tampoco hizo distinción cuando dijo que “de los tales es el reino de Dios” sino que habló de manera general al igual que cuando se identificó con todos ellos. Por tanto, así como la condición espiritual de salvación no es algo que un adulto puede heredar de sus padres cristianos tampoco es algo que puede heredar en su infancia sino solo las consecuencias de su pecado como la inclinación del mal y una naturaleza pecaminosa y caída. Así como no heredamos la culpabilidad de pecado de nuestros padres tampoco podemos heredar la salvación de nuestros padres. “Que los padres cristianos de unos niños crean no significa que tales niños crean o crearán en la Palabra de Dios que aún no han escuchado y por eso deben ser instruidos previamente con la Palabra de Dios para conducirlos a la fe así como hacemos con los incrédulos.” (Balthasar Hubmaier, Theology of Anabaptism, pp. 118-126).
                  El argumento tampoco tiene sentido en términos legales ni en términos teológicos porque si Dios salva y regenera a todos los infantes sin escuchar la palabra y sin creer en ella, pero no a los adultos entonces eso presentaría también un dilema lógico que introduce una salvación injusta, una selección arbitraria y parcial basado en la edad. Al final, terminando quitando la responsabilidad moral al hombre. De esta manera, estas posturas apoyan otra forma de salvación en la que se rechaza la necesidad de que una persona escuche la palabra y la necesidad de hacer una confesión de fe explícita en Cristo como requisito o como señal de su salvación. La realidad es que la razón por la que todos los niños van al cielo antes de llegar a la edad de responsabilidad para poder escuchar y creer es porque aun no han pecado (Romanos 9:11) y por eso Pablo los llama, “inocentes” (1 Corintios 14:20) y no culpables del pecado de Adán (Ezequiel 18:20). Esta es la razón por la que David sabía que su hijo muerto estaba en el cielo a pesar de haber cometido asesinato y adulterio con la madre de este infante.
               En su gran obra, Contra los Herejes, Ireneo de Lyon en el siglo II dijo que, “¿Quiénes son salvos? Aquellos que le han creído a Dios y siguen Su amor como Caleb de Jefone, Josué de Nun y también los niños inocentes quienes no tienen sentido del mal.” (Ireneo, Contra los Herejes, Libro 4, Capítulo 28, Sección 3 (AFN 1.502). En otras palabras, así como Dios le dijo a Moisés en Deuteronomio 1:39 que solo hay dos tipos de personas que pueden entrar a la tierra prometida (Canaán) lo cual es un tipo o figura del cielo (Hebreos 11:9-10), es decir, creyentes (Caleb y Josué) "Y vuestros pequeños niños, ... que no saben hoy lo bueno ni lo malo, ellos entrarán allá..." en la tierra prometida solo dos tipos de personas pueden entrar en el reino de los cielos. Por tanto, los infantes, también tienen entrada al cielo debido a su estado de inocencia, es decir, porque no saben distinguir entre el bien y el mal. Así funciona la ley humana y también la divina. Este pasaje también muestra que no heredamos la culpabilidad por los pecados de nuestros padres. Como explicaba Orígenes, quien antes de Agustín usaba el término “pecado original” (peccatum originale), pero en un sentido distinto del de Agustín: para él significaba la herencia de la corrupción y de la inclinación al mal, no culpa imputada: “Cada uno es condenado por sus propios pecados, no por los de otro” (Hom. in Ezech. XVIII, 4). Hasta el pastor calvinista John MacArthur usó este ejemplo para probar que no hay tal cosa como la culpabilidad imputada o la condenación de infantes en las Escrituras.
            Además de que esto es lo que vemos en la antropología hebraica de los judíos antiguos, también lo vemos en la historia cristiana de la iglesia primitiva. Esto se puede demostrar a través de la historia Patrística antenicena y preagustina como Bernabé (130), Justino Mártir (160), Melitón de Sardes (170), Teófilo de Antioquia (180), Ireneo de Lyon (180), Clemente de Alejandría (195) y otros afirma que los niños nacen moralmente inocentes (The Historic Faith Commentary Series, Romans, How Romans Was Understood Before Augustine and Luther, David Bercot pp. 140-143).
                Los teólogos orientales, negaron la idea del pecado original agustiniano, mientras que los teólogos occidentales la afirmaron. Considérese este resumen de la Comisión Teológica Internacional de la Iglesia Católica Romana: «Para los Padres griegos, como consecuencia del pecado de Adán, los seres humanos heredaron la corrupción, la posibilidad de pecar y la mortalidad, de las cuales podían ser restaurados mediante un proceso de deificación, posible gracias a la obra redentora de Cristo. La idea de la herencia del pecado o la culpa —común en la tradición occidental— era ajena a esta perspectiva, ya que, según su punto de vista, el pecado solo podía ser un acto libre y personal». (International Theological Commission, “The Hope of Salvation,” 729).
                  Como explica Epifanio el Latino (403), obispo de Sevilla en el siglo V o VI, en su Comentario de Mateo 19:14, “Porque los niños son ignorantes a la maldad…no saben lo que es el mal…” y que “Jesús usa el ejemplo de un niño para que seamos inocente como un niño de todo pecado porque los niños no saben tener un continuo resentimiento o enojo ni pagar mal por mal ni matar, adulterar o blasfemar los cuales son ignorantes de tales cosas, sino que creen lo que oyen sin cuestionamientos y aman a sus padres con todo afecto. Por tanto, lo que los niños son en su simpleza, seamos también nosotros en nuestra santa manera de vivir, igual que los niños inocentes de pecados.” Esto incluye a las personas que nacen con una discapacidad intelectual.                                   

Clemente de Alejandría (ca. 150–215) – Paidagogos (El Pedagogo) I, 6 - “El niño es aún inocente, porque no conoce el mal ni la malicia, y obra más por naturaleza que por elección.”

Justino Mártir (s. II): dice que “el alma del niño es inocente porque no ha obrado injusticia”.

A Gregorio de Nisa (ca. 335–395) se le conoce como uno de los Padres de la Iglesia y recibió el título de "Padre de los Padres" en el Segundo Concilio de Nicea en 787. En su obra, Sobre los niños que mueren prematuramente (§ 3–5) explica que, “El niño no ha tenido ocasión de practicar el bien ni el mal, y por tanto, no hay en él culpa ni mérito.” (Sobre los niños que mueren prematuramente, §3) lo cual es consistente con las palabras de Pablo en Romanos 9:11. Gregorio también agrega que, “En los infantes no hay malicia voluntaria, pues el alma aún no ha desarrollado la razón que la inclina a elegir el mal.”

De hecho, Gregorio expuso las siguientes dos ideas: Primero, las personas no nacen con la responsabilidad del pecado de Adán. Más bien, se vuelven moralmente responsables en el momento de la vida en que su razón madura y "aprenden el misterio de la vida". La infancia, obviamente, se incluye en el primer período de la vida; Gregorio llamó a este período los "años tiernos", un tiempo anterior a que las personas se vuelvan "responsables de sus vidas". Dios considera los pecados de este período como "pecados de ignorancia", por los cuales la persona no tendrá que rendir cuentas. Gregorio entendía que el pecado tenía un impacto negativo incluso en los bebés, quienes no deben ser alabados ni condenados; no son ni inocentes ni culpables porque aún no han actuado conscientemente de ninguna manera. Cuando sus facultades de razonamiento maduran y alcanzan el conocimiento moral, sus pecados ya no son perdonados por Dios debido a su ignorancia, sino juzgados debido a su responsabilidad. Coincido con la definición matizada de pecado original de David L. Smith, aplicada a la teología de Gregorio: "Si bien (Gregorio de Nacianzo) tenía una doctrina del pecado original, en el sentido de que lo ocurrido en el Edén afectó la naturaleza humana, no estableció ningún vínculo entre ese pecado y la culpa; esta última era determinada por el libre albedrío humano."(Smith, With Willful Intent, 27).

Además del concepto de libre albedrío que también defendió, Gregorio estableció la noción de que Dios juzgará a las personas según sus obras, buenas o malas, de modo que cada uno reciba lo que merece. (Gregory of Nyssa, On Infants’ Early Deaths, in NPNF2 5:376.). Gregorio explica: "Mientras que el niño inocente no tiene tal plaga ante los ojos de su alma que oscurezca su medida de luz, y por lo tanto continúa existiendo en esa vida natural; no necesita la sanación que proviene de la purificación, porque nunca permitió que la plaga entrara en su alma". (Gregory of Nyssa, On Infants’ Early Deaths, in NPNF2 5:376–77). En la analogía anterior, Gregorio parece argumentar que los bebés no necesitan ser curados de una infección que les impediría participar de la "vida natural" porque nunca cometieron acciones pecaminosas. Según la perspectiva de Gregorio, los bebés que mueren estarán con Dios no porque se les haya perdonado su culpa original, sino porque sus almas nunca fueron corrompidas por sus propios actos pecaminosos. Sin embargo, sería un error concluir que Gregorio consideraba a los bebés virtuosos. En respuesta a la idea de que las personas que morían en la infancia habían alcanzado la virtud, Gregorio argumentó previamente que tal situación sería injusta, ya que la virtud no tendría valor si un adulto se esforzara toda la vida por alcanzarla, mientras que los bebés la recibieran sin ningún esfuerzo. (Objecting to this Eastern father’s view of salvation as theosis is not grounds for dismissing his apparent teaching that people who die in their infancy will be with God because they have not committed sinful acts. 374). Resumiendo, en su obra Sobre la muerte temprana de los infantes, Gregorio también abordó la condición espiritual de los bebés. No eran ni buenos ni malos; los bebés que morían estarían con Dios porque sus almas nunca habían sido corrompidas por sus propios actos pecaminosos.

Como explicaba Orígenes de Alejandría, quien antes de Agustín usaba el término “pecado original” (peccatum originale), , pero en un sentido distinto de Agustín: para él, significaba la herencia de la corrupción y de la inclinación al mal, no culpa imputada. “Cada uno es condenado por sus propios pecados, no por los de otro.” (Hom. in Ezech. XVIII, 4).

Juan Crisóstomo concuerda también al decir en su Homilía 52 sobre Mateo que, “De tales [niños] son el Reino de los Cielos para que por decisión pongamos en práctica, las cosas los cuales los niños tienen por naturaleza.”  
             En su gran obra, Contra los Herejes, Ireneo de Lyon en el siglo II dijo que, los que todavía están en su infancia y no tienen la suficiente madurez para creer en Cristo son salvos por su inmadures e incapacidad de creer (Deuteronomio 1:39).  Ireneo describió, “¿Quiénes son salvos? Aquellos que le han creído a Dios y siguen Su amor como Caleb de Jefone, Josué de Nun y también los niños inocentes quienes no tienen sentido del mal.” (Ireneo, Contra los Herejes, Libro 4, Capítulo 28, Sección 3 (AFN 1.502). En otras palabras, así como Dios le dijo a Moisés en Deuteronomio 1:39 que solo hay dos tipos de personas que pueden entrar a la tierra prometida (Canaán) lo cual es un tipo o figura del cielo (Hebreos 11:9-10), es decir, creyentes (Caleb y Josué) "Y vuestros pequeños niños, ... que no saben hoy lo bueno ni lo malo, ellos entrarán allá..." en la tierra prometida solo dos tipos de personas pueden entrar en el reino de los cielos. Por tanto, los infantes, también tienen entrada al cielo debido a su estado de inocencia, es decir, porque no saben distinguir entre el bien y el mal. Así funciona la ley humana y también la divina. Este pasaje también muestra que no heredamos la culpabilidad por los pecados de nuestros padres. De hecho, Ireneo es muy conocido por comparar el estado de la niñez con un estado de inocencia (no confundir con ser inmaculado) y la condición de Adán y Eva con los niños más conocido, por su visión de la salvación, conocida como recapitulación. (Tiessen, Irenaeus on the Salvation of the Unevangelized, 216.). Hasta el pastor calvinista John MacArthur usó este ejemplo para probar que no hay tal cosa como la culpabilidad imputada o la condenación de infantes en las Escrituras.

El filósofo cristiano, 𝗔𝗿𝗶́𝘀𝘁𝗶𝗱𝗲𝘀 de Atenas (125-170 D.C.) y conocido también como Arístides el Apologista, enseñaba que los recién nacidos entran a este mundo sin pecado ni culpa. El castigo solo viene por el pecado de cada persona. [Harold Forshey, La doctrina de la Caída y Pecado Original en el Segundo Siglo.]. En la Apología de Arístides, se afirma que: “Si un niño muere en su infancia, dan más gracias a Dios como a uno que ha pasado por el mundo sin pecado.” (Arístides, Apología 15 (ANF 9.278).

Atenágoras de Atenas del siglo II (c. 133–190 d.C.) creía que los niños son inocentes y que por lo tanto no podían estar sujetos a juicio y los utilizó como prueba para demostrar la resurrección del cuerpo antes del juicio [La Resurrección, 14.] Para que el castigo de Dios sea justo, la libre elección es de suma importancia ¿por qué? Porque Dios creó tanto a los ángeles como a las personas con libre elección, con el propósito que asumieran la responsabilidad de sus propias acciones [La Resurrección 24.4-5.] En Súplica en favor de los cristianos (§ 36–37) Atenágoras afirma que “Los niños no tienen conciencia del bien ni del mal, y no han cometido pecado alguno; por tanto, no son responsables ante Dios de culpa voluntaria.” (Súplica, §36–37).


𝗧𝗲𝗼́𝗳𝗶𝗹𝗼 𝗱𝗲 𝗔𝗻𝘁𝗶𝗼𝗾𝘂𝗶́𝗮 (120-183 D C.) dijo que la creación recibió el castigo de la muerte física, no la muerte eterna, ni la incapacidad total [Apología a Autólico, 2.17.] El bondadoso Dios del cristianismo provee incluso para Adán en su estado caído, la oportunidad de arrepentimiento y confesión [Apología a Autólico, 2.26.] Teófilo, exhorta a que los cristianos venzan el pecado por el residuo de libertad de elección que tienen [Apología a Autólico, 1.2 y 1.7.] Teófilo de Antioquía (s. II): considera que “el mal no nace en el hombre hasta que la voluntad se pervierte”.

Metodio de Olimpo (s. III–IV): enseña que los niños “no son juzgados por pecados, sino que participan de la condición de Adán”.

𝗟𝗮 antigua obra escrito en griego llamado, La 𝗘𝗽𝗶́𝘀𝘁𝗼𝗹𝗮 𝗱𝗲 𝗕𝗲𝗿𝗻𝗮𝗯𝗲́ (100-120 D.C) reconoce que existe la corrupción de la naturaleza humana [Bernabé.16:7] Pero solamente da lugar para la muerte física (no la espiritual) como resultado de la caída de Adán. Los pecados de cada persona causan un corazón impío [Bernabé 12:5] Los judíos pudieron tomar decisiones y permanecieron dentro del plan de Dios en base a la presciencia divina de las decisiones humanas, lo cual resultó en su propia autodeterminación [Bernabé 3:6] La justicia de Dios está conectada con la responsabilidad humana [Bernabé 5:4]
                    Tertuliano es el más antiguo de los latinos y utilizó fórmulas trinitarias y cristológicas, que fueron fundamentales para el posterior desarrollo teológico de esas doctrinas. (González, The Story of Christianity, pp. 74–77). Tertuliano también dijo de ellos: “Los niños son por naturaleza inocentes; su inocencia se altera solo cuando empiezan a conocer el bien y el mal.” (De anima, 39) y que los infantes no son culpables de pecados hasta llegar a la edad de responsabilidad (Tertuliano, On Baptism 18 (ANF 3.678). Vea también, Contra Marción 4.23 (ANF 3.386).
                         No hay indicación en los escritos de Tertuliano de que haya habido una transmisión de la culpa de Adán a su descendencia. Tertuliano tampoco cita textos bíblicos clave como Salmo 51:5 o Romanos 5:12-19 para considerar una culpabilidad heredada (Osborn, Tertullian, 167.) Al contrario, Tertuliano compara: “Toda alma, pues, por razón de su nacimiento, tiene su naturaleza en Adán hasta que nace de nuevo en Cristo; impura, pecaminosa”. (Tertullian, A Treatise on the Soul 39–41, in ANF 3:219–21. See also Osborn, Tertullian, 165.). En su obra, “Sobre el bautismo”, Tertuliano presenta el primero de tres textos en los que da a entender que los niños son inocentes ante Dios. En esta obra, Tertuliano argumentó contra la Iglesia cartaginesa diciéndoles que retrasaran el bautismo, especialmente para los niños pequeños. Tertuliano les escribió: «Que vengan, pues, cuando crezcan; que se conviertan en cristianos cuando sean capaces de conocer a Cristo. ¿Por qué la etapa inocente de la vida se apresura a la remisión de los pecados?» (Tertullian, On Baptism 18 in ANF 3:678.). En cambio, afirmaba que se les debía permitir «convertirse en cristianos» más adelante en su vida, específicamente cuando fueran «capaces de conocer a Cristo». Esto significa que Tertuliano consideraba que el conocimiento de Cristo era anterior al bautismo, y dado que los niños aún no conocen a Cristo, esto implica que todavía no se han convertido en cristianos. En el pasaje, también plantea una pregunta que sugiere que los niños no necesitan ser bautizados porque son inocentes. El teólogo y educador, Odd Magne Bakke, coincide con esta interpretación al comentar sobre este pasaje: «Aunque Tertuliano no entra en detalles...». Respecto al significado de innocens [“inocente”], es evidente que presupone que los infantes no han pecado. (Bakke, When Children Became People, 69). En, “Contra Marción”, 4.23, Tertuliano también declara que los infantes son “todavía inocentes”. (En Sobre el Bautismo y Tertullian, Against Marcion 4.23, in ANF 3:386.).
                 De hecho, la afirmación de Tertuliano sobre la necesidad de posponer el bautismo de los infantes sugiere lo siguiente sobre su visión de la condición espiritual de los niños: no son candidatos para el bautismo porque no conocen a Cristo ni son capaces de conocerlo. Aunque aún no son cristianos, son inocentes y no necesitan ser bautizados. Tertuliano sugirió que los infantes no son candidatos para el bautismo porque no conocen a Cristo ni son capaces de conocerlo. Por tanto, si bien Tertuliano mencionó que sus almas están impuras a causa de Adán, también cuestionó la prisa por bautizar a los infantes diciendo que sus almas son inocentes y diferenció entre infantes y niños basándose en su capacidad para cometer pecado.
                  En su Tratado sobre el Alma, Tertuliano usa una analogía donde compara el estado espiritual de los infantes con las vírgenes diciendo que, así como las vírgenes son inocentes y puras en el sentido de que nunca han cometido un acto sexual, los infantes también son inocentes y puros en el sentido de que nunca han cometido un acto pecaminoso. (Tertullian, A Treatise on the Soul 56, in ANF 3:232.). Por eso, el profesor bautista de teología, Dale Moody (Baylor University, Dallas Theological Seminary y Oxford) citando, “Sobre el alma” de Tertuliano, escribe: “Tertuliano enseñó que el niño se encuentra en el paraíso de la inocencia hasta la edad de la pubertad, momento en que entra en el mundo de la culpa”. (Moody, The Word of Truth, 290).

El teólogo latino y Padre de la Iglesia occidental, 𝗡𝗼𝘃𝗶𝗰𝗶𝗮𝗻𝗼 (210-258 D.C.), enseñó que una persona es responsable personalmente por su pecado, en lugar de enseñar una culpa que proviene de Adán, puesto que una persona predeterminada, debido incluso a su naturaleza caída, no puede ser considerada responsable. Solo una decisión plenamente voluntaria puede incurrir en culpabilidad [Sobre los Alimentos Judaicos, 3.] En todos sus escritos, Noviciano enseña el libre albedrío cristiano [Instituciones Divinas, 5.10, 13,14.].

𝗟𝗮𝗰𝘁𝗮𝗻𝗰𝗶𝗼 (240-320 D.C.) enseñaba que la caída de Adán produjo solo la muerte física, no la muerte eterna, por la pérdida de la inmortalidad perpetua que Dios le había regalado [Instituciones Divinas, 2.13.] Dios ama a cada persona por igual, ofrece la inmortalidad por igual a cada persona y cada humano es capaz de responder a la oferta de Dios sin intervención divina [Instituciones Divinas, 5.15.] Dios, quien es el guía de aquel camino, no le niega la inmortalidad a ningún ser humano, sino que ofrece la salvación por igual a todas las personas [Instituciones Divinas, 6.3.] La humanidad debe lidiar con su propensión a pecar, pero la naturaleza corrupta no proporciona excusa alguna, ya que la libre elección persiste [Instituciones Divinas, 2.15; 4.24; 4.25; 5.1.]
En el Pastor de Hermas también se declara que, “Estos son como niños infantes cuyos corazones no se original el mal.”(Hermas, The Shepard 3.9.29 (ANF 2.53). 

La postura de Cipriano (ca. 200–258) también concuerda con la tesis de los bautistas tradicionales de que los infantes no son culpables ante Dios debido a la naturaleza del juicio divino sobre las acciones pecaminosas, así como a la incapacidad de estos infantes para distinguir entre el bien y el mal y que por tal razón no son privados de la gracia de Dios. Al referirse a un infante, Cipriano lo describió como alguien «que, recién nacido, no ha pecado en absoluto, excepto que, habiendo nacido carnalmente según Adán, ha contraído el contagio de la primera muerte desde su nacimiento». (Cyprian Letter 64.2–5, in FC 51:16–19). En el comentario final anterior, Cipriano realizó una importante contribución al estudio de la condición espiritual de los infantes reconociendo que los infantes no habían cometido ninguna acción pecaminosa y que, en ese sentido, son inocentes.

Alguien dirá, “Pero entonces ¿por qué se ha enseñado erróneamente a mucha gente religiosa que hay bebés en el infierno cuando mueren? ¿De dónde salió esta horrible doctrina?La doctrina de la culpabilidad heredada surge y se formula plenamente a comienzos del siglo V, por el filósofo católico, Agustín de Hipona, quien al principio de su teología no consideraba a los infantes culpables de pecados antes de su controversia con Pelagio donde empieza a cambiar de doctrina. Esto se puede ver por ejemplo en su tratado, De libero arbitrio voluntatis (El libre albedrio de la voluntad, Libro I, cap. 3 y Libro III, cap. 18). El mismo Agustín dijo, “Si no hay un acto de voluntad propia, no puede haber pecado" lo que implica que los infantes quienes no pueden ejercer voluntad moral no pueden ser culpables. Agustín también dijo que “La culpa no puede existir donde no hay consentimiento”, lo cual excluiría a los infantes, quienes no cometen pecados personales. Sin embargo, al final de su teología empieza a negar que los infantes son inocentes, lo cual era la ortodoxia de la Iglesia, para luego decir que eran culpables de pecados y que, por ende, necesitaban el bautismo infantil regeneracional para limpiarlos de sus pecados, o si no, tales infantes irían al infierno. El propio Agustín admite este cambio de doctrina en sus Retractaciones y Calvino en sus Instituciones. Además de que este hecho histórico demuestra cómo una herejía (culpabilidad heredada) conduce a otras herejías (bautismo infantil regeneracional), el hecho de que esta nueva doctrina era completamente desconocida para la iglesia del Oriente, la cual todavía la rechaza, demuestra que asumir que Pelagio inventó el pecado ancestral o que el niño nace inocente es caer en anacronismos o en un revisionismo histórico.

Algunos reformados hasta que creen en la culpabilidad heredada hasta usan la falsa dicotomía de ¿Pelagio o Agustín? lo cual es una falso dilema pues antes de ambos ya se creía en las consecuencias heredadas sin la culpabilidad heredada lo cual fue agregado después por Agustín. De hecho, algunos estudiosos han sugerido que el pecado original tal como se conoce en el calvinismo fue un desarrollo posterior en la teología de Agustín y que surgió como reacción a las controversias pelagianas. (This is the claim of Sage, “Le péché original,” 75–112, and Burns, The Development of Augustine’s Doctrine.). Esta postura se ve respaldada por un análisis de los mismos escritos del filósofo católico, Agustín de Hipona. Si bien Agustín mencionó el pecado original en sus obras tempranas, no incluyó el concepto de la culpa heredada hasta que reaccionó contra los pelagianos y en su teología final. ¿Cuáles son algunos ejemplos de su visión temprana del pecado original? Aca en una carta escrita en 397 a Simpliciano podemos ver un ejemplo donce Agustín escribió que «la mortalidad heredada... es el castigo del pecado original». (Augustine, To Simplician 1.1.10, in LCC 6) al igual que en su explicación de Romanos 9 donde afirma lo mismo (Augustine, To Simplician 1.2.20, in LCC 6).

Por tanto, en la etapa temprana del ministerio de Agustín, él identificó que lo que se hereda de nuestros primeros padres no es la culpa, sino solo la mortalidad. En su obra Sobre el Génesis contra los maniqueos, tampoco hay ninguna mención de nuestra culpabilidad. Las declaraciones más significativas de Agustín sobre la condición espiritual de los infantes se encuentran más tarde en sus escritos contra el pelagianismo. (Augustine, On the Grace of Christ and On Original Sin 2.15, in NPNF 5:241). En donde empieza a condenar a los bebés como culpables del pecado original y que la manera de tratar esa culpa era a través del bautismo en agua (regeneración bautismal) para purificarlos de esa culpa original. Su carta escrita en 408 a Bonifacio ilustra esta conexión entre la culpabilidad infantil y la regeneración bautismal (Augustine, Letter 98.2, in NPNF 1:407).

Por tanto, la visión inicial de Agustín solo relacionaba el pecado de Adán con el pecado de la humanidad. Su visión posterior, especialmente en respuesta a los pelagianos, afirmaba que... La culpa de Adán se transmitió a su descendencia. Este énfasis en la culpa heredada, en lugar del pecado y la mortalidad heredados, ha influido tanto en protestantes como en católicos. Pero si partimos de la premisa final de Agustín de que los bebés son culpables (y no solo pecadores), nos enfrentamos a un dilema al intentar comprender el destino eterno de quienes mueren en la infancia. Para Agustín, esta explicación no presentaba dificultad: un niño bautizado estaría con Dios, pero un niño no bautizado se enfrentaría a la condenación al infierno (See Augustine, On the Merits and Forgiveness of Sins and On the Baptism of Infants 1.15, 21, 28, in NPNF 5:20, 23, 25; also Augustine Sermon 294.3, in WSA III/8).

