¿Es incorrecto usar la Biblia para defender la Biblia porque no es inerrante y eso sería apelar a un razonamiento circular?

“Aquel que lee la Biblia para encontrar fallas en ella, pronto descubrirá que la Biblia encuentra fallas en él.” – Charles H. Spurgeon

La Palabra de Dios, como regla de fe y práctica, está bajo ataque y lo estará hasta que Cristo venga. No solo por parte de ateos militantes, sino también de algunos creyentes que atacan el fundamentalismo cristiano. Hay unos pocos “apologistas” de redes sociales entre ellos, Edgar Pacheco, Osman Guerrero, Carlos E Rodríguez A, el Reve Burgueño y otros que andan promoviendo la falsa y novedosa doctrina de que la Biblia es infalible o inerrante en cuanto a la teología y a los asuntos espirituales, pero no en los temas históricos y científicos. Esto no significa que tales creyentes sean necesariamente liberales, pero tampoco se puede negar que dicha creencia proviene del modernismo de la llamada Alta Crítica. Tanto Jesús, sus apóstoles, la antigua tradición judía, la historia Patrística (escritos de los Padres de la Iglesia), los anabaptistas, los líderes de la Reforma Protestante y la gran mayoría de los teólogos evangélicos de hoy sostienen la inerrancia bíblica (Mateo. 5:18; Juan 17:17; Hechos 17:11; Hebreos 6:18; Tito 1:22; Timoteo 3:16-17 y 1 Pedro 1:23-25). Por tanto, la inerrancia no es algo nuevo ni empezó en la Declaración de Chicago en 1978, firmada por 240 teólogos evangélicos de diferentes denominaciones protestantes y adoptada por The Evangelical Theological Society en el 2003 (el mayor grupo de eruditos protestantes a nivel mundial), sino que siempre ha sido la posición histórica de la religión judeocristiana (Salmos 111:7-8), la Patrística y la Reforma tampoco hicieron nada para debilitarla. Por tanto, asumir que la doctrina de la inerrancia es una doctrina moderna que empezó en 1978 sería apelar a un anacronismo y revisionismo histórico, cuando en realidad la negación de la inerrancia es una nueva doctrina que empezó con teólogos liberales y modernistas de la llamada Alta Crítica. Al hombre no conservador le parece anticuado lo que Dios ha dicho, y el enemigo siempre ha intentado convencerle de que no es cierto. La doctrina de la inerrancia, por lo tanto, es fundamental en nuestro tiempo. Pero, ¿qué es la inerrancia? Se ha dicho que la fe cristiana tiene tres fundamentos que no son negociables:

La inspiración de la Palabra
Su infalibilidad
Su inerrancia

Los tres fundamentos se complementan y es bueno que tengamos esto claro. La inspiración trata con el origen de la Biblia. Los evangélicos creemos que “Dios exhaló” las palabras de la Biblia usando a humanos para escribirlas. Pablo escribe: “Toda Escritura es inspirada por Dios (literalmente: “exhalada por Dios”) y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena” (2 Timoteo 3:16-17). La infalibilidad tiene que ver con la autoridad y la naturaleza duradera de la Biblia. Ser infalible significa que algo es incapaz de fallar y, por lo tanto, no se puede romper. Pedro dijo: “La palabra del Señor permanece para siempre” (1 Pe. 1:23-25), y por lo tanto su autoridad no se puede quebrantar.

La inerrancia significa que lo que Dios ha dicho es sin error. Es creer en la “total veracidad y fiabilidad de las palabras de Dios” (Grudem, Systematic Theology, p. 90). Jesús dijo: “Tu palabra es verdad” (Jn. 17:17). Esta inerrancia no es solo en los pasajes que hablan sobre la salvación, sino que también aplica a todas las declaraciones históricas y científicas. La Biblia no solo es precisa en asuntos de teología, sino que es precisa y sin error con respecto a cualquier afirmación (Jn. 3:12). ¿Porque es importante la inerrancia? Aquí hay 4 razones:

1. Se basa en el carácter de Dios.

La inerrancia se basa en el carácter de Dios que no puede mentir (He. 6:18; Ti. 1:2). Dios no puede mentir intencionalmente porque es quien dio la ley moral absoluta y objetiva. No puede equivocarse porque es omnisciente. Y si la Biblia es la Palabra de Dios escrita (y lo es), entonces es sin error.

