Diferencias entre el pentecostalismo y arminianismo (reformado)
1. Evangelismo. Los evangélicos siempre se han caracterizado históricamente por sus cruzadas evangélicas, cosas que muchos protestantes reformados (en particular los calvinistas) no hacen, sino que son más conocidos por su proselitismo (como el llamado Stealth Calvinism). De hecho, según estudios como el Pew Research, los evangélicos como los pentecostales son los que más están creciendo y alcanzando a las almas perdidas (como a los católicos) para Cristo principalmente en Latinoamérica (¿Por qué crecen los pentecostales?, Ed Stetzer, pastor, investigador y líder de Lifeway Research). Algunos pentecostales usarán métodos artísticos y musicales para apelar a la emoción, pero tampoco se puede negar que, al igual que los bautistas no reformados, son muy activos en la obra misionera. En cambio, los canales de varios pastores reformados o neocalvinistas ni siquiera parecen evangelísticos sino faranduleros (chismes cristianos).
Tampoco los vemos predicando el evangelio en las calles, los parques, hospitales, asilos, territorios plagados de guerrilleros y en comunidades indígenas (quizás por su creencia de que la gente ya está predestinada a ir al infierno o el cielo) como hacen los evangélicos sino solo calumniando o acosando a otros cristianos con contenido sensacionalista por las redes sociales de Internet. Todo para monetizar y ganar unos cuantos centavos desde la comodidad de sus hogares. Por esta razón, los calvinistas y otras iglesias reformadas andan en estancamiento o disminuyendo en la membresía. Mientras que las evangélicas siguen en aumento.
Siguiendo este hecho de que los pentecostales son muy evangelistas, entonces ¿con quiénes los pentecostales deberían identificarse? ¿Con los Anabaptistas o los Protestantes de la Reforma? Me parece más razonable que con los Anabaptistas puesto que antes que existieran los reformadores protestantes como Martín Lutero y Ulrico Zwinglio los Anabaptistas (nuestros antepasados Bautistas) ya estaban predicando el evangelio de Cristo y siendo brutalmente perseguidos por el catolicismo romano durante siglos. (The Trail of Blood (El rastro de sangre) del pastor bautista Dr. James Milton Carroll).
2. Cesacionismo. Los evangélicos como los pentecostales hacen mucho énfasis en los dones del Espíritu Santo (continuismo), principalmente en las lenguas. Sin embargo, muchos reformados actuales (principalmente calvinistas) niegan tales dones (cesacionismo fuerte). El movimiento de un cesacionismo absoluto y estricto (no continuidad de milagros, incluyendo las lenguas sobrenaturales) fue desarrollado durante la reforma protestante del siglo 16, en especial por los calvinistas, presbiterianos, puritanos y otros grupos reformados. Esta doctrina fue sostenida por los principales lideres del protestantismo como Martin Lutero, Juan Calvino, John Knox y en sus confesiones como en la Confesiones de Fe de Westminster (Capítulo 1 y Párrafo 1). Al principio fue usado como contra de los supuestos eventos sobrenaturales que los católicos contaban con imaginaciones exageradas con un poco de mitos y leyenda, aunque ahora se usa más en contra del pentecostalismo y neopentecostalismo. Ambos extremos son incorrectos ya que uno exagera los actos milagrosos y el otro niega todo milagro después del tiempo de los apóstoles cuando hay reportes de ello en la literatura eclesiástica a través de la historia cristiana. Algunos Padres de la Iglesia como Orígenes, Cirilo de Alejandría, Juan Crisóstomo y Agustín de Hipona hablan de un declinaje y cesación de algunos milagros como las lenguas pero no de todos los milagros.
Por otro lado, la idea de que las lenguas son la evidencia o la señal del bautismo del Espíritu Santo nunca fue enseñada por los Padres de la Iglesia ni por los líderes de la Reforma Protestante del siglo 16 quienes creían que el bautismo del Espíritu Santo ocurría en el momento de la conversión sino en el siglo 19 por un clérigo presbiteriano llamado Edward Irving (1792-1834) en Londres. Antes del pentecostalismo, Irving y su secta conocida bajo el nombre de "irvingitas" fueron los primeros en hablar de una restauración de los dones espirituales como el hablar en lenguas, seguido luego por Charles Fox Parham, quien también enseñó sistemáticamente la restauración de todos los dones espirituales del Nuevo Testamento, incluyendo las lenguas, en 1901. Por cierto, Edward Irving hasta fue excomulgado (expulsado) de la Iglesia de Escocia en 1833 por herejía por su desorden espiritual, fraude y otras razones teológicas (R.Y., New Gift of Tongues, p.419). Esto fue admitido por el mismo padre de la doctrina de las lenguas pentecostales, Charles Parham en su obra, A Voice Crying in the Wilderness, 29, Initial Evidence, p.785 (1902). Sin embargo, el mismo hecho de que estos, precursores del pentecostalismo moderno y del movimiento carismático, hablaron de una "restauración" de los dones del Espíritu Santo como las lenguas da a entender que antes del siglo XIX ningún reformado creía en el continuismo.
Sin olvidar que nadie en la iglesia primitiva, durante la era patrística o en el tiempo de los primeros reformados creían que las lenguas de la Biblia podía ser algún tipo de lengua angelical, sino que siempre lo entendieron como idiomas extranjeros. Toda la tradición unánime de la Iglesia, la fuentes litúrgicas judías y los escritos eclesiásticos antes del siglo 19 es que el sustantivo “lenguas” en la expresión “el don de lenguas” siempre se refería a lenguajes humanos ordinarios y nada más (Speaking in Tongues A Critical Historical Examination, Vol. 2: The Modern Redefinition of Tongues, Philip E. Blosser and Charles A. Sullivan). Incluso el mismo Edward Irving, Charles Parham y William Seymour pensaron que eran lenguajes extranjeros, pero cuando descubrieron para su vergüenza que nadie en el extranjero entendía su crisis “misionera de lenguas” entonces como solución a su problema empezaron a redefinir el significado de palabra lenguas (glossa) como lenguas angélicales usando 1 Corintios 14 como sustento. Sin embargo y según la historia cristiana, el uso de intérpretes en la iglesia no significaba traducir palabras divinas o celestiales (Speaking in Tongues A Critical Historical Examination, Vol. 1: The Modern Redefinition of Tongues, Philip E. Blosser and Charles A. Sullivan, pp. 76, 81,84, 136). Por eso como un bautista regular (no general ni particular), me identificaría más como un cesacionista moderado o contextualista, que, según el Dr. Adam Harwood, en su teología sistemática, es un continuista, en el que el contexto aplica según lo que enseña la Escritura.
Los escritos de Arminio guardan completo silencio con respecto a los dones del Espíritu Santo, lo cual es extraño si todavía estaban vigentes durante la Reforma protestante. Además de eso, es muy posible que Jacobo Arminio no fuera continuista, pues siguió algunas creencias del calvinismo de la escuela de Ginebra, donde fue influenciado por Beza y vivió en la era post-reformada (finales de 1500 y principios del 1600) cuando tanto calvinistas como arminianos generalmente creían que los dones extraordinarios del Espíritu Santo como las lenguas habían cesado después de la era apostólica. Así lo demuestra su sermón, The Person and Office of the Holy Spirit lo cual encaja con lo que creía la Reforma cesacionista de su tiempo. Mientras que muchos de los Anabaptistas eran cesacionistas moderados y otros como Meno Simons no promovían el continuismo como el hablar en lenguas, pero tampoco enseñaban el cesacionismo. Mas bien enfatizaban los frutos de una vida santa como prueba o señal de estar lleno del poder del Espíritu Santo lo cual también es compatible con lo que también creen los metodistas wesleyanos y pentecostales. Por tanto, en el tema de los milagros los pentecostales son mas parecidos que los anabaptistas (antepasado Bautistas regulares) que los reformados.