De hecho, el concilio eclesiástico celebrado en la ciudad africana de Cartago en el año 418 estuvo tan fuertemente influenciado por Agustín que, hizo las siguientes declaraciones: “Los niños, que no pueden cometer pecado alguno, deben ser bautizados para la remisión del pecado original contraído por la generación; sin el bautismo no se pueden ver el reino de los cielos, y no existe un lugar intermedio para los niños que mueren sin ser bautizados.” (Council of Carthage 16, Canons 1–3 in Schaff, History of the Christian Church, 3:799; see also Rondet, Original Sin, 126–27.) En base a esto, preguntamos a nuestros amigos calvinistas y demás reformados que aceptan esta antropología agustiniana, ¿cómo pueden ser coherentes al adoptar su visión de la culpa heredada pero rechazar al mismo tiempo su respuesta de la regeneración bautismal y destino final de los infantes no bautizados?
                 Fue la iglesia católica del Occidente la que aceptó esta nueva teología del ex-maniqueo, Agustín de Hipona, pero con algunas modificaciones porque sabía que había elementos gnósticos en ella y suavizando la idea de que los infantes que no son bautizados en agua van al infierno sino a un limbo lo cual algunos teólogos católicos como Tomás de Aquino describían como un lugar de estado de felicidad. Antes de Agustín, los únicos que creían en una culpabilidad heredada eran los maniqueos, los valentinianos y otros grupos no ortodoxos. Luego esta enseñanza de la condenación de infantes fue sepultada por la misma Iglesia de Agustín (la Iglesia católica romana) y hasta llegaron a condenarla como herejía en varios concilios. La doctrina de la condenación de infantes, que sostiene ahora el calvinismo, o “infantes elegidos” depende e implica que hay una doble predestinación o elección divina antes de nacer lo cual fue anatemizado a través de varios concilios, sínodos y cánones como el segundo concilio de Orange (529), Mainz (848) y Quierzy (849) y luego por la iglesia oriental (ortodoxa) en el concilio de Jerusalén (1672). Por ejemplo, al igual que Calvino, el monje católico Godescalco de Orbais también fue influido por los escritos de Agustín de Hipona pero fue condenado como hereje precisamente por enseñar estas falsas doctrinas en dos de estos concilios franceses en el siglo IX.
                 Por tanto, la persona que diga que el pecado ancestral es pelagianismo (o sea herejía) o está mintiendo de mala fe o no sabe de Biblia ni de historia cristiana, porque asumir tal cosa sería apelar a un anacronismo, pues mucho antes de Pelagio eso era lo que creían los antiguos judíos (antropología hebraica) y la iglesia primitiva (antropología cristiana). De hecho, los calvinistas que están defendiendo esta vieja herejía o concepto maniqueo ni siquiera están defendiendo una doctrina reformada sino romanista del siglo 5 la cual vino de un filósofo católico romano (Agustín) y así lo reconoce la misma Enciclopedia Católica Romana y la cual estuvo muerta durante muchos siglos hasta que Calvino la revivió durante la reforma protestante. A menos que quieras cambiar la historia y apelar alrevisionismo histórico.
                En su obra, History of the Christian ChurchPhilip Schaff  analiza la influencia del pensamiento filosófico (platonismo, neoplatonismo) en la teología occidental, incluyendo la de Agustín de Hipona, quien afirma que la doctrina agustiniana, como la elección incondicional, es más filosófica que bíblica y que fue tomada en gran parte del estoicismo y neoplatonismo. Por tanto, no vino de la Biblia ni de la historia cristiana preagustina y antenicena, sino que fue creída por los gnósticos como los maniqueos, valentinianos y sethianos, quienes enseñaban que todo hombre es malo, corrupto y culpable de pecado desde su nacimiento, con base en una total depravación que ellos enseñaban. El filósofo católico, Agustín de Hipona, fue un gnóstico maniqueo que también creía esto antes de su conversión. Durante sus primeros años en el cristianismo Agustín refutaba esta idea pero como dice Phillip Schaff luego introdujo algunos de estos elementos gnósticos en su teología final concluyendo que,“Dios quiere, en adultos y niños, salvar a unos y no a otros” (Agustín, Réplica a Juliano, Libro IV, VIII, 45.p.241).

El erudito y reconocido biblista especialista en Nuevo Testamento, como también en los manuscritos del Mar Muerto, en lenguas semíticas en general y en análisis de textos arameos en particular, Joseph Fitzmyer, advierte a los lectores de Romanos 5 que la doctrina del pecado original agustiniano (o sea la creencia de que todas las personas heredan tanto el pecado como la culpa de Adán) no es una enseñanza explícita de Pablo sino una doctrina que se desarrolló en escritos agustinianos posteriores y se consolidó a través del Sexto Concilio de Cartago, el Segundo Concilio de Orange y el Concilio de Trento. Tambien afirma que esta versiWn tardía del pecado original también se desarrolló como doctrina en la tradición occidental, pero no en la oriental. (Fitzmyer, Romans, 408–09).
              Hasta el teólogo arminiano y autor del libro, “Teología Arminiana”, el Dr. Roger Olson, afirma también lo mismo, “Ningún teólogo cristiano temprano antes de Agustín enseñó algo parecido a la depravación total en el sentido de culpa heredada e incapacidad moral completa.“ (Roger E. Olson, Arminian Theology: Myths and Realities (2006), p. 33). En la p. 34 del mismo libro, Olson agrega: “La idea de que todos los humanos heredan la culpa de Adán y nacen incapaces de responder a Dios aparte de una gracia irresistible simplemente no puede encontrarse en los padres de la iglesia antes de Agustín." Hasta el teólogo arminiano, el Dr. Carlos Murr también admite esto diciendo, "Sostener que solamente la postura que se desarrolló con el filósofo católico, Agustín de Hipona, es la única postura ortodoxa que la iglesia ha creído y que si no la crees entonces eres "pelagiano" es anacrónica y una tergiversación de la realidad histórica. La doctrina del pecado original como es reconocida actualmente no puede ser rastreada más atrás de Agustín. Antes de Agustín, la postura del pecado original era de consecuencias heredadas y no culpabilidad." Como dice también el Dr. Adam Harwood, “Los teólogos históricos generalmente concuerdan en que el concepto del pecado original en el sentido de que heredan la culpa del pecado de Adán era completamente desconocido por toda la tradición cristiana hasta los últimos escritos de Agustín de Hipona.” (Adam Harwood, Christian Theology: Biblical, Historical and Sistematic).
               Hasta grandes teólogos reformados como B.B. Warfield (Calvin and Agustine, 1956), Louis Berkhof en su libro, “The History of Christian Doctrines” (p.156), Loraine Boettner en su obra, “Calvinism in History” (chapter 1) o “The Reformed Doctrine of Predestination” (p.365), Robert A Peterson y Michael D. Williams (Why I am not an Arminian, p.36), el reconocido historiador reformado, Philip Schaff (1819-1893), en su clásica obra, Historia de la Iglesia Cristiana así lo reconocen. El reconocido historiador de la iglesia, ordenado ministro en la Iglesia Alemana Reformada en los Estados Unidos y influyente teólogo presbiteriano, Philip Schaff (1819–1893), fue teológicamente reformado/calvinista. Sin embargo, admitió que el pecado original, idéntico al de Agustín, corrupción total, elección incondicional y la gracia irresistible NO existían en la Iglesia antes de Nicea (325). “La antropología de los Padres prenicenos era esencialmente diferente de la de Agustín.” (Schaff, History of the Christian Church, Vol. 2, § 154). Hasta el “Dr.” Enuel Hernández grabó un video donde el mismo ChatGPT le dijo que, según la historia cristiana, los infantes no nacen con la culpabilidad heredada de Adán. El problema es que aunque se lo diga eruditos como el Dr. Ken Wilson de Oxford quien es de los pocos que han leído todos los escritos de Agustín o la Dra. Ali Bonner de Cambrigde quien ha leído todos los manuscritos de Pelagio o la misma inteligencia artificial aun así no lo quieren aceptar lo cual ya es caer en fanatismos o en un sesgo cognitivo.
                    

                         Martin Lutero en su Lectura de Génesis dijo que los infantes no actúan contra la Ley (Luther, Lectures on Genesis, in LW 3:103) y según el historiador de la Iglesia, William Estep, en 1530, fue Philip Melanchthon el que redactó un documento que hoy se conoce como la Confesión de Augsburgo en donde se enseña que los bebés heredan la culpabilidad heredada de Adán. Pero que, Martin Lutero, en sus escritos, nunca sostiene esta afirmación. (Rondet, Original Sin, 171–75). En respuesta a los anabaptistas como Balthasar Hubmaier quien se oponía al bautismo infantil, Lutero decía que los infantes podían ser bautizados porque poseían una fe salvífica. Para apoyar esta idea, usaba el pasaje donde Juan el Bautista saltó de alegría en el vientre de su madre cuando escuchó sobre el Señor y que esta experiencia solo se limita con aquellos infantes que han sido bautizados e hijos de creyentes. Calvino usó el mismo pasaje, pero con la diferencia de que sostiene que los infantes no necesitaban fe sino solo la regeneración. El problema con estas dos posturas de Lutero y Calvino pues como les decía Hubmaier, ¿cómo un infante puede ser regenerado sin fe lo cual viene por el oír y el oír por la palabra de Dios (Romanos 10:17) y sin entender la diferencia entre el bien y el mal (Deuteronomio 1:39)? Por tanto, los infantes no son capaces de tener fe y para Hubmaier bastaba con pregúntale a un bebe si cree en el Dios todopoderoso y Creador del cielo y la tierra para ver que solo responde con lagrimas o mojando sus pañales. Esa es la razón por la que son salvos. No porque sus padres sean cristianos, ni porque son bautizados en agua ni porque Dios imparte fe en ellos. 

                  Para tratar de justificar a Lutero, algunos reformados dicen que un infante puede tener fe como cuando tienen más confianza de estar con la madre que con un extraño. Sin embargo, reacciones como tales son por instintos y no cognitivas puesto que aun no entienden el concepto de Dios y la confianza la ponen en sus padres a quienes pueden reconocer sus voces, pero no en Dios ya que no entienden el concepto de Dios ni el mensaje del evangelio. Por tanto, ni son creyentes ni ateos. 

             Entonces, ¿qué quiso decir David cuando dijo en Salmo 139:16, “mi embrión vieron tus ojos.”? El mensaje de este pasaje no tiene nada que ver con una regeneración prenatal ni fe salvadora del infante, sino que habla de una manera poética y no técnica para comunicar una verdad teológica sobre la omnisciencia y diseño divino. En otras palabras, el punto contextual de David es que nuestra vida no es accidental, sino que está bajo el propósito y cuidado de Dios quien nos ve desde el comienzo de nuestra existencia y nos conoce antes de que nuestro cuerpo estuviera formado. Nada que ver con soteriología. Compáralo con Jeremías 1:5 y Job 10. 

              Con respecto a Lucas 1:41 este pasaje tampoco implica una regeneración automática ni una fe salvadora del infante pues el texto no enseña que Juan ejerciera fe, arrepentimiento o conciencia espiritual en el vientre. Tampoco habla de una norma para todo infante sino de un caso único y extraordinario sobre una señal simbólica y profética del ministerio de Juan el Bautista. No establece que todos los infantes estén llenos del Espíritu ni define una regla universal sobre salvación infantil. De hecho, es todo lo contrario. Ambos pasajes refutan la idea de que los infantes están muertos espiritualmente en sus delitos y pecados en el vientre de sus madres pues en Salmo 136 David describe a los infantes como una obra maravillosa de Dios lo cual no tendría sentido si son unos pequeños depravados y pecadores mientras que Juan Bautista tampoco pudo estar muerto espiritualmente en el vientre de su madre porque el Espíritu Santo solo puede morar en alguien que esta espiritualmente vivo (Romanos 7:9-11).                

              Al igual que Lutero, Zwinglio rechazó la noción agustiniana de que el bautismo eliminaba la culpa del pecado original. Sin embargo, admitió haber sostenido esa opinión en el pasado. En 1525, reconoció que la controversia con los anabaptistas “nos ha demostrado que no es el derramamiento de agua lo que lava el pecado. Y eso era lo que creíamos antes, aunque sin ningún fundamento en la palabra de Dios. También creíamos que el agua del bautismo purificaba a los niños de un pecado que nunca habían cometido, y que sin ella estarían condenados. Todas estas creencias eran erróneas, como veremos más adelante”. (Zwingli, Of Baptism, in LCC 24:153.). La visión de Zwinglio sobre la condición espiritual de los infantes es que su incapacidad para ejercer su voluntad los eximía de la culpa del pecado y era similar a la de Lutero, en el sentido de que ambos reconocían que toda persona recibía las consecuencias de la transgresión de Adán. Hasta dijo que como los niños no conocen la ley no son condenados y que ciertamente y sin duda son hijos de Dios (Huldreich Zwingli Samtliche Werke, Band II. Leipzig Hensius, 1908, 4, p.301 y 309).  Martin Lutero (influenciado por el filósofo católico, Agustín de Hipona) acusó a Zuinglio de “pelagiano” (la clásica) por creer que los niños nacen inocentes y que todos iban al cielo por no ser culpables de pecado al morir en su infancia. Sin embargo, antes, durante y después de Agustín siempre hubo cristianos que creían esto.   Tanto Zwinglio como Lutero afirmaban la necesidad de la obra de Cristo para expiar lo que está presente incluso en los infantes, pero solo se mostraron explícitos sobre la salvación de los niños en los hogares de padres creyentes.
            
               La doctrina agustiniana de la condenación de infantes fue revivido siglos después por Juan Calvino quien consideraba a los infantes pecadores y culpables desde el nacimiento y necesitados de redención. Calvino siguió la perspectiva agustiniana de que los infantes heredan la culpa, pero respondió a la pregunta sobre su regeneración de una manera diferente a la de Agustín diciendo que en lugar de optar por la regeneración bautismal, Calvino enseñó que los hijos de padres creyentes podían ser salvados por Dios a través de la obra de Cristo en la cruz, independientemente de escuchar y responder al Evangelio. Esto también se evidencia en sus frecuentes referencias, en La esclavitud y la liberación de la voluntad, a los argumentos de Agustín contra Pelagio donde defiende el bautismo infantil contra los anabaptistas como Balthasar Hubmaier (Calvin, The Bondage and Liberation of the Will 2.259, 3.301–312 y The editor, John T. McNeill, documents the addition of this chapter in Institutes, 1324 n. 1. Y Calvin, Institutes 4.16.7–9). Mientras que los anabaptistas discrepaban con Calvino cuando este enseñaba que los bebés podían experimentar la regeneración (la salvación) sin haber oído ni comprendido el Evangelio. En base a Deuteronomio 1:39, Hubmaier por ejemplo preguntó cómo podían ser regenerados los bebés si no tenían conocimiento del bien ni del mal (Hubmaier, On the Christian Baptism in CR 91:612 n.2, in Calvin, Institutes, 1340 n. 31) ni capaces de arrepentimiento ni de fe (Hubmaier, On the Christian Baptism in CR 91:612, in Calvin, Institutes, 1342 n. 34.) y también citó Romanos 10:17 como prueba de que la fe solo surge después de escuchar el Evangelio.(Hubmaier, On the Christian Baptism in CR 91:610, 612, in Calvin, Institutes, 1342 n. 33).

              Al igual que Godescalco de Orbais también bebió de la fuente del filósofo católico, Agustín de Hipona, y empezó a enseñar que los niños “heredan” la culpabilidad de los pecados de los padres y que los infantes no elegidos van al infierno de fuego (The Gnostic Origins of Calvinism, Ken Johnson, Th.D. p.68). Como también dice el académico de Oxford, el Dr. Ken Wilson, “Agustín llevó por mal camino a Lutero y Calvino." (Dr. Ken Wilson, El Fundamento del Calvinismo Agustiniano, pp. 2, 17-22, 125 y 133). Sin embargo, la Biblia enseña enfáticamente y explícitamente que este no es el caso. En Ezequiel 18:20, la Biblia dice: “El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo” (Ezequiel 18:2-4, 17-20; 2 Crónicas 25:4 y Deuteronomio 24:16). A diferencia de Calvino, el salmista David dice que los infantes que están en el vientre de su madre son una bendición y una obra maravillosa de Dios (Salmo 127:3-5 y 139:14), lo cual no tiene sentido si son unos viles, abominables y pequeños depravados. Mientras que en Salmos 106:34-39 y en Jeremías 19:4 se les llama "inocentes" y no culpables de pecados. ¿Por qué? Porque como explica Jonás 4:11; Deuteronomio 1:39; Isaías 7:15-16; Romanos 9:11 y 2 Corintios 14:20 aunque los niños nacen con una naturaleza caída, no son pecadores primero porque Dios no crea pecadores (Génesis 1:31; Salmo 139: 14; Eclesiastés 7:29 y 1 Timoteo 4:4) y porque no tienen la suficiente madurez para saber la diferencia entre el bien y el mal hasta que hayan llegado a la edad de responsabilidad. Tampoco tienen la capacidad intelectual para entender el evangelio de Cristo. Ni siquiera entienden el concepto de Dios (Romanos 2:15; 4:15; 5:13; 9:11 y Santiago 4:17). Después de todo, Ezequiel 18:20 dice que no somos culpables de los pecados de nuestros padres sino de nuestros propios pecados (Vea 1 Corintios 12:12-27 y Romanos 12:4-8). 

                 Por eso cuando los primeros cristianos hablaban de la “inocencia de los niños” también se referían a que no heredaban la culpa del pecado de Adán ni de sus padres ni de cualquier otro hombre sino solamente por sus propios pecados (Ezequiel 18:2-4, 17-20; 2 Crónicas 25:4 y Deuteronomio 24:16) y que “cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí.” (1 Corintios 12:12-27 y Romanos 12:4-8; Romanos 14:12; 1 Juan 3:4; Romanos 3:23; 5:12 e Isaías 53:6). Es decir, nadie es culpable ni dará cuenta por el pecado de otro. También, en Éxodo 32, Moisés rogó a Dios que perdonara los pecados de los israelitas cuando dijo: “que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito. Y Jehová respondió a Moisés: Al que pecare contra mí, a éste raeré yo de mi libro” (Éxodo 32:32,33). Por tanto, la Biblia es clara en su enseñanza de que los bebés no heredan los pecados de los padres. Para dar una simple ilustración de esto, si una mujer consume alcohol durante su embarazo y eso le afecta a su hijo, el niño no nato (no nacido) sufrirá las consecuencias del pecado de su madre pero no tiene la culpa del pecado su madre. 

                    Si nos vamos a la Biblia, ¡qué mejor el ejemplo que el de David, quien perdió a su hijo por culpa de su pecado de adulterio y homicidio! Ahora, ¿se fue el hijo de David al infierno por culpa del pecado de su padre? No. De hecho, cuando David oró por su infante que fue concebido en pecado, Dios no lo condenó, ni David pensaba que podía ir al infierno, sino que estaba seguro que estaba en el cielo pues dijo, “Mas ahora que ha muerto, ¿para qué he de ayunar? ¿Podré yo hacerle volver? Yo voy a él, mas él no volverá a mí.” (2 Samuel 12:22-23). Por tanto, está claro que el hijo muerto de David no regresaría a esta Tierra, pero David dijo que un día, él estaría con su hijo “en la casa de Jehová” (Salmos 23:6). ¿Cómo David sabía que su hijo el cual fue concebido en el pecado de adulterio era uno de los elegidos si eso nadie lo sabe según el TULIP calvinista? Porque sabía que su hijo no era culpable del pecado de adulterio de sus padres (David y Betsabé) y porque eso era lo que creían tanto los antiguos judíos y la iglesia primitiva (Ezequiel 18:2-4, 17-20; 2 Crónicas 25:4 y Deuteronomio 24:16). Por tanto, podemos concluir que “la casa de Jehová” sería el destino eterno de su bebé a quien David un día iría. El Rey David esperaba el día en que se reuniría con su hijo en el cielo. Absolutamente nada en este contexto habla de infantes elegidos ni insinúa que el alma del bebé muerto iría o tendría la posibilidad de ir al infierno. 

                     Resumiendo, el pecado es escoger o hacer el mal, sabiendo que es mal y por tal razón los infantes o niños que están bajo la edad de discernimiento no nacen ni son pecadores porque no saben nada y no hacen nada al nacer. Asumir que los niños nacen pecadores es absurdo. Por eso Pablo dice que “por un tiempo estuve vivo” en referencia a su infancia, cuando no conocía la ley (Romanos 5:13; 7:9 y Santiago 4:17) y por eso el salmista también dice, “se apartaron” o “se descarriaron” (58:3) lo cual requiere un cambio de inocente a pecador. En otras palabras, Dios no crea pecadores, sino que los crea en un estado de inocencia, pero luego ellos se corrompen (Génesis 1:31 y Eclesiastés 7:29). De hecho, así funciona también la ley humana, si eres un adulto el sistema de justicia te juzga como un adulto, si eres menor de edad te juzgar como un menor de edad y si eres una persona autista o mentalmente incompetente entonces no se te puede juzgar a menos que recupere la capacidad mental. La enfermedad mental también puede dar lugar a una sentencia de "no culpable por razón de locura". La iglesia temprana también decía que la gente discapacitada con problemas mentales seguía en un estado infantil y por ende no estaba bajo juicio por no tener la capacidad mental de entender la diferencia entre el bien y el mal. Por tanto, la Biblia y la Patrología es clara en su enseñanza de que los bebés no heredan los pecados de los padres. 

               ¿Qué hay de Jacobo Arminio? En sus escritos el mismo Arminio hace distinción entre la corrupción heredada y la imputación de culpa, aceptando la primera, pero rechazando la segunda, al afirmar que «Existe una gran diferencia entre la corrupción de la naturaleza y la imputación de culpa.» (Disputaciones privadas, Disputación XXXI). Arminio afirma que la razón por la que niega la culpabilidad heredada es porque «La culpa no puede ser imputada a nadie sino por un pecado cometido voluntariamente.» (Disputaciones públicas, Disputación VII, Sobre el pecado original). Esto excluye explícitamente a los infantes, quienes no pueden pecar voluntariamente. Pero no solo eso, Arminio también declaró que los infantes no están bajo condenación por el pecado de Adán lo cual también demuestra que no creia en la culpabilidad heredada pues dijo: «No afirmo que los infantes sean condenados por el pecado de Adán.» (Declaración de los sentimientos, 1608). Los seguidores de Arminio como los arminianos clásicos (siglos XVII–XVIII) también continuaron esta enseñanza como se puede ver en las palabras del arminiano Episcopius (sucesor de Arminio) quien dijo, «Los infantes no son considerados culpables ante Dios hasta que pecan conscientemente.» (Simon Episcopius, Institutiones Theologicae) y Limborch (arminiano clásico que sistematiza la teología clásica) quien también declaró que, «La culpa no es heredada; solo se contrae por actos personales.» (Philipp van Limborch, Theologia Christiana). 

                   Los Remonstrantes (1610) también distinguieron corrupción heredada de culpa imputada y afirmaron responsabilidad solo con voluntad y razón rechazando así la imputación forense a los infantes como se puede ver en su artículo sobre el pecado y en su Confesión Remonstrante del 1621. Por eso no es sorpresa saber que el arminiano, John Wesley, negara explicitamene la culpabilidad adámica y condenacion de infantes diciendo, «Ningún infante es condenado por el pecado de Adán, pues no hay culpa donde no hay acto voluntario.» (Sermón 44: El pecado original, 1760). Por tanto, aunque Wesley defendía el bautismo infantil, no lo hacía porque creyera que los niños estaban condenados pues dijo «Llamamos pecado original a la corrupción de la naturaleza [que es lo que sostenemos los bautistas provisionistas]; pero no a una culpa imputada que haga a los infantes dignos de condenación.» (Tratado sobre el pecado original y Tratado sobre el bautismo).


                         Resumiendo, los reformadores magisteriales, representados por Lutero, Zwinglio y Calvino, entendieron la condición espiritual de los infantes desde diferentes presupuestos. Lutero creía que los infantes nacían con el pecado original, pero no afirmaba su culpabilidad, ya que no habían pecado contra la ley. La postura de Lutero a menudo se confunde erróneamente con la de Melanchthon, quien sí afirmaba la culpabilidad heredada. Zwinglio consideraba el pecado original como una enfermedad que infectaba a los infantes. Sin embargo, rechazaba la idea de que los infantes pecaran, pues esto implicaría erróneamente su culpabilidad. En contraste, Calvino consideraba a los infantes culpables y condenados por Dios debido a su naturaleza pecaminosa. Los tres enseñaban que los infantes que mueren pueden ser salvos, pero limitaban esta esperanza a los hijos de creyentes. La diferencia entre ellos radica en que, para Zwinglio y Calvino, la fe no es necesaria para la salvación de los infantes. Los tres reformadores enseñaron que todo bebé hereda una naturaleza corrupta de Adán. En segundo lugar, rechazaron la doctrina de la Iglesia Católica Romana sobre la regeneración bautismal. Si bien Lutero no afirmó ni negó la culpabilidad de los bebés, Zwinglio declaró explícitamente que la culpabilidad solo surge después de cometer actos pecaminosos. Por esa razón, argumentó que ni siquiera se debería considerar pecadores a los bebés. La segunda diferencia importante se da solo con Calvino. Él sostiene que los bebés son culpables debido a su naturaleza pecaminosa heredada lo cual es una falacia non sequitur.
               Después de la era patrística esta doctrina judeocristiana de que todos los niños que mueren en su infancia o antes de la edad de responsabilidad van al cielo siguió siendo sostenida por la antigua Iglesia Ortodoxa, los Anabaptistas (cristianos que existieron antes de la Reforma protestante), los reformadores radicales como Menno Simons, Balthasar Hubmaier y Ambrosio Spittelmayrl (1497-1528) (Chronica, Zeitbach and Geschichtsbibel, Fol. 446) y por algunos de los reformados magisteriales como Ulrico Zwinglio. 

El también gran teólogo anabaptista, Menno Simons, también en unos de los Extractos de sus sobre doctrina cristiana, Simons sostiene el pecado original de que la naturaleza pecaminosa de Adán y la inclinación al mal pasó a todos sus descendientes y que por ende “No podemos salvarnos de ello (hablamos de los que, llegados a la edad del discernimiento han cometido pecado) a menos que nosotros por una fe real y no fingida aceptamos a Cristo, el único y eterno medio de gracia”. Pero no declara que heredamos también su culpabilidad la cual Agustín añado después en su teología final del siglo 5 (Menno Simmons, Su Vida y Escritos, Bender/Horsch, 6. Pecado, p. 91). Por tanto, aquí vemos que Menno afirma que los niños pequeños están bajo la gracia y no bajo condenación porque Cristo también murió por todos, y que su gracia no excluye, quienes aún no conocen el bien ni el mal. Simmons también agrega que, “A pesar de que los niños no tienen fe ni reciben el bautismo, no penséis que por eso están perdidos. ¡Oh no! Son salvos, porque tienen la promesa del Señor mismo, que de ellos es el reino de Dios…En base a esta creencia, todos los cristianos deben estar seguros y regocijarse ante la certeza de que sus niños son salvos. (I:36a) . Si mueren antes de llegar a la edad del entendimiento y de poder oír y creer, están bajo la promesa de Dios y son salvos, y esto no por otros medios sino por la preciosa promesa de gracia dada por el Señor Jesús. (Luc. 18: 16).” (Menno Simons, su vida y escritos; 20. Salvación de los niños, p.81).

"Pero si, habiendo llegado a la edad de comprensión, oyen y creen, deben ser bautizados. Si no aceptan o creen a la palabra una vez llegados a esta época de la vida sean o no bautizados, están perdidos, como Cristo mismo lo enseñó.” (Marcos 16:16).” (Menno Simmons, Su Vida y Escritos, Bender/Horsch, 20. Salvación de los niños, p. 119). Al igual que Hubmaier, Simons también dijo que, «Los niños pequeños no tienen conocimiento del bien ni del mal; por lo tanto, no pueden ser acusados de pecado.» (Fundamentación de la doctrina cristiana, 1539) y que «El pecado no se imputa donde no hay conocimiento ni voluntad. Por tanto, los niños pequeños están libres de pecado.» (Respuesta a Gellius Faber, 1542). Aquí Menno niega explícitamente que los infantes tengan culpa personal o heredada porque el pecado requiere voluntad consciente. Esta es la razón por la que rechaza el bautismo infantil debido a que los bebés no son capaces de escuchar la palabra, creerla y arrepientirse (Sobre el nuevo nacimiento / Fundamentación).
             Los Anabaptistas eran credobautistas que creían en el estado inocente de los niños y se opusieron a esta postura agustiniana (LaymanBiblieLounge.com/Anabaptistresources). Los líderes anabaptistas como Ambrosio Spittelmayrl (1497-1528) y Leonard Schiemer (1500-1528) eran credobautistas que también decían que “el niño tiene el alma pura e inocente hasta que entiende la diferencia entre el bien y el mal” y se opusieron a esta postura agustiniana (LaymanBiblieLounge.com/Anabaptistresources; Three Kinds of grace in the Scriptures, Old and New Testaments, párrafo 15 y Questions and Answers, Answers 13). El reconocido historiógrafo del siglo 16, teólogo reformado y cronista alemán, Sebastian Franck (1499-1542), también afirma que los anabaptistas consideraban a los niños de tener sangre pura, inocente y sin pecado en base a Ezequiel 18. (Chronica, Zeitbach and Geschichtsbibel, Fol. 446). 

