
Ciencia Vs Evolución
Los ateos, agnósticos y teístas evolutivos siempre han apelado a ejemplos de ciertos trozos en el ADN conocidos como el ADN “basura” como prueba de evolución y en contra del diseño inteligente. Sin embargo, desde la segunda fase del Proyecto Genoma Humano (el famoso y denominado Proyecto ENCODE descubrió funcionalidad muy sofisticada en el 80% (mayor parte) de nuestro ADN y es muy probable que esta cifra aumente durante los próximos años lo cual no solo contradice las expectativas de los evolucionistas sino que inválida los conceptos de mutación neutra y evolución neutra. Tal como reconoció el biólogo evolutivo y molecular, de la Universidad de Houston, Donen Graur: “Si ENCODE tiene razón, entonces la evolución es incorrecta.” (Donen Graur, SMBE/SESBE Lecture on ENCODE & junk DNA, December 20,2013). Hasta el mismo Francis Collins y otros teístas evolutivos han tenido que admitir que fue un error usar el ADN “basura” como su argumento principal ya que muchos descubrimientos modernos han cambiado la imagen del genoma. Lo mismo se puede decir con los supuestos pseudogenes las cuales también han resultado poseer determinadas funciones, relacionadas con el procesamiento de información intracelular lo que significa que en realidad no hay evidencia de que humanos y chimpancés hayan heredado su ADN de un ancestro común (Jeffrey P. Tomkins, 2013, The Human BetaGlobin Pseudogene is Non Variable and Functional, Answers Research Journal 6, 293-301). Por tanto, no sería una ascendencia evolutiva a partir de un antepasado común, sino el hecho de ser necesarios para la vida lo cual reflejaría un diseño común (Kovalenko, T.F. & Patrushev, L.I. 2018, Pseudogenes as Functionally Significant Elements of the Genome, Biochemistry, volume 83, pp. 1332-1349 y Yan-Zi Wen et al, “Pseudogenes are not pseudo any more” RNA Biology 9, January 2012). Casi todo nuestro ADN es importante y esencial para la vida. Negar esta realidad, como todavía hace cierto sector del evolucionismo, es como darse coces contra el aguijón. Este mismo error científico lo hicieron con los llamados antiguos órganos vestigiales. De hecho, el argumento del ADN “basura” es una readaptación genética de la tesis decimonónica de los órganos vestigiales. Pero cuando se profundiza un poco más en el ADN “basura” o pseudogenes, se descubre que los argumentos que hacen tantos ateos como teístas evolutivos no son válidos. En otras palabras, Dios no diseña basura (Salmo 8:4-5).
Este hecho científico también se lleva consigo la idea de la evolución neutral lo que implica que la humanidad está degenerando poco a poco a través de mutaciones que se acumulan en el genoma y que es funcional u operacional. Esta entropía genética o el grado de desorden va aumentando progresivamente en el genoma humano y hace imposible la supuesta evolución progresiva a lo largo de millones de años por lo que sugiere poderosamente que el genoma humano es mucho más reciente. Por tanto, la creencia en un antepasado común de hombres y chimpancés pierde credibilidad porque gran parte de su evidencia se basaba en la suposición de la existencia del ADN “basura”, que ahora ha sido demostrada falsa.
En cuanto al pretendido parecido genético del 98-99% entre humanos y chimpancés también es un reflejo de esta mala ciencia puesto que en primer lugar, esta cantidad es engañosamente inexacta y de hecho carece de base real pues cuando se realiza un cuidadoso análisis de los trabajos publicados sobre el genoma del chimpancé resulta que la identidad genética con el genoma humano se ha visto rebajado al 70%. Esto significa que diferimos nada más y nada menos, que en 900 millones de letras ADN (Jerry Tomkins, Comprehensive Analysis of Chimpanzee and Human Chromosomes Revelas DNA Similarity of 70%, Answers Research Journal 6, February 2013, 63-69). Sin olvidar que ya en la época de Darwin se reconocía la escasez de formas intermedias o de transición que mostraban los fósiles. Después de 150 años de exhaustivas investigaciones paleontológicas, los eslabones perdidos siguen mostrándose tan tímidos como siempre y las lagunas sistemáticas existentes entre los principales grupos de clasificación se han consolidado definitivamente. Esta tendencia del mundo de los fósiles se evidencia también en el de la genética. De hecho, muchos evolucionistas como el reconocido científico Stephen Gould admiten que no existen fósiles transicionales y que muchas de las supuestas “pruebas” de macroevolución han resultado ser fraudes o fabricados como el llamado Hombre de Piltdown, el Hombre de Nebraska, Lucy, y muchos otros. En otras palabras, el eslabón perdido sigue perdido.
