Refutando a Friedrich Nietzsche

“Nietzsche nunca dio pruebas en contra de la existencia de Dios. El “ateísmo” que presenta Nietzsche en sus libros es uno práctico y no teórico. Sus escritos se caracterizan por ser irracional, en el sentido de que no se sustenta sobre argumentos racionales que intentan servir de base a su conclusión; y también por ser puramente volitivo; es decir: emana de su voluntad”.” – Tomado del libro “El dios de los ateos” de Carlos A. Marmelada, profesor, escritor, divulgador científico, ganador del Premio Arnau de Vilanova de Filosofía, licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad de Barcelona

¿Cómo responder al “ateísmo” de Nietzsche? Aca unas cuantas refutaciones a las famosas frases y el pensamiento anticristiano del “ídolo” de muchos ateos militantes, Federico Nietzsche. ¡A disfrutar!

EL DIOS QUE CRITICA NIETZSCHE NO ES EL DIOS DE LA BIBLIA 

De hecho, su negación de Dios no dependía de lo intelectual, investigaciones o de razonamientos teóricos sino de la voluntad, la soberbia y el orgullo lo cual es algo que no trata de ocultar sino como el mismo Nietzsche confiesa: “Es nuestro gusto quien se pronuncia contra el cristianismo, no son ya nuestros argumentos.” (Nietzsche, F.W. La gaya ciencia n. 132). Eugen Fink tiene razón al afirmar que la crítica de Nietzsche a la Metafísica y al cristianismo no es válida porque se limita a insultar. Pero también porque ataca a una caricatura del cristianismo inventada por él (falacia de hombre de paja). Inclusive la caracterización que da de Dios no es la del Dios cristiano pues el dios que rechaza Nietzsche no es el Dios-Amor de la teología cristiana o el Ipsum Esse Subsistens de la teología natural de la metafísica del ser, sino que rechaza el Dios causa sui de la metafísica racionalista, o la Idea Absoluta de la metafísica idealista de Hegel pues lo caracteriza como “lo más vacío”, pero este no es el Dios de la Biblia, en cualquier caso, se trata del dios de la filosofía hegeliana.  También ve a Dios como el “ens realissimum” y el “ens causa sui”  de la filosofía racionalista lo que muestra que Nietzsche desconocía el pensamiento cristiano sobre la correcta caracterización del concepto del Dios cristiano. Nietzsche también concibe a Dios como un juez sancionador y por eso lo ataca. En cuanto a su vitalismo, también es una reacción contra la metafísica racionalista de Hegel por lo que Nietzsche identifica el dios de Hegel con el Dios del cristianismo, quedando atrapado, en este punto, en el propio planteamiento hegeliano.

EL PROBLEMA DEL MAL

“¿Si el Dios Todopoderoso controla a Satanás es su cómplice y si no lo controla no es Todopoderoso?” – Friedrich Wilhelm Nietzsche

Es obvio que la pregunta de Nietzsche (lo cual parece ser sacado de la paradoja del mal de Epicuro) apela a la falacia del falso dilema ya que ignora una tercera opción: El libre albedrío. Además, es obvio que ignora que si Satanás pudiera acabaría con toda la humanidad de una vez, pero no lo hace porque el Dios Todopoderoso no se lo permite. Por tanto, el libre albedrío que Dios le ha dado al hombre y a los ángeles (como Satanás) tiene sus límites lo que muestra que Dios también está en control.

El darle libertad de elección a ambos tampoco significa que Dios sea su cómplice en la maldad porque a ambos se les ha advertido que, aunque son libres serán juzgados por sus obras y que sufrirán las consecuencias de sus malas decisiones. Por lo tanto, cada uno es responsable por sus propios actos (1 Corintios 6:3 y Apocalipsis 20:11-13).  El mismo hecho de que Satanás y los hombres malos serán echados al lago de fuego donde será el fin de toda maldad para siempre muestra también que Dios es el Todopoderoso. La pregunta es, ¿de qué lado estás tú? (Apocalipsis 21:7,8). El filósofo cristiano Alvin Platinga refuta también ese débil y ya refutado argumento que repite Nietzsche del filósofo griego llamado Epicuro.