3. Credobautismo. Al igual que los pentecostales, los anabaptistas eran credobautistas, es decir, creían que solo la persona que se había convertido en Cristo se bautizaba por inmersión en agua y como una confesión publica de fe y para formar parte de una iglesia local (credobautismo). No aceptaban el bautismo de la iglesia de Roma porque sostenían que no tenía la autoridad porque no la consideraban como la verdadera iglesia, porque la forma que lo hacían (por aspersión) era incorrecta y porque el candidato tenía que creer primero y mostrar frutos de arrepentimiento como prueba de que su conversión era genuina y cosa que un bebé no puede hacer. Por eso se les llamaba "anabaptistas" o "rebautizadores".
En cambio, los primeros reformados eran paidobautistas y muchos hoy día todavía lo son. Los reformados se identifican como católicos reformados porque salieron del romanismo y siguen algunas de sus tradiciones, mientras que los evangélicos no. De hecho, Martín Lutero, Juan Calvino y Ulrico Zwinglio eran tan paideobautistas que llegaron a perseguir a otros cristianos como los anabaptistas por no aceptar el bautismo infantil. Esta es la razón por la que protestantes como el popular apologista reformado, mal hablado y antisemita, Edgar Pacheco, cree en el bautismo infantil. Aunque Jacobo Arminio respetaba la libertad de culto, sus escritos también demuestran que también creía en el bautismo infantil y por aspersión. (The Works of James Arminius, Vol. 2, Disputation LXIII on Baptism and Paedo-Baptism y Public Disputation 40: On Baptism, Works of Arminius, Vol. 2, p.460). De hecho, si los pentecostales existieran en la época de la Reforma del siglo 16 hubiesen sido considerados como "anabaptistas" tanto por los católicos y protestantes de aquel tiempo no te hubiesen considerado como un reformado sino como anabaptistas y ambos te hubiesen perseguidos (ahogado como burla de tu credobautismo o quemado en la hoguera para que sufrieras más por ejemplo) porque negar el bautismo infantil era considerado como una gran herejia por ambas iglesias y cuyo castigo era la pena de muerte.
4. Marianismo. Los primeros reformados como el mismo Martin Lutero no solo consideraban a María, madre de Dios sino que también creía que siempre fue virgen como en su sermón del evangelio de Juan 1:14 y en otros escritos (Obras de Lutero, Vol. 22, p.214). Como admite el apologista evangélico, Salvador Barragán, a quien muchos pentecostales siguen, “Lutero fue más mariano que el mismo papa”. Ulrico Zwinglio también creía en la virginidad perpetua de Maria (Zwinglio Opera, Vol. 1, p.424). Otro de los principales reformados, sucesor de Zwinglio y co-autor de la segunda Confesión Helvética (una de las confesiones más influyentes y tempranos del protestantismo) lo fue Heinrich Bullinger (1504-1575) quien también la llama así (capítulo 11). Juan Calvino no quiso hacer de la virginidad perpetua de María un dogma o una doctrina fundamental porque quiso enfocarse más en Jesús, pero tampoco lo negó como se puede ver en su comentario sobre Mateo 1:25. Calvino hasta rechazó la afirmación de Helvidio de que ella tuvo más hijos con José después de su nacimiento, basándose en las menciones de los "hermanos de Jesús" en los evangelios el cual Jerónimo sostenía que solo eran “primos”.
Juan Wesley (1703-1791), sacerdote anglicano y fundador del metodismo, también creyó en la virginidad perpetua de María y hasta lo consideró como una parte del “santo misterio” de la encarnación en su sermón “On the Nature of Our Lord.” Tanto católicos como los primeros reformados creían que tanto el titulo como madre de Dios y la virginidad perpetua de María están ligadas con la cristología de Cristo. Muchos reformados hasta llaman a María "Madre de Dios", la cual ha conducido a muchos (en especial al católico) a la mariolatría y acusan de “nestoriano” (hereje) a los evangélicos, quienes en su gran mayoría no aceptan dicho título pagano. Aunque no hay registro de que Jacobo Arminio haya aceptado o rechazado dicha doctrina es muy posible que no lo haya negado ya que siguió la reforma de Lutero, Calvino y Bullinger quienes lo sostenían.
En cambio, aunque los anabaptistas respetaban a María como la madre de Jesús y afirmaban su nacimiento virginal, rechazaban la doctrina católica de la virginidad perpetua (que María permaneció virgen toda su vida), basándose en la Biblia (por ejemplo, Mateo 1:25; Marcos 6:3), que María y José tuvieron otros hijos después del nacimiento de Jesús. Como decían dos de los lideres del anabaptismo, “Cristo nació de la virgen María por obra del Espíritu Santo; después ella vivió en matrimonio con José y tuvo otros hijos.” (Confesión común reflejada en los escritos de Menno Simons y Balthasar Hubmaier). Lo mismo con el título mariano de Madre de Dios. os anabaptistas reconocían a María como la madre de Jesús, pero evitaban títulos teológicos como “Madre de Dios” porque consideraban que no aparecían en la Biblia y provenían de la tradición eclesiástica posterior. Ellos aceptaban que Jesús era verdadero Dios y verdadero hombre, pero preferían hablar de María como la madre de Cristo según la carne, no de su naturaleza divina. Los anabaptistas creían en el nacimiento virginal de Cristo, pero no llamaban a María “Madre de Dios”, ya que ese título provenía de la teología conciliar y una tradición humana no de la Biblia. Para ellos, María fue la madre terrenal de Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, pero no un objeto de culto ni un título divino. Por tanto, querían basar su fe únicamente en la Escritura (sola Scriptura), no en declaraciones eclesiásticas. El pentecostal promedio piensa de esta manera y por ende, ¿no tendría mas sentido identificarse mas con los anabaptistas que con los reformados?
5. Concilios. Algunos protestantes y evangélicos como algunos pentecostales sostienen que aceptan los primeros siete o cuatro concilios ecuménicos. ¿Cuál es el problema con esto? El problema es que parecen aceptar solo los que le conviene de tales concilios pues varios de esos concilios ecuménicos y tempranos de la iglesia imperial apoyaron el bautismo infantil y regeneracional (quitar el pecado) como el Concilio de Cartago (252 y 418) en donde se anatemizó a los que lo rechazaban, el segundo Concilio de Orange (529) y el Concilio de Milevis (416). Mientras que otros como el Concilio de Constantinopla (553) bajo el emperador Justino I, el Concilio de Lateran (649) y el segundo Concilio de Nicea (787) donde se defendió el dogma católico de la virginidad perpetua de María. En el Concilio de Éfeso (431) no solo se aceptó el titulo de Madre de Dios lo cual condujo a muchos a la mariolatría, sino que también se reforzó la creencia de la virginidad perpetua de María. Sin embargo, dicha doctrina no fue un nuevo invento de estos concilio sino que fue debatido entre los mismos Padres anteniceno ya que algunos como Orígenes, Ambrosio de Milán (mentor de Agustín), Agustín de Hipona, Jerónimo y Atanasio de Alejandría lo aceptaban, influenciado por libros apócrifos como El Protoevangelio de Santiago. A diferencia de los protestantes reformados, los anabaptistas no aceptaban tales concilios como una autoridad o dirigidos por el Espíritu Santo o por la verdadera iglesia del Señor.