Tanto para Balthasar Hubmaier y Pilgram Marpeck, los bebés no estaban bajo la condenación de Dios porque no actuaban conscientemente con la intención de cometer pecados. De esta forma, estos anabaptistas también reconocieron que un bebé se encuentra en una condición espiritual diferente a la de una persona moralmente responsable, debido a su incapacidad para realizar acciones voluntarias, ya sean buenas o malas (Romanos 9:11). ¿Qué pensaba Hubmaier del estado espiritual de los infantes? Hubmaier se limitaba en decir que los infantes son salvos porque no saben la diferencia entre el bien y el mal y citaba Deuteronomio 1:39; Mateo 19:14 y 1 Corintios 14:20 como prueba. Incluso dijo que el bautismo de Juan el Bautista fue un bautismo de arrepentimiento en el sentido de que era una forma de confesar y declarar culpabilidad de pecados (Mateo 3:1 y Hechos 2:38) y que sin embargo Juan no incluyó infantes en su bautismo porque un infante no puede pecar sino “solo llorar miserablemente.” (Balthasar Hubmaier, The Theology of Anabaptism, Pipkin and Yoder, pp. 134 y 118). En otras palabras, “Donde no hay conocimiento, no hay transgresión» (Romanos 4:15; Romanos 5:13 y Santiago 4:17). Estas afirmaciones de Hubmaier niegan directamente la culpabilidad heredada puesto que para pecar se requiere conocimiento y voluntad, algo que los infantes no poseen. Zwinglio usa estos mismos argumentos pero a favor de los hijos de los cristianos por lo que Hubmaier le respondió que la salvación no depende de la condición espiritual o de la fe de nuestros padres (Balthasar Hubmaier, The Theology of Anabaptism, Pipkin and Yoder, pp. 139-141).


Para dar una ilustración sobre esto, Dios no inculpa a los infantes de pecadores, sino que los considera en un estado de inocencia por su ignorancia y hasta llegar a la edad de responsabilidad, así como nosotros tampoco juzgamos a una persona mentalmente discapacitada por sus acciones. Por lo tanto, se nos ha dado un ejemplo específico en el Antiguo Testamento de un bebé que muere y vivirá eternamente en el cielo. Y Jesús mismo, en el Nuevo Testamento, declaró que los niños conservan las cualidades que hacen a una persona elegible para heredar el reino de Dios. Entonces, vemos que los infantes y niños que mueren están en un estado seguro y vivirán eternamente en el cielo. De hecho, cuando Jesús habla de nacer de nuevo está usando el concepto de la inocencia de la niñez para ser como ellos para entrar en el reino de Dios, es decir, somos creados inocentes y perdemos esa inocencia cuando pecamos, pero si nos arrepentimos Dios nos restaurará ese estado de inocencia de la cual habíamos sido creados.
           Después de todo, ¿dónde en la Biblia dice que nacemos culpables de pecados o bajo la ira de Dios? En ninguna parte. De hecho, el bautismo de Juan el Bautista lo cual era para confesar públicamente sus pecados (Mateo 3:6-11) sin embargo no se bautizó niños sino adultos y el llamado que hacía también era para adultos (Lucas 3:10-14). No para infantes. Por ejemplo, en Lucas 3:10-14 dice, “Y la gente le preguntaba, diciendo…” lo cual tampoco aplica para infantes porque los infantes no pueden hablar sino llorar o sino Juan también hubiese dicho, “El niño que tiene dos pañales, que dé uno al niño que no tiene”. Juan tampoco dice lo que los niños deben hacer. Por tanto, ¿por qué Juan no los incluye? Porque los niños no son pecadores y por eso las Escrituras tampoco habla de un bautismo infantil sino solo para creyentes con edad de responsabilidad. Aunque muchos calvinistas han tratado de mal representar a Dios como si fuera un monstruo malvado y sádico que condena a niños inocentes a la destrucción eterna, sus argumentos no tienen fundamento bíblico ni histórico. En Mateo 18:1-5; 19:13-14; Mateo 19:14; Marcos 10:13-16 y Lucas 18:16-17, Jesús afirmó que los niños le pertenecen porque DE LOS TALES es el reino de los cielos. Note que en estos pasajes no se habla de niños regenerados o de infantes elegidos sino de niños en forma general. No solo eso, sino que Jesús afirma que “…el que reciba a un niño, me recibe a mí”. No dice un niño pecador o inmundo como tampoco tiene sentido que Jesús se esté comparando con un pequeño depravado sino con un pequeño inocente. Lo mismo dice de sus discípulos en Mateo 10:40 quienes tienen como destino el cielo y no el infierno. Nadie discute que la caída de Adán trajo pecado al mundo y que nacemos con una tendencia o inclinación al mal la cual heredamos de nuestros primeros padres. Sin embargo, Dios no nos inculpa de pecado cuando nacemos, sino que nos ve en un estado de inocencia hasta que cumplimos la edad de responsabilidad.            
                 Además, la misma Encarnación de Cristo refuta la Total Depravación. La idea de que la carne es tan corrupta, mala y totalmente depravada que todo ser humano nace pecador y sin importar la edad que tenga es una creencia que vino de los gnósticos que los Padres preagustinos como Orígenes, Ireneo, Justino Mártir, Juan Crisóstomo y otros refutaron hace más de mil años atrás. Pero no solo eso, según la Total Depravación nuestra naturaleza humana la cual viene de la simiente de Adán está corrupta antes de nacer y desde la misma concepción. Sin embargo, decir que todo hombre nace pecador es llamar a Jesús pecador e hijo de la ira también puesto Jesús también era 100% Hombre. A menos que nieguen su verdadera naturaleza humana como hicieron los gnósticos.
                 La Biblia enseña que Cristo fue un hombre real con alma y cuerpo humano como nosotros, nacido con la misma naturaleza humana como los demás hombres, y verdadero descendiente de Adán, de Abraham, y de David. De hecho, fue circuncidado según la ley de Moisés como otros judíos, fue un niño que "Crecía en sabiduría y en estatura." (Lucas 2:52), tuvo hambre, sed, comió, bebió, trabajaba, se cansaba, durmió, vivió y murió como otros hombres. Sus tentaciones eran reales, sus oraciones eran reales, sus sufrimientos y su muerte eran reales. Fue reconocido como hombre por otros hombres y Jesús mismo se refierió a sí mismo como "el Hijo del Hombre." Por tanto, Cristo tenía la misma naturaleza humana que todos los demás hombres:

“Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.” Mateo 1:1

“Hijo de Enós, hijo de Set, hijo de Adán, hijo de Dios.” Lucas 3:38

“¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él, o el hijo del hombre para que le visites? Le hiciste un poco menor que los ángeles…Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús….” Hebreos 2:6-7, 9

“Acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne.” Romanos 1:3

“Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos.” Hebreos 2:11

“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, el también participó de lo mismo.” Hebreos 2:14

“Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham. Por lo tanto, debía ser en todo semejante a sus hermanos.” Hebreos 2:16-17

“Porque no tenemos un sumo sacerdote que no puede compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.” Hebreos 4:15

“Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo.” Hebreos 2:17

“Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.” Hebreos 4:15

“Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos.” Hebreos 2:11

“Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios, y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y ahora ya está en el mundo.” I Juan 4:2-3

"Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo. Mirad por vosotros mismos, para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que recibáis galardón completo. Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido! Porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras." II Juan 7-11

“Y aquel verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros.” Juan 1:14

“Acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne.” Romanos 1:3

“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, el también participó de lo mismo.” Hebreos 2:14

“Por lo tanto debía ser en todo semejante a sus hermanos.” Heb. 2:17

“Porque no tenemos un sumo sacerdote que no puede compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.” Hebreos 4:15

“Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley.” Gal. 4:4

La encarnación de Cristo, la verdad que Cristo vino en carne y sangre humana (para sufrir y morir en la cruz por pecadores ), es una de las doctrinas indispensables de la fe Cristiana. Es imposible negar la encarnación de Cristo y ser cristiano:

“Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios, y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y ahora ya está en el mundo.” 1 Juan 4:2-3

“Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo.” 2 Juan 7

                    En otras palabras, si toda la descendencia de Adán nace corrupta y pecadora entonces Jesús nació corrupto porque según pasajes como Hebreos 2:14-18 era “semejante a sus hermanos en todo”, es decir, según las Escrituras Jesús asumió esa misma carne y naturaleza (espíritu, alma y cuerpo) y los apóstoles hasta ofrecieron genealogías relacionándolo con Adán como un cumplimiento de la profecía mesiánica. Romanos 1:3 también dice que Jesús fue hecho de la simiente de David según la CARNE lo cual también es consistente con Hebreos 2:14-18 donde afirma que Jesús tomó de la simiente de Abraham y de Adán lo que significa que Jesús tomó nuestra total naturaleza. ¿Significa esto que Jesús tenía una naturaleza totalmente depravada? Hasta la Patrística afirman que Jesús asumió todo para redimirnos. Como escribió, Gregorio de Nisa, en su epístola 101 contra Apolinar, “Aquello que Él no asumió no se ha curado pero aquello que está unido a su deidad es también a salvo. Si Cristo asumió una naturaleza corrupta como lo sugiere la total depravación Él no hubiese sido el Redentor sin mancha”. Mas 1 Juan 4 dice que esto es el espíritu del anticristo. Por tanto, hasta la misma encarnación de Cristo refuta la Total Depravación. A menos que quieran decir que Cristo no era como nosotros lo cual demostraría que no estas en la doctrina ortodoxa del cristianismo bíblico e histórico.
                Sin embargo, muchos calvinistas niegan esto diciendo que Cristo no asumió nuestra naturaleza (carne) sino la misma naturaleza física de Adán en la pre-Caída lo cual es una creencia condenada en 1 Juan 4:1-3. La doctrina de que Jesucristo era un hombre perfecto, nacido con la misma naturaleza humana como todos los demás hombres, es una doctrina bíblica y uno de los fundamentos básicos de la fe cristiana. Pero la doctrina del pecado original es una doctrina pagana, ajena a la Biblia y colada entre las doctrinas cristianas en el quinto siglo 4 por Agustín de Hipona quien había estado por nueve años discípulo de la secta gnóstica-cristiana conocida como los Maniqueos. Ellos enseñaron la filosofía pagana que toda materia es inherentemente mala. A causa de esta creencia, también enseñaron que todas las manifestaciones corporales de Cristo eran solamente aparentes y que por ende Cristo no vino realmente en carne. Negaron la encarnación real de Jesucristo como también su resurrección corporal a causa de su creencia en la maldad inherente de las cosas materiales. Los nueve años que Agustín pasó con ellos lo influyó no solo para enseñar que la naturaleza humana es totalmente depravada sino que la libertad humana es solo una mera ilusión.
             Pero como hemos visto, si la total depravación fuera cierta entonces Jesús sería totalmente depravado pues Hebreos 2:14-17 no dice que Jesús asumió un cuerpo como el de Adán pre-caído sino uno post-caída porque él también participó de lo mismo”, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre. Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham. Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo.” Por tanto, según Hebreos 2 uno que tiene que irse con la encarnación o la total depravación.
                  

                     
Otro argumento a favor de que todos los niños van al cielo cuando mueren en su infancia es lo enseñado en la antropología hebraica y cristiana preagustina de que todos empezamos en el libro de la vida en el mismo momento de nuestra existencia o concepción y que se borra cuando llegamos a la edad de responsabilidad donde empezamos a pecar (Éxodo 32:32-33). Como resultado, morimos espiritualmente y nos volvemos pecadores. No antes. Esto es consistente no solo con la historia cristiana (Patrística) sino con la Escritura pues el mismo Pablo explica que todos “nos hicimos inútiles”, “se apartaron” o “se descarriaron” lo cual indica que se alejaron o se desviaron de un estado anterior que no era corrupto y lo cual indica y requiere de un cambio inocente a pecador (Salmo 14:1-3; Salmo 58:3 y Romanos 3:12). Pablo también dice que estuvimos vivos espiritualmente en el tiempo que no conocíamos la ley, es decir, en nuestra infancia en Romanos 7:9 y que los bebés no hacen ningún mal (pecado) en Romanos 9:11. Esto también explica porque Jesús dijo que de los tales (refiriéndose a los niños en general) es el reino de los cielos (Mateo 19:14), por qué se comparó asimismo con los niños (Marcos 9:37) porque, así como ellos son inocentes (Salmos 106:34-39, Jeremías 19:4–5, 1 Corintios 14:20 PDT y Romanos 9:11), Él también es inocente (Mateo 27:4; Hebreos 7:26 y 1 Pedro 3:18) y por qué nos dice que debemos nacer de nuevo y volver a ser como un niño para entrar en el reino de los cielos (Juan 3:3-7 y Mateo 18:3), es decir, volver a ese estado de inocencia que teníamos antes en nuestra infancia y para que nuestros nombres vuelvan a ser inscritos en el libro de la vida con la garantía de que no volverán a ser borradas una vez ponemos nuestra fe en Cristo para vida eterna (Apocalipsis 3:5). En palabras de David, "Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré, porque asombrosa y maravillosamente fui hecho; maravillosas son tus obras, y mi alma lo sabe muy bien. No fue encubierto de ti mi cuerpo, aunque fui hecho en lo oculto, y entretejido en lo profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritos todos mis días". (Salmo 139:13-16).
                    Lo mismo se puede decir con respecto al rapto de niños. Muchos padres cristianos que tienen hijos menores de edad y son dispensacionalistas se preocupan por lo que pasará con sus pequeños hijos cuando ocurra el arrebatamiento de la iglesia. ¿Tomará Dios también a todos los niños fuera de este mundo? Y si lo hará, ¿cuáles niños? ¿Todos los niños o solo la de los creyentes? Hay tres teorías sobre qué sucederá con los niños durante el tiempo del rapto: la primera es que ningún infante o niño bajo la edad de responsabilidad será raptado por Dios sino solo los creyentes. Sin embargo, ¿quién se hará cargo de estos niños cuando sus padres cristianos sean raptados? ¿Alguien que los motivará a creer en otro dios y a tomar la marca de la Bestia? ¿Será que los pequeños hijos de los santos tendrán que sufrir la ira de Dios con todas las terribles plagas y juicios apocalípticos abajo en la tierra con el anticristo mientras sus padres están gozosos de estar arriba en el cielo con el Señor? ¿Es esto compatible con las Escrituras? Veamos: Cuando los hijos de Israel dejaron Egipto lo cual es un símbolo del mundo para ir a la tierra prometida (Canaán) lo cual es un tipo del cielo (Hebreos 11:9-10), los israelitas no dejaron a sus hijos atrás para ser criados o maltratados por los egipcios impíos.
                Pero no solo eso. En esta misma historia vemos dos clases de personas que entran a la tierra prometida la cual representa el cielo: los que creen y los niños que mueren en su infancia antes de llegar a la edad de responsabilidad pues Dios mismo le dijo a Moisés en Deuteronomio 1:39 que solo los creyentes (Caleb y Josué) "Y vuestros pequeños niños, ... que no saben hoy lo bueno ni lo malo, ellos entrarán allá..." en la tierra prometida. Como dijo Ireneo de Lyon, "¿Quiénes son salvos? Aquellos que le han creído a Dios y siguen Su amor como Caleb de Jefone, Josué de Nun y también los niños inocentes, quienes no tienen sentido del mal" (Contra los Herejes (Adversus Haereses) de Ireneo de Lyon, específicamente en el Libro 4, Capítulo 28, Sección 3). Lo mismo se podría decir del rapto. Creemos que cuando seamos arrebatados los pequeños hijos de todos los creyentes también lo serán por lo que Dios no los dejará sin padres e indefensos (1 Corintios 7:14). Después de todo, nuestros hijos son herencia de Dios y no del mundo (Salmo 127:3). Por tanto, aunque el "seremos arrebatados" en 1 Tesalonicenses 4:16-17 se refiere a cristianos que han creído eso no implica que solo los adultos serán participes del rapto pues como dice Proverbios 11:21, "mas la descendencia de los justos será librada." En otras versiones de la Biblia dice, "mas la simiente de los justos escapará" (RVA-2015 Y Biblia del Jubileo). Vea también Salmo 112:1-2; Proverbios 20:7; e Isaías 54:13.
                 La segunda teoría suena como un tipo de bautismo del pacto (teoría reformada refutada por el teólogo anabaptista Balthasar Hubmaier) pues propone que solo los hijos de los creyentes serán librados de los juicios apocalípticos y como prueba citan 1 Corintios 7:14 para afirmar que este texto parece limitar esta protección solo para sus propios hijos. También usan los juicios divinos del Antiguo Testamento como el diluvio universal donde solo Noé y su familia fueron salvos, la destrucción de Sodoma y Gomorra donde solo Lot y su familia fueron salvos (Génesis 6-7; 19:4; Lucas 17:26, 28-30 y Mateo 24:36) o la Pascua de Éxodo 12 donde solo los israelitas y sus hijos fueron salvos (Vea también Josué 6:21). Y si alguien pregunta, "Pero y entonces ¿qué pasará con los demás niños de los inconversos durante la Gran Tribulación?" Ellos dirán, que seguirán teniendo la oportunidad de salvación durante el periodo de la Gran Tribulación pues si mueren antes de la edad de responsabilidad irán al cielo y si crecen lo suficiente para creer en Cristo también lo serán (Apocalipsis 7:9, 13-15). 

Aunque este argumento suena razonable, ignoran que 1 Corintios 7:14 no habla del rapto y que ni siquiera tiene que ver con salvación sino con santificación. Lo que este pasaje enseña es que hay una influencia sagrada y una bendición espiritual en el ambiente de un hogar cuando alguien en un matrimonio mixto es creyente. Esto no significa que los pequeños hijos de una pareja que no es cristiana serán condenados pues Ezequiel 18:20 declara que los hijos no son responsables o culpables de los pecados de sus padres (Vea Deuteronomio 24:16; 2 Reyes 14:6 y Jeremías 31:29–30). En otras palabras, la salvación o condenación no es algo hereditario sino personal e individual. Por tanto, la razón de que un niño va al cielo o se quede en la tierra porque sus padres son inconversos no puede ser correcto ya que su estado espiritual no depende de la de sus padres. Otra razón que dan es porque los padres inconversos caerían en pánico cuando no puedan encontrar a sus hijos y podría hasta ver a Dios como un monstruo o como si fuera un tipo de flautista de Hamelín quien en vez de una flauta usa una trompeta para secuestrar a sus hijos. Pero si la pareja de un cristiano no era cristiana entonces ¿no se podría usar este mismo argumento contra esta teoría? Además, ¿no dice la Biblia que todas las almas, incluyendo la de los niños le pertenecen a Dios y que por ende es Soberano para hacer lo que quiera en este mundo cuyo Dios es el Dueño y Creador? Sin olvidar que estaría librando a tales pequeños de la gran tribulación que ha de venir sobre el mundo entero para ponerlos en un lugar mejor y seguro que es el cielo.
                  Por último, otros cristianos citan Mateo 18:14 para afirmar que todos los infantes y niños bajo la edad de responsabilidad serán arrebatados, incluyendo los hijos de la gente no creyente. Las razones serían que solo los hijos de los creyentes son inocentes pues Pablo enseñó que los infantes no hacen mal (pecado) en el vientre de su madre y que espiritualmente están vivos durante el tiempo que no conocen la ley, es decir, en nuestra infancia en Romanos 7:9 y que los bebés no hacen ningún mal (pecado) hasta llegar a la edad de responsabilidad que es donde empiezan a pecar (Romanos 7:9 y 9:11). Como resultado morimos espiritualmente y nos volvemos pecadores. No antes. Todo esto explica las palabras de Pablo cuando dice que “todos nos hicimos inútiles”, “se apartaron” o “se descarriaron” lo cual indica que se alejaron o se desviaron de un estado anterior que no era corrupto y lo cual requiere e indica un cambio inocente a pecador (Salmo 14; Salmo 58:3 y Romanos 3:12).  Esto también explica porque Jesús dijo que “de los tales” (niños en general) es el reino de los cielos (Mateo 19:14). Esto por supuesto incluye a los hijos con discapacidad mental los cuales son como niños. 

También explica el por qué Jesús se comparó asimismo con los niños (Marcos 9:37) porque, así como ellos son inocentes (Salmos 106:34-39, Jeremías 19:4–5, 1 Corintios 14:20 PDT y Romanos 9:11), Él también es inocente (Mateo 27:4; Hebreos 7:26 y 1 Pedro 3:18) y por qué nos dice que debemos nacer de nuevo y volver a ser como un niño para entrar en el reino de los cielos (Juan 3:3-7 y Mateo 19:14), es decir, volver a ese estado de inocencia que teníamos antes en nuestra infancia. Por tanto, siguiendo esta lógica si todos los niños también son hijos de Dios y los juicios apocalípticos es para castigar y derramar la ira de Dios entonces no tiene sentido creer que serán dejado atrás para ser castigados juntamente con el impío en la tierra (Vea 1 Tesalonicenses 5:9). Esta última teoría es la que mas me inclino. Sin embargo, no podemos ser dogmáticos sobre este asunto ya que el tema no está claramente definido en la Escritura. Pero sabemos que Dios hará lo que es justo y que tiene más cuidado por los niños que nosotros (Génesis 18:25 y Romanos 9:14). Mientras tanto, este evento cercano es unas de las grandes razones para ser salvos por el bien de nuestros familiares y amistades los cuales podemos influenciar y ganar para Cristo con nuestro testimonio cristiano (Hechos 16:31).

En conclusión, la enseñanza de que nacemos pecadores deshonra, degrada y denigra a Dios porque le hace arbitrario y tiránico en su gobierno. Según esta doctrina los pequeños bebés nacen con una naturaleza pecaminosa; y, Dios, el Creador de su naturaleza, les hace objetos de su ira por la naturaleza que él mismo les ha dado. ¿Pudiera cualquier cosa hacer a Dios más tiránico, irracional, cruel, e injusto? ¡No! ¡Dios nunca podría crear al hombre con una naturaleza pecaminosa! ¡Dios es luz y en él no hay ningunas tinieblas! ¡Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie! Es perfecto y justo en todos sus caminos. Es justo y recto y sin ninguna iniquidad. Solamente las dádivas buenas y los dones perfectos descienden de él. ¡Dios es santo y justo y perfecto en amor y bondad, y él no puede crear pecadores! (Santiago 1:13-17 y 1 Juan 1:5). Por tanto, enviar a un bebé al infierno de fuego para que sufra por toda la eternidad no solo sería algo peor que el aborto y mal representar a Dios de una manera peor que el mismo diablo sino tener una mentalidad igual a la de los antiguos paganos quienes ofrecían a sus hijos al fuego de Baal o Moloch. En otras palabras, el sabio Salomón tenía razón cuando dijo que no hay nada nuevo debajo del sol pues, así como el dios Baal tenía infantes quemándose en frente de él, el dios de algunos calvinistas también tiene infantes quemándose en frente de él por toda la eternidad. En cambio, el verdadero Dios de la Biblia no solo condena esta forma de pensar (Jeremías 19:5, 32:35) sino que expresa claramente su gran amor a los niños desde el mismo momento de su concepción mostrando así que todos ellos tienen un lugar especial en el corazón de Él y la entrada completamente abierta a Su reino de los cielos (Salmo 139).

OBJECIONES:

                   No porque ser inocente no es lo mismo que ser inmaculado (libre de pecado original). Los infantes son inocentes solo en el sentido de que no saben la diferencia entre el bien y el mal (Deuteronomio 1:39). En cualquier sistema judicial u orden jurídico dirían lo mismo. Por tanto, nosotros no creemos que los niños nacen inmaculados, sino solo Jesús, debido a su nacimiento virginal. En la teología cristiana se usa la expresión «estado de inocencia», equivalente al «estado de niñez» (Obras Escogidas de Ireneo, Editorial Clie, pp. 536-537), y esa es la expresión que preferimos usar. Todos los demás nacemos con una naturaleza corrupta y caída y tan pronto llegamos a la edad de responsabilidad, empezamos a pecar, o sea nacemos con el pecado original en el sentido de que heredamos las consecuencias y no la culpabilidad del pecado de Adán.
                 Por tanto, una cosa es heredar la naturaleza caída y corrupta de Adán y otra, la llamada culpabilidad heredada. La primera es bíblica y también tiene sustento en la historia patrística antenicena pero no la segunda, sino que fue una añadidura que el filósofo católico, Agustín de Hipona, hizo en la doctrina del pecado original durante el siglo 5 y en base de una mala traducción que leyó en latín. El académico de Oxford, el Dr. Ken Wilson, también hace esta separación y distinción.
                          Lo que dijo Agustín y ahora repiten los calvinistas apela a una falacia non sequitur puesto que Adán no era pecador antes de la caída ni los ángeles caídos antes de rebelarse contra Dios. No eran pecadores antes de pecar por primera vez. Asumir tal cosa sería asumir que Dios crea pecadores lo cual no solo es antibiblico sino una blasfemia (Vea Génesis 1:31, Eclesiastés 7:29; Salmos 139:14-16 y 1 Timoteo 4:4). Lo mismo se puede decir de los infantes (Salmos 139:14-16; Romanos 7:9-11 y Romanos 9:11). De hecho, tanto Ireneo de Lyon como Tertuliano compararon el estado de inocencia de Adán y el estado de inocencia de los niños solo en el sentido de que ambos no conocían pecado antes de la caída. Lo mismo se puede decir de los ángeles caídos (Ezequiel 28:15-18).
                    En ninguna parte de la Biblia se dice que un infante necesita regeneración y dicha creencia contradeciría el orden de salvación, el cual requiere que la fe anteceda el nuevo nacimiento (véase Efesios 1:13) y eso es algo que un niño no puede hacer. Además, ¿qué pecado ha cometido un bebé en el vientre de su madre? Según el mismo apóstol Pablo ninguno (Romanos 9:11) y por ende no pueden estar espiritualmente muertos ni ser culpables de pecados. Al contrario, el mismo Pablo explica esto en Romanos 7:9 donde también dice, “Y en un tiempo yo vivía sin la ley, pero al venir el mandamiento, el pecado revivió, y yo morí;” (Romanos 7:9). ¿Qué tiempo fue ese en la que Pablo vivía sin estar muerto en sus pecados? No puede referirse después de su conversión y mucho menos antes de ser cristianos a menos que se refiere durante el tiempo de su infancia donde no hay ley en el vientre de una madre lo cual tiene más sentido ya que como dice Santiago, “al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.” (Santiago 4:17) lo que implica que el que no sabe hacer lo bueno como es el caso de un infante “donde no hay ley, no se le inculpa de pecado.” (Romanos 5:13). De nuevo, ¿qué ley hay en el vientre de una mujer? Ninguno porque el niño no nato no sabe de leyes. Por ende, no se le puede inculpar de pecado. Un ejemplo bíblico de esto lo tenemos de nuestros primeros padres quienes tenían un estado de inocencia y estaban espiritualmente vivos hasta el día que pecaron. En ese mismo día de la Caída no solo perdieron su inocencia, sino que también murieron espiritualmente (Génesis 2:17).  Lo mismo sucede con nosotros desde que nacemos (Romanos 7:9 y Salmos 106:37) y de la cual llega un tiempo en que todos pecamos (Salmo 14; Salmo 58:3 y Romanos 3:12).