https://www.youtube.com/watch?v=cXjeVVcVmE0

EL CRISTIANISMO ES UN CRIMEN CONTRA LA VIDA

Nietzsche opina que la fe cristiana promueve una actitud perniciosa hacia la vida, la tierra y el cuerpo humano. Se opone a lo físico y a lo vital. Pero francamente no sabemos de qué tipo de cristianismo nos estará hablando el alemán. Si hubiese leído más el Nuevo Testamento, se habría dado cuenta de que uno de los propósitos del Mesías fue traer sanidad física y restauración en todos los sentidos. El Cristo fantasma era producto del gnosticismo griego, no de la Biblia hebrea. Cristo fomentaba los valores de la vida a lo largo de su ministerio terrenal. Comía, bebía y se gozaba. Aun antes de llegar al Nuevo Pacto, Génesis revela que Dios el Padre es el creador de la vida. Es Él quien coloca en nosotros deseos, pasiones, sentimientos, etc. No quiso que fuésemos máquinas impersonales. Y el Espíritu, tal cual se nos describe en las Escrituras, es el Espíritu de vida. Dios es pro-vida. Es pro-cuerpo también. No nos olvidemos de que el cuerpo tiene un papel importante en la historia de la salvación del Dios de vida. En el Edén Dios creó a dos seres corporales. Hace dos mil años, su Hijo se encarnó físicamente. Y en el futuro escatológico, creemos en la resurrección corporal de los muertos. La visión bíblica es muy distinta a la imagen que nos indica Nietzsche. Dios es pro-vida, pro-tierra y pro-cuerpo. Sólo nos pide que no abusemos de aquello que nos ha concedido. Tal vez Nietzsche, en vez de mirar hacia los millones de árboles de los cuales podía comer, sólo podía ver aquél que le fue prohibido. Bajo ningún pretexto se puede considerar al cristianismo bíblico como contrario a la vida. De hecho, si no fuese por la bondad del Dios bíblico no habría vida en el cosmos. Ni siquiera Nietzsche hubiera experimentado la dulce sensación de estar vivo si no fuese por la gracia del Todopoderoso.

De hecho, el mismo Nietzsche reconoce que el ateísmo no trae felicidad y que conduce a una vida miserable y sin valores. No solo porque él mismo nunca fue feliz en su vida como ateo sino porque así lo admitió en una carta a su amiga Ida Overbeck cuando le aconseja nunca abandonar su fe en Dios  (Nietzsche, más allá del bien y del mal, p 64)

EL CRISTIANISMO SE POSICIONA A FAVOR DE LOS DÉBILES Y LOS ENFERMOS

Nuestra respuesta a esta objeción es: ¡gloria a Dios! ¡Dios es bueno! Nos alegramos mucho de que el cristianismo se preocupe por los débiles y los enfermos. ¿Acaso no necesitaba Nietzsche depender de la compasión de su madre cuando era un bebé indefenso y del amor de su hermana mientras ella le cuidó durante los últimos once años de su vida? Menuda ironía. En esta línea de pensamiento escribió el alemán, “Dios en la cruz, ¿entendéis ya la horrible segunda intención que hay oculta detrás de este símbolo? Todo lo que sufre, todo lo que está colgado de la cruz, es divino” (El anticristo, §51). La identificación de Dios con el sufrimiento no nos resulta “horrible” a los creyentes sino gloriosa. Para nosotros es un gran consuelo que Dios se preocupe por los que sufren. Significa que el Señor nos entiende y nos consuela cuando sufrimos. ¿Cómo podría el hombre (la mujer) relacionarse con un Dios que fuese ajeno al sufrimiento? Sería un ser frío, mecánico, distante, lejano, cerrado. Ese tipo de ‘Dios’ que construye Nietzsche es un monstruo. Moltmann (1926-) lo expresó bien, “Un Dios que no puede sufrir es más desgraciado que cualquier hombre. Pues un Dios incapaz de sufrimiento es un ser indolente. No le afectan sufrimiento ni injusticia. Carente de afectos, nada le puede afectar, nada conmoverlo. Pero el que no puede sufrir, tampoco puede amar. O sea que es un ser egoísta. El Dios de Aristóteles no puede amar”. El Dios de Aristóteles no puede amar. El ‘Dios’ de Nietzsche tampoco. De nuevo, nos alegramos de que el Dios cristiano sea un Dios de amor y compasión y no una deidad filosófica.

