
El lanzamiento del salvavidas: ¿Buena o mala analogía del evangelio?
Muchos calvinistas no están de acuerdo con la analogía de que Jesús es nuestro salvavidas porque asumen que, si tenemos libre albedrío para creer y arrepentirnos (como agarrar un salvavidas o tomar la mano de nuestro Salvador), entonces se enseña una salvación por obras, en la que el hombre se salva asimismo. ¿Pero es esto correcto? No. En primer lugar, dicho mal argumento apela a una falacia de hombre de paja ya que ningún cristiano enseña que la fe ni el libre albedrio son obras ni que salvan o que nosotros podemos salvarnos a nosotros mismos sino solo el Salvador Jesucristo. La fe simplemente NO es una obra de la ley. Al contrario, la fe es opuesta a la obra y por eso Pablo dice que no podemos jactarnos de nuestra fe en Cristo (Efesios 2:8; Romanos 4:3-5; 5:1-2; Gálatas 2:16; 3:2,5,10; Filipenses 3:2-9; 2 Timoteo 1:9 y Tito 3:5) y esta viene por el oír (Romanos 10:17). El libre albedrío tampoco es una obra sino un don de Dios con el que ya venimos al ser creados a Su imagen y semejanza y que sirve primero como prueba de que no somos marionetas o máquinas de carne (como creían muchos antiguos filósofos paganos y algunos ateos en la actualidad) sino que tenemos voluntad propia (Lea Mateo 23:37; Juan 3:14-21; 2 Pedro 3:9; Deuteronomio 30:15,19; Romanos 2:4-8; Proverbios 1:29-31, Isaías 1:19-20, etc.). Segundo, porque ese libre albedrío, o libertad de escoger, es una demostración del amor de Dios, pues el verdadero amor no obliga; y tercero, nos hace responsables de nuestras propias acciones.
Una buena analogía de esto es cuando una persona se ahoga en el mar y otra le lanza un salvavidas o le extiende la mano para rescatarla (como hizo Jesús con Pedro). ¿A quién debe esa persona su salvación? ¿A sí mismo? No porque el que haya tomado la decisión de aceptar el salvavidas no significa que él se salvó, asimismo, sino que fue gracias a la persona que le lanzó el salvavidas lo cual es una de las ilustraciones más típicas que usamos de que en el evangelismo personal o misionera. En otras palabras, Cristo es como nuestro chaleco salvavidas o el paracaídas que Dios envió a la Tierra para salvarnos (Juan 3:14-21).
Otra buena analogía similar a esta es la escena bíblica de Pedro hundiéndose y siendo rescatado por Jesús en Mateo 14:28–31, que ilustra perfectamente la salvación, la fe y la dependencia de Cristo. ¿Acaso Jesús le dijo a Pedro que no podía tomar su mano porque eso sería salvarse asimismo? No, pues eso sería absurdo. Al contrario, la secuencia que vemos aquí es la siguiente: Pedro se hunde (no puede salvarse a sí mismo), clama a Cristo (por fe) y Cristo extiende su mano para salvarlo. Por eso, en la predicación, el arte y la interpretación devocional cristiana, es muy común utilizarla como analogía de la necesidad humana de salvación y de Cristo como Salvador. Por tanto, ¿por qué no usar mejor esta historia de cuando Pedro y Jesús? La razón es obvia. No lo usan porque dicha escena no encaja con su narrativa calvinista.
Sin embargo, los calvinistas tampoco aceptan esta analogía cristiana de agarrar un salvavidas, porque afirman que, físicamente, un muerto o cadáver no puede agarrar. Pero si vamos a interpretar la muerte espiritual como una muerte física y literalmente, entonces ignoran que un hombre físicamente y literalmente vivo sí lo puede agarrar y que un cadáver tampoco puede pecar. También olvidan que la Biblia describe la condición del pecador como la de un enfermo, y un enfermo no está muerto (Lucas 5:31). Por tanto, cuando la Biblia habla de muerte espiritual, no se está hablando de un estado inerte como el de un cadáver (falacia de equívoco), sino de una separación entre Dios y el hombre por el pecado. Esto lo vemos en la parábola del hijo pródigo, quien estaba muerto por estar alejado de su padre (Lucas 15:24); sin embargo, eso no significa que su hijo no era capaz de volver a sus sentidos y de recapacitar, lo cual, de hecho, lo condujo a levantarse e ir a su padre para reconocer su pecado. Lo mismo con Adán, quien murió espiritualmente el mismo día de su caída, pero no quedó inhabilitado de todas sus facultades (Génesis 2 y 3).
Hasta el famoso teólogo calvinista, Arthur Pink, rechazó esta falacia de utilizar la muerte física para explicar lo que significa estar muerto en delitos y pecados, diciendo que un cadáver en el cementerio no es una analogía adecuada del hombre natural porque un cadáver es incapaz de llevar a cabo el mal. Un cadáver tampoco puede “despreciar o rechazar” a Cristo (Isaías 53:3), ni puede “resistir al Espíritu Santo” (Hechos 7:51), ni puede desobedecer el Evangelio (2 Tesalonicenses 1:8). Por tanto, la redefinición o reinterpretación que los calvinistas le dan a la palabra muerte no es consistente con las Escrituras pues en la Biblia la muerte no es un asunto de incapacidad sino de separación como la separación del cuerpo o separación de Dios, pero nunca se le define como la total inhabilidad. Todo esto demuestra que tiene más sentido entender la palabra «muerte espiritual» de forma simbólica y no de manera literalista. Sin olvidar que la idea de que el hombre no tiene libre albedrío es una vieja herejía gnóstica-maniquea que TODOS los Padres de la Iglesia antenicena y preagustina refutaron hace más de un milenio. Concluimos, pues, que el lanzamiento del salvavidas y la respuesta del náufrago representan fielmente el evangelio de Cristo. En fin, más Biblia e historia Patrística y menos doctrina deformada.