Por tanto, dicha creencia no solo es inconsistente con el ordo salutis de las Escrituras, sino que asume erróneamente que el bebé está muerto espiritualmente. Además ¿si eso fuera cierto, entonces cómo es que Juan el Bautista pudo estar lleno del Espíritu Santo desde el vientre de su madre? ¿Acaso el Espíritu Santo puede morar en un pecador que está lleno de maldad y muerto en pecados? (Lucas 1:39-80). La única explicación razonable es que fue lleno del Espíritu Santo porque según el apóstol Pablo los infantes están vivos espiritualmente debido a su inmadures e incapacidad de entender la ley (Romanos 7:9) y no han pecado (Romanos 9:11) sino que están en un estado de inocencia (Jeremías 19:4–5; Salmos 106:34-39 y Salmos 139:14-16) lo cual explica porque Jesús dijo que de los tales es el reino de Dios, que hay que ser como ellos para entrar al cielo, se comparó asimismo con los niños y dijo que hay que nacer de nuevo lo que indica que tenemos que volver a ese estado de inocencia que perdimos al pecar cuando llegamos a la edad de responsabilidad.
          ¿Y en qué parte de nuestros artículos de fe (Baptist Faith and Message) de la confesión doctrinal oficial de la Convención Bautista del Sur enseña "pelagianismo"? En ninguna. Esto es completamente falso. El artículo 3, por ejemplo, de la edición de 2000 explica que la descendencia de Adán «hereda una naturaleza y un entorno inclinados al pecado»." Por lo tanto, no negamos la corrupción heredada, sino que sostenemos que tan pronto somos capaces de actuar moralmente, nos convertimos en transgresores y estamos bajo condena. Este mismo artículo no afirma que las personas hereden la culpa de Adán, sino una naturaleza caída inclinada al pecado. Tampoco afirma que las personas estén bajo juicio de Dios desde el momento de su concepción sino cuando son capaces de actuar moralmente, lo que implica que existe un período anterior en el que no son capaces de ello. Sin duda, esto incluye el período conocido como la infancia. En otras palabras, los bebés están manchados por el pecado, pero no son culpables porque Dios juzga nuestros pensamientos, actitudes y acciones, no nuestra naturaleza. En ninguna parte de nuestros artículos de fe tampoco enseñan que no necesitemos la gracia de Cristo o que el hombre pueda salvarse asimismo. Al contrario, el ARTÍCULO III – EL HOMBRE y el Artículo IV – La Salvación (Salvation) muestra que la gracia iluminadora de Dios (la "I" del acróstico "PROVIDE" de Soteriología 101) es absolutamente necesaria para alcanzar la vida eterna. Por tanto, la acusación que nos hacen los calvinistas y algunos arminianos de que los bautistas provisionistas son "pelagianos' es completamente falsa. 
               Todo depende a qué te refieres con "pecado original", porque nosotros sí creemos en la versión original del pecado original, conocida también como pecado ancestral, la cual no incluía una total depravación ni una culpabilidad heredada, y eso se puede ver en la antropología hebraica de los antiguos judíos y en la antropología cristiana de todos los Padres de la Iglesia preagustina y antenicena (Consensus patrum). En otras palabras, según académicos e historiadores, la versión del pecado original del filósofo católico Agustín de Hipona, que surgió en el siglo V y añade la culpabilidad heredada, era completamente desconocida para la iglesia primitiva. Por tanto, no solo están apelando a un anacronismo, ya que antes de Pelagio y Agustín el pecado ancestral era sostenido tanto por los antiguos judíos como por los primeros cristianos, sino también a una proyección psicológica, porque antes de Agustín los únicos herejes que enseñaban una culpabilidad heredada y la condenación de infantes eran los gnósticos, como los maniqueos y los valentianianos, quienes fueron refutados por los Padres de la Iglesia como Tertuliano, Ireneo de Lyon, Justino Mártir y otros hace más de un milenio.      
                 Esto tampoco es una doctrina exclusiva de los bautistas tradicionales y provisionistas, sino que esa era la teología en la antropología hebraica (Deuteronomio 1:39) de los antiguos judíos y la antropología de los primeros cristianos; también lo creían los Anabaptistas o prereformados (nuestros antepasados bautistas que existieron antes de la Reforma Protestante) como Menno Simons y Balthasar Hubmaier, la iglesia ortodoxa griega, algunos de los reformados magisteriales como Ulrico Zwinglio, algunos arminianos como el mismo Jacobo Arminio, y otros grupos evangélicos que sostenían que heredamos una naturaleza corrupta, pero no que nacemos culpables ni condenados. De hecho, la primera vez que escuché sobre la inocencia de los niños hasta llegar a la edad de responsabilidad fue en una iglesia pentecostal donde me convertí. ¿Acaso todos estos son "pelagianos"? ¿Tu crees eso?
                   Si nos vamos a la historia, Agustín de Hipona, no solo introdujo la idea de la culpabilidad heredada sino sus implicaciones, como la condenación de infantes al infierno y, como remedio, el bautismo infantil regeneracional. La Iglesia del Oeste (Occidental) aceptó esta versión tardía y agustiniana del pecado original y la condenación de infantes. De hecho, el concilio eclesiástico celebrado en la ciudad africana de Cartago en el año 418 estuvo tan fuertemente influenciado por Agustín que, hizo las siguientes declaraciones: “Los niños, que no pueden cometer pecado alguno, deben ser bautizados para la remisión del pecado original contraído por la generación; sin el bautismo no se pueden ver el reino de los cielos, y no existe un lugar intermedio para los niños que mueren sin ser bautizados.” (Council of Carthage 16, Canons 1–3 in Schaff, History of the Christian Church, 3:799; see also Rondet, Original Sin, 126–27). Pero luego cambió la doctrina de la condenación de infantes, porque lo encontraba muy fuerte, y lo suavizó diciendo que los infantes que no son bautizados van al limbo, lo cual el filósofo católico Tomás de Aquino describió como un estado de felicidad y no de tormento. Sin embargo, tanto la idea de la condenación de infantes como el limbo no tienen sustento biblico. Mientras que la Iglesia del Este (Oriente) rechazó y condenó como herejía la culpabilidad heredada y la condenación de infantes principalmente a través de la confesión de Dositeo en el concilio de Jerusalén. De hecho, hoy en día los únicos que siguen creyendo en la vieja herejía de una condenación de infantes en el infierno son los calvinistas. 

Además, la clásica ad hominem de "pelagiano" asume que Pelagio inventó el pecado ancestral y que los primeros cristianos creían en el pecado original agustiniano la cual surgió en el siglo quinto y eso es apelar a un argumento anacrónico o revisionismo histórico. De hecho, Orígenes de Alejandría (185–254) por ejemplo fue uno de los primeros autores cristianos en usar el término “pecado original” (peccatum originale), pero en un sentido distinto de Agustín: para él, significaba la herencia de la corrupción y de la inclinación al mal, no culpa imputada. Orígenes dijo, “Cada uno es condenado por sus propios pecados, no por los de otro.” (Hom. in Ezech. XVIII, 4). Lo mismo se puede decir de otros:

En el Pastor de Hermas también declara que, “Estos son como niños infantes cuyos corazones no se originan el mal.”(Hermas, The Shepard 3.9.29 (ANF 2.53)

Juan Crisóstomo concuerda también al decir en su Homilía 52 sobre Mateo que, “De tales [niños] son el Reino de los Cielos para que por decisión pongamos en práctica, las cosas los cuales los niños tienen por naturaleza.”

Atenágoras de Atenas (siglo II) – Súplica en favor de los cristianos (§ 36–37) “Los niños no tienen conciencia del bien ni del mal, y no han cometido pecado alguno; por tanto, no son responsables ante Dios de culpa voluntaria.” (Súplica, §36–37). Por tanto, la falsa acusación de “semipelagianismo” o  “pelagianismo” apela a un revisionismo histórico.

En su gran obra, Contra los Herejes, Ireneo de Lyon en el siglo II dijo que, “¿Quiénes son salvos? Aquellos que le han creído a Dios y siguen Su amor como Caleb de Jefone, Josué de Nun y también los niños inocentes quienes no tienen sentido del mal.” (Ireneo, Contra los Herejes, Libro 4, Capítulo 28, Sección 3 (AFN 1.502). En otras palabras, así como Dios le dijo a Moisés en Deuteronomio 1:39 que solo hay dos tipos de personas que pueden entrar a la tierra prometida (Canaán) lo cual es un tipo o figura del cielo (Hebreos 11:9-10), es decir, creyentes (Caleb y Josué) "Y vuestros pequeños niños, ... que no saben hoy lo bueno ni lo malo, ellos entrarán allá..." en la tierra prometida solo dos tipos de personas pueden entrar en el reino de los cielos. Por tanto, los infantes, también tienen entrada al cielo debido a su estado de inocencia, es decir, porque no saben distinguir entre el bien y el mal. Así funciona la ley humana y también la divina. Este pasaje también muestra que no heredamos la culpabilidad por los pecados de nuestros padres. Como explicaba Orígenes, quien antes de Agustín usaba el término “pecado original” (peccatum originale), pero en un sentido distinto del de Agustín: para él significaba la herencia de la corrupción y de la inclinación al mal, no culpa imputada: “Cada uno es condenado por sus propios pecados, no por los de otro” (Hom. in Ezech. XVIII, 4). Hasta el pastor calvinista John MacArthur usó este ejemplo para probar que no hay tal cosa como la culpabilidad imputada o la condenación de infantes en las Escrituras.

Hasta grandes teólogos reformados como B.B. Warfield (Calvin and Agustine, 1956), Louis Berkhof en su libro, “The History of Christian Doctrines” (p.156), Loraine Boettner en su obra, “Calvinism in History” (chapter 1) o “The Reformed Doctrine of Predestination” (p.365), Robert A Peterson y Michael D. Williams (Why I am not an Arminian, p.36), el reconocido historiador reformado, Philip Schaff (1819-1893), en su clásica obra, Historia de la Iglesia Cristiana así lo reconocen. El reconocido historiador de la iglesia, ordenado ministro en la Iglesia Alemana Reformada en los Estados Unidos y influyente teólogo presbiteriano, Philip Schaff (1819–1893), fue teológicamente reformado/calvinista. Sin embargo, admitió que, “La antropología de los Padres prenicenos era esencialmente diferente de la de Agustín.” (Schaff, History of the Christian Church, Vol. 2, § 154). Como también dice el Dr. Adam Harwood, “Los teólogos históricos generalmente concuerdan en que el concepto del pecado original, en el sentido de que heredan la culpa del pecado de Adán, era completamente desconocido por toda la tradición cristiana hasta los últimos escritos de Agustín de Hipona.” (Adam Harwood, Christian Theology: Biblical, Historical and Sistematic). Hasta el “Dr.” Enuel Hernandez grabó un video donde el mismo ChatGTP le dijo que según la historia cristiana los infantes no nacen con la culpabilidad heredada de Adán. El problema es que aunque se lo diga eruditos como el Dr. Ken Wilson de Oxford o la Dra. Ali Bonner de Cambrigde o la misma inteligencia artificial aun así no lo quieren aceptar lo cual ya es caer en fanatismos o en un sesgo cognitivo.

Si nos vamos a la Biblia que es nuestro principal libro de texto y autoridad final, veremos que en ninguna parte de ella dice que los infantes nacen o son creados culpables de pecados lo cual también es ilógico pues no culpamos o castigamos a nadie por los crímenes de otros (Ezequiel 18:20). Al contrario, David los llama “inocentes” en Salmos 106:34-39, Jeremías los llama “inocentes” en Jeremías 19:4–5, Pablo los llama “inocentes” en 1 Corintios 14:20 PDT y Romanos 9:11).  Por tanto, ¿o le creemos a la Palabra infalible de Dios la cual llama a los infantes “inocentes” y no los manda al infierno sino al cielo (2 Samuel 12 y Mateo 19:14) o le creemos a una tradición deformada que en vez de llamarlos inocentes los llama culpable y en vez de mandar a todos al cielo manda algunos al infierno (o sea a los infantes que no fueron elegidos antes de nacer según ellos). Escoger lo último sería poner una tradición de hombres por encima de la Palabra de Dios, lo que fue condenado por el mismo Jesús (Marcos 7:9). Y si nos vamos a la historia patrística, vamos a ver que los Padres de la Iglesia como Ireneo, Tertuliano, Juan Crisóstomo, Justino Mártir (s. II), Clemente de Alejandría (ca. 150–215), Epifanio el Latino y otros también los llamaban “inocentes” (The Historic Faith Commentary Series, Romans, How Romans Was Understood Before Augustine and Luther, David Bercot pp. 140-143).
                   Por tanto, la persona que diga que el pecado ancestral es pelagianismo (herejía) o está mintiendo de mala fe o no sabe nada de Biblia ni de historia cristiana, porque asumir tal cosa sería apelar a un anacronismo, pues mucho antes de Pelagio eso era lo que creían los antiguos judíos (antropología hebraica) y la iglesia primitiva (antropología cristiana). De hecho, es al revés, la antropología agustiniana de la culpabilidad del pecado de Adán es un concepto maniqueo que luego Agustín enseñó al final de su teología en su iglesia católica romana pero rechazada por la iglesia ortodoxa la cual sostiene la versión original del pecado original llamado también como pecado ancestral mucho antes de que existiera el arminianismo y el calvinismo. Por eso, la Iglesia Ortodoxa convocó el Concilio de Jerusalén (1672) para producir la Confesión de Dositeo, donde se condena esta herejía del calvinismo, y como prueba citaban los escritos patrísticos de los más antiguos Padres de la Iglesia. Sin olvidar que la doctrina de la condenación de infantes, que sostiene el calvinismo, o “infantes elegidos” depende e implica que hay una doble predestinación o elección divina antes de nacer lo cual fue condenado como una herejía a través de varios concilios, sínodos y cánones como el segundo concilio de Orange (529), Mainz (848) y Quierzy (849) y luego por la iglesia oriental (ortodoxa) en el concilio de Jerusalén (1672) fue condenada como herejía por la misma iglesia occidental de la cual pertenecía Agustín de Hipona (católica romana) en el segundo concilio de Orange (529), Mainz (848) y Quierzy (849), y luego por la iglesia oriental (ortodoxa) en el concilio de Jerusalén (1672). 

             Por tanto, son los calvinistas los que defienden una vieja herejía gnóstica que fue condenada hace siglos al afirmar que los infantes nacen culpables del pecado de Adán y que algunos hasta van al infierno. De hecho, ni siquiera están defendiendo una doctrina reformada sino romanista del siglo 5 la cual ,ya que vino de un filósofo católico romano (Agustín) y la cual estuvo muerta durante muchos siglos hasta que Calvino la revivió durante su reforma protestante. A menos que quieras cambiar la historia y apelar al revisionismo histórico.  Como dice el provisionista y académico de Oxford, el Dr. Ken Wilson, antes de Agustín de Hipona la postura del pecado original era de consecuencias heredadas, y no de una culpabilidad heredada de Adán. Hasta el teólogo arminiano, el Dr. Carlos Murr admite esto. Sostener que solamente la postura que se desarrolló con el filósofo católico, Agustín de Hipona, es la única postura ortodoxa que la iglesia ha creído y que si no la crees entonces eres "pelagiano" es anacrónica y una tergiversación de la realidad histórica. Como dicen los eruditos y teólogos provisionistas como el Dr. Leington Flowers, "La doctrina del pecado original como es reconocida actualmente no puede ser rastreada más atrás de Agustín. Antes de Agustín, la postura del pecado original era de consecuencias heredadas y no culpabilidad."
               

Ser inocente no es lo mismo que ser inmaculado (libre de pecado original). Los infantes son inocentes solo en el sentido de que no saben la diferencia entre el bien y el mal (Deuteronomio 1:39). En cualquier sistema judicial u orden jurídico dirían lo mismo. Por tanto, nosotros no creemos que los niños nacen inmaculados , sino solo Jesús, debido a su nacimiento virginal. En la teología cristiana se usa la expresión «estado de inocencia», equivalente al «estado de niñez» (Obras Escogidas de Ireneo, Editorial Clie, pp. 536-537), y esa es la expresión que preferimos usar. Todos los demás nacemos con una naturaleza corrupta y caída y tan pronto llegamos a la edad de responsabilidad, empezamos a pecar. Por eso Cristo murió por todo el mundo, lo cual, como decía Ireneo, incluye a los infantes para que, cuando crezcan, lleguen a suficiente madurez, y empiezan a pecar tengan la oportunidad de creer en Cristo para salvación de sus pecados y para redimirlos de su naturaleza corrupta y caída que heredaron de Adán mas no su culpabilidad (Romanos 8). Los bebés no pueden pecar (que según su definición es una acción (verbo activo) propio, consciente y voluntario que se hace contra la ley de Dios).

Si van a decir que un hombre es pecador sin cometer el acto de pecado y en base a su naturaleza humana o sea solo por ser hombre entonces tienes dos graves problemas. En primer lugar eso no tiene sentido porque en términos legales ningún sistema judicial juzga a una persona a menos que haya violado la ley. Ningún orden jurídico juzga o condena en base a la naturaleza de la persona sino en base a sus acciones. Por eso ningún sistema de justicia juzga y condena a un infante o persona con discapacidad mental de la misma manera que un adulto y mucho menos por los crímenes que haya cometido sus padres lo cual sería absurdo. Estos son principios básicos de la corte. Lo mismo con la Biblia la cual enseña que “el hijo no llevará la iniquidad del padre” (Ezequiel 18:20 y 2 Reyes 14:6) y que cada uno es responsable de sus propios pecados (Mateo 16:27; Jeremías 31:30; Romanos 14:12, Gálatas 6:5 y 2 Corintios 5:10). Y segundo porque eso seria caer en una blasfemia porque Jesús no solo era verdadero Dios sino verdadero hombre. Por tanto, si dices que un hombre es pecador solo por tener naturaleza humana y ser descendiente de Adan entonces estas llamando a Jesucristo pecador lo cual no solo es antibíblico sino una blasfemia.
                  Sin embargo, como todavía estan en su infancia y no tienen la suficiente madurez para creer en Cristo son salvos por su inmadures e incapacidad de creer (Deuteronomio 1:39).  De hecho, en su gran obra, Contra los Herejes, Ireneo de Lyon en el siglo II dijo que, “¿Quiénes son salvos? Aquellos que le han creído a Dios y siguen Su amor como Caleb de Jefone, Josué de Nun y también los niños inocentes quienes no tienen sentido del mal.” (Ireneo, Contra los Herejes, Libro 4, Capítulo 28, Sección 3 (AFN 1.502). En otras palabras, así como Dios le dijo a Moisés en Deuteronomio 1:39 que solo hay dos tipos de personas que pueden entrar a la tierra prometida (Canaán) lo cual es un tipo o figura del cielo (Hebreos 11:9-10), es decir, creyentes (Caleb y Josué) "Y vuestros pequeños niños, ... que no saben hoy lo bueno ni lo malo, ellos entrarán allá..." en la tierra prometida solo dos tipos de personas pueden entrar en el reino de los cielos. Por tanto, los infantes, también tienen entrada al cielo debido a su estado de inocencia, es decir, porque no saben distinguir entre el bien y el mal. Así funciona la ley humana y también la divina. Este pasaje también muestra que no heredamos la culpabilidad por los pecados de nuestros padres. Como explicaba Orígenes, quien antes de Agustín usaba el término “pecado original” (peccatum originale), pero en un sentido distinto del de Agustín: para él significaba la herencia de la corrupción y de la inclinación al mal, no culpa imputada: “Cada uno es condenado por sus propios pecados, no por los de otro” (Hom. in Ezech. XVIII, 4). Hasta el pastor calvinista John MacArthur usó este ejemplo para probar que no hay tal cosa como la culpabilidad imputada o la condenación de infantes en las Escrituras.


Como también explica Epifanio el Latino (403), obispo de Sevilla en el siglo V o VI, en su Comentario de Mateo 19:14, ““Jesús usa el ejemplo de un niño para que seamos inocente como un niño de todo pecado porque los niños no saben tener un continuo resentimiento o enojo ni pagar mal por mal ni matar, adulterar o blasfemar los cuales son ignorantes de tales cosas, sino que creen lo que oyen sin cuestionamientos y aman a sus padres con todo afecto. Por tanto, lo que los niños son en su simpleza,seamos también nosotros en nuestra santa manera de vivir igual que los niños inocentes de pecados.” En cambio, si un calvinista, dice que los infantes no son salvos porque no saben diferenciar entre lo bueno y lo malo (Deuteronomio 1:39) sino solo porque Cristo murió por ellos entonces siguiendo esa lógica todo el mundo seria salvo porque Cristo murió por el mundo entero (Juan 3:16 y 1 Juan 2:2) y ya eso seria caer en una herejía llamada universalismo.
               En otras palabras, hay una diferencia entre redención lograda o consumada la cual se dio en la cruz del calvario para toda la humanidad (extensión de la expiación) y la redención aplicada la cual se da en el momento que una persona cree lo que se conoce como la aplicación de la expiación la cual no puede ser aplicada a un niño porque no tiene la capacidad de creer. Para eso tendrían que esperar hasta que lleguen a la edad de responsabilidad, que es donde todos pecamos, para que entonces puedan creer y así se les aplique la expiación. Ahora si Cristo también murió por ellos, pero no se le puede aplicar la redención porque todavía no pueden creer entonces a dónde van si mueren en su infancia y por qué. La Biblia da la respuesta en Deuteronomio 1:39  y 1 Corintios 14:20 por ejemplo, donde se habla de la inocencia de los niños y que los tales van al cielo (como dijo Jesús en Mateo 19:14) porque no saben la diferencia entre el bien y el mal.  Como dijo Ireneo de Lyon, "¿Quiénes son salvos? Aquellos que le han creído a Dios y siguen Su amor como Caleb de Jefone, Josué de Nun y también los niños inocentes, quienes no tienen sentido del mal" (Contra los Herejes (Adversus Haereses) de Ireneo de Lyon, específicamente en el Libro 4, Capítulo 28, Sección 3). De hecho, el pastor calvinista, John MacArthur, también usó esta ilustración para afirmar esta verdad. Esto es lo que enseña la Biblia y la historia patristica preagustina.
                   Ahora si nuestros opositores creen que una persona puede ser salva SIN escuchar la Palabra de Dios y SIN creer en Cristo sino solo porque Cristo murió por esa persona estaría cayendo en una herejía llamada universalismo según el Segundo Concilio de Constantinopla (553 d. C.) porque si seguimos esa lógica entonces todo el mundo seria salvo ya que Cristo murió por todo el mundo. ¿Ves cómo un error conduce a otro error? Segundo eso contradeciría también el verdadero orden de salvación en Efesios 1:13. Otras preguntas válidas serían: ¿y a qué edad se les aplica la redención? y ¿cómo se les aplica la redención si no pueden escuchar ni creer en el evangelio y cómo sabes cuál niño se le ha aplicado la redención y cuál no? ¿Solo algunos infantes son redimidos y otros no? Además, ¿y si el niño que fue redimido por Cristo crece para ser un necio? ¿Pierde la salvación o no la pierde? Si es redimido cuando muere sin escuchar el evangelio y sin creer, entonces ¿dónde está eso en la Biblia? Dichas creencias simplemente no tienen fundamento bíblico. La realidad es que la razón por la que todos los niños van al cielo antes de llegar a la edad de responsabilidad para poder escuchar y creer es porque aun no han pecado (Romanos 9:11) y por eso Pablo los llama, “inocentes” (1 Corintios 14:20) y no culpables del pecado de Adán (Ezequiel 18:20). Esta es la razón por la que David sabía que su hijo muerto estaba en el cielo a pesar de haber cometido asesinato y adulterio con la madre de este infante.

                 Son los calvinistas los que no creen que todos necesitan de Cristo puesto que creen que algunos infantes y adultos no necesitan un Salvador ni el evangelio debido a su falsa doctrina de la expiación limitada, elección incondicional y que hay infantes elegidos e infantes no elegidos. Por tanto asumir que nosotros no creemos que Cristo murió por ellos es cometer una falacia de hombre.  
                  Porque como dice Pablo tienen la ley escrita en sus corazones lo que muchos llamamos el argumento de la moral objetiva. Por eso no tienen excusa como los que perecieron en el diluvio universal quienes tampoco tuvieron una Biblia. “Porque todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados; porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados. Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, estos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos, en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio.” (Romanos 2:12-16).
                     Eso sería cometer una falacia non sequitur porque en teología cristiana la inocencia (estado de niñez) no es lo mismo a perfección (estado de madurez). De hecho, antes de la caída, Adán tampoco tenía pecado sin embargo eso tampoco significa que era perfecto. Como dijo Ireneo, “El hombre no fue creado perfecto desde el principio, sino capaz de perfeccionarse.” (Contra los Herejes, 4.38.1). El mismo Pablo dijo en Romanos 9:11 que los infantes no hacen mal (pecado) ¿significa eso que son perfectos? No, solo significa que no son culpables debido a su inmadurez. Así funciona la ley humana también pues no encarcelamos ni damos pena de muerte a un recién nacido por los crímenes cometido por sus padres. Eso sería irracional y antibíblico (Ezequiel 18:20). Como enseña Ireneo de Lyon, el teólogo cristiano más importante de su siglo: “Dios pudo ofrecer al hombre desde el principio la perfección, pero el hombre era incapaz de recibirla, porque era todavía un niño pequeño por cuanto era recién hecho o creado…El hombre perdió su inocencia, que la salvación le devuelve mediante el llamamiento a volverse como niños, y le lleva a la madurez en Cristo, prototipo de la humanidad…Mediante esta recapitulatio Cristo devuelve la niñez al hombre y le lleva a la madurez espiritual.” (Obras Escogidas de Ireneo de Lyon, Ana Magdalena Troncoso, Editorial CLIE, Colección Patrística, p.536).
                 Los Padres de la Iglesia preagustinianos (siglo I-IV) veian a los infantes como pertenecientes a Dios en un sentido relacional/creacional, pero no como “hijos de Dios” en sentido salvífico-adoptivo (que ellos vinculaban a la fe consciente). Tampoco los veian como enemigos de Dios ni como culpables del pecado de Adán. Pero asumir que si no son hijos de Dios en ese sentido entonces todos irán al infierno ya sería peor que el calvinismo la cual por lo menos enseña que algunos niños sí irán al cielo y es peor que el catolicismo romano la cual antes enseñaba el “limbo” el cual según Tomas de Aquino no hay “castigo” en el sentido de dolor sino un estado natural de felicidad (Tomás de Aquino, STh III, q.68).  Sin olvidar que la creencia de condenación de infantes fue condenada como una herejía por varios concilios como el Segundo Concilio de Orange (529), de Mainz (848), Quierzy (849) y el Concilio de Jerusalén (1672) de la iglesia ortodoxa griega. En estos concilios también se condenaron doctrinas que la implicaban, como la doble predestinación (Orange II) y la idea de condenación sin pecado personal.
                    De hecho, antes de la Reforma Protestante ningún teólogo cristiano creía que algunos infantes van al infierno sino solo el ex maniqueo Agustín de Hipona (Agustín, Enchiridion, 93) y luego de Agustín la misma iglesia católica de Agustín sepultó esa creencia. Agustín fue el único teólogo de los Padres de la Iglesia que habla de bebés en el infierno, antes de él ninguno de los Padres de la Iglesia habla de condenacion de infantes y luego la gran mayoría rechazaron su idea entre ellos Tomás de Aquino. Solo unos pocos seguidores de Agustín como Fulgencio de Ruspe y Godescalco de Orbais trataron de revivir esa creencia al igual que la expiación limitada y la doble predestinación más sin embargo todas esas creencia fueron condenadas como herejía tanto por la iglesia occidental (católica romana) y más tarde por la iglesia oriental (iglesia ortodoxa) a través de la confesión de Dositeo en el concilio de Jerusalén quienes se basaron en la Patrística para condenar el calvinismo, incluyendo la creencia de la condenación de infantes.
                 Sin embargo, acá se usa la palabra “hombres”, no niños, ni infantes y tampoco dice que nacieron así, sino que otros pasajes de la Biblia indican que se endurecen y se vuelven así con el tiempo y a medida que crecen. Por eso, Salmo 14; Salmo 58:3 y Romanos 3:12 dice que “se apartaron” o “se descarriaron” lo cual indica que se alejaron o se desviaron de un estado anterior que no era corrupto y lo cual requiere de un cambio inocente a pecador. Lo mismo con Romanos 3:12 donde dice que “se hicieron inútiles”, no dice que Dios los hizo así o que fueron creados o nacidos inútiles, sino que se descarriaron o que se alejaron por decisión propia del estado que fueron creados. De hecho, tanto en hebreo y en el griego original se indica un cambio de estado. Por tanto, la gramática y los términos hebraicos tampoco permiten esa interpretación o significado calvinista.
             Tales pasajes tampoco indican que somos concebidos con pequeños corazones malvados, sino que los hombres se han vuelto malos “desde su juventud”.” No dice desde la concepción o el nacimiento. De hecho, la palabra hebrea que se usa en otros textos donde se habla de la edad de David cuando era joven se usa la misma palabra hebrea de Génesis 8:21 lo cual tiene sentido pues si tomamos a Génesis 6:5 y 8:21 en su contexto no parece describir infantes sino jóvenes que se “estaban casándose y dándose en casamiento” (Génesis 6:1-8 y Mateo 24:38). Todo el mundo sabe que los niños no nacen conociendo el bien y el mal ni entienden el concepto de Dios y del plan de salvación en Cristo. Por eso Dios dice que, “El intento del corazón de cada hombre es malo desde su juventud” y no desde su nacimiento o creación. . Por eso, Salmo 14; Salmo 58:3 y Romanos 3:12 dice que “se apartaron” o “se descarriaron” lo cual indica que se alejaron o se desviaron de un estado anterior que no era corrupto y lo cual requiere de un cambio inocente a pecador. Lo mismo con Romanos 3:12 donde dice que “se hicieron inútiles”, no dice que Dios los hizo así o que fueron creados o nacidos inútiles, sino que se descarriaron o que se alejaron por decisión propia del estado que fueron creados. De hecho, tanto en hebreo y en el griego original se indica un cambio de estado.
                         Es cierto que el pecado de una persona puede afectar a los demás. Pero eso no significa que todo el pueblo fuera culpable del pecado de Acán y así lo demuestra el versículo 15. Más los versículos 19 al 25 muestran que solo el que cometió el pecado, en este caso Acan, fue castigado y no todo el pueblo. Para dar una ilustración de esto, si en una familia la mujer sorprende a su marido en adulterio, eso puede causar un divorcio y afectar emocional y económicamente a toda la familia, principalmente a los hijos, pero no significa que los hijos sean culpables del pecado de su padre. Simplemente sufrirán las consecuencias, lo cual no es lo mismo que la culpabilidad. En otras palabras, una cosa es que nazcas con una naturaleza caída por culpa de Adán y otra es que tú seas culpable de tus propias acciones. No nacemos culpables del pecado de Adán o de nuestros padres porque eso contradeciría Ezequiel 18:20 la declara que, “El hijo no llevará el pecado del padre” (Ezequiel 18:2-4, 17-20; 2 Crónicas 25:4 y Deuteronomio 24:16) y que “cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí.” (Romanos 14:12). Deuteronomio 24:16: "Los padres no morirán por los hijos, ni los hijos por los padres; cada uno morirá por su propio pecado". 2 Crónicas 25:4 también refuerza esta idea, citando la ley de Moisés de que no se matará a los hijos por los padres lo que significa que la responsabilidad por las transgresiones es individual y no colectiva. Por tanto, la falacia de que "si esta la consecuencia está la culpa no se sigue." (Ejemplo de un accidente automovilistico).
            Sin embargo, si esta interpretación calvinista de que un pecador solo puede producir a otro pecador entonces estaría enseñando una blasfemia. Porque si la doctrina del pecado original es verdad, Jesús hubiera nacido una pecador también. Además, este pasaje no está hablando de una naturaleza ontológica sino de estar ceremonialmente sucio o inmundo lo que explica por qué Jesús y su madre fueron a estos ritos de pureza (Levítico 12 y Lucas 2:22-40). Jesús no era pecador. Asumir tal cosa seria condenar al Mesías como un depravado.  
                Primero, estas son las palabras de Elifaz, y Dios mismo testificó que Elifaz y sus dos amigos no hablaron la verdad como Job. (Job 42:7). Pero, si aceptamos este verso como la verdad inspirada de Dios, ¿Qué enseña? No enseña nada en absoluto acerca de nacer un pecador. Solamente implica un estado pecaminoso de toda la humanidad, sin decir nada de cómo el hombre llegó a estar en este estado. Pero otra vez, este texto, como el anterior, si fuera usado para enseñar la maldad constitucional del hombre, también enseñaría la blasfemia que el Señor Jesucristo nació con una constitución pecaminosa; porque nuestro Señor "fue un hombre" y "fue nacido de mujer."
             Aquí David declara que “El necio ha dicho en su corazón, no hay Dios” lo cual parece describir un ateo cosa que no puede hacer un infante porque todavia no entienden el concepto de Dios como tampoco son capaces de hacer "obras abominables". Además el pasaje tampoco dice que nacieron corrompidos o que fueron creados de esa manera, sino que decidieron ser así, y esto lo confirma el contexto al afirmar que se corrompieron y se desviaron, lo que da a entender que hubo un tiempo en que no eran pecadores (v.1-3). Además, el mismo autor de Salmo 14 dice en otro Salmo (139) que los infantes que estan en el vientre de la madre son una obra formidable y maravillosa de Dios lo cual no tendria sentido si son unos pequeños depravados que están bajo la ira de Dios. Eso seria contradictorio. Por tanto, si la total depravación fuera cierta en estos textos, no dirían que “Todos declinaron o que “se desviaron”, ya que eso indica que se descarriaron de un estado anterior que no era corrupto y lo cual requiere de un cambio inocente a pecador. Tanto en hebreo como en griego original indican un cambio de estado y todo el capitulo parece describir adultos que cometen actos de pecados personales que un bebé no puede hacer. Sin olvidar que Dios no crea pecadores (Génesis 1:31; Eclesiastés 7:29 y 1 Timoteo 4:4). Asumir tal cosa seria no solo seria anacronimo pues la antropologia hebrea no sostenia la total depravación agustiniana sino una blasfemia. Por tanto, aquí no se puede referir durante el “tiempo” en que no conocían la ley en su infancia, sino después de ese tiempo y cuando llegaron a la edad de responsabilidad (Romanos 5:13; 7:9 y Santiago 4:17).                  