 De hecho, al igual que otros filósofos de indiferencia religiosa, no creo que Nietzsche era ateo sino misoteísta o teofóbico por varias razones, entre ellas porque nunca se molestó en demostrar la inexistencia de Dios. En cuanto a lo de enfermo, debilucho, bajito y loquito, Nietzsche era todo eso. Es por eso que muchos dicen que el tipo era la ironía en persona cuando hablaba de su superhombre.

EL CRISTIANISMO PRODUCE UNA MORAL DE ESCLAVOS E HIPÓCRITAS RESENTIDOS

Nietzsche no se da cuenta de que Jesús criticaba a los hipócritas resentidos también. ¿Cuántas veces se metió el Señor con los fariseos y saduceos por su doblez y fingimiento en las cosas de Dios? El mismo Jesús era aun más vehemente que el propio Nietzsche en condenar la religiosidad vacía (leed Mateo 23 si no me creéis). De todas formas, se podría usar este mismo argumento de Nietzsche contra el ateísmo ya que hay muchos ateos hipócritas que dicen una cosa y viven otra. El problema principal para el alemán es que no entiende que hay muchas personas que quieren servir a Dios con todo su corazón. Cuando Nietzsche piensa en un creyente, se le viene a la mente la idea de un esclavo atado, es decir, alguien que actúa únicamente por temor. Pero los cristianos no somos prisioneros aterrorizados. ¿Quién nos obliga a leer la Biblia, a orar y a asistir a la Iglesia? ¡Nadie! Todo esto se da como fruto de la nueva vida del Espíritu que Dios puso en nosotros. Nadie nos está forzando a hacer cosas contra nuestra voluntad. Servimos y obedecemos a Dios porque nos da gozo hacerlo. Bertrand Russell (1872-1970), el renombrado ateo inglés, criticó a Nietzsche porque el alemán no era capaz de creer en la existencia de creyentes gozosos. Russell escribió, “Hay dos clases de santos: el santo por naturaleza y el santo por temor. El primero tiene un amor espontaneo a la humanidad; hace el bien porque el hacerlo lo hace feliz. El santo por temor, como hombre que se abstiene de robar sólo por miedo a la policía, sería un malvado si no se viera refrenado por el pensamiento de los fuegos del infierno y por la venganza del prójimo. Nietzsche sólo puede imaginar esta clase de santo; se siente tan lleno de temor y de odio que el amor espontáneo a la humanidad le parece imposible. Nunca ha concebido un hombre que, con toda la ausencia de temor del superhombre y su enorme orgullo, no cause, sin embargo, ningún dolor porque no sienta el deseo de hacerlo”.2

EL CRISTIANISMO ES UN MAL MORAL

Es sumamente problemático cuando Nietzsche apela al concepto del mal para desacreditar la fe cristiana. Después de todo –según su lógica- el bien y el mal en realidad no existen. Son inventos del hombre. Por lo tanto, Nietzsche no está siendo coherente con su filosofía cuando condena al cristianismo como un mal moral. El mal, según el alemán, es cien por cien relativo. A lo mejor, Nietzsche considera al cristianismo como algo malo. Pero habrá otros (como yo) que opinan que es algo deseable y bueno. Entonces, ¿quién es Nietzsche para que le demos crédito? ¿Por qué hay que seguir su interpretación subjetiva tocante al bien y al mal? Hace falta una base racional más sólida que las convicciones personales de Nietzsche para desarrollar una ética social. Un Legislador moral como Dios puede ofrecernos semejante base.