La teoría de la evolución también propone que la cuna de la humanidad fue en África donde evolucionamos a partir de primates en la África profunda lo que se conoce como nodo L1 (haplogrupo) que habría hecho que tuvieran piel oscura al igual que muchos africanos y que todos los humanos descienden de ellos y se extendieron por todo el mundo. En cambio, la Biblia no enseña que la humanidad apareció geográficamente en África sino en el Medio Oriente (Génesis 2:8) de donde por cierto vino Jesucristo, el postrer Adán (Ezequiel 43:2; Mateo 2:2 y 24:27). En los versículos del 10 al 14 encontramos más detalles geográficos (una región con sus respectivos límites) donde hay circunstancias socio-históricas y factores culturales en la vida de la primera pareja humana. Todo esto nos permite llegar a la conclusión de que en el pasado el Edén fue un lugar real y que por ende no se trata de una alegoría. ¿Y cómo son la gente del Medio Oriente? Tienen piel color marrón. ¿Y qué nos dice la Ciencia sobre el color de piel o melanina? Nos enseña que los genes de la piel vienen en dos pares de cada progenitora como las letras del alfabeto (Aa y Bb). A y B mayúscula representan mucha cantidad de melanina en la piel y a y b minúscula representan poca cantidad.
En otras palabras, los negros solo pueden producir más personas de piel negra y los blancos solo pueden producir más personas de piel clara por lo que Adán y Eva tuvieron que haber sido personas de piel café para poder codificar todos los diferentes colores de piel para las personas que vemos en la tierra hoy en día. Por tanto, Adán y Eva no eran personas blancas como los europeos y tampoco negros como los africanos sino con matiz café como la mayoría de los habitantes del Medio Oriente. Como explica el Dr. Tommy Mitchell, “En base a nuestro entendimiento de heredar el tono de piel pues sospechamos fuertemente que Adán y Eva eran de un tono de piel medio café. Esto daría el rango más amplio de tonos de piel en sus hijos, desde muy claros a muy oscuros” (Respuestas en Génesis, ¿Cuántas razas creó Dios? por el Dr. Tommy Mitchell). Así que, hasta la simple genética demuestra que la llamada salida de África es errónea y que el modelo bíblico de la heterocigosidad es cierto.
Además de que fuimos creados con lo que se conoce como el heterocigocidad creada lo cual es fácilmente explicado con la genética, el estudio de la diversidad de los genomas humanos actuales también demuestra que los africanos no son los más antiguos y que habría que buscar la cuna de la humanidad fuera de África. La hipótesis de que los africanos también experimentan una elevada tasa de cambio en las bases del ADN mitocondrial (mayor diversidad) aún no se ha demostrado y no es la única explicación posible pues podría deberse también a la arribada de grupos extranjeros procedentes de otras regiones. La mención bíblica de la dispersión de Babel pudo ser una de estas causas. De manera que la geografía de la diversidad genética humana hace más bien poco por mejorar el modelo evolutivo. En cambio, el libro de Génesis sugiere que nuestros orígenes genéticos deberían rastrearse hasta la primera pareja humana creada por Dios, Adán y Eva (Hechos 17:24-27). El Dr. Nathaniel Jeanson, biólogo investigador con doctorado en biología celular de Harvard, también ha expuesto como el dogma de la evolución falla a la luz de la genética moderna (como el ADN mitocondrial y “Eva” mitocondrial) las cuales indican a un origen materno reciente de la Eva bíblica y de un origen paterno reciente (El Adán cromosómico Y) que confirma el relato bíblico en sus libros Traced (Rastreado) y Replacing Darwin (Reemplazando a Darwin).