            Decir que aquí David estaba enseñando que los infantes nacen culpables de pecado no solo es añadir palabras que no existen en el texto lo cual se conoce como eiségesis sino que también sería contradecir las mismas palabras de David, quien dijo que los infantes son “inocentes” en el Salmo 106:34-39 (NVI, LBA, RVC, La Biblia Hispanoamericana y Biblia de Jerusalen), y una obra formidable y maravillosa de Dios lo cual no tendria sentido si son unos pequeños pecadores y depravados que están bajo la ira de Dios (Salmo 139:14-16). Eso seria contradictorio. Además, cuando David dice "en pecado o en iniquidad me concibió mi madre" se refiere a que todos hemos sido afectados por el pecado (acción) de Adán, no significa que todos somos culpables del pecado de Adán ni que los bebés pecan (lo cual segun su definición es una accion o sea un verbo activo que se comete contra la ley de Dios) lo cual no tendrían sentido por tres razones:

1. ¿Qué significa la frase, “en iniquidad” o “en maldad” y “en pecado”? En el texto original del hebreo en ‛āwōn (“en iniquidad”) y concebido en ḥēṭ (“pecado”) se refiere a lo mismo que dice Romanos 5:12, o sea, a pecados propios, personales, voluntarios y conscientes lo cual un bebé no puede hacer. De hecho, según el Léxico Conciso Hebreo y Arameo del Antiguo Testamento (CHALOT) define ‛āwōn (iniquidad o maldad) como “una acción torcida o incorrecta”. De manera similar, también define ḥēṭ (en pecado) como “falta (contra los hombres)” y “pecado (contra Dios)”. En ninguno de los casos donde la Biblia menciona la palabra hebrea ‛āwōn (en iniquidad o en maldad) se entiende en referencia a los infantes sino mas bien a las acciones realizadas por personas que han superado la infancia. Por ejemplo, en Josué 22:20 se habla de un “hombre [Acán] que no pereció solo en su iniquidad.” (misma palabra hebrea de Salmo 51:5) y como se puede ver aquí no se habla de un infante sino de un hombre adulto. Lo mismo en Jeremías 31:30 donde también se usa la palabra hebrea “iniquidad” o “maldad” en referencia a la responsabilidad por las propias acciones pecaminosas y no a una naturaleza pecaminosa. Ezequiel 3:18-19 y 33:8-9 también usan las palabras en pecado (ḥēṭ) en referencia a comportamientos inmorales específicos, como la extorsión y el robo. Los bebés no realizan ni pueden realizar ninguna de estas acciones.

Muchos eruditos, como el famoso especialista en hebreo bíblico y teólogo luterano conservador Franz Delitzsch, escribieron en una serie clásica y académica de comentarios del Antiguo Testamento, afirmando que el significado de Salmo 51:5 se refiere a la pecaminosidad de los seres humanos desde sus orígenes, pero no a su culpabilidad. Delitzsch, por ejemplo, escribió que «el significado es simplemente que sus padres eran seres humanos pecadores.” (Delitzsch, Biblical Commentary on the Psalms, 137 y en su estudio del Salmo 51, Edward Dalglish, Psalm Fifty-One, 121). En su comentario bíblico, Mitchell Dahood, y en el comentario de Hans-Joachim Kraus, se escribe que la mayoría de los eruditos deducen que este pasaje se refiere a que nacemos con una naturaleza pecaminosa, pero no deducen: «del texto que los seres humanos sean culpables de pecado desde el nacimiento».” (Kraus, Psalms 1–59, 503.). Por tanto, gramaticalmente, contextualmente y exegéticamente, la maldad que se habla aqui solo tiene sentido si se hace en referencia a los padres de David y no al infante porque como dice el apóstol Pablo los infantes que están en el vientre de su madre no pueden cometer ningún mal (Romanos 9:11).

2. Eso contradeciría la Biblia, ya que en Ezequiel 18:20 se dice claramente que no somos culpables por los pecados de nuestros padres, más en Romanos 14:12 y 2 Corintios 5:10, también se enseña que cada uno es responsable de sus propios pecados y no por los pecados de otros.

3. Eso contradice también la lógica, porque no tiene sentido culpar y castigar a alguien como a un bebé por un pecado o un crimen que cometieron sus padres. Así no funciona la ley humana y tampoco la Ley de Dios como hemos visto en los pasajes anteriores. Para dar un simple ejemplo o una ilustración, si yo ando en mi carro y viene un conductor borracho, me choca y me manda al hospital. Yo quedo afectado por el crimen o el pecado de esa persona, pero nadie diría que, como yo sufrí las consecuencias de ese crimen, por ende, también soy culpable de ese pecado. Eso sería absurdo e ilógico.

4. Estarías apelando a un argumento anacrónico porque la idea de una culpabilidad heredada de Agustin de Hipona nunca fue parte del pensamiento de David ni de la antropología hebraica de los antiguos judíos, ni de la antropología cristiana de los Padres más antiguos de la iglesia primitiva. Prueba de ello es que cuando el bebé de David murió, él dijo que el infante no podía volver a él, pero que él sí iría donde estaba su pequeño hijo en 2 Samuel 12 . En otras palabras, David sabía que, aunque él había cometido graves pecados como el adulterio y el homicidio, su pequeño hijo seguía siendo inocente y que, por tanto, estaba en el cielo porque, como dijo Jesús, “porque de los tales es el reino de Dios”. Sin olvidar que David usa la expresión, “todos nos descarriamos” o “se apartaron” (Salmo 14 y Salmo 58:3) lo cual indica que se alejaron o se desviaron de un estado anterior que no era corrupto y lo cual requiere de un cambio inocente a pecador. ¿Pero descarriarnos de qué? De que nos descarriamos (expresión usada por muchos evangélicos) para indicar un cambio de estado, o sea, de inocente a pecador.

En otras palabras, y como dice el Dr. Adam Harwood, “Los teólogos históricos generalmente concuerdan en que el concepto del pecado original en el sentido de que heredan la culpa del pecado de Adán era completamente desconocido por toda la tradición cristiana hasta los últimos escritos de Agustín de Hipona.” (Adam Harwood, Christian Theology: Biblical, Historical and Sistematic). Sin embargo, aquí David hace un paralelismo de su pecado y el de su madre quien según la tradición judía cometió adulterio (Salmo 69) para intervenir o interceder por su hijo el cual se dijo que iba a morir. No porque su niño no nacido era pecador sino por el pecado de adulterio y asesinato que su padre cometió. En otras palabras, la intención y el punto contextual de Salmo 51 es que David confiesa sus pecados de rebeldía (no por un pecado original) y pide a Dios que así como tuvo misericordia de él a pesar de que su madre también era pecadora le pide a Dios que también tenga misericordia de su propio hijo a pesar del pecado de adulterio que él y Betsabé cometieron. Ese es el mensaje del Salmo 51. Por tanto, el que un niño sufra las consecuencias de las decisiones de sus padres o de este mundo caído no significa que sea culpable de esos pecados y que será condenado al infierno. De hecho, hasta el propio David refuta esta falsa idea en 2 Samuel 12.

            De hecho, hasta el mismo David refuta esta falsa idea en 2 Samuel 12 en donde se nos enseña que, el hijo recién nacido del Rey David cayó enfermo gravemente. Después de siete días, el niño murió. En los versículos 22 y 23, la Biblia registra que David dijo: “Viviendo aún el niño, yo ayunaba y lloraba, diciendo: ¿Quién sabe si Dios tendrá compasión de mí, y vivirá el niño? Mas ahora que ha muerto, ¿para qué he de ayunar? ¿Podré yo hacerle volver? Yo voy a él, mas él no volverá a mí”. Así que, esta claro en la Escritura que el hijo muerto de David no regresaría a esta Tierra, pero David también dijo que un día, él estaría con su hijo “en la casa de Jehová” (Salmos 23:6). ¿Cómo David sabía que su hijo el cual fue concebido en pecado era uno de los elegidos si eso nadie lo sabe según el TULIP calvinista? Porque sabía que su hijo no era culpable sino inocente del pecado de adulterio de sus padres (David y Betsabé) y porque eso era lo que creían tanto los antiguos judíos y la iglesia primitiva (Ezequiel 18:2-4, 17-20; 2 Crónicas 25:4 y Deuteronomio 24:16). Por tanto, podemos concluir que el cielo sería el destino eterno de su bebé a quien David esperaría un día ir y reunirse con él. No hay nada en el contexto de este pasaje que habla de infantes elegidos ni insinúa que el alma del bebé muerto iría o tendría la posibilidad de ir al infierno. Este texto también demuestra que el que un bebe muera físicamente porque Dios lo quiso así no significa que tal niño ira al infierno.
                      Una cosa es heredar la naturaleza caida y corrupta de Adán y otra la culpabilidad heredada. La primera es bíblica y tiene sustento patrístico anteniceno pero no la segunda sino que fue una añadidura que el filósofo católico, Agustín de Hipona, hizo en la doctrina del pecado original durante el siglo 5 en base de una mala traducción en latín. Por tanto, todo hombre pecan por tener esa naturaleza caída pero no se puede olvidar que tanto los ángeles caídos y Adan no tenían esa naturaleza corrupta y pecaminosa antes de pecar por tanto estas apelando a una falacia non sequitur. Asumir que Dios crea pecadores contradice la Biblia en Génesis 1:31, Eclesiastés 7:29, 1 Timoteo 4:4 y las mismas palabras de David (Salmos 139:14-16). Además, la idea de una culpabilidad heredada conocido también como antropología agustiniana era completamente ajena al pensamiento de David y la antropología hebraica de los antiguos judíos por lo que caes en un anacronismo también. Además, ¿qué significa la frase, “en iniquidad” o “en maldad” y “en pecado”? En el texto original del hebreo en ‛āwōn (“en iniquidad”) y concebido en ḥēṭ (“pecado”) se refiere a lo mismo que dice Romanos 5:12, o sea, a pecados propios, personales, voluntarios y conscientes lo cual un bebé no puede hacer. De hecho, según el Léxico Conciso Hebreo y Arameo del Antiguo Testamento (CHALOT) define ‛āwōn (iniquidad o maldad) como “una acción torcida o incorrecta”. De manera similar, también define ḥēṭ (en pecado) como “falta (contra los hombres)” y “pecado (contra Dios)”. En ninguno de los casos donde la Biblia menciona la palabra hebrea ‛āwōn (en iniquidad o en maldad) se entiende en referencia a los infantes sino mas bien a las acciones realizadas por personas que han superado la infancia. Por ejemplo, en Josué 22:20 se habla de un “hombre [Acán] que no pereció solo en su iniquidad.” (misma palabra hebrea de Salmo 51:5) y como se puede ver aquí no se habla de un infante sino de un hombre adulto. Lo mismo en Jeremías 31:30 donde también se usa la palabra hebrea “iniquidad” o “maldad” en referencia a la responsabilidad por las propias acciones pecaminosas y no a una naturaleza pecaminosa. Ezequiel 3:18-19 y 33:8-9 también se usa las palabras en pecado (ḥēṭ) en referencia a comportamientos inmorales específicos, como la extorsión y el robo. Los bebés no realizan ni pueden realizar ninguna de estas acciones.
               El Salmo 58:3 dice: "Se apartaron los impíos desde la matriz; se descarriaron hablando mentira desde que nacieron." Note que aquí no dice que “fueron creados impíos en la matriz o en el vientre” de esa manera, sino que se descarriaron o que se alejaron del estado en el que fueron creados y si la total depravación fuera cierta este pasaje tampoco diría que “se apartaron” o que “se descarriaron”, ya que eso indica que se desviaron de un estado anterior que no era impío y lo cual requiere de un cambio inocente a pecador. Además, el mismo autor de Salmo 58 dice en otro Salmo (139) que los infantes que estan en el vientre de la madre son una obra formidable y maravillosa de Dios lo cual no tendria sentido si son unos pequeños pecadores y depravados que están bajo la ira de Dios. Eso seria contradictorio. Por tanto, si la total depravación fuera cierta en estos textos, no dirían que “se descarriaron o que “se desviaron”, ya que eso indica que se descarriaron de un estado anterior que no era corrupto y lo cual requiere de un cambio inocente a pecador. Tanto en hebreo como en griego original indican un cambio de estado y todo el capitulo parece describir adultos que cometen actos de pecados personales que un bebé no puede hacer. Sin olvidar que Dios no crea pecadores (Génesis 1:31; Eclesiastés 7:29 y 1 Timoteo 4:4). Asumir tal cosa seria una blasfemia. Por tanto, aquí no se puede referir durante el “tiempo” en que no conocían la ley en su infancia, sino después de ese tiempo y cuando llegaron a la edad de responsabilidad (Romanos 5:13; 7:9 y Santiago 4:17). 

En cuanto a las expresiones como “desde la matriz”, “desde el vientre”, “desde el seno” son modismos hebreos, no afirmaciones literales sobre conciencia moral, pecado o culpa prenatal. Por ejemplo, un feto ¿puede un bebé de tres meses hablar mentiras? No creo, y por ende, aquí no se puede referir durante el “tiempo” en que no conocían la ley en su infancia, sino después de ese tiempo y cuando llegaron a la edad de responsabilidad (Romanos 5:13; 7:9 y Santiago 4:17). ¿Pero no dice “desde la matriz o el vientre”? Sí, y lo cual es una hipérbole, pues el mismo lenguaje lo usa Job quien testificó que él había sido guía de la viuda "desde el vientre" de su madre (Job 31:18). Ahora, es claro que Job no quiso decir que ministraba a las necesidades de la viuda desde el momento que fue un pequeñito y débil bebé sino que quiso decir que muy temprano en su vida espiritual él empezó a ayudar a la viuda. Lo mismo con Juan el Bautista en Lucas 1:15.
             Sin embargo, aquí tampoco dice que somos creados o nacidos de esa forma, sino que nos corrompemos o descarriamos a medida que crecemos y por nuestra naturaleza pecaminosa como enseña el Salmo 58:3. De hecho, en el versículo 7 de este mismo capitulo dice, “Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová” lo cual sería imposible si según el primer punto calvinista de la Total Depravación no podemos hacer eso.     
              Romanos 3:12 afirma que "Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno". La misma frase “se apartaron” o “se descarriaron” indica que se alejaron o se desviaron de un estado anterior que no era corrupto, lo cual requiere un cambio inocente a pecador. Lo mismo con la expresión “se hicieron inútiles”: no dice que "nacieron inútiles" ni que Dios los hizo así, sino que se hicieron de esa manera por decisión propia y por ende se alejaron del estado en el que fueron creados. De hecho, tanto en hebreo como en el griego original se indica un cambio de estado. Además según el contexto se está juzgando a personas por no hacer lo bueno por lo que esto no se puede aplicar a infantes porque el mismo autor de Romanos 3:12 dice en Romanos 9:11 que un infante no puede hacer nada bueno ni malo. 

Eso tampoco seria consistente con las palabras de David en su Salmo 139 donde dice que los infantes que estan en el vientre de la madre son una obra formidable y maravillosa de Dios lo cual no tendria sentido si son unos maliciosos y pequeños inútiles que están bajo la ira de Dios. Eso seria contradictorio. Por tanto, si la total depravación fuera cierta en estos textos, no dirían que “Todos declinaron o que “se desviaron”, ya que eso indica que se descarriaron de un estado anterior que no era corrupto y lo cual requiere de un cambio inocente a pecador. Tanto en hebreo como en griego original indican un cambio de estado y todo el capitulo parece describir adultos que cometen actos de pecados personales que un bebé no puede hacer. Sin olvidar que Dios no crea pecadores (Génesis 1:31; Eclesiastés 7:29 y 1 Timoteo 4:4). Asumir tal cosa no solo seria anacrónico porque en los tiempos de la Biblia no se creía en la antropología agustiniana suno una blasfemia. Por tanto, aquí no se puede referir durante el “tiempo” en que no conocían la ley en su infancia, sino después de ese tiempo y cuando llegaron a la edad de responsabilidad (Romanos 5:13; 7:9 y Santiago 4:17). Después de todo, lo que Romanos 3 y 5 enseña en su contexto es que el juicio de Dios se manifiesta claramente contra las acciones pecaminosas y no contra una naturaleza pecaminosa.
                ¿Qué es lo que enseña Romanos 5? Romanos 5 nos enseña que el pecado entró al mundo por medio de un hombre (Adán) y la muerte por medio del pecado ha pasado a todos los hombres porque han pecado. En otras palabras, obtenemos una condición pecaminosa o caída de parte de Adán, lo cual nos hace inclinarnos al mal y nos vuelve pecadores en el momento en que empezamos a pecar, así como no obtenemos una condición espiritual hasta que somos justificados en la fe en Cristo. En otras palabras, una cosa es que nazcas con una naturaleza caída por culpa de Adán y otra es que tú seas culpable de tus propias acciones. No nacemos culpables del pecado de Adán o de nuestros padres porque eso contradeciría Ezequiel 18:20 la declara que, “El hijo no llevará el pecado del padre” (Ezequiel 18:2-4, 17-20; 2 Crónicas 25:4 y Deuteronomio 24:16) y que “cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí.” (Romanos 14:12). Deuteronomio 24:16: "Los padres no morirán por los hijos, ni los hijos por los padres; cada uno morirá por su propio pecado". 2 Crónicas 25:4 también refuerza esta idea, citando la ley de Moisés de que no se matará a los hijos por los padres lo que significa que la responsabilidad por las transgresiones es individual y no colectiva.

La Biblia te da un ejemplo de esto con el pequeño hijo de David, quien murió en su infancia, víctima de las consecuencias de los pecados que cometió su padre, en 2 Samuel 12. Obviamente el bebé no murió porque era culpable del adulterio y asesinato que cometió David sino que simplemente sufrió las consecuencias lo cual no es lo mismo que culpabilidad y sobretodo porque sabemos que el infante fue al cielo después de morir (2 Samuel 12:22 y 23). Lo mismo se puede decir de todos los infantes que murieron fisícamente en el diluvio universal en Génesis 6-7. De hecho, no solo murieron fisicamente muchos infantes en ese diluvio sino tambien muchos animales ¿significa eso que los animales también fueron culpables de pecados? No, simplemente murieron como consecuencia del pecado de sus padres y no porque eran culpables lo cual no es lo mismo que consecuencia.
                  ¿Qué es lo que NO enseña Romanos 5? En primer lugar, este pasaje no dice nada de heredar el pecado de Adán o que los hombres nacen culpables de pecado a causa de su transgresión. Tampoco enseña que nacemos bajo la condenación y la ira de Dios o que el pecado de Adán fue imputado a sus descendientes o que los hombres han pecado "en Adán" lo cual no aparece en español ni en el griego original sino que como dice el apologista y filósofo cristiano, el Dr. William Lane Craig, fue una mala traducción que leyó Agustín de Hipona en el latín y quien no sabía griego para luego reinterpretar el pasaje para apoyar su idea de la culpabilidad heredada (Evaluating the Dcotrine of Original Sin, 24). Por tanto, los calvinistas que tratan de añadir estas palabras que no existen en el texto están cometiendo eiségesis. 

En segundo lugar, en este mismo capitulo, el versículo 13 dice que “el pecado no se imputa a nadie donde no hay ley” (NVI) o “donde no hay ley, no se inculpa de pecado” (VRV) en Romanos 5:13 lo cual es una idea que se repite en Santiago 4:17, que dice: "Así que, al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado". Esto excluirá también a los infantes puesto que ellos no pueden pecar porque no saben la diferencia entre el bien y el mal y porque no tienen la capacidad moral de conocer la ley (Deuteronomio 1:39). Por ende no pueden cometer pecados propios, voluntarios y conscientes lo cual es lo que produce la muerte espiritual y la condenación eterna que habla Romanos 5.

Mientras que en el versículo 14 Pablo enseña que los descendientes de Adán no pecaron en él porque declara que: "…los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán.", lo que demuestra que Pablo no consideraba el pecado de Adán ser el pecado de ellos. Además de todo esto, Pablo también habla de dos infantes (Jacob y Esaú) en Romanos 9:11, quienes todavía estando en el vientre de su madre y que según Pablo todavia no habian cometido un solo pecado pues dice que: "aún no han nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal (pecado). Estos textos también demuestran que Pablo no enseñó la doctrina de que los hombres nacen pecadores. Además, el mismo Jesús dijo que el reino de Dios es de los tales en Mateo y hasta se comparó con los niños, lo cual no tendría sentido si, en vez de inocentes, fueran unos pequeños depravados y pecadores. Más en Romanos 7:9 de esta misma carta, el apóstol Pablo explica que, “en un tiempo yo vivía sin la ley, pero al venir el mandamiento, el pecado revivió, y yo morí;” (Romanos 7:9). ¿A qué tiempo se refiere Pablo cuando dijo que estaba vivo en un sentido espiritual cuando no conocía la ley? Si tomamos todo el consejo de Dios, esto da a entender que el tiempo al que se refiere es durante su infancia, lo cual es consistente con pasajes como Deuteronomio 1:39 y Isaías 7:15 porque como dice Santiago 4:17, “al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado” lo que implica que el que no sabe hacer lo bueno como es el caso de un infante pues “donde no hay ley, no se le inculpa de pecado.” (Romanos 5:13).

Además, asumir que Pablo enseña culpabilidad heredada en Romanos 5 sería contradecir no solo varios pasajes como Ezequiel 18:20, Deuteronomio 24:16 y 2 Crónicas 25:4 donde dice claramente que no somos culpables por los pecados de nuestros padres, sino también las mismas palabras del apóstol Pablo, quien dijo en Romanos 14:12 y en 2 Corintios 5:10-11 que cada uno es responsable de sus propios pecados y no de otros. Sin olvidar que Pablo también dijo en Romanos 3:12 que "todos se hicieron inútiles", “todos nos descarriamos” o “se apartaron”, lo cual indica que se alejaron o se desviaron de un estado anterior que no era inútil o apartado de Dios y lo cual requiere de un cambio de estado, o sea, de inocente a pecador. No dice que Dios los hizo así o que fueron creados o nacidos inútiles, sino que se descarriaron o que se alejaron por decisión propia del estado en el que fueron creados.

En tercer lugar, de acuerdo a los académicos como se puede ver en el Comentario Crítico Internacional sobre Romanos de, C. E. B. Cranfield establecen que Pablo se refería en Romanos 5:12 a adultos y no a bebés porque cuando la frase dice que “todos pecaron” eso es un verbo activo (no pasivo) que se refiere a nuestras propias acciones pecaminosas. En otras palabras, a un pecado propio, personal, voluntario y consciente lo cual un infante no puede hacer. Por tanto, según el contexto de Romanos 5, Dios juzga en base a tus acciones pecaminosas y no en base a tu naturaleza pecaminosa. Así también lo explica el especialista en el Nuevo Testamento, como también en los manuscritos del Mar Muerto, en lenguas semíticas en general y en análisis de textos arameos en particular, y uno de los biblistas más influyentes del siglo XX, Joseph A. Fitzmyer, en La Anchor Bible (conocido hoy en día como The Anchor Yale Bible) la cual es una colección académica de comentarios bíblicos donde también explica que incluir a los bebés entre todos los que pecaron en Romanos 5:12 no era una idea que Pablo tuviera en mente. (Fitzmyer, Romans, 406–13). De hecho, en el comentario de la Biblia de Anchor, este erudito (Fitzmyer), también advierte a los lectores de Romanos 5 que la doctrina del pecado original agustiniano (o sea la creencia de que todas las personas heredan tanto el pecado como la culpa de Adán) no es una enseñanza explícita del pensamiento de Pablo y que esta versión tardía del pecado original también se desarrolló como doctrina en la tradición occidental, pero no en la oriental. (Fitzmyer, Romans, 408–09). Por tanto, asumir una culpabilidad heredada en Romanos 5 seria caer en anacronismos puesto que la antropología agustiniana era completamente desconocida tanto para los antiguos judios y la iglesia primitiva. El apologista y filósofo cristiano, el Dr. William Lane Craig, también cita al Dr. Douglas Moo (Romans, p. 356) para demostrar Agustín de Hipona fue el que añadió la culpabilidad heredada a la doctrina del pecado original pero que antes de Agustín no se creia tal cosa. (William L. Craig, Evaluating the Dcotrine of Original Sin, 24).