Como dijo el líder anabaptista, Menno Simons, “Querido lector: te amonesto y aconsejo que si buscas a Dios con todo tu corazón y no quieres ser engañado, no debes depender de los hombres ni de sus doctrinas, no importa lo antiguas, santas y excelentes que se consideren, pues los teólogos se contradicen entre si, tanto en los tiempos pasados como en los actuales. Básate en Cristo únicamente y en su Palabra, en la enseñanza segura y práctica de sus santos apóstoles, y serás, por la gracia de Dios, preservado de toda falsa doctrina y del poder del diablo, y andarás delante de Dios confiada y piadosamente. (L37). Esta santa iglesia cristiana tiene sólo una doctrina: la Palabra de Dios pura, sin mezcla y sin adulteración, el Evangelio de gracia de Nuestro Señor Jesucristo. Toda enseñanza y mandamiento que no concuerde con la doctrina de Cristo, sean ellas enseñanzas y opiniones de doctores, mandamientos de papas, concilios ecuménicos o lo que fuere, no son sino enseñanzas y mandamientos de hombres (Mat. 19:5) doctrinas diabólicas (I Tim. 4:1) y por lo tanto, malditas (Gál. 73). No enseñamos ni escribimos sino la Palabra pura y divina y los mandamientos perfectos de Cristo Jesús y sus apóstoles...” (Menno Simons, su vida y escritos, la autoridad de las Escrituras, Capítulo VII, pp.52-53).
El también líder anabaptista, Balthasar Hubmaier escribió: “La Escritura no puede errar; es la norma por la cual todas las doctrinas deben ser probadas.” (“Die Schrift kann nicht irren; sie ist der Probstein aller Lehre.”). Esto significaba que toda enseñanza debía ser medida por la Palabra de Dios, sin importar si provenía de papas, concilios o reformadores. También criticó a algunos reformadores (como Zuinglio y Lutero) cuando, según él, no llevaban sus reformas hasta el final y mantenían prácticas no bíblicas, como el bautismo infantil o la unión de la iglesia con el Estado. “Donde la Escritura calla, debemos callar también; donde la Escritura habla, debemos hablar.” (De la Fe Cristiana, 1526). El principio de Sola Scriptura llevó a Hubmaier a enseñar el bautismo solo de creyentes conscientes, no de infantes y también lo llevó a defender la libertad de conciencia, ya que cada persona debía tener el derecho de leer e interpretar la Escritura por sí misma, sin coerción de la autoridad civil o eclesiástica. Al igual que los anabaptistas a muchos pentecostales tampoco les interesa lo que tales concilios católicos digan sino solo la Biblia. Por tanto, aunque no lo acepten o lo ignoren tales hermanos están siguiendo el ejemplo de los anabaptistas y no de los protestantes reformados.
6. Dispensacionalismo. No hay registro de que Jacobo Arminio creyera en el rapto o el reino milenial, lo cual es una doctrina importante en el pentecostalismo. Su escatología suena más amilenialista que dispensacionalista debido a que esa era la postura de muchos reformados, la cual aprendieron del catolicismo romano de donde salieron y siguieron sosteniendo (Obras de Arminio, Vol. 2, Disputation 62: On the Last Judgement). Esta es la razón por la que muchos católicos y los primeros reformados como Martín Lutero eran antisemitas que creían que la Iglesia había reemplazado a Israel (Vea el libro de Lutero llamado Los judíos y sus mentiras). Ya después es que algunos reformados empezaron a cambiar de opinión. Todos estos se inclinan a un tipo de teología de reemplazo y a una escatología alegórica. Esto los hace diferentes a nosotros, los bautistas regulares, pentecostales y anabaptistas, no solo porque interpretamos las Escrituras de manera gramatical-histórica, sino porque hacemos una distinción entre los que la Israel étnico y la Iglesia, lo cual cualquiera que lee su Biblia puede notar. Por tanto, la doctrina dispensacionalista NO ES UNA DOCTRINA PENTECOSTAL sino que como dice el historiador, William C. Watson, “No hay duda de la existencia de milenialistas en la Reforma Protestante del siglo 16 pero ellos florecieron de las franjas del anabaptismo [la cual existió antes de Lutero y Calvino]” y que también existió “mucho antes de John Nelson Darby” (William Watson, Dispensationalism Before Darby, pp. 3-4).
Pero en su mayoría tanto los reformados clásicos y modernos sostienen una escatología alegórica, la cual surgió primero en la Iglesia católica romana, luego a través de algunos reformados como los calvinistas, los musulmanes, los falsos testigos de Jehová, los adventistas, los mormones, las llamadas raíces hebreas y otras sectas religiosas. Por eso muchos teólogos arminianos como el pastor Carlos R. Murr o el Dr. Roger E. Olson quien ha escrito extensamente sobre el tema, incluyendo en su libro "Teología Arminiana: Mitos y Realidades" no creen en el dispensacionalismo, sino que se inclinan más al postmilenialismo o amilenialismo la cual no incluye el arrebatamiento pretribulacional. En cambio, la mayoría de los evangélicos son dispensacionalistas o premileniales que creen que Israel todavía tiene un rol importante en las profecías bíblicas. Sin olvidar que tanto católicos como protestantes han perseguido históricamente a los judíos y a los anabaptistas (evangélicos que existieron antes del protestantismo). De hecho, al igual que muchos de los evangélicos, los líderes anabaptistas como los evangelistas Menno Simons y Balthasar Hubmaier eran pro-Israel y creían en su futura restauración.
7. Libertad de Religión. Al igual que el catolicismo romano, los primeros reformados Martin Lutero, Juan Calvino y Ulrico Zuinglio tampoco creían en la separación de iglesia y estado lo cual fue defendido por los anabaptistas y luego por los Bautistas. Esto explica por qué los padres de la nación de Estados Unidos, como Thomas Jefferson y Benjamín Franklin, que fundaron la libertad de religión en la Constitución, despreciaron la intolerancia religiosa de los puritanos y otros reformados. Por lo menos Jacobo Arminio y sus seguidores creían en la libertad de religión aunque con ciertos límites (Arminius, Declaration of Sentiments, 1608). Sin embargo, los Anabaptistas fueron los primeros en sostener la separación de iglesia y estado o sea en la libertad de culto y consciencia. Esta es una de las razones por la que fueron tan perseguidos por los estados protestantes y católicos. De hecho, es gracias a este legado (como fue establecida por el Bautista Roger Williams en Providence, Rhode Island en 1639) que disfrutamos ahora de este derecho, no gracias a los ateos, ni católicos ni a los protestantes. Como dice, el estudioso contemporáneo, Joseph M. Dawson, al escribir sobre los orígenes de la libertad religiosa que se disfruta hoy por todos en los Estados Unidos de América, se da cuenta que la misma no provino de los reformistas intolerantes, sino de los Anabaptistas: “No fue el protestantismo como tal, sino que fueron los pequeños grupos no conformistas independientes, que aceptaron las mayores implicaciones de Lutero y Calvino, que lograron una total libertad religiosa y la separación de la iglesia y el estado.” (Dawson, Joseph M., Liberty, “Libertad”, p. 28.). Fueron los bautistas, directamente influenciados por los anabaptistas del Antiguo Continente, quienes pudieron escribir como lo hizo Roger Williams: “La iglesia cristiana no persigue; no más que una azucena araña a las espinas o un cordero persigue y desgarra a los lobos. (…) La religión cristiana no puede propagarse por medio de la espada civil.” (Dawson, Joseph M., Liberty, “Libertad”, p. 28). Los pentecostales creen lo mismo por lo que de nuevo tienen más en común con los anabaptistas que los reformados.