Por tanto, la genética no es enemiga de la existencia de Adán y Eva. Al contrario, la verdadera ciencia está de nuestro lado puesto que descubrimientos científicos modernos como la “Eva mitocondrial” y el llamado Adán cromosómico Y los cuales los evolucionistas pensaban que iban en contra de la historia bíblica resultaron respaldar esta idea de que solo hubo una progenitora y progenitor de toda la humanidad. Esto se ha convertido en un problema para la teoría de la evolución puesto que a través de estos estudios genéticos se puede rastrear la ascendencia del cromosoma mitocondrial a través de las generaciones. Por ejemplo se puede rastrear desde la hija a la madre, de esta a la abuela maternal y así sucesivamente hasta llegar a la Eva mitocondrial, el ancestro común femenino que poseía las mitocondrias de las cuales descienden todas las mitocondrias de la población humana actual demostrando así que hubo una sola mujer y madre de todos los vivientes, a saber, Eva, tal como enseña Génesis 3:20.
Basándose en la técnica del reloj molecular, también se estimó que el tiempo transcurrido desde que se produjo la separación de todas las líneas de ADNmt era tan solo de unos 120,000 a 200,000 años, lo cual ha causado polémica entre genetistas y los paleontólogos evolucionistas que proponen una mayor antigüedad humana. Sin embargo, aunque esta fecha del reloj molecular que proponen algunos genetistas es menos antigua que la que proponen los paleontólogos evolucionistas, también se basa en suposiciones, como la tasa de mutación que se adoptó, que ahora se sabe que era 10 y 20 veces más lenta de lo normal. Simplemente corrigiendo esta tasa errónea, resulta que la Eva mitocondrial podría haber vivido hace tan solo entre 6.000 y 12.000 años. ¿Por qué no se ha corregido esta datación si se sabe desde hace años cuál es la tasa de mutación correcta en el ser humano? Evidentemente, por exigencias del guion evolucionista. Sin embargo, cuando se realiza estudios analizados, más recientes y desde la perspectiva de la creación, adoptando una tasa de mutación relativamente constante, se observa y se estima con el reloj molecular reciente que el ser humano ha experimentado una tasa acumulada de mutaciones desde la secuencia original de la primera mujer solo en unas 200 o 220 generaciones aproximadamente (alrededor de seis mil años) lo cual es exactamente la secuencia que cabría esperar desde una perspectiva bíblica y que por tanto no haría falta esperar 200,000 años a partir de la primera mujer para obtener las actuales secuencias mitocondriales.
De la misma manera, se dice que el reloj molecular indica que el Adán cromosómico vivió hace mucho tiempo y las cuales abarcan desde hace 50,000 años hasta 300,000 años atrás. Sin embargo, estas fechas también se basan en suposiciones y en datos arqueológicos incompletas las cuales se basan en datos radiométricos para “calibrar” los relojes moleculares. Por tanto, se puede estar seguro de que la mayor parte de estas dataciones publicadas deben estar equivocadas ya que dan respuestas muy diferentes. No obstante, los análisis realizados por genetistas partidarios de la creación, que solo contemplan una tasa de mutación relativamente constante, indican que el Adán cromosómico vivió hace 300 generaciones y que cualquier fecha inferior a los 25,000 años favorece el modelo bíblico, pero no la evolucionista. O sea, el Adán cromosómico y la Eva mitocondrial vivieron esencialmente al mismo tiempo, en un pasado no tan remoto y sin estar separados por cientos de miles de años lo cual respalda de manera asombrosa lo que dice la Sagrada Escritura.
Otro problema para la perspectiva evolucionista es que debe haber muchos tipos mitocondriales antiguos pues se asume que hubo muchas otras mujeres aparte de la Eva mitocondrial y por ende predicen una enorme diversidad mitocondrial. Sin embargo, no solo existe hoy poca variabilidad sino una sola rama común proveniente de un primer ancestro femenino lo que significa que, hasta independientemente de la cronología asumida, la Eva mitocondrial encaja genéticamente perfecta con una Eva literal y bíblica que con una antecesora simiesca. De la misma manera que en el caso de Eva se puede decir del Adán “Y” cromosómico que solo heredan los varones y la cual pone de manifiesto la verdad bíblica fundamental de que Adán fue el primer padre y ancestro común de todos los hombres. Al igual que en el caso de la Eva mitocondrial los resultados también indican que las mutaciones que separan a los hombres modernos del Adán cromosómico es muy poco tiempo y no en millones de años sino solamente en unos pocos miles. El inconveniente para el evolucionismo es que, si las secuencias del cromosoma “Y” mutan muy rápidamente entonces ¿cómo es posible que todos los varones actuales posean cromosomas “Y” casi idénticos y estos sean tan similares al del Adán cromosómico? Esto concuerda con la perspectiva bíblica, pero desde el evolucionismo los números no encajan pues si el antepasado varón de todos los hombres actuales vivió hace entre 100.000 y 200.000 años, como propone la teoría de la evolución, entonces se deberían hallar más de cien mil mutaciones entre los hombres modernos y el cromosoma “Y” de Adán. Esto constituye un grave problema para la teoría de la evolución pero no para el modelo bíblico pues son compatibles. En otras palabras, a pesar de las muchas semejanzas que puedan existir entre simios y humanos, nuestra singularidad se explica mejor por medio de un diseñador común que mediante un ancestro común.