EL CRISTIANISMO ESTÁ A FAVOR DE LA DEMOCRACIA

De nuevo, repetimos ¡gloria a Dios! ¿No sería esta acusación más bien una razón para aceptar la fe cristiana que rechazarla? Al fin y al cabo, ¿qué sistema político nos puede ofrecer Nietzsche en lugar de la democracia? ¿Una especie de Estado gobernado por una clase de superhombres que crean sus propios valores y pisotean a los demás? Como me comentó el profesor evangélico Benjamín Gálvez, “El mismo Nietzsche en tanto y cuanto enfermo y demente debería haber sido destruido por su superhombre. No hay sitio para débiles, ni enfermos en su pensamiento”. El siglo XX nos ha enseñado una y otra vez la gran necesidad que hay de restringir al hombre. Nos acordamos de lo que pasó en Alemania bajo Hitler, en la Unión Soviética bajo Stalin, en Camboya bajo Pol Pot, etc. El ser humano es un ser peligroso. En términos del filósofo inglés Thomas Hobbes: el hombre es un lobo para el hombre. Dada la corrupción socio-política del hombre, la democracia es una de las mejores formas de salvaguardar a una sociedad de las manos de la tiranía. Nos alegramos de que Nietzsche hiciese una conexión tan estrecha entre la fe cristiana y la democracia. Pero lejos de ser un argumento para rechazar la fe cristiana, es una razón de abrazarla.

EL CRISTIANISMO ES ABSOLUTISTA

A Nietzsche no le gusta el cristianismo porque es una confesión de fe que se atreve a afirmar verdades absolutas. El cristiano cree que en el sentido de la vida, en el bien y el mal y en la universalidad de la verdad. No obstante, el gran problema con esta objeción de Nietzsche es que su filosofía acaba siendo igual de absolutista que el cristianismo que procura reemplazar. Si uno empieza a leer cualquier página de cualquier libro de Nietzsche, enseguida encuentra frases absolutistas. Tengo a mi lado el libro El viajero y su sombra (1880). Lo voy a abrir al azar y a ver qué frase absolutista encuentro. Espera un segundito… Bueno, he abierto el libro por la página 44 y la segunda frase pone, “La moral es, ante todo, un procedimiento para conservar la comunidad y para preservarla de su destrucción”.3 ¿Qué es esto sino una frase absolutista? Es una afirmación dogmática que el lector tiene que aceptar. Es así o es así. Interesantemente Nietzsche escribe libros con el fin de enseñar que la verdad no existe. No obstante, para llevar a cabo tal meta, tiene que emplear frases verdaderas para transportarnos hacia su conclusión. Quiere decirnos que no hay tal cosa como sentido en la vida, sin embargo, espera que su lector capte el sentido de sus razonamientos. En la filosofía de Nietzsche el sentido de la vida es que los fuertes prosperen e inventen sus propias verdades y principios morales. No deja de ser un sentido absolutista. Al condenar el cristianismo por ser absolutista Nietzsche se está disparando en el pie ya que su propia cosmovisión es totalmente absolutista.

¿NO EXISTE LA VERDAD. SÓLO LA INTERPRETACIÓN?

La respuesta del cristiano a esa cita de Nietzsche sería “Y eso que dijo Nietzsche, ¿es verdad?”. Obviamente no puede serlo si Nietzsche y otros ateos relativistas no creen en verdades. En otras palabras, se contradicen cuando hacen declaraciones como “Dios, el alma y la verdad no existen” como si fueran verdades absolutas. El relativismo es  inconsistente y la única razón para que una persona diga algo tan ilógico y pseudofilosófico como “La verdad no existe” es porque la verdad le duele. Es por eso que cuando una persona dice que no existe la verdad muestra que no está interesado en la verdad. Al contrario, suena como si odia tanto la verdad que desearía que no existiera (Lea “Thought Police” de George Orwell).

Por cierto, si un ateo dice que no existen verdades entonces ¿por qué confiar en lo que afirma? Quien sabe, quizás Nietzsche dice que no existe la verdad porque sabe en su consciencia que sus escritos no son verdades sino mentiras. Como dice el filósofo Fiódor Dostoyevski, “Quien se miente y escucha sus propias mentiras llega a no distinguir ninguna verdad, ni en él, ni alrededor de él.” Pero a diferencia de Nietzsche, Jesús nos dice: “Conocereis la verdad y la verdad os hará libres…Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre sino por mi.” – Juan 8:32; 14:6 y Gálatas 4:16.