Algunos calvinistas de Youtube que se jactan de tener supuestamente un doctorado dicen que hubo "vestigios" de la idea antes de Agustin sin embargo la antropología humana esta ya definida en la Biblia y según los expertos en la Patrística y el gnosticismo como el Dr. Henry Chadwick, William Hugh Clifford Frend, Gilles Quispel y el reconocido historiador Peter Brown la idea de una culpabilidad heredada y de la condenación de infantes es un concepto que viene de los maniqueos y de los valentinianos. De hecho, otra referencia académica confiable que se usa para confirmar este punto es la del historiador y patrólogo más respetado del siglo XX, especializado en doctrina cristiana primitiva y teología patrística, J. N. D. Kelly (James Norman Dalrymple Kelly) quien dijo: “La doctrina agustiniana del pecado original representa una novedad en comparación con los Padres anteriores.” (Kelly, J. N. D., Early Christian Doctrines (San Francisco: HarperCollins, 1978), p. 171, citado en Akin, Daniel L., A Theology for the Church (Zondervan, 2014), p. 433.). Por tanto, lo que declara el Dr. Ken Wilson, en su tesis académica de Oxford de que esta enseñanza no vino de la pluma de los apóstoles sino de la pluma de los herejes no es nada nuevo y así lo confirma la verdadera erudición. De hecho, el también académico, Kam-Iun E. Lee, también escribió su tesis doctoral en 1996 sobre temas patrísticos, concretamente sobre Agustín, maniqueísmo y doctrina del bien también afirma lo mismo.

Tanto Orígenes, Tertuliano, Ireneo de Lyon, Justino Martir y muchos otros Padres de la Iglesia ante niceno y preagustinos refutaron estas mismas ideas hace más de un milenio y enseñaron que el hombre peca por elección, no por nacimiento. Por ejemplo, Atenágoras de Atenas del siglo II (c. 133–190 d.C.) creía que los niños son inocentes y que por lo tanto no podían estar sujetos a juicio .[La Resurrección, 14.] Para que el castigo de Dios sea justo, la libre elección es de suma importancia ¿por qué? Porque Dios creó tanto a los ángeles como a las personas con libre elección, con el propósito que asumieran la responsabilidad de sus propias acciones [La Resurrección 24.4-5.] En Súplica en favor de los cristianos (§ 36–37) Atenágoras hasta afirma que “Los niños no tienen conciencia del bien ni del mal, y no han cometido pecado alguno; por tanto, no son responsables ante Dios de culpa voluntaria.” (Súplica, §36–37). Tampoco hay indicación en los escritos de Tertuliano de que haya habido una transmisión de la culpa de Adán a su descendencia. Tertuliano tampoco cita textos bíblicos clave como Salmo 51:5 o Romanos 5:12-19 para considerar una culpabilidad heredada (Osborn, Tertullian, 167.) Al contrario, “Los niños son por naturaleza inocentes; su inocencia se altera solo cuando empiezan a conocer el bien y el mal.” (De anima, 39) y que los infantes no son culpables de pecados hasta llegar a la edad de responsabilidad (Tertuliano, On Baptism 18 (ANF 3.678). Vea también, Contra Marción 4.23 (ANF 3.386). Lo mismo decia, Cipriano, Novaciano, Metodio de Olimpo y otros.


Hasta el teólogo arminiano y autor del libro, “Teología Arminiana”, el Dr. Roger Olson, afirma también lo mismo, “Ningún teólogo cristiano temprano antes de Agustín enseñó algo parecido a la depravación total en el sentido de culpa heredada e incapacidad moral completa.“ (Roger E. Olson, Arminian Theology: Myths and Realities (2006), p. 33). En la p. 34 del mismo libro, Olson agrega: “La idea de que todos los humanos heredan la culpa de Adán y nacen incapaces de responder a Dios aparte de una gracia irresistible simplemente no puede encontrarse en los padres de la iglesia antes de Agustín." El también teólogo arminiano, el Dr. Carlos Murr también admite esto diciendo, "Sostener que solamente la postura que se desarrolló con el filósofo católico, Agustín de Hipona, es la única postura ortodoxa que la iglesia ha creído y que si no la crees entonces eres "pelagiano" es anacrónica y una tergiversación de la realidad histórica. La doctrina del pecado original como es reconocida actualmente no puede ser rastreada más atrás de Agustín. Antes de Agustín, la postura del pecado original era de consecuencias heredadas y no de culpabilidad." Como dice también el bautista tradicional, el Dr. Adam Harwood, “Los teólogos históricos generalmente concuerdan en que el concepto del pecado original en el sentido de que heredan la culpa del pecado de Adán era completamente desconocido por toda la tradición cristiana hasta los últimos escritos de Agustín de Hipona.” (Adam Harwood, Christian Theology: Biblical, Historical and Sistematic).

Hasta grandes teólogos reformados como B.B. Warfield (Calvin and Agustine, 1956), Louis Berkhof en su libro, “The History of Christian Doctrines” (p.156), Loraine Boettner en su obra, “Calvinism in History” (chapter 1) o “The Reformed Doctrine of Predestination” (p.365), Herman Bavinck, en su obra, Doctrina Reformada. Bavinck (1854–1921), Alister E. McGrath, otro popular historiador reformado presbiteriano, también declaró lo mismo en su libro Historical Theology (p.38), Robert A Peterson y Michael D. Williams (Why I am not an Arminian, p.36) así lo reconocen. De hecho, el reconocido historiador reformado/calvinista, Philip Schaff (1819-1893), en su clásica obra, Historia de la Iglesia Cristiana admitió que la versión del pecado original de Agustín NO existía en la Iglesia antes de Nicea (325) y afirmó que, “La antropología de los Padres prenicenos era esencialmente diferente de la de Agustín.” (Schaff, History of the Christian Church, Vol. 2, § 154). C. Norman Sellers, otro teólogo calvinista, también admite que “Agustín no concordaba con los Padres que lo precedieron.” (SELLERS, C. Norman, Election and Perseverance, 1987, Schoettle Publishing Co., p.3.). Después de todo, este cambio de doctrina fue admitido por el propio Agustín en sus Retractaciones y luego por Calvino en sus Instituciones. Hasta el “Dr.” Enuel Hernández grabó un video donde el mismo ChatGPT le dijo que, según la historia cristiana, los infantes no nacen con la culpabilidad heredada de Adán. El problema aquí es que aunque se lo diga eruditos como el Dr. Alfonso Ropero, la Dra. Ilaria Ramelli (PhD) de la universidad de Harvard, el Dr. Ken Wilson de la universidad de Oxford quien es de los pocos que ha leído todos los escritos de Agustín y en forma cronológica o la Dra. Ali Bonner de la universidad de Cambrigde quien ha leído todos los manuscritos de Pelagio o la misma inteligencia artificial aun así no lo quieren aceptar lo cual ya es caer en fanatismos o en un sesgo cognitivo.            
                   Sin embargo, el que Adán fuera la cabeza federal de toda la humanidad no implica una culpabilidad heredada o una imputación de su pecado a toda la humanidad lo cual no solo es caer en una falacia non sequitur sino en anacronismos ya que dicha creencia era completamente desconocida para la iglesia primitiva y para los antiguos judíos. Para dar un ejemplo de que este argumento no se sigue, el presidente de una nación es la cabeza federal o representante de su nación y sus malas decisiones afectaran a todos el pueblo que ese líder gobierna, pero eso no significa que todo el pueblo es culpable de las malas decisiones, los pecados o crímenes de ese líder político. Asumir tal cosa seria absurdo. Un calvinista una vez me dijo que si votaste por ese líder político entonces también eres igual de culpable lo cual no tiene sentido y tampoco sirve pues no todo el pueblo votó por ese presidente. Por tanto, y siguiendo la lógica del calvinista entonces algunos son culpables y otros no lo cual no ayuda a la postura calvinista de que todos somos culpables. Además, si dicho líder político comete un crimen como lo hizo Hitler entonces es ese líder el que será condenado y castigado. Pero no todo el pueblo alemán. De hecho, el falaz argumento suena como un argumento progresista quienes dicen que el hombre blanco de ahora debería doblar rodilla y pedir perdón por los actos de racismo que cometieron sus antepasados blancos contra los negros africanos y los indígenas de America. Así de absurdo y antibíblico es este argumento de los calvinistas (Vea Ezequiel 18:20). 


En cuanto a términos legales, ningún sistema judicial condena a las personas por su naturaleza o condición ni por un crimen que nunca cometió o por un pecado que cometió su padre sino por sus acciones propias, voluntarias y conscientes. Lo mismo enseña la Biblia en Ezequiel 18:20, Romanos 2:6 y Apocalipsis 20:12. De hecho, si le preguntas a un abogado o a un juez si los bebés o una persona con discapacidad mental puede ser condenada por los crímenes de sus padres te va decir que eso es una locura y que así no funciona el orden jurídico o el sistema de justicia. No solo eso, aun si un niño o una persona con discapacidad mental hace algo malo, el sistema judicial no lo juzga de la misma manera que un adulto y eso es un principio básico del derecho penal. En otras palabras, para que exista responsabilidad penal, la persona debe tener: Conciencia del bien y del mal, capacidad de entender las consecuencias de sus actos y capacidad de autodeterminación. A esto se le llama en latín mens rea (“mente culpable”). Si falta esa capacidad, no hay culpabilidad penal plena, aunque haya ocurrido un acto objetivamente malo. Por tanto, los infantes o niños pequeños no pueden ser condenados penalmente y tampoco reciben penas criminales. ¿Acaso en tu país se condenan a los infantes a la cárcel por los crímenes de sus padres? No. ¿Por qué? Primero porque es ilógico, irracional y porque intuitivamente va en contra de nuestra propia consciencia, en contra de la esa ley que Dios puso en nuestros corazones. Segundo, porque no son responsables de los pecados de sus padres y tercero por su incapacidad moral. Lo mismo enseña la Biblia (Deuteronomio 1:39). De hecho, muchos principios básicos que encontramos en el sistema judicial de países cristianos son sacados de la Biblia y esta es una de ellas.

Lo mismo dice la Biblia en Ezequiel 18:20; Romanos 2:6 y Apocalipsis 20:12 y el mismo contexto de Romanos 5 donde dice el “todo hombre” se refiere a los que pecan lo cual no solo excluiría a Jesús quien no solo era verdadero Dios sino también verdadero hombre porque nunca pecó sino también a los infantes ya que ellos no pueden pecar y porque como dicen los académicos aquí se habla de hombres (personas adultas) y no de infantes. De hecho, en el versículo 18 dice, “Así que, como por la transgresión (acción) de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia (acción) de uno vino a todos los hombres la justificación de vida.” Aquí el “todos los hombres” ¿significa esa frase que todos los hombres serán condenados? No, porque hay algunos que se salvan. Como tampoco significa que todos los hombres serán salvos (universalismo) porque hay algunos que serán condenados. Por tanto, hay una condición o un acto que todo hombre tiene que hacer, una es pecar (desobedecer) para ser condenado a una muerte espiritual y la otra es creer para ser justificado para una vida espiritual (Romanos 5:1-2). Ese es el paralelismo que Pablo está haciendo aquí entre la obra de un hombre, Adán, y la obra del Dios-hombre, Jesús (vv. 15-19) y con los justos y los injustos. En otras palabras, está hablando de sus acciones y no de sus naturalezas.
             Si con “culpa adámica” te refieres a que Adan fue culpable de haber comido del fruto prohibido y que por ende necesitaba salvación entonces estamos de acuerdo pero si con “culpa adámica” te refieres a que toda la humanidad es culpable de lo que hizo un hombre hace miles de años atrás entonces eso no tiene sentido a la luz de la lógica ni en el sistema judicial y mucho menos a la luz de la Biblia la cual enseña que “el hijo no llevará el pecado del padre” y que cada uno dará cuenta de si de su propio pecado (Ezequiel 18:20; Romanos 2:6 y Apocalipsis 20:12). Por ejemplo, nadie diría que es correcto arrestar a alguien por los crímenes cometido por su padre, abuelo o tatara abuelo. Lo mismo enseña la Biblia.

Por tanto, cuando una persona peca hay una imputación de pecado y muerte en Adán (Romanos 5:12) mientras que cuando esa misma persona cree en el evangelio hay una imputación de justificación y vida en Cristo (Romanos 5:1-2). Por eso Jesús compara la fe con mirar, entrar, comer y beber las cuales son acciones o un verbo activo. Pero ambas (pecar y tener fe) son condiciones o acciones que un infante no puede hacer y por ende Romanos 5 no tiene nada que ver con infantes sino con el hombre adulto. Como explica también La Anchor Bible (conocido hoy en día como The Anchor Yale Bible) la cual es una colección académica de comentarios bíblicos la cual afirma que incluir a los bebés entre todos los que pecaron en Romanos 5:12 no era una idea que Pablo tuviera en mente. (Fitzmyer, Romans, 406–13). Por tanto, nosotros también creemos en ese mismo orden de salvación o rescate, pero tiene que haber estas acciones o condiciones para que ocurran y ese es precisamente el paralelismo que hace Pablo en todo Romanos 5.

Además, decir que somos culpables de los pecados de nuestros primeros padres (adámica) es contradecir la Biblia en Ezequiel 18:20, Romanos 2:6 y Apocalipsis 20:12 donde enseña que somos culpables de nuestros propios pecados y no de otros. La culpa viene cuando alcanzamos la edad de responsabilidad y empezamos a pecar (Deuteronomio 1:39). De hecho, son los calvinistas los que hacen que el evangelio deja de ser un rescate con su expiación limitada, es decir, cuando dicen que muchos niños y adultos no necesitan el evangelio ni necesitan un Salvador porque Cristo nunca murió por ellos. En cambio, nosotros sí creemos que Cristo murió por todo el mundo lo cual incluye los infantes para redimirlos de su naturaleza caída y corrupta (Romanos 8) y para que tengan la oportunidad de ser salvos cuando lleguen a la edad de responsabilidad (1 Juan 2:2).

Sin olvidar que apelar a una culpabilidad heredada es anacrónica, ya que como dice uno de los biblistas más influyentes del siglo XX, Joseph A. Fitzmyer, nunca fue parte del pensamiento de Pablo y según grandes historiadores como Philip Schaff, Henry Chadwick y Peter Brown, esa antropología agustiniana del siglo 5 era completamente desconocida para la iglesia primitiva y para la antropología hebrea de los antiguos judíos. Por lo tanto, lo que declara el académico de Oxford, el Dr. Ken Wilson, en su tesis no es nada nuevo, pues es lo mismo que afirman otros eruditos e historiadores.

La muerte física y la muerte espiritual son dos cosas diferentes. La primera es una consecuencia del pecado de Adán y la segunda es el resultado de los pecados propios, conscientes y voluntarios, lo cual un infante no puede cometer hasta llegar a la edad de responsabilidad. Por tanto, los infantes son inocentes, pues no saben la diferencia entre el bien y el mal. En términos legales, cualquier sistema judicial u orden jurídica te dirá lo mismo.

                                 Sí, todo hombre peca, pero el todo hombre aquí se refiere a los que han pecado lo cual es un verbo activo y una acción propia, voluntaria y consciente lo cual un infante no puede hacer porque el pecado, según su definición, es una acción (verbo activo como errar al blanco) propio, consciente y voluntario que se hace contra la ley de Dios. Por tanto, el todos pecaron aquí no tiene nada que ver con su naturaleza humana porque si no entonces estarías incluyendo no solo a los infantes quienes no pueden pecar sino al mismo Jesús quien tampoco pecó y quien no solo era y es verdadero Dios sino también verdadero hombre. Por tanto, según el contexto, ¿quiénes son los condenados? Los que pecaron. Porque el juicio y la ira de Dios se basa en las acciones del hombre y no en su naturaleza humana.
             Así que, si van a decir que un hombre es pecador no solo por sus acciones sino también en base a su naturaleza humana, o sea, solo por ser hombre, entonces tienen dos graves problemas. En primer lugar, eso no tiene sentido porque, en términos legales, ningún sistema judicial condena o castiga a un hombre a menos que haya violado la ley y mucho menos a un infante por un crimen que nunca ha cometido o por los crímenes de sus padres lo cual sería absurdo. Tampoco se juzga a una persona por su naturaleza o condición sino solo por sus acciones. De hecho, todo lo contrario, en ninguna corte se juzga a un menor de edad o a una persona con discapacidad mental de la misma manera que a un adulto porque no saben diferenciar entre el bien y el mal. Por eso son inocentes y no culpables ante la ley. Eso es un principio básico del orden jurídico y de todo sistema de justicia. Lo mismo enseña la Biblia cuando dice que “el hijo no llevará la iniquidad del padre” (Ezequiel 18:20 y 2 Reyes 14:6) y que cada uno es responsable de sus propios pecados (Mateo 16:27; Jeremías 31:30; Romanos 14:12; Gálatas 6:5; y 2 Corintios 5:10). Por eso los infantes no son condenados al infierno como creen algunos calvinistas porque como dice Pablo en Romanos 9:11 no han hecho ningún mal (pecado) y “porque donde no hay ley, no se inculpa de pecado” (Romanos 5:13). Mas Santiago 4:17 declara también que "Aquel, pues, que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es pecado" (Santiago 4:17) lo que entender que aquel que no sabe hacer lo bueno no le es pecado lo cual es consistente con Deuteronomio 1:39; Isaías 7:16 y Jonás 4:11.
                     Y segundo, porque eso sería caer en una blasfemia porque Jesús no solo era verdadero Dios sino verdadero hombre. Por tanto, si dices que un hombre es pecador solo por tener naturaleza humana, solo por ser hombre y ser descendiente de Adán, entonces estás llamando a Jesucristo pecador, lo cual no solo es antibíblico, sino también una blasfemia.
           Ahora bien, ¿significa eso que los infantes no necesitan de la gracia de Cristo como Salvador? No, porque en primer lugar 1 Juan 2:2 enseña que Cristo murió por todo el mundo lo cual incluye a los infantes para que así cuando ellos lleguen a la edad de responsabilidad y caen en condenación por sus propios pecados tengan la oportunidad de alcanzar salvación por medio de la fe (Romanos 5:1-2) porque Cristo también murió por ellos (Juan 3:16). Como dijo Tertuliano, “Los niños son por naturaleza inocentes; su inocencia se altera solo cuando empiezan a conocer el bien y el mal.” (De anima, 39) y que los infantes no son culpables de pecados hasta llegar a la edad de responsabilidad (Tertuliano, On Baptism 18 (ANF 3.678). Vea también, Contra Marción 4.23 (ANF 3.386). Como también decía Ireneo de Lyon quien creía en la inocencia de los niños en su gran obra, Contra los Herejes 2.22.4 la expiación de Cristo no excluye a los niños. De hecho, esta respuesta de Ireneo fue dirigida a los gnósticos, como los valentinianos, quienes creían que algunos infantes podían estar condenados independientemente de su edad. ¿Les suena familiar?
                 Una ilustración bíblica de esto es cuando Hebreos 9:16-28 compara la expiación de Cristo con un testamento lo cual es un documento legal que requiere la muerte del testador y benefactor que en este caso sería Cristo y Su herencia la salvación eterna.  Sin embargo, una herencia queda legalmente abierta sin importar que el heredero sea un bebé. De hecho, la herencia sigue siendo completamente suya incluso estando todavía en el vientre de la madre debido a su incapacidad e inmadurez. No es hasta que llegue a la mayoría de edad (18 años) que puede decidir si va aceptar o rechazar la herencia. En ese mismo sentido la expiación de Cristo no excluye a los niños. A menos que decidan rechazar esa herencia cuando lleguen a la edad de responsabilidad. De hecho, un buen padre le dejaría su herencia a sus hijos mientras que el mal padre solo le dejaría su herencia a algunos de sus hijos y no a otros. De esa misma manera vemos al dios calvinista quien no quiere que todos sean salvos cuando 1 Timoteo 2:4 declara que el verdadero Dios de la Biblia quiere que todos los hombres sean salvos (Ezequiel 33:11). Por otro lado, la decisión de rechazar una salvación tan grande (herencia) no quita la benignidad, amor, misericordia y soberanía de Dios.
              Segundo porque el que sean inocentes no quita el hecho de que tienen una naturaleza caída y corrupta que heredaron de Adán la cual tiene que ser redimida y no solo ellos sino toda la creación como enseña Génesis 3 y Romanos 8. Por tanto y como enseñaba Ireneo de Lyon en su gran obra, Contra los Herejes donde habla de la recapitulación, los niños son inocentes, pero necesitan de Cristo para que su naturaleza pecaminosa sea renovada y transformada como Dios también hará con toda la creación para que vuelva a ser como en el principio (Génesis 1). Todas las personas que mueren en su infancia serán incluidas en la restauración que Dios hará de su creación caída a través de la obra de Cristo en la cruz. Quizás este sea el tiempo al que Jesús se refirió como «la renovación de todas las cosas» (Mateo 19:28). Pablo también dijo que la creación sería liberada de su esclavitud a la corrupción (Romanos 8:19-23). ​​Aunque los bebés no son culpables de pecado, han sido manchados por él y por ende necesitan de la obra redentora y renovadora de Dios. Y es Jesús quien promete: «He aquí, yo hago nuevas todas las cosas» (Apocalipsis 21:5) lo cual incluye a todos los que han muerto en su infancia.
            Y por último, son los calvinistas los que creen que algunos infantes y hasta adultos no necesitan un Salvador ni el evangelio puesto que creen debido a su falsa doctrina de la expiación limitada y elección incondicional. Por tanto, asumir que nosotros no creemos que Cristo murió por ellos es cometer una falacia de hombre. 
                         Romanos 5 no habla de muerte física primero porque el contexto hace un contraste entre muerte espiritual y la justificación de vida espiritual. Y segundo porque los animales también mueren físicamente sin embargo aquí no se esta hablando de animales sino del hombre lo que da entender que se esta hablando de muerte espiritual porque los animales no mueren espiritualmente y tampoco son pecadores.  ¿Pero no se refiere aquí a la muerte física también ya que cuando Adan pecó también murió tanto espiritual y físicamente? Sí y por eso Génesis 3 dice que tanto plantas y animales también mueren pero acá en Romanos 5 solo se está hablando del hombre y de muerte espiritual tal como se hace en Efesios 2:1 y Romanos 6:23 donde también se contrasta la muerte eterna y espiritual o vida eterna y espiritual.
                      No sabemos de dónde algunos calvinistas sacan este mal argumento o de qué diccionario, pues en primer lugar, la palabra "pecaron" es un verbo activo que significa errar al blanco y, según su definición, es la acción de violar la ley de Dios de manera consciente, voluntaria y personal. Segundo, un aoristo gnómico puede ser gramaticalmente activo, como en este caso donde se presenta un acto propio del sujeto y así lo dicen los expertos en griego como Wallace, Robertson y Porter. Por ejemplo, esta parte de Romanos 5:12 implica que el sujeto personal «todos» realiza o ejecuta la acción, y no que recibe la acción. Por tanto, el gnómico no quita la actividad y el todos pecaron es un aoristo gnómico en el sentido de que una vez llegamos a la edad de responsabilidad siempre vamos a pecar lo cual es una verdad general pero no tiene nada que ver con una culpabilidad heredada sino mas bien favorece una antropología de responsabilidad personal universal. Asumir que como es una gnomicidad no puede ser activo no es gramaticalmente correcto. Lo mismo se puede decir de Romanos 3:23.
            En primer lugar, Romanos 6:23 no dice que los bebés pecan ni que nacemos pecadores. Eso es añadirle palabras que no existen en el texto, es decir, eisegésis, y hacer que Pablo contradiga sus propias palabras, pues en Romanos 9:11 dice que los infantes no hacen ningún mal (pecado). Segundo, habla de pecado y ¿qué es pecado? Según su definición, el pecado es la acción de violar la ley de Dios de forma consciente y voluntaria (Deuteronomio 1:39, Romanos 5:13; Santiago 1:15 y 4:17). Por ende, esto no se puede aplicar a un bebé porque no pueden pecar. Sin olvidar que aquí no se habla de muerte física sino de muerte espiritual lo cual contraste la otra parte del versículo donde se habla de la vida espiritual. Además, en todo Romanos 6 Pablo habla de personas que practican el pecado (vv. 1-13) por lo que el texto presupone pecado personal y los infantes no pueden realizar actos voluntarios (Deuteronomio 1:39). Por tanto, no encajan en el sujeto del texto. La Escritura vincula la culpa con el conocimiento y el acto, no con una mera condición biológica. Así también lo entendieron los Padres anteriores a Agustín, quienes nunca dedujeron de Romanos 6:23 una culpa infantil en sus escritos patrísticos. De hecho, en Mateo 18:3–14 Jesús mismo presenta a los niños como modelo, no como culpables. Por tanto, Romanos 6:23 no enseña que los infantes sean culpables de pecado sino que el pecado personal tiene consecuencias como la muerte espiritual, y que la salvación es gracia.   
               Ahora, ¿por qué los niños mueren físicamente?  Mueren fisícamente como consecuencia del pecado de Adan y de otras personas, pero eso no significa que son culpables del pecado de Adán. Asumir tal cosa no solo apela a una falacia non sequitur sino que eso contradeciría la Biblia donde dice que los hijos no heredarán los pecados de sus padres y que cada uno es culpable de su propio pecado y no de otro (Ezequiel 18:20; Romanos 2:6 y Apocalipsis 20:12). 

De hecho, el caso del infante que murió fisicamente como consecuencia del pecado de su padres (David y Bestabe) en 2 Samuel 12:23 y de todos los infantes que murieron en el diluvio universal en Génesis 6:5-6 son otra prueba de que consecuencia y culpabilidad son dos muy cosas diferentes. No murieron como castigo porque cometieron un acto pecaminoso propio (Romanos 9:11), sino por las acciones pecaminosas de sus padres. Las circunstancias que rodearon la muerte de este niño, así como la de los bebés que perecieron durante el diluvio universal, confirman nuestro argumento de que los infantes no son culpables del pecado que heredan de sus padres, pero que a veces sí están sujetos a sus devastadoras consecuencias. No fue consecuencia de su naturaleza pecaminosa, sino de los pensamientos y acciones pecaminosas de otras personas mayores que conocían la diferencia entre el bien y el mal, o entre lo correcto y lo incorrecto. Como dice el erudito biblico, Kenneth C. Philbeck, “David reconoció que había sido responsable de la desgracia que cayó sobre otros” y que David “no pudo detener las consecuencias de sus actos”. Así, la Biblia enseña, dice Philbeck, que si bien los individuos son responsables ante Dios por sus propios pecados, también se ven afectados por las consecuencias de los pecados de otros. (Philbeck, “1–2 Samuel,” 8–9.) Por tanto, si el niño solo murió como consecuencia del pecado de David, y no como resultado de la naturaleza pecaminosa del niño, entonces nuestra postura se mantiene pues su muerte podría entenderse de la misma manera que la muerte de los infantes en los días del diluvio donde todos fueron víctimas del justo juicio de Dios contra los pensamientos y acciones pecaminosas de otras personas.

Por tanto, al igual que los pequeños niños de los israelitas en el desierto en Deuteronomio 1:39, todos los infantes no sufren el juicio de Dios, sino que van al reino de los cielos porque aún no son agentes moralmente responsables. En otras palabras, debido a su falta de conocimiento moral, los infantes y los pequeños niños que no saben distinguir entre el bien y el mal todavía no están bajo la condenación de Dios por el pecado. Heredan una naturaleza pecaminosa de Adán desde el momento de la concepción. Pero Dios no los juzga por su naturaleza pecaminosa heredada, sino cuando llegan a la edad de responsabilidad y empiezan a cometer actos de pecado como consecuencia de esa naturaleza.  Lo mismo se puede decir de otros versículos que describen al Señor castigando la iniquidad de los padres en los hijos (como Éxodo 20:5-6; 34:7; Números 14:18; y Deuteronomio 5:9). Sin embargo, al igual que el caso de David, todos estos tienen que ver con “las consecuencias del pecado que se transmiten a largo plazo del pecado” las generaciones siguientes. (Campbell, 2 Samuel, 118–19). Nada que ver con una culpabilidad o muerte espiritual heredada ya que eso contradeciría otros pasajes como Ezequiel 18:1-4, 20 y Deuteronomio 24:16 donde se enseña que cada persona es responsable de sus propios actos.