Entonces ¿descendemos de una sola pareja o de toda una población? Los evolucionistas argumentan que una sola pareja sería incapaz de dar lugar a la cantidad de diversidad genética que existe hoy, ni tampoco su distribución geográfica. Aunque se admite que ciertas secuencias de ADN (como el ADN mitocondrial de hembras y el cromosoma Y masculino) se remontan a un solo individuo, se sostiene que la mayor parte del ADN humano no puede provenir de una sola pareja. Sin embargo, existen dos copias heredadas de la madre y del padre las cuales son perfectamente coherente con los hechos genéticos conocidos pues no requieren ancestros comunes, sino que se oponen a dicha hipótesis. Por tanto, la diversidad que se puede observar hoy en los genomas humanos no requiere necesariamente de una gran población inicial, ni de muchos millones de años sino que resulta consistente también con la diversidad diseñada en Adán y Eva, que habría podido ser muy heterocigótica y manifestarse inmediatamente en cada uno de sus descendientes. El Dr. Nathaniel Jeanson, biólogo investigador con doctorado en biología celular de Harvard, también ha expuesto como el dogma de la evolución falla a la luz de la genética moderna (como el ADN mitocondrial y “Eva” mitocondrial) las cuales indican a un origen materno reciente de la Eva bíblica y de un origen paterno reciente (El Adán cromosómico Y) que confirma el relato bíblico en sus libros Traced (Rastreado) y Replacing Darwin (Reemplazando a Darwin).
Además, la historicidad de Adán y Eva posee también una confirmación extrabíblica procedente de la arqueología. El doctor E.A. Speiser, notable asiriólogo del Museo de la Universidad de Pensilvania, ha encontrado evidencias arqueológicas que sugieren la historia bíblica de la expulsión de Adán y Eva que datan mucho antes de que se escribiera la epopeya de Gilgamesh y otros mitos paganos lo que demuestra que la historia de Adán y Eva ya existía miles de años atrás. Sin olvidar que uno de los reporteros investigadores de temas científicos más famosos del mundo es Ian Wilson quien dijo a la comunidad científica mundial que se tomaría unos 10 años para probar que arqueológicamente la Biblia estaba llena de historietas provenientes de “civilizaciones más antiguas que los hebreos”. Tiempo después, Ian Wilson publicó su libro y no le quedó otra alternativa que titularlo: ¡“La Biblia ES historia”! donde admitió que sus hallazgos le mostraron que no existe libro alguno en los anales de la historia que esté por encima de la integridad y la exactitud histórica y arqueológica de la Biblia. Lo mismo ha demostrado Josh McDowell en sus libros como “Evidencia que exige un veredicto” (Evidence That Demands a Verdict: Life-Changing Truth for a Skeptical World).