Lo irónico de todo esto es ver cuando muchos ateos se enojan con los creyentes por decirles la verdad en lugar de enojarse con los ateos que les mintieron. En fin, el que rechaza la verdad simplemente está condenado a ser esclavo de la mentira.

YO SOLO CREERÍA EN UN DIOS QUE SUPIERA BAILAR

“Yo sólo creería en un Dios que supiera bailar” es una frase conocida de Nietzsche puesta en la boca de Zaratustra. El significado es que Nietzsche no quería seguir al Dios muerto, estancado y estático del cristianismo. Un Dios verdadero tendría que ser pro-vida, pro-cuerpo, pro-pasión, pro-baile. Paradójicamente, es precisamente ese el tipo de Dios que se da a conocer en los escritos bíblicos. Como ya hemos explicado, el Dios de la Biblia es pro-vida, pro-cuerpo y pro-tierra. Y en cuanto al tema del baile, la Escritura proclama que, “El Señor está en medio de ti, poderoso, Él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos” (Sofonías 3:17). La idea en el hebreo es que Dios da vueltas bajo gran emoción demostrando su amor hacia su pueblo. Ahora bien, reconocemos que ese Dios no fue bien representado en la Alemania del siglo XIX; pero Nietzsche tendría que haber leído más las Escrituras. Más allá de Sofonías 3:17 y otros textos parecidos está el concepto teológico del pericoresis. Se refiere a la forma dinámica en la cual las personas de la bendita trinidad se relacionan entre sí. En castellano, la mejor definición sería algo como ‘recirculación’. En la deidad, hay un movimiento continuo, libre, fresco, emocionante. Dios no es un abuelo aburrido que pasa todo el día sentado en su sillón favorito. Es un Señor repleto de vigor, energía y pasión. El meollo de la fe cristiana gira alrededor de este concepto de Dios. Evidentemente es un Dios con el cual Nietzsche no estuvo familiarizado. Tim Keller explica algo de esta naturaleza bailadora de Dios, “Sin demandas específicas que obliguen a esa relación, cada una de las tres personas integrantes orbita voluntariamente alrededor de las otras dos, haciendo manifiesto su amor en deleite y adoración. Cada una de las tres personas de la Trinidad ama, adora, respeta y se regocija en las otras dos, resultando en una danza dinámica y vibrante de gozo y amor”.4 Keller prosigue citando un pasaje precioso del apologeta norirlandés C.S. Lewis, “En el cristianismo, Dios no es un ser impersonal, ni un objeto estático, ni tampoco una única persona hecha manifiesta, sino una actividad dinámica y vibrante, una vida con energía propia, una representación con personajes reales, una dimensión que, si se me permite decirlo sin parecer irreverente, tiene algo de danza tripartita en divina coreografía […] [Con un] patrón relacional que es […] fuente de tremenda energía y belleza, irrumpiendo con fuerza incomparable en el centro mismo de la existencia”.5 Nietzsche dijo que sólo creería en un dios que supiera bailar. Podemos responderle: “Conocemos al Dios a quién buscas, Fredi… ¡Nuestro Dios baila!”