8. Sola Scriptura. LA BIBLIA era y es el principal libro de texto y la única autoridad final para los anabaptistas en cuanto a materia, doctrina, fe y práctica. En otras palabras, el concepto de "Sola Scriptura" no empezó durante la reforma protestante, sino que desde los tiempos de Jesús y los apóstoles siempre hubo cristianos que lo creían. Lo mismo se puede decir del pentecostal. A diferencia de muchos protestantes quienes ponen sus tradiciones, confesiones o cánones al mismo nivel o por encima de la Biblia el típico pentecostal promedio prefiere mejor enfocarse solamente en la Biblia. No pierden su tiempo en Internet para debatir con otros cristianos sobre lo que se dijo en un concilio, Lutero, Calvino o Arminio. De hecho, muchos ni siquiera saben quién era Jacobo Arminio, sino que solo les interesa ganar almas para Cristo y predicar la Palabra escrita de Dios. Como dice el pastor J.P. Martínez, “Veo una invitación y propaganda en redes sociales de "regresar a las raíces del pentecostalismo', de parte, ni más ni menos, de antisemitas y escarnecedores del propio pentecostalismo”. Yo no soy pentecostal. Pero mi abuela paterna lo fue y otros familiares lo son. Y una cosa es segura: los más genuinos pentecostales, los que lideran las iglesias pentecostales, la mayoría, me atrevo a decir, no tienen casi ninguna presencia en redes sociales. Y además, son casi todos personas que no hay manera de cambiar su doctrina a menos de que puedas probar con las Escrituras otra cosa. Ellos no se interesan por teorías de la conspiración. No entienden mucho de "influencers". No porque no sepan qué es eso, sino que no entienden por qué es importante para muchos este mundillo. Solo quieren a su Cristo. Y el poder del Espíritu en la misión. Aquellas campañas y propaganda son un total despropósito. Más basura para redes sociales. ¿Quieres cambiar a un pentecostal? Tienes que ir a su iglesia local, demostrarle que vives santamente y luego, quizá, puedas influir un poco en él.”
Siguiendo este hecho de que los pentecostales son muy Sola Scriptura, entonces ¿con quiénes los pentecostales deberían identificarse? ¿Con los anabaptistas o los protestantes de la Reforma? Me parece más lógico que con los Anabaptistas, puesto que, aunque los reformadores como Martín Lutero y Ulrico Zwinglio reconocieron el principio de la Sola Scriptura, no todos se mantuvieron totalmente fieles a este principio. En cambio, los Anabaptistas (nuestros antepasados bautistas), quienes existieron mucho antes que los protestantes, ya seguían ese principio y por tal razón fueron perseguidos por el catolicismo romano durante siglos. Mientras que durante y después de la Reforma los anabaptistas como Balthasar Hubmaier y Menno Simons fueron más consistentes en su aplicación del principio bíblico de la Sola Scriptura que los teólogos reformados más conocidos de su época. Hubmaier, por ejemplo, se tomó la Sola Scriptura más en serio, incluso más que Lutero y Zwinglio, como se aprecia especialmente en su firme compromiso con la sólida doctrina bíblica del bautismo del creyente, la cual no tiene fundamento en las Escrituras. Esto hasta fue admitido por el propio Martín Lutero y el pastor reformado Casiodoro de Reina (traductor de la famosa Biblia hispana Reina-Valera).
En su obra “Von dem christlichen Tauf der Gläubigen” (Sobre el bautismo cristiano de los creyentes, 1525), Hubmaier escribió: “La Escritura no puede errar; es la norma por la cual todas las doctrinas deben ser probadas.” (“Die Schrift kann nicht irren; sie ist der Probstein aller Lehre.”). Esto significaba que toda enseñanza debía ser medida por la Palabra de Dios, sin importar si provenía de papas, concilios o reformadores. También criticó a algunos reformadores (como Zuinglio y Lutero) cuando, según él, no llevaban sus reformas hasta el final y mantenían prácticas no bíblicas, como el bautismo infantil o la unión de la iglesia con el Estado. “Donde la Escritura calla, debemos callar también; donde la Escritura habla, debemos hablar.” (De la Fe Cristiana, 1526). El principio de Sola Scriptura llevó a Hubmaier a enseñar el bautismo solo de creyentes conscientes, no de infantes y también lo llevó a defender la libertad de conciencia, ya que cada persona debía tener el derecho de leer e interpretar la Escritura por sí misma, sin coerción de la autoridad civil o eclesiástica.
Como dice el profesor y erudito, el Dr. Brian H. Wagner, “¡Es inconcebible que un hombre de la Palabra como el líder anabaptista Hubmaier pudiera ser tan difamado, torturado y luego asesinado por aquellos que profesan seguir a Cristo y profesan seguir esa misma Palabra! [protestantes reformados]... Es lamentable notar también que las recientes historias populares de la "Iglesia" de Justo L. Gonzales y Bruce L. Shelly ni siquiera mencionan a Balthasar Hubmaier y demás grandes teólogos anabaptistas de la historia que dieron sus vidas por el evangelio de Cristo. Si los historiadores de la "Iglesia" del siglo XX pueden omitir a un gran influyente predicador evangélico bíblico que tuvo miles de seguidores, ¿cuántos testigos fieles más como Hubmaier pudieron haber existido realmente en cada siglo anterior a él? Es hora de que todos los evangélicos actuales que creen y practican la enseñanza bíblica del bautismo del creyente reclamen el testimonio de Balthasar Hubmaier como un importante ministro de la Palabra de Dios durante el siglo XVI y un testigo más fiel de la Sola Scriptura que incluso los famosos Lutero y Zwinglio. Como también señala Eddie Mabry:
"Para Hubmaier, al igual que para Lutero y Zwinglio, la Escritura era la única autoridad para la fe y la práctica en la iglesia. Sin embargo, el uso que Hubmaier hace de la autoridad bíblica no es exactamente el mismo que el de los otros dos reformadores. Para que cualquier doctrina o práctica sea válida, debe estar explícita y claramente establecida en la Escritura o respaldada por ella. La doctrina debe estar claramente establecida en las páginas de la Escritura, o no puede enseñarse ni practicarse." Mientras que los populares reformadores magisteriales de la "Iglesia", Lutero y Zwinglio, no fueron tan consistentes como Hubmaier al sostener las Escrituras como la autoridad final, porque no se atrevieron a probar su propio bautismo infantil, con la clara Palabra de Dios, como lo había hecho Hubmaier con su credobautismo. Si bien reconocían la necesidad de reclamar la verdad bíblica de la Sola Fide para la salvación, no estaban dispuestos a reconocer que la Sola Fide era un prerrequisito bíblico para recibir la señal de la salvación, que es el bautismo en agua. De hecho, Lutero violó su propia postura de la Sola Scriptura pues dijo: “No hay suficiente evidencia en las Escrituras que justifique la introducción del bautismo infantil en la época de los primeros cristianos después del período apostólico… Pero es tan evidente que nadie puede aventurarse con buena conciencia a rechazar o abandonar el bautismo infantil, que se ha practicado durante tanto tiempo”. (Werke, Weimar Edition, Vol. XXVI, p. 67, quoted in The Reformers and Their Stepchildren, by Leonard Verduin, (Sarasota, FL: Christian Hymnary, 1991), p. 203).