Tampoco olvidemos que la idea de una tierra vieja de miles de millones de años es necesaria para la macroevolución pues sin esa exageración de tiempo dicha creencia seria imposible. Sin embargo, ya la ciencia moderna (como la duración de cometas, la velocidad a la que los campos magnéticos decaen, la población mundial, el encogimiento del sol, el alejamiento de la luna de la tierra, la disminución de la velocidad de la rotación de la tierra, la duración de C14 y su hallazgo en diamantes y fósiles, etc.) también ha demostrado que el pasado de la vida y el universo no pueden tener billones sino miles de años lo cual es otro argumento en contra del mito de la evolución. Alguien podría decir,“¿Pero no demuestran las observaciones de la expansión del universo, la radiación de fondo de microondas y la abundancia de los elementos que realmente hubo un Big Bang aunque no lo hayamos visto?” Los creacionistas progresistas y teístas evolutivos como Hugh Ross creen que si hay una teoría de cómo funciona algo (como el Big Bang) y observamos las predicciones que sostiene esa teoría entonces eso demuestra que dicha teoría funciona y es correcta (Ross, Huellas de Dios). Sin embargo, la idea de que estas evidencias observacionales (como la expansión del universo, la radiación de fondo de microondas y la abundancia de los elementos) “prueban” el Big Bang es apelar a una falacia lógica llamada la afirmación del consecuente la cual consiste en suponer que afirmando el consecuente se “prueba” el antecedente cuando un evento puede ser producido por diferentes causas o razones.
De hecho, no solo el Big Bang y otras teorías naturalistas hacen esta misma serie de evidencias observacionales (como la expansión del universo) sino que tales predicciones comprobadas también son compatibles con el modelo bíblico la cual enseña que Dios hizo primero los cielos y la tierra en el primer día (Génesis 1:1), después creó las estrellas en el día cuarto y luego las extendió o expandió (Isaías 40:22; Job 26:7 y Salmo 104:2) lo que significa que veríamos un “Red Shift” (movimiento de alejamiento) en cada dirección y eso es precisamente lo que observamos con el telescopio de Edwin Hubble. Y esto fue mucho antes que se propusiera el Big Bang y mucho antes de que los científicos empezaran a entender que el universo se está expandiendo o extendiéndose. Por tanto, si una idea es verdadera porque sus predicciones han sido científicamente observadas entonces siguiendo esa misma lógica el relato de la creación de Génesis debe ser literalmente cierta pues tales observaciones y predicciones también encajan con la Biblia.
Pero el problema con el Big Bang no solo se debe a que no hace predicciones específicas como el fondo cósmico de microondas pues cualquier modelo del universo también la predice sino que también presenta otros problemas que no la hacen compatible con la verdadera ciencia como por ejemplo su problema con el horizonte (problema de tiempo de viaje de la luz) y el problema de la llanura (el universo está muy equilibrado y los cálculos son demasiado exactos como para ser causada accidentalmente como sostiene la teoría del Big Bang). Muchos llaman a esto el ajuste fino del universo. Otro problema es el monopolio magnético (falta de imánes teóricos en el universo). Algunos cristianos que son defensores del Big Bang tratan de resolver estos 3 problemas principales con la inflación como si eso fuera un dispositivo de rescate cuando el inventor de la inflación cósmica, Alan Guth, ni siquiera cree que Dios es necesario para explicar el origen del universo, ni que el Big Bang necesita o exige la existencia de Dios. Además, ni siquiera hay evidencia que apoye la inflación y aún si fuera cierta todavía tiene otro problema que es el número de bariones (hay más materia que antimateria). Por tanto, si el Big Bang fuera cierto habría una cantidad igual de ambos. Sin embargo, casi todo el universo es materia.
“¿Pero no demuestran los años luz de las estrellas que vivimos en una Tierra Vieja de miles de millones de años?” Aunque muchos creacionistas progresistas niegan ser naturalistas siempre apelan a suposiciones naturalistas para defender su creencia en el Big Bang cuando esta es una teoría naturalista y olvidando que los milagros de Dios no están limitados por las leyes de la naturaleza que Él mismo creó. Hay otras diferentes explicaciones o interpretaciones con respecto al llamado “años luz”. Acá presentamos cuatro de ellas: Una es que lo que llaman “años luz” en realidad no representan años o tiempo sino distancias. La segunda es que tales predicciones comprobadas también son compatibles con el modelo bíblico la cual enseña que Dios hizo primero los cielos y la tierra en el primer día (Génesis 1:1), después creó las estrellas en el día cuarto y luego las extendió o expandió (Isaías 40:22; Job 26:7 y Salmo 104:2) lo que significa que veríamos un “Red Shift” (movimiento de alejamiento) en cada dirección y eso es precisamente lo que observamos con el telescopio de Edwin Hubble. Y esto fue mucho antes que se propusiera el Big Bang y mucho antes de que los científicos empezaran a entender que el universo se está expandiendo o extendiéndose. Por tanto, si una idea es verdadera porque sus predicciones han sido científicamente observadas entonces siguiendo esa misma lógica el relato de la creación de Génesis debe ser literalmente cierta pues tales observaciones y predicciones también encajan con la Biblia.