DIOS ESTÁ MUERTO

El último punto es la aseveración nietzscheana de que “Dios está muerto”. A pesar de entender el concepto como un análisis socio-cultural de la Europa de su generación, hay un pasaje bien revelador en el cuarto tomo de Así habló Zaratustra que podría expresar la verdadera razón por la cual Nietzsche quiso descartar a Dios de su vida. Zaratustra, el protagonista del libro, va andando por el camino hasta llegar a un reino de muerte. “Surgían por doquier peñascos negros y rojos y no había pasto, árboles ni canto de pájaros. Pues se trataba de un valle del que todos los animales del bosque huían, incluso las bestias feroces; sólo una especie de repelentes y gruesas serpientes verdes iba allá a morir cuando se habían hecho viejas. De ahí que los pastores llamaban a este valle “Sepulcro de Serpientes”.”De repente, en medio del Sepulcro, Zaratustra ve a un hombre en la distancia. Aquél hombre era espantoso. Nietzsche lo llama ‘el más feo de todos los hombres’. El hombre más feo le pregunta a Zaratustra, “¿Quién soy?” Zaratustra, mirándolo atentamente, se da cuenta de quién es: “Bien te reconozco: ¡tú eres el asesino de Dios!” Luego el más feo de todos los hombres prosigue explicando la razón por la cual mató a Dios. Dice, “Pero, Ése [Dios] debía absolutamente morir. Veía con ojos que veían todo; veía las profundidades y fondos del hombre, toda su ignominia y fealdad ocultas. Su compasión desconocía la vergüenza; se metía en mis más sórdidos rincones. Ese harto curioso, importuno, demasiado compasivo, debía morir sin remisión. Siempre me miraba; estaba yo resuelto a vengarme de tal testigo o morir yo mismo. ¡El Dios que veía todo, incluso al hombre, tenía absolutamente que morir! ¡El hombre no soporta a testigo de esa naturaleza!”.7 El más feo de todos los hombres, entonces, asesinó a Dios por razones morales. No podía soportar la luz de la mirada penetrante de los ojos divinos. El hombre mata a Dios porque quiere ser libre para vivir conforme a sus propios caprichos. No quiere tener que rendir cuentas a nadie. Tal vez sería bueno volver a leer este pasaje del más feo de todos los hombres a la luz de la vida de Nietzsche. ¿Acaso se trata de un párrafo autobiográfico? ¿Nietzsche quitó a Dios de su vida porque no podía soportar la santidad del Señor?

¿EL HOMBRE, EN SU ORGULLO, CREÓ A DIOS EN SU IMAGEN Y SEMEJANZA?

La afirmación gratuita de que Dios no existe porque es parte de nuestra imaginación sin demostrarlo es un razonamiento circular, es decir, una falacia de petición de principio. Aun si el ateo dijera que se puede usar la historia para demostrar que la creencia en dioses es una creación del hombre para explicar la realidad de las cosas que no entiende, por orgullo o el miedo de afrontar la vida o la muerte estaría también cayendo en otro argumento inválido llamada la falacia genética pues tratar de invalidar una posición o creencia de una persona mostrando cómo se originó o cómo llego a creerlo, es lógicamente falaz.

Como dice el reconocido filósofo, el Dr. William Lane Craig, yo puedo llegar a creer que la Tierra es redonda leyéndola de un cómic lo cual no seria una buena justificación, pero ¿demostraria eso que la creencia es falsa? No. Además, el Dios bíblico no es como nosotros. Eso podria ser un buen argumento contra el politeísmo y los filósofos griegos usaron tal argumento contra sus propios dioses paganos y falsos. Pero no se puede usar en contra del concepto tradicional en Dios la cual es la creencia en un Ser eterno, metafísico, necesario, sin principio, atemporal, omnipotente, omnisciente, omnipresente, moralmente perfecto, aespacial, la primera causa incausada y otras características que lo hacen muy diferente a nosotros.

Es por eso que el apologista cristiano y ex ateo, C.S. Lewis, una vez dijo “ Dios no puede ser producto de mi imaginación, porque, para nada, Él es lo que yo pude imaginar de Él”. De hecho, es al revés. El hombre no creó a Dios sino el ateísmo el cual es el peor de todos los inventos del hombre. Argumentos teístas como el Kalam, la moral objetiva, ontológico, contingencia, del diseño y muchos otros demuestran que la creencia en Dios no está basada en la imaginación sino “en la intuición, la observación, la lógica y también el conocimiento científico.” – Charles Hard Towes, físico, inventor y profesor estadounidense, laureado con el premio Nobel de Física

Por cierto, la frase de Nietzsche que dice que, “El hombre, en su orgullo, creó a Dios” es contradictorio ya que el orgullo es un estado de anti-Dios. Un hombre orgulloso no es Cristocéntrico sino egocéntrico o como diría el gran filósofo Agustín de Hipona, “Fue el orgullo lo que transformó a los ángeles en demonios; es la humildad lo que hace ángeles de los hombres.” Por tanto, el hombre, en su orgullo, no crearía o aceptaría a Dios. Al contrario, preferiría el ateísmo y la auto-adoración, saludos.