Zwinglio también violó su visión de la Sola Scriptura respecto al bautismo cuando dijo: “Los infantes no podían escuchar [la palabra], pero de ello no se sigue que, en consecuencia, no fueran bautizados. No encontramos en ninguna parte la prohibición de no bautizar a los infantes de los creyentes a menos que escuchen y crean. Exijo una prohibición que prohíba”. Hubmaier respondió con acierto a la inconsistencia de Zwinglio diciendo: “Entonces te exigiré que me muestres una palabra clara que prohíba el purgatorio, los monjes, las monjas, las capuchas, las tonsuras, y que diga que la misa no es un sacrificio”. Qué decepción que Lutero y Zwinglio no continuaran el camino que habían comenzado a recorrer en apoyo de la Sola Scriptura. Aunque hubieran muerto en la hoguera con los demás anabaptistas, en lugar de morir en una cama cómoda o en el campo de batalla, habrían encontrado a su Señor en la gloria como obreros que no tenían de qué avergonzarse. Así se habrían mostrado como obreros, más plenamente aprobados por su constancia en la gran verdad de la Sola Scriptura. Hubmaier se comprometió con la Sola Scriptura sin importar adónde lo llevara. Lo condujo naturalmente al bautismo de creyentes, al cual se sometió en obediencia al claro mandato de las Escrituras. También lo llevó a él y a su esposa al martirio. Hubmaier había aprendido a “no pensar más allá de lo escrito”, ¡cueste lo que cueste! Fue un verdadero ministro de la Palabra de Dios en el siglo XVI.” (LUTERO, ZWINGLI Y HUBMAIER: ¿QUIÉN FUE MÁS FIEL AL PRINCIPIO DE LA SOLA SCRIPTURA? UNA TESIS PRESENTADA AL DR. FRED SMITH EN CUMPLIMIENTO DE LOS REQUISITOS PARA EL CURSO TEO 690 POR BRIAN H. WAGNER).
https://www.cristianismoparaateos.com/refutando-el-bautismo-infantil-reformado/
Lo mismo enseñaba el también líder anabaptista, Menno Simons, quien escribió, “Querido lector: te amonesto y aconsejo que si buscas a Dios con todo tu corazón y no quieres ser engañado, no debes depender de los hombres ni de sus doctrinas, no importa lo antiguas, santas y excelentes que se consideren, pues los teólogos se contradicen entre si, tanto en los tiempos pasados como en los actuales. Básate en Cristo únicamente y en su Palabra, en la enseñanza segura y práctica de sus santos apóstoles, y serás, por la gracia de Dios, preservado de toda falsa doctrina y del poder del diablo, y andarás delante de Dios confiada y piadosamente. (L37). Esta santa iglesia cristiana tiene sólo una doctrina: la Palabra de Dios pura, sin mezcla y sin adulteración, el Evangelio de gracia de Nuestro Señor Jesucristo. Toda enseñanza y mandamiento que no concuerde con la doctrina de Cristo, sean ellas enseñanzas y opiniones de doctores, mandamientos de papas, concilios ecuménicos o lo que fuere, no son sino enseñanzas y mandamientos de hombres (Mat. 19:5) doctrinas diabólicas (I Tim. 4:1) y por lo tanto, malditas (Gál. 73). No enseñamos ni escribimos sino la Palabra pura y divina y los mandamientos perfectos de Cristo Jesús y sus apóstoles...” (Menno Simons, su vida y escritos, la autoridad de las Escrituras, Capítulo VII, pp.52-53).
9. Santidad. Uno de los pasajes favoritos de los pentecostales es la que dice, "sin antidad nadie verá al Señor." por lo que muchos pentecostales tratan de vivir una vida piadosa y santa. Lo mismo con los Anabaptistas. A treves de los siglos grandes líderes anabaptistas como Perdo Valdo, Menno Simons y Balthasar Hubmaier daban énfasis en la vida pura, santa y de buen testimonio (esta era otra razón por la que rechazaban la iglesia corrupta e inmoral de Roma). Los montanistas, novacianos, valdenses, albigenses y donatistas criticaban la Iglesia Católica Romana por su falta de santidad y pureza espiritual. Hall, al comparar el anabaptismo y el protestantismo en su History of Ethics Within Organized Christianity (“La Historia de la Ética dentro del Cristianismo Organizado”), hace el siguiente comentario sagaz: “Todo lo que encontramos entre los anabaptistas también está presente en el Nuevo Testamento. (…) Si adoptar el Nuevo Testamento literalmente es protestantismo, entonces, a diferencia de Lutero, Calvino y Zwinglio, los anabaptistas eran los verdaderos protestantes. Ellos basaron su enseñanza en la estimación de Lucas de la pobreza o en la libertad del espíritu en el sentido paulino. (…) Ellos adoptaron el Sermón del Monte literalmente y rechazaron con más o menos exactitud todas las cosas no ordenadas por la Biblia.” (Hall, History of Ethics Within Organized Christianity, p. 505).
De hecho, es interesante saber que en los tiempos de la Reforma, se decía que para poder identificar a un Anabaptista solo tenías que buscar a alguien que fuera honesto, honrado, apacible, que rechazara el pecado y procurase una vida en santidad. Eso los distinguía tanto de los papistas, como de los protestantes. Comparados con los protestantes en general, los anabaptistas tenían una vida más piadosa que varios de sus líderes y laicos, como lo señala también Harold Bender: “En 1585, el Concejo de Berna publicó un mandato en contra de los Hermanos Suizos que declara que los pecados ofensivos y los vicios eran comunes en los predicadores y los miembros de la Iglesia Reformada[…]”(La Visión Anabautista, p. 31). Lo cierto, es que también había protestantes que sí llegaban a cumplir con estas características de piedad(no tan a menudo como los anabaptistas), y justo por esto eran igualmente acusados de ser anabaptistas. Como lo dijo Caspar Schwenckfeld: “[…]otros que llevan una verdadera y piadosa vida cristiana, a quienes se les llama ahora con este nombre casi en todas partes.”(Citado por Harold Bender en La Visión Anabautista, pp. 32-33).
A pesar de esta piedad que ellos reflejaban, como indica Henry Vedder, los anabaptistas “[f]ueron quemados, ahogados, decapitados, torturados y golpeados con varas; mientras, vivieron vagando como indeseables de ciudad en ciudad, o moraban en cuevas de la tierra. Y después de haber sellado su testimonio de la verdad con su sangre, los hombres a quienes el mundo llama «grandes en piedad y en buenas obras», a menudo conspiraron para cubrir sus nombres con inmerecida infamia.”(Balthasar Hubmaier: The Leader of the Anabaptists, p. 21). Para cerrar, quisiera hacerlo con las palabras de uno de los enemigos acérrimos del anabaptismo, pero del lado papista. Serían las palabras del teólogo Franz Agricola, según lo cita Harold Bender (La Visión Anabautista, p. 31). Agricola dice lo siguiente sobre este grupo: “Entre las sectas heréticas existentes no hay ninguna que, en apariencia, lleve una vida más modesta y piadosa que los anabaptistas. En lo concerniente a su vida pública exterior, son irreprochables. No se encuentra en ellos mentira, engaño, juramento, contienda, lenguaje áspero, comida o bebida intemperante, ni ostentación personal, sino humildad, paciencia, honradez, esmero, honestidad, templanza y rectitud, en tal medida que se podría suponer que tienen el Espíritu Santo de Dios.” Los Anabaptistas claramente tenían el Espíritu Santo de Dios, pero en su momento muchos fueron muy necios como para admitirlo. Con toda la información que hay hoy, caer en esa misma necedad debería ser visto como locura.