La tercera explicación y que no implica lo sobrenatural es la llamada antigua convención de sincronía que es diferente a nuestra convención de sincronía moderna (idea de que dos relojes separados por la distancia cósmica están sincronizados). Esto significa que la luz no toma tiempo en absoluto para llegar desde las galaxias distantes a la tierra por lo que puede llegar instantáneamente y sin violar ninguna ley física ya que es consistente con lo descubierto y escrito por el mismo Albert Einstein sobre la relatividad básica, página 22. De hecho, muchos otros físicos que tampoco son creacionistas como el evolucionista Sarkar también enseñaron esto en un artículo que publicó en la literatura secular que usa la convención anisotrópica. En otras palabras, no hay luz estelar distante si usted entiende de física. Por tanto, este método también encaja con la Biblia ya que Dios creó todo el universo y la luz era inmediatamente visible para la tierra en el cuarto día tan pronto como Dios creó las iluminarias. Algunos teístas evolutivos y creacionistas progresistas como Hugh Ross preguntan, “¿Pero cuando miramos el sol lo vemos como es ahora o como era hace ocho minutos? Sin embargo, eso sería como preguntar si una mesa tiene tres pies de largo o una yarda de largo. En otras palabras, la respuesta obvia es ambas pues depende de la unidad que usted elija para medir. Lo mismo con la luz estelar la cual depende de la convención de sincronía que se elija para medir su velocidad unidireccional pues el tiempo también es afectado por la gravedad, el movimiento y otras cosas y por ende no se puede medir objetivamente (Lea también la “Relatividad Especial sin Supuestos de Velocidad Unidireccionales” de John Winnie para más información sobre este tema).
Por último, otra respuesta para esta pregunta es que aun si el universo tuviera la apariencia de una tierra vieja aun así eso tampoco probaría que tiene millones o billones de años. ¿Por qué? Porque en el momento de la creación, Dios hizo tanto al hombre como al mundo en una edad madura. Por ejemplo, según el relato bíblico, Dios no creó a Adán y Eva en forma de bebés sino como personas adultas (Génesis 2:7,21-24) al igual que el resto de la creación como los árboles y sus frutos para que pudieran comer. En otras palabras, si pudiéramos llevar a Adán a un médico en el mismo día que fue creado y le preguntáramos al médico que cuántos años cree que Adán tiene es probable que diga de 30 a 40 años. Sin embargo, solo tenía un día de creado. En otras palabras, Dios no creó un “bebé” Adán sino un hombre completamente maduro. Lo mismo se puede decir del universo. Dios creó el mundo maduro, pero en seis días, no en millones o billones de años. “¿Pero no sería eso un engaño?” No porque, en primer lugar, la creación del hombre y del universo fue un evento sobrenatural y los milagros de Dios no están limitados por las leyes de la naturaleza que Él mismo creó. Y segundo, porque nos dejó un Libro para que supiéramos históricamente cómo y cuándo creó el universo (La Biblia).
Después de todo, Dios mismo enseña que todo se reproduce “según su género” (no según otro género) lo cual es repetido varias veces en Génesis 1:24-31 y 1 Corintios 15:39 y es lo que científicamente observamos. Sin olvidar que la verdadera ciencia muestra que hay límites en la genética y que las similitudes entre animales y humanos son prueba de diseño común, no ancestro común. En fin, muchas leyes científicas como la Biogénesis, la segunda ley de la termodinámica, la entropía genética, la complejidad irreducible, la teoría informativa, las leyes de la química y la física y otros descubrimientos modernos como la conversión génica, la codificación de ADN (encode), el llamado La Eva mitocondrial y el Adán cromosómico o Adán cromosómico-Y las cuales refutan la teoría de la macroevolución. Por tanto, la afirmación gratuita, “la evolución es un hecho científico” no tiene base científica. En palabras del gran científico, teólogo y filósofo cristiano, Sir Isaac Newton, “Encuentro más indicios de autenticidad en la Biblia que en cualquier historia profana.”