¿SIN RELIGIÓN HAY PROGRESO?

Al igual que muchos fanáticos ateos, Nietzsche también creía que sin religión hay progreso.

“Efectivamente, nosotros los filósofos, los espiritus libres, ante la nueva era de que el Dios antiguo ha muerto, nos sentimos iluminados por una nueva aurora; nuestro corazón se desborda de gratitud, de asombro, de expectación de curiosidad, el horizonte nos parece libre otra vez, nuestras naves pueden darse de nuevo a la vela y bogar hacia el peligro: vuelven los licitos todos lso azares del que busca conocimiento; el mar, nuestra alta mar, se abre de nuevo a nosotros y, tal vez, no tuvimos jamas un mar tan ancho.” – Nietzsche, F. W, La gaya ciencia; op.cit.,n 343

Pero como nos enseña la historia, cada vez que un dictador ateo como Stalin, Pol Pot o Mao quería crear un paraíso sin Dios en vez de una utopía convertían la tierra en un infierno. Estas palabras de Nietzsche donde se nos habla de una nueva era, caracterizada por un antropocentrismo absoluto que se cierra a la trascendencia de una forma consciente y voluntaria, podrán ser cautivadoras para cualquier antirreligioso. Sin embargo, un siglo con dos Guerras Mundiales aterradoras, todo lo que simbolizaban Auschwitz y los gulags, el genocidio en Bosnia y tantas otras atrocidades, nos ha demostrado el verdadero precio que la humanidad ha tenido que pagar por el intento de hacerla vivir totalmente de espaldas a Dios. Sin olvidar que los que construyeron la civilización europea y americana fueron los mismos cristianos.

En otras palabras, el filósofo comunista Karl Marx y Nietzsche estaban equivocados, no es la religión el opio de los pueblos sino su propio ateísmo militante y de estado el cual ha causado más miseria, pobreza y muerte que todas las religiones juntas y en menos tiempo, saludos.

“El Cristianismo y nada más a sido el fundamento a la libertad de conciencia, derechos humanos y la democracia.” – Jurgen Habermas, ateo alemán, A Time of Transitions

Conclusión Después de analizar la crítica nietzscheana de Dios lanzada hacia el cristianismo, vemos que se basa mucho en la subjetividad del filósofo. En primer lugar, en ninguna parte intenta el alemán comprobar la no existencia de Dios. En segundo lugar, sus argumentos contra el cristianismo y el Dios del cristianismo tampoco son convincentes por las razones antes desarrolladas. Nietzsche proclamó que Dios había muerto en su generación. Pero a la luz del gran mover del Espíritu en Asia, África y algunas partes de Sudamérica en nuestros días, sociológicamente hablando, Dios está ahora más vivo que nunca. Ahora bien, es verdad que Nietzsche llevó la razón en algo, a saber, que Dios ha muerto. Pero el alemán se olvidó del otro lado del viernes santo: ¡qué Dios también ha resucitado!

Fuentes:

http://www.religionenlibertad.com/refutaron-los-grandes-filosofos-ateos-a-dios-no-o-ni-lo-39278.htm

“El dios de los ateos” de Carlos A. Marmelada

http://protestantedigital.com/magacin/40154/Como_responder_al_ateismo_de_Nietzsche

1 MOTLMANN, Jürgen, El Dios crucificado (SÍGUEME: Salamanca, 1975) p. 311.   2 RUSSELL, Bertrand, Historia de la filosofía (RBA: Madrid, 2009), p. 823.   3 NIETZSCHE, Friedrich, El viajero y su sombrero (PLUTÓN: Barcelona, 2010), p. 44.   4 KELLER, Timothy, La razón de Dios (ANDAMIO: Barcelona, 2014), p. 321.   5 Ibíd., p. 322.   6 Así habló Zaratustra, p. 254.   7 Ibíd., p. 257.

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