Para esto se puede usar la ilustración de una drogadicta embarazada lo cual afectaría su hijo en el vientre de tal forma que hasta podria provocarle la muerte física, pero no hace al infante culpable o el argumento que usan las feministas para apoyar el aborto si se trata de una violación o incesto, pero que ignoran que el infante es inocente del crimen de su padre. Por tanto, por causa del pecado de Adán todos sus descendientes experimentamos la muerte física como consecuencia y no como culpabilidad lo cual no es lo mismo, y no solamente los infantes sino también los cristianos, los animales, las plantas y hasta el mismo Jesús lo experimentó en la cruz el calvario. Pero no porque son culpables de pecado sino porque es una de las consecuencias del pecado de Adán.

De hecho, según Romanos 8, toda la creación sufre las consecuencias heredadas del pecado de Adán y no su culpabilidad. Asumir tal cosa sería añadir y exagerar las consecuencias o los resultados de la caída, detallados con claridad en Génesis 3, pero que hay una esperanza futura de gloria cuando todo sea liberado, restaurado y renovada como cuando era al principio de la creación (vv. 18-25). La muerte de los bebés es uno de esos casos en los que toda la creación de Dios está sometida a la esclavitud antes de la futura revelación de la gloria y la redención de nuestros cuerpos la cual incluye la de los infantes que murieron antes de llegar a la edad de responsabilidad. Pero eso no significa que son culpables de los pecados que cometiendo nuestros primeros padres porque como está escrito, “el hijo no llevará el pecado del padre.” (Ezequiel 18:20). 𝗧𝗲𝗼́𝗳𝗶𝗹𝗼 𝗱𝗲 𝗔𝗻𝘁𝗶𝗼𝗾𝘂𝗶́𝗮 (120-183 D C.) dijo que la creación recibió el castigo de la muerte física, no la muerte eterna, ni la incapacidad total [Apología a Autólico, 2.17.] El bondadoso Dios del cristianismo provee incluso para Adán en su estado caído, la oportunidad de arrepentimiento y confesión [Apología a Autólico, 2.26.] Teófilo, exhorta a que los cristianos venzan el pecado por el residuo de libertad de elección que tienen [Apología a Autólico, 1.2 y 1.7.] Teófilo de Antioquía (s. II): considera que “el mal no nace en el hombre hasta que la voluntad se pervierte”.


Por tanto, el argumento calvinista cae en una falacia de non sequitur. El infante pecará cuando crezca y alcance la edad de responsabilidad, y ahí es cuando muere espiritualmente (Romanos 6:23). No antes de la edad de discernimiento. Por eso Pablo dice que “por un tiempo estuve vivo” en referencia a su infancia, cuando no conocía la ley (Lea Romanos 5:13; 7:9 y Santiago 4:17), y por eso el salmista también dice: “se apartaron” o “se descarriaron” (58:3), lo cual requiere un cambio de estado de inocente a pecador. Esto explica por qué Jesús usa la expresión nacer de nuevo y que hay que ser como niños para poder entrar en el reino de los cielos, en el sentido de volver a ese estado de inocencia que tienen los infantes.                   
                   

 Sí, porque ni Dios ni el sistema de justicia condenarían a una persona inocente. Eso violaría principios básicos del orden jurídico, que se basa en la Escritura (Romanos 5:13). Se condena a las personas por sus actos y no por su naturaleza. Por tanto, para Dios y para cualquier estructura judicial, eso sería injusto.

Amigo, lo tienes todo al revés: según el contexto de 1 Corintios 7:14, no es Pablo sino algunos cristianos en Corinto los que pensaban que en un matrimonio mixto (un creyente casado con un incrédulo) debía separarse porque el cónyuge incrédulo “contaminaba” la familia. Sin embargo, Pablo responde que el cónyuge incrédulo y los hijos son “santificados” (ἡγίασται) en el sentido relacional. Si no fuera así, los hijos serían considerados “inmundos” (ἀκάθαρτα). Pero ahora son “santos” (ἅγια). Por tanto, el matrimonio sigue siendo válido. Ese es el punto de Pablo, nada que ver con una culpabilidad heredada o depravación total.

                  La doctrina de la sucesión o hijos dentro del pacto o la teología práctica del pacto usan este pasaje en una declaración teológica producida por el Sínodo de Dort (1618-19), que dio origen al (infame) acrónimo TULIP. El Canon 1.17 afirma que “los hijos de los creyentes son santos, no por naturaleza, sino en virtud del pacto de gracia” y añade que “los padres piadosos no deben dudar de la elección y la salvación de sus hijos a quienes Dios se complace en llamar de esta vida en su infancia”. En otras palabras, los hijos de los creyentes son creyentes debido al pacto, y cualquiera que muera estará en el cielo gracias al pacto. Al final de esta declaración, se citan los siguientes versículos como respaldo bíblico: Génesis 17:7, Hechos 2:39 y 1 Corintios 7:14. Pero la doctrina de la sucesión por pacto es inadecuada porque introduce una perspectiva extrabíblica en su interpretación de la Biblia y la suposición errónea de que los hijos de los creyentes son creyentes por su condición dentro del pacto. 
                   Por ejemplo y en primer lugar, una de las principales dificultades con la perspectiva del pacto/salvación es que, si se entiende cada aparición de las palabras “santificado” y “santo” como referencias a la salvación, entonces la coherencia exige que tanto el cónyuge no creyente como los hijos mencionados en 1 Corintios 7:14 sean incluidos en el pacto y considerados creyentes. ¿Por qué la obra santificadora de Dios dentro del pacto salvaría al niño, pero no al cónyuge? Su hermenéutica es inconsistente porque no considera cristiano al cónyuge no creyente, a diferencia de los hijos (Malone, The Baptism of Disciples Alone, 143).
                  En segundo lugar, Pablo no quiso decir que estos hijos “santos” fueran creyentes o parte del pacto pues según el contexto del versículo 16, se concluye que el cónyuge y los hijos no creyentes en cuestión no recibirían la salvación, pero sí serían receptores de las bendiciones de Dios debido a su relación familiar con el creyente. ¿Qué tipo de bendición estaba disponible para el cónyuge no creyente? Una de esas bendiciones es que un cristiano casado con un no cristiano debe permanecer comprometido con su cónyuge basándose en la sólida esperanza de su conversión. Además de las bendiciones que un cónyuge no creyente y un hijo en ese hogar recibirían bajo el cuidado de un padre creyente, se manifiesta la obra de Cristo en el matrimonio. En lugar de que el no creyente contamine al creyente con el pecado, como ocurría en el Antiguo Testamento, la santidad del creyente ahora santifica al no creyente (Malone, The Baptism of Disciples Alone, 144). En fin, el análisis anterior indica que los bebés que crecen en un hogar con uno o más padres creyentes disfrutan de una vida marcada por una «consagración» por parte de Dios, gracias a su relación con el padre o la madre creyente. Estas bendiciones no se mencionan explícitamente, pero podrían incluir la oportunidad de escuchar y responder al evangelio desde temprana edad, protección contra el pecado desenfrenado y otros beneficios derivados de crecer en un hogar donde se teme a Dios y se respeta su Palabra.
                              Mientes, pues así lo traducen varias versiones de la Biblia tanto antiguas como modernas en inglés como en español y en otros idiomas. Acá unos ejemplos:

NTV Amados hermanos, no sean infantiles en su comprensión de estas cosas. Sean inocentes como bebés en cuanto a la maldad pero maduros en la comprensión de asuntos como estos.

PDT Hermanos, no piensen como niños. Sin embargo, en cuanto a la maldad sean inocentes como bebés; y en su modo de pensar sean adultos maduros.

BLP Hermanos, no os comportéis como niños al razonar. Tened, sí, la inocencia del niño en lo que atañe al mal; pero, en cuanto a vuestros razonamientos, sed personas hechas y derechas.

BLPH Hermanos, no se comporten como niños al razonar. Tengan, sí, la inocencia del niño en lo que atañe al mal

TLA Hermanos en Cristo, sean inocentes como niños, pero no piensen como niños. Piensen como personas maduras.

Y muchas otras.

https://www.biblegateway.com/verse/es/1%20Corintios%2014%3A20

                 
¿Enseña 1 Corintios 14:20 que los infantes son inocentes? En algunas versiones de la Biblia no dice explícitamente que los infantes sean inocentes, pero sí usa a los niños como símbolo de inocencia moral o falta de malicia, lo cual muchos intérpretes han entendido como una afirmación implícita sobre su condición moral. En otras palabras, la comparación y el punto clave que el apóstol Pablo hace aquí es que seamos “niños en la malicia” (kakia en griego = maldad moral e intención perversa) lo que significa sin malicia deliberada, sin intención pecaminosa consciente y sin corrupción moral desarrollada. Esto implica que los niños no poseen malicia moral consciente, lo cual es consistente con Deuteronomio 1:39 donde dice “no sabían hoy lo bueno ni lo malo” (Vea también Isaías 7:16 y Jonás 4:11 donde dice que los "niños que “no saben distinguir entre su derecha y su izquierda”. Todo esto apoya fuertemente la idea bíblica de una edad de responsabilidad. Por eso Jesús usa a los niños como ejemplo del reino (Mateo 18:3–5).

El teólogo prereformado y uno de los principales líderes anabautistas, Balthasar Hubmaier (c. 1480–1528) también usó 1 Corintios 14:20 y Deuteronomio 1:39 para refutar a los reformados magisteriales que creían en el pedobautismo y así demostrar que los infantes son inocentes en el sentido de que no saben diferenciar entre el bien y el mal (Balthasar Hubmaier, Pipkin and Yoder, Theologian of Anabaptism, p. 119). Esto no significa que no tengan una naturaleza caída o que no necesitan redención corporal (Romanos 8:22-23) sino que no poseen malicia consciente o deliberada, ni actúan con intención moral perversa y que por eso son modelo positivo de inocencia relacional, no de madurez intelectual. Por tanto, los infantes son inocentes porque el pecado requiere conocimiento y voluntad y no pueden creer ni rechazar conscientemente (Juan 3:36). Tanto la fe, el pecado y la responsabilidad moral requieren de actos voluntarios y propios, de una madurez consciente y de un dessarrollo cognitivo las cualkes los infantes no poseen. Eso es exactamente lo que Hubmaier defendía (En On the Christian Baptism of Believers, 1525). Por tanto, la lógica y principio moral en la Biblia es muy clara: “Dios no juzga donde no hay conocimiento ni voluntad.” Esta es la razón por la que algunas versiones de la Biblia tanto antiguas como modernas usan la frase "inocentes como bebés" en 1 Corintios 14:20.

Además, el apóstol Pablo no es el único que llama "inocentes" a los infantes sino también David en Salmo 106:37–38 (NVI, LBA, RVC, La Biblia Hispanoamericana y Biblia de Jerusalén), y Jeremías en Jeremías 19:4–5. Todo esto también es consistente con la historia patrística pues los Padres preagustinianos de la Iglesia como Tertuliano, Ireneo de Lyon, Juan Crisóstomo, los arminianos clásicos, wesleyanos, los Bautistas tradicionales que son provisionistas, muchos pentecostales y otros grupos evangélicos quiene stambién los llama "inocentes". De hecho, esto los Padres de la Iglesia preagustinianos lo decían para refutar a los viejos herejes maniqueos y valentinianos quienes eran los que sostenían una culpabilidad heredada y la condenación de infantes. No fue hasta el siglo 5 donde el filósofo católico, Agustin de Hipona, quien no sabía griego y leyó una mala traducción al latín de Romanos 5 que empezó a enseñar que los infantes también heredan la culpa del pecado de Adán lo cual era completamente desconocido para la iglesia primitiva y para la antropología hebraica de los antiguos judíos. Este hecho histórico es reconocido por varios eruditos incluso por académicos calvinistas.
          Una cosa es heredar la naturaleza caída y corrupta de Adán y otra la llamada culpabilidad heredada. La primera es bíblica y también tiene sustento en la historia patrística antenicena pero no la segunda, sino que fue una añadidura que el filósofo católico, Agustín de Hipona, hizo en el pecado original durante el siglo 5 y en base de una mala traducción que leyó en latín.
              Así como todos los infantes en la época de Noe murieron en el diluvio universal los hijos de los cananeos también murieron como consecuencia histórica del juicio sobre una cultura corrupta y pecaminosa de sus padres. Igual que niños mueren hoy en guerras, terremotos o hambrunas.  Lo mismo se puede decir de otros versículos que describen al Señor castigando la iniquidad de los padres en los hijos (como Éxodo 20:5-6; 34:7; Números 14:18; y Deuteronomio 5:9). Al igual que el caso de David, todos estos tienen que ver con “las consecuencias del pecado que se transmiten a largo plazo del pecado” las generaciones siguientes. (Campbell, 2 Samuel, 118–19). Nada que ver con una culpabilidad o muerte espiritual heredada ya que eso contradeciría otros pasajes como Ezequiel 18:1-4, 20 y Deuteronomio 24:16 donde se enseña que cada persona es responsable de sus propios actos. Como dice el erudito biblico, Kenneth C. Philbeck, “David reconoció que había sido responsable de la desgracia que cayó sobre otros” y que David “no pudo detener las consecuencias de sus actos”. Así, la Biblia enseña, dice Philbeck, que si bien los individuos son responsables ante Dios por sus propios pecados, también se ven afectados por las consecuencias de los pecados de otros. (Philbeck, “1–2 Samuel,” 8–9.) Sin embargo, el punto clave aquí es que la muerte física no es lo mismo a muerte espiritual o condenación eterna y que consecuencia tampoco equivale a culpabilidad. La Biblia nunca dice que esos niños fueran al infierno lo cual contradeciría las mismas palabras de Jesús que "de los tales" es el reino de Dios (Mateo 19:14). 

Romanos 7:17 no habla de infantes sino en el versículo 9 de ese mismo capítulo donde el apóstol Pablo explica que, “Y en un tiempo yo vivía sin la ley, pero al venir el mandamiento, el pecado revivió, y yo morí;” (Romanos 7:9). ¿Qué tiempo fue ese en la que Pablo vivía sin estar muerto en sus pecados? No puede referirse durante su vida cristiana a menos que se refiere durante el tiempo de su infancia donde no hay ley en el vientre de una madre lo cual tiene más sentido ya que como dice Santiago, “al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.” (Santiago 4:17) lo que implica que el que no sabe hacer lo bueno como es el caso de un infante “donde no hay ley, no se le inculpa de pecado.” (Romanos 5:13). De nuevo, ¿qué ley hay en el vientre de una mujer? ¿Qué pecado comete un infante en el vientre de su madre? Ninguno porque el niño no nato no sabe de leyes. Por ende, no se le puede inculpar de pecado y por eso Pablo dice en Romanos 9:11 que los infantes no hacen mal (no pecan). Un ejemplo bíblico de esto lo tenemos de nuestros primeros padres quienes tenían un estado de inocencia y estaban espiritualmente vivos hasta el día que pecaron. En ese mismo día de la Caída no solo perdieron su inocencia, sino que también murieron espiritualmente (Génesis 2:17). Lo mismo sucede con nosotros desde que nacemos (Romanos 7:9 y Salmos 106:37) y de la cual llega un tiempo en que todos pecamos (Salmo 14; Salmo 58:3 y Romanos 3:12).

Además, la misma Encarnación de Cristo refuta la Total Depravación. La idea de que la carne es tan corrupta, mala y totalmente depravada que todo ser humano nace pecador y sin importar la edad que tenga es una creencia que vino de los gnósticos que los Padres preagustinos como Orígenes, Ireneo, Justino Mártir, Juan Crisóstomo y otros refutaron hace más de mil años atrás. Pero no solo eso, según la Total Depravación nuestra naturaleza humana la cual viene de la simiente de Adán está corrupta antes de nacer y desde la misma concepción. Sin embargo, decir que todo hombre nace pecador es llamar a Jesús pecador e hijo de la ira también puesto Jesús también era 100% Hombre. A menos que nieguen su verdadera naturaleza humana como hicieron los gnósticos.
               La respuesta obvia es que lo aborreció en el mismo sentido que Jesús manda a sus seguidores a aborrecer a sus parientes si queremos ser discípulos de Cristo en Lucas 14:26. ¿Acaso eso significa eso que tenemos que odiar a nuestro “padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas”? Claro que no pues la palabra se refiere a preferencia o a estimar menos. En otras palabras, se refiere a que amamos menos a nuestra familia que a Dios porque Dios debe ser primero en nuestras vidas (Mateo 22:36-40). Por lo tanto, el “aborrecer” que se habla en Romanos 9:13 y Lucas 14:26 no se refiere a sentir un odio de rencor, disgusto, desagrado o algo negativo contra otra persona sino a preferir a alguien por encima de otro. A eso se refiere Romanos 9:13. No a que Dios odiaba a Esaú pues como dice Romanos 5:8 Dios ama al pecador, sino que, así como Dios llama a algunos cristianos al servicio del pastoreado y a otros cristianos no sin que eso signifique que los desprecia de la misma manera Dios llamó a Jacob para el servicio y no a Esaú. Por eso Romanos 9:12 dice que “el mayor servirá al menor”.
              Además de que Génesis 25:23 se habla de dos naciones y no que Dios eligió incondicionalmente a Jacob para ir al cielo y a Esaú para ir al infierno antes de que nacieran como tampoco se habla de salvación sino de servir según el contexto (Génesis 25:19-34 y 27:1-40). Lo mismo con Isaías 42:1-4 donde se intercambia “Israel mi elegido” con “Jacob mi siervo” lo cual nuevamente da entender que la elección que se habla en Romanos 9 no tiene nada que ver con salvación sino con “servir” (Vea Romanos 9:11-12).

Colosenses 2:13 dice, “estabais muertos en SUS pecados” y no “tu naciste muerto en el pecado de Adán” o que “fuimos formado impíamente en el vientre.” El calvinista dirá, que somos culpables no solo por el pecado de Adán sino también por los nuestros. Sin embargo, el apóstol Pablo dijo, “Y en un tiempo yo vivía sin la ley, pero al venir el mandamiento, el pecado revivió, y yo morí;” (Romanos 7:9). ¿Qué tiempo fue ese en la que Pablo vivía sin estar muerto en sus pecados? No puede referirse después de su conversión y mucho menos antes de ser cristianos a menos que se refiere durante el tiempo de su infancia donde no hay ley en el vientre de una madre lo cual tiene más sentido ya que como dice Santiago, “al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.” (Santiago 4:17) lo que implica que el que no sabe hacer lo bueno como es el caso de un infante “no se le inculpa de pecado.” (Romanos 5:13).
                ¡Este texto está sacado fuera de su contexto para enseñar la falsa doctrina que los niños nacen pecadores y condenados y bajo la ira de Dios! Para los calvinistas, Dios juzga y culpa a todas las personas (incluyendo a los bebés) de su naturaleza pecaminosa, y no solo de sus acciones pecaminosas. Pero ¿es la culpabilidad infantil el significado original de Efesios 2:3 o una reinterpretación o una presuposición calvinista que se ha impuesto en el texto? 

             En primer lugar, Efesios 2 dice, “muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales…” ¿naciste? No, eso no es lo que dice el texto sino “en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos”. Esto no parece describir a un infante porque los infantes no saben la diferencia entre el bien y el mal para poder desobedecer como tampoco pueden cometer pecados personales, voluntarios y conscientes. Por tanto, según el contexto aquí se habla de personas “en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo” (2:2) y “entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos” (2:3) lo que también da entender que aquí no se está hablando o describiendo infantes sino a personas adultas que han llegado a una edad de responsabilidad. Este esquema también se centra en las acciones pecaminosas de las personas en lugar de en su naturaleza pecaminosa. 

                 Además, ¿cómo Jesucristo le da “vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados”? (Efesios 2:1). Colosenses 2:12 nos da la respuesta diciendo, “en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos.” Y la fe (creer o confianza) en Cristo es algo que un infante no puede hacer sino una persona con suficiente madurez. Por tanto, aquí la palabra "naturaleza" en Efesios 2:3 no hace referencia al nacimiento de niños de ninguna manera sino al carácter de los hombres años después de su nacimiento. 

                  En cuanto a la expresión “hijos de ira” ¿a qué clase de personas se refiere el pasaje cuando habla de “hijos de ira”? Dicha expresión también es un modismo semítico (hebreo) que se usa para referirse a personas incrédulas y caracterizadas por una conducta pecaminosa, no para describir infantes y así lo demuestra el mismo contexto al igual que otros pasajes de las Escrituras como Juan 3:36 y Romanos 1:18-32 donde dice que la ira de Dios no se revela contra la naturaleza pecaminosa de la humanidad sino en contra de sus acciones voluntarias de transgresión, incredulidad y desobediencia lo cual también excluiría a los infantes ya que no pueden hacer tales cosas (Hoehner, Ephesians, 309–324). Por ejemplo, en el versículo 18 dice contra “la impiedad y la injusticia de los hombres que con su injusticia reprimen la verdad” (v. 18), al no honrar ni dar gracias a Dios (v. 21), al pretender ser sabios (v. 22) pero eligiendo la idolatría (vv. 23-25), y la homosexualidad (vv. 26-27). En otras palabras, el significado de Efesios 2:3 es para recordar a los creyentes qué tipo de personas adultas eran antes de convertirse y no sobre su condición espiritual cuando eran bebés. Sin olvidar que en todo el pasaje de Efesios 2 se usa verbos de acción consciente lo que excluye a los infantes, que no “andan”, no “siguen deseos” ni “practican” rebelión. El Antiguo Testamento también usa este mismo patrón en Deuteronomio 13:13 donde se describe a hombres perversos como "hijos de Belial” y en 1 Samuel 2:12 donde también se describen a hijos adultos y corruptos de Elí como "hijos de Belial”. Por tanto, la descripción que se da en Efesios 2 no encaja ni aplica para un infante sino cuando crece y se aparta del estado o condición inocente que tenía antes de pecar cuando llegó a la edad de responsabilidad. En otras palabras, el hombre nace con una naturaleza corrupta y depravada la cual hereda de Adán (Génesis 5:3), pero no es culpable del pecado de Adán o de sus padres sino de sus propios pecados cuando crece y llega a la edad de discernimiento (Ezequiel 18:2-4, 17-20; 2 Crónicas 25:4 y Deuteronomio 24:16; Romanos 5:13; 7:9; 14:12 y Santiago 4:17).                  

                    De hecho, el pastor reformado y erudito suizo en teología, el Dr. Markus Barth, quien también fue hijo del famoso teólogo protestante, Karl Barth, confirma esto en su comentario al escribir: «Efesios 2:3 ciertamente no se refiere a niños, sino que Pablo aquí habla de adultos…la frase, “Hijos de ira” es una expresión semítica que se refiere a hombres condenados y malditos, no a bebés». (Barth, Ephesians 1–3, 231). Otros académicos como Hoehner y Webb también interpretan Efesios 2:3 de esta misma manera. Lo mismo se puede decir de 1 Corintios 6:9-10 en donde se excluye a los infantes de este juicio (Nash, When a Baby Dies, 60–61). En fin, la comprensión de Pablo sobre las circunstancias de la ira de Dios, combinada con el contexto de Efesios 2:3, favorece la perspectiva de que el juicio proviene de las acciones pecaminosas y no de una naturaleza pecaminosa. Dado que los infantes son incapaces de cometer acciones pecaminosas, no están sujetos al juicio ni a la ira de Dios.

Apocalipsis 20:12 no tiene nada que ver con Mateo 19:13-14 y Mateo 19:13 te da la respuesta con respecto a lo de "Y no se lo impidáis". Los discípulos no querían que los niños vinieran a Cristo. Por eso Jesús dijo no se lo impidáis porque Dios no hace acepción de personas y menos con los niños por quienes tiene un amor especial. En ninguna parte del contexto vemos una diferenciación entre infantes elegidos e infantes no elegidos, como enseña la doctrina calvinista, sino que Jesús habla de manera general. Asumir que Dios no quiere recibir a algunos niños en su presencia equivale a adoptar la misma actitud equivocada que tenían los discípulos de Cristo en ese momento.
                   En cuanto a Apocalipsis 20:12, nunca he visto un feto de pie y además, tanto el versiculo 12 y 13 dice que "fueron juzgados cada uno según sus obras." Prgunta, ¿qué ley de Dios puede violar un infante? ¿Adulterio, mentir, fornicación, idolatría, borrachera? Un bebé no puede cometer tales obras pecaminosas, por ende ¿cómo se les va juzgar y condenar por eso? Hasta el propio Pablo dijo que los infantes no hacen ningún mal en Romanos 9:11. Además, este pasaje no habla de edad, sino de posición social o categoría humana. Por tanto, lo de “chicos y grandes” es solo un modismo semítico que no se centra en la edad, sino en la universalidad. Sin olvidar que tampoco tendría sentido, a la luz de la Biblia y la lógica, juzgar y condenar a un recién nacido que no sabe nada (Lea Romanos 9:11). Ni siquiera en la ley jurídica (tanto antigua como moderna) se juzga a un niño igual que a un adulto, porque la responsabilidad penal requiere capacidad moral y cognitiva. Este principio es precisamente el que rompe con la doctrina de la culpabilidad heredada. Además, el pasaje dice que estaban "de pie ante Dios". ¿Acaso un infante recién nacido puede ponerse de pie? No, por ende, aquí se habla de adultos que son juzgados según sus propios pecados personales, conscientes y voluntarios, lo cual un bebé no puede hacer.
           Siguiendo esa lógica entonces todos los millones de infantes que murieron en el diluvio universal que Dios envió en el tiempo de Noé fueron condenados al infierno. Eso no solo sería mal representar al Dios de la Biblia el cual siente un amor especial por los niños como un dios cruel e injusto sino caer en una falacia non sequitur porque el que Dios mate a una persona no significa necesariamente que esa persona irá al infierno. Por ejemplo, Dios puede matar físicamente a un cristiano, pero eso no significa que su alma irá al infierno (1 Corintios 5:5; 11:30 y 1 Juan 5:16-17). La Biblia también te da otro ejemplo de esto con el mismo hijo recién nacido de David quien murió en su infancia víctima de las consecuencias del pecado de su padre en 2 Samuel 12. Mas sin embargo, no fue condenado porque según los versículos 22 y 23, la Biblia registra que David dijo: “Viviendo aún el niño, yo ayunaba y lloraba, diciendo: ¿Quién sabe si Dios tendrá compasión de mí, y vivirá el niño? Mas ahora que ha muerto, ¿para qué he de ayunar? ¿Podré yo hacerle volver? Yo voy a él, mas él no volverá a mí”. Es claro que el hijo muerto de David no regresaría a esta Tierra, pero David también dijo que un día, él estaría con su hijo “en la casa de Jehová” (Salmos 23:6).
          ¿Qué enseña todo esto? Que todos los niños que murieron en el mundo inundado y que mueren físicamente de otra manera (como en un accidente automovilístico por un conductor ebrio) no son responsables o culpables de pecado sino victimas en el sentido de que experimentan las consecuencias de un mundo caído (Ezequiel 18:2-4, 17-20; 2 Crónicas 25:4 y Deuteronomio 24:16). Una ilustración de esto es cuando los padres de un infante son drogadictos o alcohólicos los cuales pueden afectar a su hijo lo que ellos han hecho pero eso no convierte al niño en culpable de lo que ellos hicieron. Son ellos los que pueden meterse en problemas con la ley, no el niño. ¿Por qué? Porque es “El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él,” (Ezequiel 18:2-4, 17-20; 2 Crónicas 25:4 y Deuteronomio 24:16). ¿Ves la diferencia? Lo mismo con Adán. “Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos.” (Romanos 11:32). En otras palabras, Dios muestra su amor y misericordia solo cuando comemos de ese árbol y estamos fuera del árbol, o sea, primero Dios permite que experimentemos ese mal para demostrar su amor con nosotros.