En cambio, tanto católicos (incluyendo papas) como reformados vivieron vidas mundanas y muchos anabaptistas sufrieron bajo la autoridad de los reformadores. Moralmente hablando, Martin Lutero condonaba la bigamia y era conocido por su lenguaje soez. Philip Melanchthon, compañero de trabajo y amigo de Lutero, admitió que él no podía negar, ni excusar, ni alabar la vulgaridad de Lutero. Peór aún, tanto Lutero como Calvino fueron conocidos por emplear el uso de la tortura y la persecución religiosa contra miles de cristianos como Servet, los anabaptistas y los campesinos alemanes. Lutero respondió en un tono desafiante: “Fui yo, Martín Lutero, quien mató a todos los campesinos en la insurrección, ya que fui yo quien ordenó que los mataran. Toda su sangre está sobre mis hombros. Pero yo la eché sobre nuestro Señor Dios quien me mandó hablar de esa manera.” (Martín Lutero, Werke, edición de Erlangen, Tomo 59, p. 284.). Hasta el mismo Consejo de la Federación Luterana Mundial (FLM) pidió perdón por esta masacre de más de 100,000 campesinos. Hasta un amigo personal de Calvino llamado Sebastian Castellio, escribió reprendiendo su intolerancia y crueldad diciendo que “Si Cristo mismo viniera a Ginebra seria crucificado, porque Ginebra no es un lugar de libertad cristiana. Está gobernado por un nuevo papa, Juan Calvino, que quema hombres vivos mientras que el papa de Roma los estrangula primero.” (Sebastián de Castellio “De haereticis an sint persequendi” y “Contra libellum Calvini”).
En estos textos de Castellio defendía con argumentos bíblicos, morales y filosóficos la libertad de conciencia y acusaba al pastor francés, Juan Calvino, de ser como un inquisidor católico que combatió a Servet con las armas en vez de la pluma. Hasta el pastor reformado y traductor de la Biblia (Reina Valera) entera más usada por los protestantes hispanos, Casiodoro de Reina, no podía contener sus lágrimas ante aquellos pensamientos y recuerdos pues la muerte de su compatriota Servet “golpeaba sus entrañas” y porque “Al mismo tiempo, calvinistas y luteranos se unían para denostar, y en ocasiones perseguir, a los anabaptistas.” (Casiodoro de Reina, Libertad y tolerancia en la Europa del siglo XVI, Centro de Estudios Andaluces, págs. 30, 84-85).
Lutero tampoco supuso progreso a su propio pueblo, sino retroceso al feudalismo que explotaba a los pobres campesinos y todo para buscar la aceptación y protección de los príncipes y reyes alemanes. Como afirma la célebre profesora de Harvard e investigadora del CSIC, la Dr. María Elvira Roca, "Se admira a Lutero como un elemento de modernidad sin el que hubiera sido imposible un mundo democrático y civilizado. Pero es todo lo contrario: la Reforma supuso retroceder al feudalismo y perpetuar el poder de las oligarquías locales en Alemania." Sin olvidar que así como los católicos nunca apoyaron la separación de iglesia y estado, Calvino y Lutero tampoco. Al contrario, usaron el estado para censurar o perseguir a todo aquel que pensaba teológicamente diferente a ellos. De hecho, los anabaptistas como Menno Simons (un antiguo líder anabaptista), contemporáneos de Lutero, inmediatamente se percataron de este nuevo “cristianismo” distorsionado y observaron con tristeza el deterioro moral general que produjo entre la gente común (The Complete Works of Menno Simons, “Obras completas de Menno Simons”, p. 251, 283).
Quizás por eso el mismo Erasmo también dejó de apoyar a Lutero pues en 1950, fue publicado en Suiza un libro titulado, "Christianity and Fear" (“El Cristianismo y el Temor”) en el cual el autor, Óscar Pfister, analiza en detalles los crímenes de los reformistas. Con relación a Martin Lutero y Juan Calvino, él escribe la siguiente evaluación que se aplica a todos ellos: “Un estudio del período [de la Reforma] revela que muchos eruditos de la época [como Erasmo, Menno Simons, Moro, Casiodoro de Reina y Castellio], hombres con seguidores que en muchos casos ascendieron a muchos miles, se opusieron celosamente a las persecuciones de los “herejes” y, en el nombre del evangelio, demandaron un tratamiento piadoso. [Prominentes entre ellos estaban] (…) los anabaptistas. Calvino conoció a la mayoría de estos hombres elocuentes, inspirados por el amor, pero la oposición de ellos a la persecución de los herejes no causó la más mínima impresión en él. Por tanto, debe ponerse fin a la mentira antigua de que las crueldades de Calvino se justifican por el ánimo de la época. Y nos asombramos con la gran falta de lógica del lógico [Calvino], cuya indignación creció en contra de la persecución de los protestantes en los países católicos y quien, sin embargo, se mostró tan despiadado con estos supuestos herejes." (Pfister, Óscar: Christianity and Fear, “El cristianismo y el temor”, pp. 418–419, 427–428). Por tanto, históricamente hablando, los anabaptistas no perseguía sino que era perseguida por el estado eclesiástico. Esto lo vemos en la iglesia del Nuevo Testamento. De hecho, casi todos los anabaptistas eran pacifistas como Menno Simmons y solo muy pocos como los valdenses y Balthasar Hubmaier creían en el uso de la violencia, pero solo cuando se trataba de defenderse de sus perseguidores. Todo Bautista cree en esto.
La realidad es que ni Jesús, ni los apóstoles ni los padres de la iglesia antenicenos enseñaron tal brutalidad, esa fue una enseñanza de hombres intolerantes y enfermos dogmáticos. Esto debería avergonzar a los admiradores y seguidores modernos de Calvino quienes insisten en considerarlo todavía como un héroe de la fe y Servet un hereje. Pero como dijo Jesús en Mateo 7:15-20 y 12:33 que “por sus frutos los conoceréis”. Definitivamente hay mejores teólogos cristianos y héroes de la fe que Calvino, Zwinglio y Lutero, como los anabaptistas Pedro Valdo, Balthasar Hubmaier y Menno Simmons quienes no solo predicaron sino que también lo vivieron sino que representaron mejor a Cristo antes, durante y después de la Reforma Protestante (1 Corintios 13:2,4-6). Hasta el popular apologista protestante, mal hablado y antisemita, Edgar Pacheco, quien busca convertir pentecostales en reformados tiene un mal testimonio en las redes sociales y anda en contra de lo que él llama, "fundamentalistas" (abstinencia del alcohol y el cigarrillo, etc). ¿Por qué querría un pentecostal unirse a su mal llamado alianza "evangélica" que de evangélica no tiene nada?
10. Las 5 Solas. Es importante recordar que cristianos como los Bautistas no reformados creemos en las cinco solas no porque Martin Lutero, Juan Calvino, John Knox, Zwinglio, Wesley o algún otro líder reformado lo enseñaron sino porque la Biblia lo enseña. ¿Cuáles 5 Solas? La Sola Gracia (Efesios 2:8). ¿Cómo se obtiene la sola gracia? Por medio de la Sola Fe (Romanos 4:5) y Solo Cristo (Juan 14:6 y Hechos 4:11-12). ¿Cómo sabemos esto? Por medio de la Sola Scriptura (2 Pedro 1:16-19) y ¿Para qué? Para la gloria de Dios solamente (Romanos 11:36 y Apocalipsis 4:11). Por tanto, los calvinistas y demás reformados no son los únicos que creen en las 5 Solas sino que mucho antes de la Reforma protestante o esta frase latina ya había cristianos como los Anabaptistas que lo enseñaban y lo cual fue admitido por el mismo Martin Lutero.
Por ejemplo, Pedro Valdo (1140-1218) quien fue un famoso predicador valdense de Francia y un defensor del bautismo de creyentes (conocido como anabaptismo en su tiempo) y la traducción de las Sagradas Escrituras a la lengua vulgar ya andaba predicando contra el purgatorio, la venta de indulgencias, el bautismo infantil, la oración por los muertos, la sucesión apostólica del papa y toda mediación entre Dios y el hombre, excepto Cristo Jesus mucho antes de Martin Lutero. De hecho, Valdo fue conocido por decir, “El pueblo tiene derecho a escuchar las Sagradas Escrituras en su propia lengua para conocer la voluntad de Dios” y que, “No invocamos a María ni a los “santos” como mediadores, porque hay un solo mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo.” Valdo también agregó que, “La salvación no se compra con indulgencia ni se gana con obras, sino que es un don gratuito de Dios, recibido por la fe en Cristo.” Y que “Es deber de todo cristiano anunciar el evangelio.”