2. Fue enseñada por Cristo y los apóstoles.

La inerrancia fue enseñada por Cristo y los apóstoles en el Nuevo Testamento. (Mateo. 5:18; Juan 17:17; Hechos 17:11; Hebreos 6:18; Tito 1:22; Timoteo 3:16-17 y 1 Pedro 1:23-25).

3. Es la posición histórica tanto de la tradición judía, de los Padres de la Iglesia y de la Reforma protestante.

4. Es fundamental para todas las demás doctrinas.

Por lo tanto, reducir la inerrancia al nivel de no esencial o incidental en la fe cristiana revela una ignorancia de las raíces teológicas e históricas del cristianismo. La inerrancia es fundamental para un cristianismo consistente y saludable. Ella simplemente no puede rechazarse sin graves consecuencias, tanto para el individuo como para la Iglesia.

Sin embargo, nunca falta el ateo bibliofóbico o el “teólogo” liberal que diga que eso no es correcto porque sería apelar a un razonamiento circular y, por ende, a una falacia de petición de principio. Al contrario, la principal regla fundamental de la hermenéutica es que la Biblia es su propia intérprete. Es decir, se explica a sí misma, pero cuando se ignora este principio, es común interpretar palabras o frases fuera del contexto general de las Escrituras, lo que conduce a malas interpretaciones. Jesús puso esto en práctica cuando decía: “Escrito está”, al igual que sus apóstoles, diciendo que los cristianos que hacen esto son “más nobles que los de Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando diariamente las Escrituras, para ver si estas cosas eran así.” (Hechos 17:11). Además, tales personas ignoran que nuestro argumento no es falaz porque la Biblia cuenta con mucha evidencia interna y externa de que es verdadera y porque en lógica, no todo círculo (dialelo) es falaz. Así como hay círculos viciosos que son falaces porque son arbitrarios y consisten en una petición de principio también hay círculos virtuosos que no son falaces porque hay fenómenos que sólo se pueden explicar de forma circular, ya que se retroalimentan. Por ejemplo, ¿acaso puede alguien demostrar que es una persona racional sin usar la razón o demostrar que es una persona fuerte sin usar su fuerza? No. Eso sería absurdo. ¿Puede una persona demostrar que es una persona lógica sin usar la lógica? Tampoco, porque eso solo se puede hacer circularmente. Lo mismo se puede decir de la Biblia y las experiencias espirituales.

Otros cristianos liberales de la alta crítica sostendrán que la Biblia es infalible en cuanto a la teología y a los asuntos espirituales, pero no en los temas históricos y científicos. Sin embargo, esto es falso también pues la Biblia ha sido comprobada verdadera por mucho respaldo arqueológico, miles de manuscritos, testigos oculares, consistencia literaria, vidas transformadas, relatos históricos y conocimiento científico anticipado las cuales demuestran que la Biblia es la Palabra infalible e inerrante de Dios. De hecho, aunque la Biblia no se escribió como un libro científico, pues su tema central es Jesucristo y la salvación espiritual del hombre, cuando alude a asuntos de verdadera ciencia, es exacta y manifiesta un conocimiento que no estaba disponible para los seres humanos en el tiempo en que se escribió. De hecho, la Biblia enseña que el universo tuvo un comienzo (Génesis 1:1), que las estrellas del cielo son innumerables (Génesis 22:17 y Jeremías 33:22), el ciclo del agua (Job 36:27-28; Eclesiastés 1:7; Jeremías 10:13 y Amos 9:6), ley de la biogénesis (Génesis 1:11,12, 21,25), la rotación de la tierra (Lucas 17:24,34-36)., las leyes de la termodinámicas( Génesis 2:1-3 y Romanos 8:20-22), la expansión del universo (Isaías 40:22 y Salmo 104:2) y muchos más. De esto se dieron cuenta los grandes científicos de la historia como el gran científico Herschel, quien dijo: “Pareciera que todos los descubrimientos realizados por la humanidad tuvieron como único fin confirmar cada vez de manera más rotunda la veracidad de todo lo que contienen las Sagradas Escrituras”. Otro gran cientifico, Galileo Galilei, también dijo que “Las Sagradas Escrituras nunca podrían mentir, ni errar…sus decretos son absoluta e inevitablemente ciertos” (Galileo, carta a Benedetto Castelli, de la Universidad de Pisa, en 1613). Lo mismo se puede decir de su historia.