En realidad lo llamaban "pecado original" y era la postura de TODOS los Padres más antiguos de la iglesia primitiva antes de Agustín. Por tanto, dicha afirmación gratuita apela a un revisionismo histórico puesto que esa era la ortodoxia (correcta y verdadera) no solo de la iglesia del este sino también del oeste, no solo de la iglesia oriental sino también de la iglesia occidental tanto de la escuela de Antioquía como de la escuela de Alejandría antes de Agustín de Hipona. En otras palabras, esa era el Consenso Unánime de TODOS los Padres de la iglesia (unanimem consensum Patrum) antes de Agustín como lo demuestra los mismos escritos de Justino Mártir (160), Melitón de Sardes (170), Teófilo de Antioquia (180), Ireneo de Lyon (180), Clemente de Alejandría (195), Juan Crisóstomo, Tertuliano y hasta Agustín lo creía al principio hasta que luego cambio de doctrina y fue criticado por otros Padres como Juan Crisóstomo y Juan Casiano y Jerónimo por alejarse de la ortodoxia de la iglesia. Hasta eruditos calvinistas admiten este hecho histórico. Por eso la iglesia ortodoxa, los Anabaptistas (nuestros antepasados Bautistas) y algunos reformados protestantes como Ulrico Zuinglio también sostuvieron lo mismo, es decir, que el pecado original solo se refiere a que heredamos la naturaleza caída de Adán y sus consecuencias como la mortalidad pero no la culpabilidad (Romanos 5). La Biblia tampoco dice que las consecuencias del pecado original también incluían la culpa por lo que Adán, nuestros padres o abuelos hicieron (Génesis 3). Al contrario, Ezequiel 18:20 y otros pasajes indican que no rendiremos cuenta por los pecados de otros sino por los nuestros (2 Corintios 5:10-11).
             Por tanto, creemos en el pecado original (o la Caída) en el sentido de que todos nacemos con una tendencia al pecado o naturaleza depravada heredada de Adán como creian los primeros cristianos antes de Agustín y Pelagio. No totalmente depravada como enseñaba Agustín y Calvino. En otras palabras, estamos de acuerdo de que la Caída trajo maldición y afectó a toda la creación incluyendo a los infantes y por eso heredamos esa naturaleza, pero un bebé no es culpable de pecados puesto que no saben lo que hacen y por ende no son condenados si mueren en su infancia. De hecho, así funciona también la ley humana, si eres un adulto el sistema de justicia te juzga como un adulto, si eres menor de edad te juzgar como un menor de edad y si eres una persona autista o mentalmente incompetente entonces no se te puede juzgar a menos que recupere la capacidad mental. La enfermedad mental también puede dar lugar a una sentencia de "no culpable por razón de locura". La iglesia temprana también decía que la gente discapacitada con problemas mentales seguía en un estado infantil y por ende no estaban bajo juicio por no tener la capacidad mental de entender la diferencia entre el bien y el mal.
             Para dar un ejemplo en el cual un infante murió en la Biblia, y en el cual su destino eterno es registrado podemos ir a 2 Samuel 12, el hijo recién nacido del Rey David cayó enfermo gravemente. Después de siete días, el niño murió. En los versículos 22 y 23, la Biblia registra que David dijo: “Viviendo aún el niño, yo ayunaba y lloraba, diciendo: ¿Quién sabe si Dios tendrá compasión de mí, y vivirá el niño? Mas ahora que ha muerto, ¿para qué he de ayunar? ¿Podré yo hacerle volver? Yo voy a él, mas él no volverá a mí”. Es claro que el hijo muerto de David no regresaría a esta Tierra, pero David también dijo que un día, él estaría con su hijo “en la casa de Jehová” (Salmos 23:6). ¿Cómo David sabía que su hijo el cual fue concebido en pecado era uno de los elegidos si eso nadie lo sabe según el TULIP calvinista? Porque sabía que su hijo no era culpable del pecado de adulterio de sus padres (David y Betsabé) y porque eso era lo que creían tanto los antiguos judíos y la iglesia primitiva (Ezequiel 18:2-4, 17-20; 2 Crónicas 25:4 y Deuteronomio 24:16). Por tanto, podemos concluir que “la casa de Jehová” sería el destino eterno de su bebé a quien David un día iría. El Rey David esperaba el día en que se reuniría con su hijo en el cielo. Absolutamente nada en este contexto habla de infantes elegidos ni insinúa que el alma del bebé muerto iría o tendría la posibilidad de ir al infierno.

La Biblia no da una edad, sino que solo dice que cuando saben diferenciar entre el bien y el mal y pueden entender el evangelio de Cristo (Jonás 4:11; Deuteronomio 1:39 e Isaías 7:16). Supongo que la razón se debe a que no todo el mundo tiene el mismo nivel intelectual.

Pues, gracias a Dios, sin embargo, si no piensas así, entonces estás siendo inconsistente con tu propia tradición de hombre, pues, según el calvinismo histórico y clásico, hay infantes elegidos, lo que implica que hay infantes que no son elegidos y que, si mueren en su infancia, son condenados al infierno de fuego por el Dios calvinista. Por tanto, aquí vemos como los mismos calvinistas se contradicen entre ellos mismos.

No. De hecho, la herejía de la culpabilidad heredada del filósofo católico, Agustín de Hipona, fue lo que condujo a esa herejía (bautismo infantil regeneracional) puesto que el bautismo en agua no salva sino la fe en Cristo, y porque la Biblia no habla de un bautismo infantil, sino de creyentes. Todos los niños que mueren en su infancia van al cielo puesto que son inocentes, no son culpables del pecado de Adán o de sus padres y porque no saben la diferencia entre el bien y el mal.

           Apelar a la emoción no siempre es falaz puesto que el mismo argumento lo usamos cuando usamos imágenes para ilustrar lo horrible que es el aborto. Lo mismo se puede decir de esta doctrina de la condenación de infantes la cual es peor que el aborto y tan horrible que hasta muchos calvinistas no creen en este tipo de doctrina agustiniana. Con respecto a que hubo niños que murieron en un juicio divino en el Antiguo Testamento eso no implica que tales niños fueron al infierno (falacia non sequitur) o ¿acaso todos los niños que murieron en el diluvio universal fueron al infierno? En otras palabras, hay una diferencia entre terminar una vida y mandar a alguien a la condenación eterna. Tales niños murieron porque fueron afectados por un mundo caído no porque Dios los odiaba o porque eran culpables de pecado. Asumir tal cosa es cometer una falacia que no se sigue. Por ejemplo, así como un infante en el vientre de su madre puede ser afectado o abortado si su madre consume alcohol, eso no significa que el niño es culpable del pecado de su madre. De esa misma manera el que un niño haya muerto en un mundo inundado tampoco significa que él tuvo la culpa del pecado de sus padres prediluvianos y que por ende también va ir al infierno. De hecho, David refuta este argumento pues en 2 Samuel 12 enseña que Dios le quitó la vida de su hijo sin embargo en los versículos 22 al 23 David no dice que por ende fue al infierno. Al contrario, dice que se ira al cielo para reunirse con su hijo porque lo considera inocente y culpable del pecado de sus padres (Ezequiel 18:2-4, 17-20; 2 Crónicas 25:4 y Deuteronomio 24:16).

No, porque el fin no justifica los medios y, puesto que matar es un pecado (Éxodo 20:13) y solo Dios tiene el derecho de quitar la vida, no es correcto abortar para que un infante vaya al cielo.                 

Ni los hijos de los impíos ni los hijos de los justos van al infierno porque su estado espiritual no depende del estado espiritual de sus padres sino que van al cielo simplemente porque no tienen la capacidad y la madurez de creer (Deuteronomio 1:39). Además de que negar el infierno como un "lugar de tormento" (Lucas 16) es negar las palabras de Cristo y puede conducir a otros errores como la negación de la inmortalidad del alma. Ni la idea de que hay niños en el infierno o en el limbo ni la idea de que el infierno es solo un estado de consciencia es bíblico ni sostenido por la mayoría de los Padres preagustinos ni por los primeros reformados (Apocalipsis 14:11; Mateo 25:46 y Lucas 16:19-31).
            Acudir al tema del bautismo infantil regeneracional no solo es una cometer una falacia de arenque rojo (salirse fuera de tema) sino que ignora que antes de Agustin la iglesia no creía en el bautismo infantil regeneración la cual ni siquiera tiene base bíblica y porque antes de Agustín todos los Padres de la Iglesia creia en la inocencia de los niños. A menos que quieran torcer los escritos patrísticos tambien como hacen los católicos romanos para tratar de justificar su bautismo infantil. Al contrario, la historia cristiana como el autor de la Didaché y Tertuliano refutaron esa creencia lo que demuestra que no había un consenso antes de Agustín a favor del bautismo infantil regeneracional sin embargo sí hubo un Consenso Unánime de los Padres de la iglesia (unanimem consensum Patrum) antes de Agustín a favor del pecado ancestral lo cual era la versión original del pecado original. Así lo demuestra los mismos escritos de Orígenes, Tertuliano, Ireneo y Justino Mártir y hasta Agustín lo creía al principio hasta que luego cambio de doctrina y fue criticado por otros Padres como Juan Crisóstomo y Juan Casiano y Jerónimo por alejarse de la ortodoxia de la iglesia. De hecho, la doctrina tardía del bautismo infantil regeneracional surgió como resultado de la doctrina de la total depravación y como propuesta de Agustin para salvar a los infantes de la culpabilidad del pecado de Adán lo que muestra cómo una herejía conduce a otra herejía.
             Una cosa es nacer con las consecuencias del pecado (muerte física, naturaleza caída, inclinación al mal, etc) y otra ser culpable de pecado. Asumir que una cosa conduce a la otra es apelar a una falacia non sequitur. Además, eso contradice la Biblia la cual muestra que los hijos no heredan los pecados de sus padres y que cada quien es responsable de sus propios pecados (Ezequiel 18:20), contradice la lógica pues no tiene sentido decir que una persona es culpable de un crimen que no cometió y tercero es anacrónico porque según la antropología hebraica y cristiana (antes de Agustín) nadie creía eso.

Peor todavía, o sea, no somos culpables de los pecados de nuestros padres o abuelos, ¿pero sí por el fruto prohibido que se comió una pareja hace miles de años? Eso es irracional, antibíblico e ilógico.

                   La Biblia no dice eso en español ni en el griego original. Romanos 5:12 declara, "por cuanto todos pecaron." No dice, que “Todos pecaron en Adán, y en él fueron condenados.” (De peccatorum meritis et remissione, I, 9). La expresión, "En Adán todos pecaron" viene de una lectura de Agustín de Hipona, quien no sabía griego, y de una mala traducción latina que leyó para luego reinterpretarla para apoyar su doctrina de la culpabilidad heredada. Pero en el original griego no dice eso, y dicha lectura tampoco fue compartida por los Padres preagustinos de la iglesia primitiva, que vieron el pecado original como una corrupción ontológica, no culpa jurídica. Sin embargo, Romanos 5:14 enseña que los descendientes de Adán no pecaron en él: "…los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán." El hecho de que Pablo dice que habían hombres que "no pecaron a la manera de la transgresión de Adán," muestra que Pablo no consideraba el pecado de Adán ser el pecado de ellos. Pero no solo eso, Pablo también habla de dos niños en Romanos 9:11, quienes todavía estando en el vientre de su madre, no tenían ni un solo pecado: "Pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal." Estos textos también demuestran que Pablo no enseñó la doctrina de que los hombres nacen pecadores. Al contrario, asumir tal cosa seria caer en anacronismos puesto que la antropología agustiniana era completamente desconocida para la iglesia primitiva. Además, el mismo Jesús dijo que el reino de Dios es de los tales en Mateo y hasta se comparó con los niños, lo cual no tendría sentido si, en vez de inocentes, fueran unos pequeños depravados y pecadores.

Lo que es anacrónico es decir que los infantes son culpables de los pecados de Adán y, por ende, merecedores de ir al infierno de fuego, pues ni David ni Pablo ni la patrística preagustina lo enseñan, sino todo lo contrario (véase Salmos 139:14-16; 106:34-39 y Romanos 9:11). En fin, más Biblia y menos literatura deformada.

                  Me gusta el del Dr. David Bercot, titulado The Historic Faith Commentary Series: Romans, How Romans was Understood Before Augustine and Luther, pero está en inglés. Desde la perspectiva arminiana, el Dr. Roger Olson ha escrito bastante material sobre el tema en sus libros teológicos, al igual que el teólogo arminiano, el Dr. Carlos Murr, juntamente con el teólogo provisionista, el Dr. Ken Wilson. Libros sobre la condenación de los infantes son: "Born Guilty", "The Spiritual Condition of Infants" y "Infants and Children in the Church: Five Views on Theology and Ministry", del Dr. Adam Harwood (Ph.D.). El Dr. Leighton Flowers lo habla en su canal de Soteriology 101, al igual que Warren McGrew, que también habla mucho de este tema en su canal de Idol Killer. 
                  Al contrario, la Biblia es clara al enseñar que Dios no condena ni envía a los bebés al infierno y que eso sería un ataque a su carácter, que es benigno, de amor y justo (Deuteronomio 1:39 y Mateo 19:14). Por tanto, asumir hasta dicha posibilidad no es solo blasfemia ya que ataca el caracter de Dios sino no reconocer su soberana e infalible Palabra. Por alguna buena razón, John Wesley dijo que el dios calvinista es peor que el propio diablo. En fin, la soberanía de Dios no tiene nada que ver con el determinismo ni con la causalidad, y mucho menos con la condenación de infantes.
                Sean ateos o creyentes, la condición espiritual de los infantes no depende de la condición espiritual de sus padres. Ya cuando crescan y llegan a la edad de responsabilidad entonces serán responsables por sus propios pecados. Como dijo Tertuliano, “Los niños son por naturaleza inocentes; su inocencia se altera solo cuando empiezan a conocer el bien y el mal.” (De anima, 39) y que los infantes no son culpables de pecados hasta llegar a la edad de responsabilidad (Tertuliano, On Baptism 18 (ANF 3.678). Vea también, Contra Marción 4.23 (ANF 3.386).
Lo sacan del primer punto o letra de su tulipán calvinista, llamado "Total Depravación", que es un conjunto de herejías con elementos gnósticos y el pecado original agustiniano del siglo quinto.
 Falso, los remonstrantes / arminianos originales no creían en la “culpa heredada” en sentido agustiniano (culpa legal imputada a los infantes). Su postura fue herencia de corrupción y mortalidad, no culpabilidad personal antes de actos conscientes. El mismo Jacobo Arminio rechazó la imputación automática de culpa a los descendientes y Simón Episcopio distinguió explícitamente entre corrupción heredada y culpa personal. Por tanto, al igual que TODOS los Padres preagustinos y más antiguos de la iglesia primitiva, los Anabaptistas, la iglesia ortodoxa, los reformados radicales (como Balthasar Hubmaier y Menno Simons), algunos reformados magisteriales como Ulrico Zwinglio, John Wesley y la gran mayoría de los evangélicos de hoy los arminianos/remonstrantes originales enseñaron la corrupción heredada, pero culpa solo por pecado voluntario. Sin olvidar que, a diferencia de los calvinistas, al menos los remonstrantes arminianos (quienes fueron perseguidos por los calvinistas después del Sínodo de Dort) creían que todos los infantes van al cielo por la gracia de Cristo. 

De los que lo aborrecen, le faltó eso. Sin olvidar que toda la Biblia enseña que”el hijo no llevará la iniquidad del padre” (Ezequiel 18:20 y 2 Reyes 14:6) y que cada uno es responsable de sus propios pecados (Mateo 16:27; Jeremías 31:30; Romanos 14:12, Gálatas 6:5 y 2 Corintios 5:10). Lo mismo se puede decir de otros versículos que describen al Señor castigando la iniquidad de los padres en los hijos (como Éxodo 20:5-6; 34:7; Números 14:18; y Deuteronomio 5:9). Al igual que el caso de David, todos estos tienen que ver con “las consecuencias del pecado que se transmiten a largo plazo del pecado” las generaciones siguientes. (Campbell, 2 Samuel, 118–19). Nada que ver con una culpabilidad o muerte espiritual heredada ya que eso contradeciría otros pasajes como Ezequiel 18:1-4, 20 y Deuteronomio 24:16 donde se enseña que cada persona es responsable de sus propios actos. Como dice el erudito bíblico, Kenneth C. Philbeck, “David reconoció que había sido responsable de la desgracia que cayó sobre otros” y que David “no pudo detener las consecuencias de sus actos”. Así, la Biblia enseña, dice Philbeck, que si bien los individuos son responsables ante Dios por sus propios pecados, también se ven afectados por las consecuencias de los pecados de otros. (Philbeck, “1–2 Samuel,” 8–9.)

             Aunque la Biblia no especifica si murieron niños en Sodoma y Gomorra es probable que hubiera niños entre la población y si los hubo una vez que todos los habitantes de una ciudad se vuelven completamente corruptos, no hay esperanza para los niños nacidos en esa ciudad porque también se corromperán cuando lleguen a la edad de responsabilidad, pero si mueren en su estado de inocencia (estado de infancia o niñez) entonces van al cielo (Mateo 19:14). Por tanto, el caso de Sodoma y Gomorra es similar al del hijo de David en 2 Samuel 12:23 y de todos los infantes que murieron en el diluvio universal en Génesis 6:5-6 las cuales son otra prueba de que consecuencia y culpabilidad son dos muy cosas diferentes pues no murieron como castigo porque cometieron un acto pecaminoso propio (Romanos 9:11), sino por las acciones pecaminosas de sus padres. Las circunstancias que rodearon la muerte del niño de David, así como la de los bebés que perecieron durante el diluvio universal o en Sodoma y Gomorra, confirman nuestro argumento de que los infantes no son culpables del pecado que heredan de sus padres, pero a veces sí están sujetos a sus devastadoras consecuencias. No fue consecuencia de su naturaleza pecaminosa, sino de los pensamientos y acciones pecaminosas de otras personas mayores que conocían la diferencia entre el bien y el mal, o entre lo correcto y lo incorrecto. Como dice el erudito bíblico, Kenneth C. Philbeck, “David reconoció que había sido responsable de la desgracia que cayó sobre otros” y que David “no pudo detener las consecuencias de sus actos”. Así, la Biblia enseña, dice Philbeck, que si bien los individuos son responsables ante Dios por sus propios pecados, también se ven afectados por las consecuencias de los pecados de otros. (Philbeck, “1–2 Samuel,” 8–9.) Por tanto, si el niño solo murió como consecuencia del pecado de David, y no como resultado de la naturaleza pecaminosa del niño, entonces nuestra postura se mantiene pues su muerte podría entenderse de la misma manera que la muerte de los infantes en los días del diluvio donde todos fueron víctimas del justo juicio de Dios contra los pensamientos y acciones pecaminosas de otras personas.
               Yo no diría dos clases de creyentes, puesto que un infante no puede creer, debido a su incapacidad e inmadurez, sino dos clases de personas que van al cielo: los que creen y los niños que mueren en su infancia antes de llegar a la edad de responsabilidad. La Biblia ilustra esta verdad Dios le dijo a Moisés en Deuteronomio 1:39 que solo hay dos tipos de personas que pueden entrar a la tierra prometida (Canaán) lo cual es un tipo o figura del cielo (Hebreos 11:9-10), es decir, creyentes (Caleb y Josué) "Y vuestros pequeños niños, ... que no saben hoy lo bueno ni lo malo, ellos entrarán allá..." en la tierra prometida. Como dijo Ireneo de Lyon, "¿Quiénes son salvos? Aquellos que le han creído a Dios y siguen Su amor como Caleb de Jefone, Josué de Nun y también los niños inocentes, quienes no tienen sentido del mal" (Contra los Herejes (Adversus Haereses) de Ireneo de Lyon, específicamente en el Libro 4, Capítulo 28, Sección 3). Hasta el pastor calvinista John MacArthur usó este ejemplo para probar que no hay tal cosa como la culpabilidad imputada o la condenación de infantes en las Escrituras.
                 No, eso sería una falacia de hombre de paja. Solo hay una forma de salvación para pecadores; sin embargo , según Pablo, un infante no es un pecador porque no sabe lo que hace (Romanos 9:11). Además, solo hay una sola forma de salvación, la cual es escuchar, creer y ser regenerado (Efesios 1:13) cosa que un bebé no puede hacer y por eso tiene entrada al cielo debido a su inmadurez e incapacidad (Deuteronomio 1:39). A menos que sean los calvinistas los que creen que son culpables de pecadores y por ende tienen más de una forma de salvación (como por ejemplo el bautismo infantil y la regeneración sin creer) lo cual es predicar otros evangelio diferente (Gálatas 1:6-9). Por tanto, son ellos los que creen en dos o más formas de salvación porque si los niños no son inocentes sino culpables de pecados entonces ¿cómo se salvan? Algunos proponen el bautismo infantil (ya sea regeneracional o no regeneracional) y otros argumentan que simplemente son regenerados SIN haber oído el evangelio y SIN haber creído en Cristo antes de morir en su infancia, lo cual es distorsionar o predicar otro evangelio, cosa que el apóstol Pablo condenó en Gálatas 1:6-9. ¿Dónde quedó la sola fide? Por tanto, son ellos los que creen en dos o más formas de salvación. Tampoco creemos que hay dos clases de creyentes pues los infantes no pueden creer. Solo los creyentes en Cristo y los infantes que no tienen la capacidad para diferenciar entre el bien y el mal y la madurez para creer van al cielo lo cual es compatible con Deuteronomio 1:39. Asi lo explica Ireneo de Lyon en su gran obra Contra los Herejes y hasta el mismo pastor calvinista John MacArthur. 

                En otras palabras, Cristo es el único medio de salvación para los pecadores, pero Dios mismo no inculpa a los infantes de pecadores, sino que los considera en un estado de inocencia por su ignorancia y hasta llegar a la edad de responsabilidad, así como nosotros tampoco juzgamos a una persona mentalmente discapacitada por sus acciones. De hecho, así funciona también la ley humana, si eres un adulto el sistema de justicia te juzga como un adulto, si eres menor de edad te juzgar como un menor de edad y si eres una persona autista o mentalmente incompetente entonces no se te puede juzgar a menos que recupere la capacidad mental. La enfermedad mental también puede dar lugar a una sentencia de "no culpable por razón de locura".

                Ahora, si un infante no puede ir al cielo porque no es inocente, entonces preguntamos: ¿qué pecado han cometido en el vientre de su madre si, según las mismas palabras del apóstol Pablo en Romanos 9:11, aún no han nacido y no han hecho ningún mal (pecado)? Si van a decir "porque en Adán todos pecaron", entonces ignoran que esa frase no aparece en ninguna parte de la Biblia ni en el griego original, sino que fue una mala traducción que leyó Agustín de Hipona en latín y quien no sabía griego. Al contrario, Romanos 5:14 enseña que los descendientes de Adán no pecaron en él: "…los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán." El hecho que Pablo dice que habían hombres que "no pecaron a la manera de la transgresión de Adán," muestra que Pablo no consideraba el pecado de Adán ser el pecado de ellos. Además de todo esto, Pablo también habla de dos niños en Romanos 9:11, quienes todavía estando en el vientre de su madre, no tenían ni un solo pecado: "Pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama." Estos textos demuestran que Pablo no enseñó la doctrina de que los hombres nacen pecadores.
                 Los bebés que mueren sin haber oído ni respondido al evangelio no son condenados porque aún no son agentes morales responsables. En otras palabras, debido a su falta de conocimiento moral, los infantes y los pequeños niños que no saben distinguir entre el bien y el mal todavía no están bajo la condenación de Dios por el pecado. Heredan una naturaleza pecaminosa de Adán desde el momento de la concepción. Pero Dios no los juzga por su naturaleza pecaminosa heredada, sino cuando llegan a la edad de responsabilidad y empiezan a cometer actos de pecado como consecuencia de esa naturaleza. Pero todos los que han pasado la edad de responsabilidad y son agentes morales responsables que mueren sin haber oído ni aceptado el evangelio sí se enfrentarán a la condenación y la ira de Dios por sus pecados. Recordemos que aunque los paganos que nunca han escuchado del evangelio tienen la ley escrita en sus corazones por lo que no tienen excusa al igual que los perecieron en el diluvio universal que fueron juzgados y condenados, aunque no tenían Biblia (Romanos 2:1,12-15).
                  El apóstol Pablo dice en Romanos 9:11 que los infantes no pueden hacer nada bueno ni malo. Por eso se les llama “inocentes” en términos teológicos y legales porque no tienen conocimiento moral.Como decia Gregorio de Nisa (ca. 335–395) en su obra, Sobre los niños que mueren prematuramente (§ 3–5), “El niño no ha tenido ocasión de practicar el bien ni el mal, y por tanto, no hay en él culpa ni mérito.” Gregorio también abordó la condición espiritual de los bebés diciendo que no eran ni buenos ni malos; los bebés que morían estarían con Dios porque sus almas nunca habían sido corrompidas por sus propios actos pecaminosos. Sin embargo, en cuanto a creación se refiere, David dijo en el Salmo 139 que ellos son una obra maravillosa y admirable de Dios lo cual no tiene sentido si son unos pequeños depravados, viles y abominables pecadores que merecen la condenacion eterna para la gloria de Dios como decia Juan Calvino en sus Instituciones de la Religion Cristiana (Juan Calvino, Institución de la Religión Cristiana, Libro 2, Sec 8 y Libro 3, Sec 23. 7). Sin olvidar que Dios tampoco crea pecadores (véase Génesis 1:31, Eclesiastés 7:29; Salmos 139:14-16 y 1 Timoteo 4:4, etc.) sino que a medida que el niño crece y llega a la edad de responsabilidad, empieza a pecar. No antes de la edad de discernimiento porque no saben la diferencia entre el bien y el mal. Por eso Pablo dice en Romanos 3, 5 y 9 que los hombres se vuelven inútiles o se descarrían, lo que indica un cambio de estado, de inocente a pecador. Siguiendo la misma lógica del apóstol Pablo, tampoco nacen muertos espiritualmente hablando (Romanos 7:9-11), lo cual es consistente con las palabras de Jesús, quien dice que hay que nacer de nuevo, es decir, volver a ese estado inocente que teníamos antes de pecar. 

Todo esto explica por qué Jesús dijo que de los tales es el reino de Dios y por qué Jesús se comparó con los niños, pues no tendría sentido que se compare con un pequeño depravado o pecador, sino con alguien inocente, porque Él también es inocente (Hebreos 7:26). Por tanto, así como Dios le dijo a Moisés en Deuteronomio 1:39 que solo hay dos tipos de personas que pueden entrar a la tierra prometida (Canaán) lo cual es un tipo o figura del cielo (Hebreos 11:9-10), es decir, creyentes (Caleb y Josué) "Y vuestros niños, ... que no saben hoy lo bueno ni lo malo, ellos entrarán allá..." en la tierra prometida Como dijo Ireneo de Lyon, "¿Quiénes son salvos? Aquellos que le han creído a Dios y siguen Su amor como Caleb de Jefone, Josué de Nun y también los niños inocentes quienes no tienen sentido del mal", se encuentra en la obra Contra los Herejes (Adversus Haereses) de Ireneo de Lyon, específicamente en el Libro 4, Capítulo 28, Sección 3. En fin, estas son las razones por las que Jesús dijo que de los tales es el reino de Dios en Mateo 19:14. Después de todo, esta postura no solo es más compatible con las Escrituras, sino también con la antropología hebraica y la historia cristiana preagustina.

CONCLUSION DEL LIBRO DEL PROVISIONISTA, EL DR. ADAM HARWOOD de la iglesia bautista tradicional de la Convension Bautista del Sur. "El argumento de este libro es que los bebés heredan de Adán una naturaleza pecaminosa, pero no la culpa. Esta postura es coherente con los pasajes bíblicos que hemos analizado y similar a las opiniones de los siguientes teólogos: Ireneo de Lyon, Gregorio de Nisa, Gregorio Nacianceno, Tertuliano y todos los Padres de la Iglesia antes del filósofo católico, Agustin de Hipona, la iglesia ortodoxa la cual condenó la culpabilidad de infantes como herejia en el concilio de Jerusalen a través de la Confesion de Dositeo, algunos reformados magisteriales como Ulrico Zwinglio y Martín Lutero, los anabaptistas o pre-reformados radicales como Menno Simons, Balthasar Hubmaier y Pilgram Marpeck, Jacobo Arminio (arminianismo), John Wesley (metodismo), el pentecostalismo y muchos otros grupos evangélicos quienes en su gran mayoría creen en la inocencia de los infantes. Además, este argumento es consistente con las ediciones de 1963 y 2000 de la Confesión de Fe Bautista (Baptist Faith and Message, Articulo III: Hombre (1925, 1963 Y 2000) donde menciona que pecamos cuando llegamos a la edad de responsabilidad y “tan pronto somos capaces de acción moral”. Solo un pequeño grupo minoritario (como los calvinistas) creen en la culpabilidad heredada y que hay bebés siendo torturado para siempre en el infierno de fuego. ¿Así o más sádico?