Como dijo un académico anabaptista, "Estos populares reformadores magisteriales de la "Iglesia", Lutero y Zwinglio, no fueron tan consecuentes como Hubmaier al sostener las Escrituras como la autoridad final, porque no se atrevieron a probar su propio bautismo infantil, con la clara Palabra de Dios, como lo había hecho Hubmaier con su credobautismo. Mantuvieron la mentira de que Cristo había estado obrando principalmente a través del catolicismo romano durante los últimos doce siglos y, por lo tanto, debió haber instituido y aprobado el bautismo infantil. Si bien reconocían la necesidad de reclamar la verdad bíblica de la Sola Fide para la salvación, no estaban dispuestos a reconocer que la Sola Fide era un prerrequisito bíblico para recibir la señal de la salvación, que es el bautismo. En cuanto al bautismo, Lutero violó su propia postura de la Sola Scriptura. Dijo: “No hay suficiente evidencia en las Escrituras que justifique la introducción del bautismo infantil en la época de los primeros cristianos después del período apostólico… Pero es tan evidente que nadie puede aventurarse con buena conciencia a rechazar o abandonar el bautismo infantil, que se ha practicado durante tanto tiempo”. (Werke, Weimar Edition, Vol. XXVI, p. 67, quoted in The Reformers and Their Stepchildren, by Leonard Verduin, (Sarasota, FL: Christian Hymnary, 1991), p. 203).
Zwinglio también violó su visión de la Sola Scriptura respecto al bautismo cuando dijo: “Los infantes no podían escuchar [la palabra], pero de ello no se sigue que, en consecuencia, no fueran bautizados. No encontramos en ninguna parte la prohibición de no bautizar a los infantes de los creyentes a menos que escuchen y crean. Exijo una prohibición que prohíba”. Hubmaier respondió con acierto a la inconsistencia de Zwinglio diciendo: “Entonces te exigiré que me muestres una palabra clara que prohíba el purgatorio, los monjes, las monjas, las capuchas, las tonsuras, y que diga que la misa no es un sacrificio”. Qué decepción que Lutero y Zwinglio no continuaran el camino que habían comenzado a recorrer en apoyo de la Sola Scriptura. Aunque hubieran muerto en la hoguera con los demás anabaptistas, en lugar de morir en una cama cómoda o en el campo de batalla, habrían encontrado a su Señor en la gloria como obreros que no tenían de qué avergonzarse. Así se habrían mostrado como obreros, más plenamente aprobados por su constancia en la gran verdad de la Sola Scriptura. Hubmaier se comprometió con la Sola Scriptura sin importar adónde lo llevara. Lo condujo naturalmente al bautismo de creyentes, al cual se sometió en obediencia al claro mandato de las Escrituras. También lo llevó a él y a su esposa al martirio. Hubmaier había aprendido a “no pensar más allá de lo escrito”, ¡cueste lo que cueste! Fue un verdadero ministro de la Palabra de Dios en el siglo XVI.” (LUTERO, ZWINGLI Y HUBMAIER: ¿QUIÉN FUE MÁS FIEL AL PRINCIPIO DE LA SOLA SCRIPTURA? UNA TESIS PRESENTADA AL DR. FRED SMITH EN CUMPLIMIENTO DE LOS REQUISITOS PARA EL CURSO TEO 690 POR BRIAN H. WAGNER).
11. Calvinismo. Los reformados creen en los cinco puntos del tulipán y otros en algunos de esos puntos o de manera diferente los cuales tuvieron su origen en el filósofo católico romano, Agustín de Hipona (Lea el libro, El Calvinismo Agustiniano del académico de Oxford, el Dr. Ken Wilson). El evangélico promedio rechaza estos cinco porque no son escriturales, dando más prioridad a la Biblia que a las tradiciones de los hombres. Los pentecostales que quieren identificarse con el arminianismo reformado también deben tener en mente lo siguiente: Los escritos de Jacobo Arminio no solo tienen creencias que contradicen el pentecostalismo clásico o moderno, sino que el arminianismo en sí es una modificación del calvinismo que surgió de una disputa interna dentro del pensamiento calvinista. Por eso el arminianismo retiene las mismas presuposiciones, patrones y mucha terminología de origen calvinista, pues Jacobo Arminio fue un calvinista influenciado por Teodoro Beza y Juan Calvino en la escuela de Ginebra.
Por ejemplo, tanto el calvinismo como el arminianismo creen y usan la misma terminología como la llamada Total Depravación y que una medida de gracia (conocido como gracia preveniente) es necesaria para capacitar a la persona a responder a la oferta de salvación pues el hombre no tiene la habilidad de entender o aceptar las cosas espirituales de Dios lo cual suena a calvinismo. Muchos arminianos equiparan o llaman a esta gracia preveniente una "iluminación", semiregeneración, pre-regeneración o una regeneración parcial antes de la conversión. ¿Cuál es el problema con esto? El problema es que no están diferenciando entre iluminación y regeneración. La iluminación es la obra del Espíritu Santo que permite a los creyentes o inconversos a entender la verdad de la Palabra de Dios y la revelación divina, mientras que la regeneración es la transformación espiritual que ocurre cuando una persona cree en Cristo y recibe vida espiritual de Dios para convertirse en una nueva creación en Cristo. Por tanto, no es lo mismo y según las Escrituras tanto la regeneración por el Espíritu Santo como la gracia de Dios para salvación se dan después de la fe en Cristo y no antes. Tanto la Biblia como la historia patrística refutan esta llamada total depravación o total inhabilidad. Por tanto, el arminianismo no es la antítesis del calvinismo, sino que son dos caras de la misma moneda de la doctrina incorrecta. En cambio, el provisionista interpreta la naturaleza del hombre caído y depravado conforme a la iglesia primitiva y preagustina, la cual establece que el hombre sí está capacitado para responder a Dios con la revelación que nos ha dejado.
Otra diferencia es que los arminianos tienen una elección que está basado más en la prescencia (conocimiento previo) de Dios mientras que para los provisionistas la eleccion es condicional porque depende y está basado más en la fe “EN Cristo” (Efesios 1:4; 1 Pedro 1:2 y 2 Tesalonicenses 2:13) la cual ocurre cuando la persona se convierte a Cristo (2 Corintios 5:17) y es elegido en ese momento de su conversión para servir a Dios y predestinado para la glorificación (Efesios 1:1-4 y 11-13). No antes de nacer o antes de la creación, porque para ese tiempo todavía no existíamos y eso sería estar fuera de Cristo o sin Cristo. Por ejemplo, la primera vez que se usa la palabra, "elegir" en la Biblia es en Isaías 42 donde en el mismo contexto se define o se usa como un equivalente a servir. Israel fue escogido para servir pero eso no significa que todo judio era salvo pues la elección no garatizaba la salvación sino que para eso tenían que creer (Génesis 12 y Romanos 11:28). Por tanto Israel no fue escogido para salvación y las demás naciones gentiles condenadas sino que fue elegido para servir y ser de bendición para las demás naciones. En otras palabras, esta elección era para que las demás naciones fueran incluidas en estas bendiciones espirtuales por medio del servicio de Israel y no para que fueran excluidas. 1 Timoteo 5:21 habla de "ángeles elegidos"; sin embargo, eso no significa que fueron salvos, pues solo el ser humano puede ser salvo, sino que son llamados así debido a su "servicio a favor de los que serán herederos de la salvación"(Hebreos 1:14).