Hasta el agnóstico David Rohl, quien ha pasado toda su vida entera explorando el Medio Oriente y quien es un experto en jeroglíficos e historia egipcia, reconoce el Éxodo como un verdadero acontecimiento histórico (Vea por ejemplo el documental “Exodus: Patterns of Evidence”). Otro historiador y uno de los reporteros investigadores de temas científicos más famosos del mundo es Ian Wilson, quien dijo a la comunidad científica mundial que se tomaría unos 10 años para probar que arqueológicamente la Biblia estaba llena de historietas provenientes de “civilizaciones más antiguas que los hebreos”. Tiempo después, Ian Wilson publicó su libro y no le quedó otra alternativa que titularlo: ¡“La Biblia ES historia”! donde admitió que sus hallazgos le mostraron que no existe libro alguno en los anales de la historia que esté por encima de la integridad y la exactitud histórica y arqueológica de la Biblia. También añadió diciendo, “no haber encontrado un solo reclamo bíblico ni en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento que no se haya verificado, o que esté en proceso de verificación”. Como dijo el gran científico, teólogo y filósofo, Sir Isaac Newton, tenía razón cuando dijo, “Consideramos que la Escritura de Dios son la más sublime filosofía. Encuentro más evidencias acerca de su autenticidad que cualquier historia profana”.

Por tanto, si algún cristiano quiere hablar de cientos de supuestos mitos o contradicciones en las Escrituras (como hacen los ateos militantes), suele deberse a que el error no está en la Biblia, sino en su mala interpretación de ella. Como dice el pastor evangelista y escritor estadounidense, Rick Warren, “No creo que mis interpretaciones sean inerrantes. No creo que las interpretaciones de nadie sean inerrantes, pero creo que las Escrituras son inerrantes. Creo en la inspiración verbal y plenaria de las Escrituras, sin duda alguna”. Un ejemplo de esto fue cuando un creyente me dijo que la Biblia contenía errores científicos porque enseñaba el geocentrismo. Le dije que eso es falso ya que al igual que otros pasajes de la Biblia simplemente describe lo que vemos en la Tierra en el lenguaje de la apariencia humana y a la tierra como marco de referencia, es decir, describe las cosas desde la perspectiva del observador. El sol simplemente PARECE salir y ponerse. De hecho, todo el mundo (incluidos meteorólogos y astrónomos modernos) también ha usado esa figura de lenguaje científico pragmático de que “el sol sale” o que “el sol se pone”, aunque se sabe que es la Tierra la que gira alrededor del Sol. Por tanto, el error no está en la Biblia sino en su mala interpretación de ella.

Otro ejemplo es cuando tales cristianos liberales preguntan: ¿Y cómo los fundamentalistas pueden explicar la mención que se hace de Darío en el libro de Daniel y que históricamente no corresponde con ese punto de la historia? O la mención que hace Marcos de Abiatar como sumo sacerdote en 2:25 y no corresponde al tiempo que cita? Más que defender una inerrancia ciega se debe buscar realmente el sentido o lo que implica inspiración y revelacion. A lo que respondemos diciendo que en primer lugar, no existe actualmente una identificación histórica de Darío el medo aceptada por consenso, pero tampoco es necesario que Daniel esté introduciendo un rey medo desconocido entre Belsasar y Ciro. La existencia de Ciro está perfectamente establecida; el problema consiste en determinar quién es exactamente “Darío el medo” y existen varias identificaciones históricas posibles. En cuanto al otro supuesto “error” el AT identifica a Ahimelec como el sacerdote del episodio, pero el griego de Marcos no obliga a entender que Abiatar ya ocupaba formalmente el sumo sacerdocio en ese instante. Puede indicar el período asociado con Abiatar o identificar el relato mediante una figura conocida. Por tanto, estos textos pueden considerarse dificultades históricas o interpretativas, pero llamarlos “errores demostrados” va más allá de lo que la evidencia establece. Como explican los teólogos y apologistas cristianos como Gleason Archer, Norman Geisler y R. T. France, “estos pasajes presentan dificultades históricas e interpretativas, pero una dificultad no equivale automáticamente a una contradicción demostrada. Daniel no identifica a Darío de una manera que permita relacionarlo definitivamente con las fuentes extrabíblicas que conservamos, y existen varias identificaciones propuestas. En Marcos, el griego puede entenderse como una referencia al período asociado con Abiatar, sin afirmar necesariamente que él ya fuera sumo sacerdote en el instante del episodio. Por tanto, existen explicaciones compatibles con la inerrancia, aunque no todas puedan demostrarse con absoluta certeza.”

Además, ¿cómo es posible que Dios se equivoque si lo sabe todo? Por lógica, si la Biblia es Su Palabra y Dios es el Creador del universo y la vida, entonces debería saber de ciencia e historia y no solo de teología. Si la Biblia contiene errores históricos y científicos, entonces ¿cómo podemos estar seguros de que no tiene errores teológicos también? Simplemente no tiene sentido que Dios no sepa sobre el mundo que Él mismo creó. También es contradictorio asumir que la palabra de un Dios omnisciente está en lo correcto sobre teología, pero no en historia y ciencia pues Dios no puede mentir ni equivocarse (Hebreos 6:18 y Tito 1:2). Por tanto, si la Biblia es la Palabra escrita de Dios (y lo es), entonces es sin error. A menos que dicho “cristiano” liberal no crea en la Biblia sino que pone su Sola “Academia” por encima de la “Sola Scriptura”. El problema no está en leer libros sino en poner su fe en la palabra de hombres falibles o los “teólogos” de su preferencia en vez de la Palabra infalible de Dios lo cual es a su vez una falacia de autoridad.

La realidad es que muchos (incluyendo algunos cristianos) no quieren aceptar la idea de que la Biblia es inerrante porque condena sus pecados, su cientificismo, su orgullo, sus errores de interpretación o de traducción, o su estilo de vida carnal y su idolatría a ciertos hombres de la falsa erudicción ignorando así que atacar la Biblia es atacar la misma naturaleza y caracter de Dios pues cuestionar la inerrancia de las Santas Escrituras equivale a cuestionar a Dios; por ende; afirmar la existencia de errores en Su Palabra escrita es decir que Dios no es perfecto y atribuirle errores. En fin, es triste ver que haya “cristianos” haciendo este tipo de ataque a la Biblia, pues hace que la gente (principalmente jóvenes) desconfíe de la Palabra de Dios. La Biblia NO contiene errores y rechazarla simplemente no tiene ninguna base intelectual. Por tanto, no solo confiemos en ella en cuanto a religión se refiere, sino como dijo el apóstol Pablo, “TODA la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2 Timoteo 3:16-17) y el rey David, “La SUMA de tu palabra es Verdad, y eterno es todo juicio de tu justicia” (Salmo 119:160).