A Jesús también se le llama "el Elegido" pero eso no significa que era para salvación pues nunca cometió pecado sino que vino para servir (Mateo 12:18 y 20:28). Jesús a su vez escogió a doce apóstoles (Juan 15:16) pero esa elección no significa que los 12 fueron salvos ya que uno de ellos, Judas Iscariote, nunca fue salvo sino para servir juntamente al Maestro y para que a traves de sus ministerios el mundo pudieran ser salvo (Juan 17). Lo mismo se puede decir de la Iglesia. No somos elegidos para ser salvos sino porque ya somos salvos en Cristo y para servir a través de la Gran Comisión que nos dejó el Señor. Por eso, cuando en Romanos 9 nos dice que Jacob fue elegido en vez de Esaú, es porque el mismo contexto indica que se refiere a que "el mayor servirá al menor". Por tanto, la elección bíblica y provisionista no tiene nada que ver con salvación sino con servir y esa elección se da cuando las personas que ya están en Cristo y no fuera de Cristo (2 Corintios 5:17 y Efesios 1:1-4 y 11-13). Por tanto, la reinterpretación calvinista de que la predestinación o elección ocurrió antes de la creación del mundo no puede estar correcta porque en ese tiempo todavía no estábamos en Cristo sino fuera de Cristo (Efesios 1:1-4 y 11-13). La elección bíblica no tiene nada que ver con seleccionar arbitrariamente a unos para salvación y a otros para condenación (doble predestinación) antes de que nacieran (o fueran creadas), lo cual no tendría sentido porque entonces eso implicaría salvación fuera de Cristo. En otras palabras, estarías presentando otro evangelio en donde no hay Salvador porque lo que salvaría realmente es ser elegido y no la fe en Jesucristo.
Lo mismo con la predestinación bíblica pues no somos predestinados para ser salvos sino en el sentido corporal, es decir, para ser hechos conformes a la imagen santa y sin mancha de Jesucristo o la redención de su cuerpo lo cual es algo que va ocurrir en el futuro, no en el pasado y una garantía de la seguridad eterna del creyente (Juan 15:5,16; 2 Timoteo 1:9; Filipenses 3:21 y 1 Juan 3:1-5). Compara Efesios 1:1-5 con Romanos 8:29. En otras palabras, tanto la elección como la predestinación son resultados de la salvación y no su causa. Para ponerlo en diferentes términos: 1 Corintios 1:21 dice que somos salvos “por la locura de la predicación” y no por la locura de la predestinación. Aun si alguien quisiera relacionar la adopción con la salvación y no con la redención de nuestro cuerpo, debe recordar que una cosa es tener el espíritu de adopción y otra la adopción (Romanos 8:15 y Efesios 1:1-5 con Romanos 8:29).
En cuanto a la seguridad eterna del creyente, aunque hay algunos arminianos que creen que la salvación no se pierde dicha "seguridad" suena como el quinto punto del calvinismo de la perseverancia de los santos y por ende la E de "Provide" que se refiere a Eternal Security (Seguridad Eterna) no se debe confundir con la que creen los provisionistas pues no creemos en la perseveración de los santos sino en la preservación de los santos. El quinto punto calvinista, llamado la perseverancia de los santos, en realidad no produce ninguna seguridad en el creyente. Al contrario, en el pensamiento del calvinismo, el cristiano no está asegurado del cielo si no comete apostasía hasta su último respiro, lo cual suena a arminianismo. La única diferencia es que el arminiano dirá que si apostatan pierden la salvación, mientras que para los calvinistas nunca fueron salvos. Este tipo de soteriología resulta desastroso para el recién convertido, pues ¿cómo puede estar seguro antes de morir de que realmente ha nacido de nuevo si el único criterio que tiene para asegurarlo es perseverar hasta su último suspiro en la tierra? Satanás podría sembrar duda al creyente con respecto a su salvación eterna y relación con Dios, la cual no depende de circunstancias externas (Mateo 4:3). Por ejemplo, mis hijos pueden sentir que ya no son mis hijos por la forma en que se comportan o dejan de creer en mí, pero aun así siguen siendo mis hijos. La comunión podrá verse afectada, pero no la relación. Lo mismo con Dios y sus hijos (1 Corintios 11:32).
12. Condenación de Infantes. Los reformados tanto arminianos como calvinistas sostienen la antropología agustiniana o la llamada total depravación la cual incluye la condenación de infantes no elegidos. Lutero hasta llegó a acusar a Zwinglio de pelagiano por creer que los niños nacen en una condición de inocencia hasta llegar a la edad de responsabilidad. Sin embargo, Arminio modifico esta doctrina sosteniendo que, aunque todos los niños nacen culpables de pecado ningún va al infierno porque Cristo murió por todos ellos. Sin embargo, hay dos problemas con esto. La primera es que creer que todos nacemos culpables de pecado, pero creer a la vez que una persona que muere en su infancia va al cielo sería una contradicción si no nacen inocentes sino culpables de pecado. Sin olvidar que esto contradice también no solo la Biblia sino la historia patrística preagustina. ¿El otro problema es que si todos los infantes son salvos debido a la muerte de Cristo y no por su inocencia entonces donde dejan la fe el cual es el único medio de salvación? Decir que un hombre puede ser salvo por fe o su edad no solo es presentar dos formas de salvación sino algo antibíblico pues la Biblia ensena que el hombre solo puede tener vida eterna al cree lo cual es algo que un bebe no puede hacer. Sin embargo, cuando se les pregunta a los pentecostales sobre esta doctrina la mayoría parecen alinearse mas con la inocencia del infante que en su culpabilidad adámica lo cual también creían los anabaptistas.
Resumiendo, y en palabras del Hno. Edgar Sala de Las Notas de Balthasar Hubmaier, "A pesar de que muchos cristianos evangélicos han olvidado o nunca han escuchado los nombres de muchos grandes líderes anabaptistas o reformadores radicales quienes doctrinalmente siguen teniendo más impacto en el mundo actual evangélico que los reformadores magisteriales pues la mayoría del mundo evangélico es "no reformado" porque se parecen más a anabaptistas aunque no se identifique con ellos.". Por tanto y en base a este hecho, aconsejamos a nuestro hermanos pentecostales a decir que la Biblia es su credo o confesión y que se identifiquen mejor con los anabaptistas o reformadores radicales que con los reformadores magisteriales. De esa manera si algún católico le dice que ellos no pueden ser la verdadera iglesia de Cristo porque nacieron los otros días los hermanos evangélicos pueden responder diciendo que eso es apelar a una falacia por la edad (argumento ad antiquitatem) ya que lo importante es seguir la doctrina de Cristo (1 Timoteo 4:16) y porque siempre ha habido verdaderos cristianos antes y aparte de la falsa iglesia de Roma como los anabaptistas quienes son nuestros antepasados Bautistas (Mateo 16:18). Por tanto, la división no empezó con Martin Lutero en su Reforma Protestante del 1517 sino en los concilios convocados por estos emperadores romanos. Desde ese momento se ha estado viendo dos iglesias paralelas donde cada una dice ser la verdadera y la otra sectaria. Pero si los pentecostales quieren identificarse con la reforma protestante entonces tienen dos problemas, la primera es una de inconsistencia ya que los reformados magisteriales tenían doctrinas o artículos de fe que contradicen las de los pentecostales. A menos que tales pentecostales no les importa tales diferencias lo cual daría entender que son eclécticos religiosos lo cual son personas que combinan y seleccionan subjetivamente aquellas doctrinas que consideran la mejor para crear tu propio sistema de creencia personal. Otros consideran esto tener una teología relativista. Y el segundo problema es uno histórico ya que la reforma protestante tuvo lugar en el siglo 16 y la verdadera iglesia de Cristo no empezó en el siglo 16.